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martes, 16 de octubre de 2012

La tuerta justicia española





“La peor forma de injusticia es la justicia simulada” Platón

Cada día somos más los españoles que compartimos acuerdo en que la casta política de este país se ha organizado un auténtico negocio desde el poder, para que sus cofrades puedan vivir magníficamente, independientemente de la repercusión que ocasionen sus despropósitos sobre los sufridos súbditos (nada de soberanos, ni ciudadanos) que los soportamos.

Los partidos políticos, se han convertido en empresas mercantiles que utilizan la ideología y propaganda como mercancía de sus intenciones y deseos, que finalmente, cuando alcanzan el poder, terminan convirtiendo sus pretendidas obras en algo diferente a lo que han prometido antes de las elecciones, sino en lo contrario de lo que han ofrecido, algo cada vez más frecuente. Lo extraordinario es que el engaño de esta aristocracia siga funcionando cuando pronuncian la palabra mágica: democracia.

Así tenemos que en nombre de la democracia, auténticos estafadores públicos, implicados en numerosos procesos de corrupción, cohecho y prevaricación, se intitulan de guardianes y garantes de la legalidad vigente, cuando no en valedores indispensables del cumplimiento constitucional, siendo los primeros que incumplen nuestra Carta Magna, la maltratan y olvidan, vulneran las leyes y resultan inmunes a la justicia, que como mucho llega a imputarlos, pero pocas veces a condenarlos.  Lo que también resulta extraordinario es que los medios de comunicación no denuncien, señalen y persigan a los políticos corruptos hasta las puertas de los juzgados donde rindan cuentas de sus delitos, como ocurre en otros países civilizados. 

Pero sin duda, lo más extravagante de lo que ocurre concierne a nuestro sistema judicial que, presumiblemente dice ser independiente, en un Estado de Derecho que soporta sus prácticas habituales con los ciudadanos pero no con los políticos; es esperpéntico ver a los fiscales y jueces haciendo omisión de servicio a su función, mirando para otro lado ante la barbarie orgiástica de despilfarros y desmanes que nos han concedido el elenco que conforma la aristocracia política en los últimos años. ¿No es acaso esa actitud una peligrosa negligencia del poder judicial que pone en peligro todo el sistema político y la convivencia armónica entre los ciudadanos? ¿Dónde está ese Fiscal General del Estado que tiene entre sus funciones y mandato velar por el interés público de los españoles

En fin, habrá que recordar las palabras de Herbert Spencer para comprender la gran responsabilidad que ha tenido y tiene el mutismo ausente de la justicia española en todo lo que acontece en este país: “Todo delito no castigado engendra una familia de delitos”

Sin duda, los magistrados españoles son los valedores de este régimen de opresión, corrupción y molicie en el que estamos condenados a vivir los españoles. Sin la complicidad de las principales autoridades judiciales de este país y de una inmensa mayoría de los 4.000 jueces y 4.000 fiscales españoles, esto jamás hubiera sido posible. ¿Me pregunto a que dioses de la justicia se encomendarán cuando le impongan cinco  años de cárcel a un ladrón por robar un coche con violencia, mientras saben que por la calle andan miles de políticos que han robado millones de euros esperando a presentarse a las próximas elecciones,  para seguir seguir aforados o aforrados?. Hay que tener mucho estómago para impartir justicia inicua en este país, entre aquellos que cobran todos los meses por mirar para otro lado, mientras este sistema de opereta bufa se va a la mierda. 

Más propio de una tiranía despótica parece nuestro sistema judicial que sanciona severamente al ciudadano que delinque una vez y exime de toda responsabilidad a los corruptos que lo hacen desde el poder de forma continuada, convirtiendo la tradición de trincar en oficio. Parece que ser político en este país concede patente de corso o bula de impunidad a los afortunados, pero tal vez la cosa sea más sencilla y menos épica: los jueces dependen de lo que decidan los políticos, por eso sirven al poder, no al pueblo que les paga el sueldo. 

La justicia que tenemos en España está tuerta, no ve del ojo público, sólo ve del privado. Es ciega a los delitos políticos y económicos que se cometen desde el poder, pero no a los que se cometen fuera del poder o contra el poder. Es una justicia propia de una tiranía, aunque políticos, medios y jueces, se empeñen en convencernos de que vivimos en una democracia, yo cada día tengo más dudas al respecto.

¿Para qué sirven las leyes, con jueces que no ven lo que no quieren ver, porque se juegan su carrera política en la justicia, claudicando en sus obligaciones al poner sus intereses personales por delante de los que corresponden a su oficio? ¿Quién va a controlar (y juzgar) a la justicia española, si los políticos viven magníficamente en su invidencia selectiva?

Enrique Suárez

2 comentarios:

Geppetto dijo...

Los políticos en 1977 tuvieron claro que harían una España para ellos y sus chanchullos, una España en la que los partidos políticos tuvieran el poder y lo manejaran a su antojo, para ello lo primero que tuvieron en cuenta fue la cuestión Justicia, la justicia no iría con ellos, los políticos estarían por encima de las leyes y nadie podría pedirle cuentas de sus chanchullos y para ello crearon un fuero que los acorazaba para que la justicia no pudiera tocarlos.
Poco a poco los políticos se han comido el sistema y se han convertidos ellos en si mismos en el sistema.
Ellos son la democracia
Y esa es una de las causas de la destrucción de España.
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com.es

fractalio dijo...

Es imposible entender cómo se puede llegar a prescindir de dignidad, pundonor y vergüenza hasta los niveles que han llegado los fiscales públicos en este país. Por más vueltas que le doy a la cabeza, no alcanzo a encontrar qué mecanismos mentales entran en funcionamiento para conseguir que una persona sea tan rastrera y ruin como para alcanzar semejante grado de inconsciencia, porque es lo único que justifica sus actuaciones, o mejor dicho, sus faltas de actuaciones. Su un día cualquiera, un ciudadano cualquiera es capaz de observar una montaña de actuaciones ilícitas y abusivas por parte de los integrantes de las instituciones y de los órganos del Estado, y eso sin tener conocimiento exhaustivo de las leyes, ¿cómo puede vivir un profesional del estamento judicial estatal mirando siempre para otro lado? ¿Cómo puede cobrar su nomina sin que se le caiga la cara de vergüenza? Mi mente no me da para entenderlo. Debería ser hasta un inmenso placer ejercer los conocimientos al servicio de la racionalidad y del bien común, sabiendo que es inagotable el material para ello. Yo en su caso, no querría jubilarme por nada del mundo.

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