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sábado, 23 de marzo de 2013

Si la violencia estalla, el poder justificará sus acciones



"El Estado llama ley a su propia violencia, y crimen a la del individuo." Max Stirner

Llevamos siete  años advirtiendo a nuestros lectores de que la política en este país se había convertido en un grave problema para los españoles. Hoy se confirma que no estábamos desacertados.

El mayor problema que tenemos los españoles es que la casta política forjada alrededor del dinero público se ha acantonado en la fortaleza del poder para imponer su voluntad mezquina a los ciudadanos que, inocentemente, consideraron que Mariano Rajoy iba a ser mejor que Zapatero, pues iba a resolver los problemas heredados por la política de tierra quemada ejercida por el PSOE, desde el año 2004 contra las instituciones y los vínculos que cohesionaban a los españoles,  desde el año 2008, contra la sostenibilidad económica del sistema, conduciendo este país a la quiebra técnica. También advertimos en su día que estos despropósitos acabarían con el PSOE y posteriormente con el PP.

No podía salir bien la farsa representada por el socialismo español que mientras aventuraba que en este país no había crisis, se permitía gastar más de 350.000 millones que no teníamos y que se convirtieron en deuda pública, en un país que acumula actualmente 4,2 billones de euros de deuda total.  Tampoco los maquillajes del déficit público que llegaron a superar el 11 % en los últimos años de gobierno de Zapatero.

No podía salir bien el fraude cometido con los trabajadores españoles por el PSOE, amparado y fomentado por los sindicatos UGT y CCOO, e IU, que incrementaba el paro hasta los seis millones de trabajadores (de los que un millón son licenciados sin posibilidad alguna de trabajar), un 25 % de la población activa, mientras al mismo tiempo durante los últimos diez años incrementaba un 25 % los empleados públicos, buena parte de ellos colocados por motivos políticos o corrupciones.

No podía salir bien la desquiciada política de ignorancia irredenta  que nos brindaron desde la izquierda española, que dedicaba recursos a causas sectarias y peregrinas mientras abandonaba los auténticos problemas de los ciudadanos.  No podía salir bien, tampoco, la politización de la justicia, ni la absorción de los medios de comunicación por las subvenciones partidarias. Eso nos condujo a una regresión suicida en nombre del progreso.

Ni por supuesto podía quedar impune la corrupción cometida por numerosos miembros de los partidos políticos más votados, que han conducido la credibilidad en la política a las cotas más bajas de la historia democrática reciente de este país. No puede permitirse, bajo ningún concepto, que los consejos de administración formados por PSOE, PP, IU, sindicatos y empresarios de la CEOE, quebraran las cajas de ahorros por sus desmanes y vayan a quedar impunes después del desfalco y la estafa pública cometida. Sólo en este tema se han desvanecido más de 300.000 millones de euros que han ido a parar a cuentas privadas relacionadas con gerifaltes del poder, auténticos caciques mafiosos. El señor Blesa debe dar explicaciones de su compra de edificios a Martinsa-Fadesa por ejemplo, hoy que Bankia ha sido intervenida por el Estado.

Pero llegó Mariano Rajoy, ganando las elecciones por agotamiento del contrario y mintiendo con la no subida de impuestos que realizó el primer día de Gobierno, desde la llegada del PP al Gobierno los españoles nos hemos empobrecido en un 20 %, para seguir teniendo un déficit público del 10 %, después de haber pagado las quiebras bancarias. España tiene actualmente la segunda presión fiscal más elevada de la zona euro, tras Bélgica, pero sin duda es la primera si se consideran los ingresos medios de los españoles en comparación con los de los belgas.

 Las acciones políticas contra el pueblo son  despotismo

Pero hay algo que realmente me preocupa de forma extraordinaria y no es otra cosa que el pacto de no agresión –pacto del duerno- establecido por el PP-PSOE, con la participación de nacionalistas e IU en algunas comunidades. Un gran pacto que ha permitido que todavía no haya ingresado en la cárcel durante mucho tiempo ningún político relevante de ningún partido político. Esto muestra que la justicia española está conchabada con el poder político, al igual que los medios de comunicación que ocultan el contubernio formado por los partidarios de cualquier opción de poder, contra los ciudadanos que les han elevado a los altares del privilegio y la extorsión.

Parece una broma pesada, ver cada día como surgen cuatro o cinco casos de corrupción que afectan a todos los partidos y que a la semana ya se ha olvidado, cuando han sido miles de millones de euros los que han desaparecido y nadie habla de su recuperación. Todavía no se le han incautado los bienes a ningún político, a ningún partido, a ningún sindicato.

La prevaricación es el clima en el que se desenvuelve la justicia española, ajena a la democracia, la gente ya no cree en los políticos ni en las instituciones, pero está comenzando a desconfiar de la justicia y eso es un grave problema, porque si no hay justicia, terminará habiendo violencia. ¿Acaso es lo que buscan los déspotas que imponen su voluntad a los ciudadanos en una tiranía sin precedentes para un país europeo en pleno siglo XXI? ¿Acaso es lo que desean los políticos españoles, que estalle la violencia, para justificar de esa forma acciones que de otra forma serían injustificables? Hay precedentes en la historia de este país, desde la década ominosa, hasta la era isabelina, las diversas dictaduras militares, las guerras y recientemente con algunas intervenciones como el GAL, el 23-F o el 11-M, de los que nunca se supo todo lo que tenía que saberse.

¿Pueden ser tan mezquinos los déspotas políticos españoles para no hacer nada más que esperar hasta que la gente se tire a la calle desesperada para forma justificar así que son imprescindibles para mantener un mínimo orden en este país aunque sea un orden corrupto y depravado?

Si quieren saber mi opinión, son capaces de eso, de mucho más y de lo siguiente, saben que si cae el telón que oculta sus miserias se van a quedar con el culo al aire y los españoles vivos nunca van a volver a confiar en ellos, por eso necesitan un milagro: que haya algo peor que su propia presencia, y según las enseñanzas de Maquiavelo, ya saben ustedes que si no existe se puede crear fácilmente, sólo se necesita una potencial amenaza, un muerto en una manifestación, o un episodio inexplicable y en este país ya no habrá quien detenga la reacción de loa ciudadanos y al mismo tiempo,  la represión del poder, hasta construir la enésima espiral de la violencia. 

Después todo se apaciguará y los de la casta seguirán arriba con todos sus privilegios y todos los demás abajo con todos los perjuicios. Y a aquellos que se atrevan a denunciarlo se les acusará de sediciosos, conspiradores o fascistas. Se ha escrito tantas veces esta misma historia a lo largo del tiempo, que es imposible que la opinión pública no se dé cuenta de lo que se está preparando.

Enrique Suárez

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