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viernes, 18 de octubre de 2013

La representación pública es un negocio como otro cualquiera



Lástima, los españoles pensando que vivíamos en una democracia, pero ahora se enteran de que en realidad es un negocio, extraordinariamente rentable para los representantes y extremadamente oneroso para los representados.


Usted le concede su representación a alguien y le convierte en privilegiado para toda su vida, porque en su nombre podrá cobrar sin hacer nada, sin estudios, sin haber demostrado esfuerzo alguno, sin mérito que le acompañe, puede usted convertir con su voto a un tarugo en ministro o a un cenutrio en Presidente del Gobierno, eso sí que es poder, alegría de los demócratas que transforman el plomo en oro, eso sí, siempre para otros, que luego se quedan con lo suyo y lo de los demás, para defender el país de la crisis, del paro, de la deuda pública, de la pobreza y la miseria, de la depredación y la corrupción. Sólo hay que ver España, como está, como ha prosperado en los últimos diez años, ni un problema tenemos los españoles, gracias a nuestros representantes políticos, elegidos democráticamente en las urnas, aunque designados por sus jefes de partido, pero tampoco hay que quejarse, nada es perfecto.


Los españoles nos quejamos de todo, en vez de agradecer a nuestros amos que nos dejen vivir con lo que quede después de limpiarnos más de un 50 % de nuestros ingresos para mantener a la casta, bien podíamos pensar que peor sería estar en el paro. Unos privilegiados somos los que trabajamos en este país y podemos seguir pagando impuestos para mantener la corrupción de los poderosos. Y todavía hay gente que se atreve a quejarse, ¡que ingratitud!


Cierto es que hay gente que prefiere ser robada por el PSOE, otros por el PP y otros por los nacionalistas, incluso hay algunos que prefieren que sean los sindicatos o la SGAE, en este país, al menos, tenemos la libertad de elegir aquellos que van a robarnos, que nos van a oprimir y esquilmar, y los que van a hacer negocio con nuestras vidas como si fuéramos ganado electoral. 


Para tamaña hazaña no hay que dudar un momento en mentir, embaucar a diestra y siniestra, para eso están las ideologías, porque si los ciudadanos estamos jodidos importa poco, lo único que importa es que los políticos que nos representan puedan seguir manteniendo el mismo tren de vida a nuestra costa, conservando todos sus privilegios mientras los demás nos llenamos de perjuicios, y aceptar humildemente sus opresiones, porque para eso nos representan, aunque algunos sería difícil que pudieran representarse a sí mismos.


Personalmente, cada día me siento más satisfecho de la perfección del sistema que convierte la voluntad popular en recursos para nuestros amos de la casta. Díganme ustedes sino es para estar orgullosos de que a pesar de lo que se ha robado en este país desde la política, no haya ni media docena de políticos en la cárcel. Eso se lo debemos al buen funcionamiento de la justicia, a la complacencia de los medios de comunicación con la corrupción, sería injusto que un representante político vaya a la cárcel, porque para eso son nuestros representantes para mantener inmunidad, impunidad y seguir haciendo negocios.


No comprendo cómo la gente puede seguir quejándose del  funcionamiento de las cosas. ¿Acaso ha habido algún estallido social?, todo está perfectamente controlado. ¿Y qué aburrimiento tendríamos los españoles si no tuviéramos cada día cinco o seis casos de corrupción sobre la mesa? Ciertamente, me parece una afrenta para los políticos las quejas injustas que están recibiendo por parte de los ciudadanos de este país, pueblo más histérico no lo hay. Como si robar en la política no fuera una actividad normal que genera numerosos puestos de trabajo entre los familiares y amigos de los políticos, ¿y cuántos negocios sucios se hacen con nuestro dinero, transfiriéndolo directamente a las cuentas de los testaferros para recobrarlo tras abandonar la política?.


Gracias le deberíamos dar a Zapatero, ese Forrest Gump contador de nubes, o a Mariano Rajoy, el plasmático tancredo  que vemos a través de una pantalla de televisión informándonos de que estamos saliendo de la crisis todas las semanas. No comprendo a los españoles, que además no se creen que todo lo que se dice desde La Moncloa es cierto de toda certidumbre.


Deberían hacer un decreto ley que condenara a todos los mal pensados de este país a trabajos forzados y a pagar el doble de impuestos de lo que pagan, por desafectos e insurgentes. Es que hay cosas que no se pueden consentir ni un minuto más ¿cómo se puede cuestionar que nuestros queridos representantes políticos no puedan hacer lo que les dé la gana si han salido elegidos en las urnas con nuestros votos? 

Menudo negocio que han hecho los pobres, por un mísero sueldo de 7.000 euros, más unas dietas de 3.000 euros y lo que vaya cayendo, tener que someterse día sí y día también al juicio de la opinión pública. Por Dios bendito, ¡ni que estuviéramos viviendo en una dictadura! Cárcel para los que protestan, sin juicio, es lo que se merecen los fascistas que están contra esta democracia ejemplar. Y si no les gusta, pues métanse a políticos, y ya verán lo que es sufrir, pero claro, es muy fácil ver los toros desde la barrera y criticar a los demás, honestos trabajadores de las urnas.


Enrique Suárez

jueves, 17 de octubre de 2013

Nacionalelismo catalanista




Si no fueran tan lelos los catalanistas, se darían cuenta de que sus motivos no son más prevalentes que los de los madrileñistas, asturianistas, andalucistas, galleguistas, castellanistas o murcianistas. Tan extravagante es su simplismo racional que consideran que los deseos se pueden convertir en hechos por la magia de las subjetividades diferenciales, sin saber aquello que dijo Max Weber: "una nación siempre es un resultado, nunca un propósito."

Se les llena la boca con algo que han denominado “derecho a decidir”, que en realidad es el derecho a decidir por todos los demás, sin haberles consultado siquiera. Se intitulan de demócratas para ejercer una tiranía camboyana que remeda al kmer rojo sobre los sufridos contribuyentes españoles de la comunidad catalana. Dicen que defienden la libertad, y es cierto, la libertad de hacer lo que le salga de las narices, sin respetar una Constitución que fue aprobada por el 90 % de los catalanes, sin respetar la libertad de aquellos que no piensan como ellos. Consideran justas sus reivindicaciones, cuando en realidad suponen la injusticia soberbia de aquellos que deciden contar lo que les deben los demás, sin pagar a sus acreedores.

Cataluña o Catalunya, si lo prefieren, está quebrada, gracias a los nacionalsocialistas del 3 % que gobernaron en la época del PSC-ERC-ICV, y gracias a los nacionalelistas de CIU-ERC que gobiernan actualmente. La deuda pública catalana se ha disparado en 2012 hasta los 50.000 millones de euros, el 25 % de su PIB autonómico, a la que hay que sumar 200.000 millones de euros que le corresponden de la deuda pública española. El negocio está claro, consiste en hacerse independientes y dejar sin pagar los 200.000 millones de deuda pública española que les corresponden, porque todo el mundo sabe que Espanya ens roba, sobre todo entre los nacionalsocialistas de PSC-ERC-ICV del pasado y los nacionalelistas de CIU-ERC del presente. Cataluña tiene 3.660.000 trabajadores activos, un 22,4 % de los trabajadores españoles. En una hipotética independencia cada uno tendría que pagar antes de irse a los demás españoles, solamente 54.664 euros. Como evidentemente una cosa es votar y otra pagar, algo que en Cataluña se dirime con esmero, seguramente no estarían por la labor de soltar la pasta de la soberanía emancipatoria, por lo tanto el pufo iría a deuda catalana. 

Ahora bien, 250.000 millones de euros de deuda para Cataluña suponen aproximadamente el 125 % de su PIB, si ahora tienen dificultades con una deuda del 25 %, imagínense ustedes con cinco veces más, y sin el Espanya ens roba.

Supongo que al salir del euro y la Unión Europea, esta deuda tendría que ser adquirida por otros países, pues imagínense ustedes que tras la independencia, España comprara la deuda catalana íntegramente. ¿Qué ocurriría entonces?, pues sencillamente que Cataluña habría alcanzado una independencia política sin una independencia económica, y su dependencia económica de España sería extrema, tanto que la metrópolis podría decidir embargar las instituciones de la colonia económica con el apoyo del FMI y el BCE, eso sin considerar quien iba a pagar las pensiones de los catalanes, así como todas las ayudas y subvenciones a más de un millón de parados que existen en la comunidad secesionista.

Fíjense ustedes hasta donde llega el nacionalelismo que los garrulos de los partidos políticos catalanistas no le han contado a los catalanes en que va a consistir el negocio del derecho a decidir con pelos y señales, ni siquiera les han dicho que para lograr la independencia tendrían que pagar durante muchas décadas el doble de impuestos que pagan ahora.

Estoy deseando que pongan fecha al referéndum, menudo negocio que vamos a hacer los demás españoles con la independencia de Cataluña, cuando les dejen peor que a Grecia sus representantes políticos, ya no podrán decir lo de Espanya ens roba, entonces dirán, Espanya ens mata de fam, pero entonces no tendrá remedio y además será verdad.

Enrique Suárez

martes, 15 de octubre de 2013

El despotismo de los partidos políticos y la disociación cívica de los españoles



En la partitocracia española se producen crueles paradojas rayanas en la impertinencia, una de las más interesantes es que todos los partidos políticos españoles son doctrinarios y excluyentes, otra es que son extraordinariamente dogmáticos (y también fanáticos) y por último,  que comparten el  patrón vertical de los  partidos socialistas en el proceso de decisión, con un aparato en la cúpula, unos cargos intermedios y unas bases, en todo aquello relacionado con la administración de sus recursos materiales y humanos. En otras democracias más avanzadas no todos los partidos políticos son así, ni siquiera los partidos socialistas mucho más abiertos a los ciudadanos, a la libertad y a la democracia, que los ejemplares patrios. 

Otra paradoja de las formaciones políticas españolas, es que en más de 35 años de democracia, no han sido capaces de evolucionar, sino más bien de involucionar. Sin duda en España no se produce la isocracia de los griegos, que hacía iguales a gobernantes y gobernados, ni tampoco una independencia de la justicia, tutelada por los gobiernos de turno, ni tampoco una isonomia, porque los políticos tienen códigos propios ajenos a la legislación común, ni por supuesto una isegoría, que es la oportunidad que tenían los ciudadanos griegos de expresarse en la asamblea. En realidad, la democracia en España es más bien una opción tutelada que representativa y recuerda más al despotismo que a un sistema equitativo y justo, en la relación entre gobernantes y gobernados. 

Sin duda este engendro al que denominan democracia los que mandan, fue pergeñado por los mandatarios del franquismo que realizaron la transición, para mantener atado y bien atado el poder, concediendo permiso a los ciudadanos para que acudan a las urnas cada cuatro años y así muestren su complacencia con el sistema han diseñado aquellos que  mandan  sobre ellos, ejerciendo de nuevos amos. No hay que olvidarse que las elecciones no hacen una democracia, en Cuba, en la Unión Soviética, en la Alemania nazi e incluso en el franquismo, el pueblo acudía a las urnas con cierta frecuencia, para elegir entre aquello que le ofrecían, exactamente igual que en la supuesta democracia española.


Como los que regulan la condición y calidad de nuestra democracia, son los representantes de los partidos políticos, será difícil que algún día renuncien a sus intereses, beneficios y privilegios, por eso los españoles estamos obligados a elegir entre toda esta fanfarria de partidos no democráticos, porque ninguno lo es, que nos ofrecen una democracia tutelada, en la que no se puede elegir más que a los que han escogido en las cúpulas de los partidos. La ignorancia política de los españoles cultivada durante cuarenta años de franquismo y treinta y cinco de “supuesta” democracia por aquellos que viven del engaño, ha hecho el resto. La pereza intelectual de los españoles, tradicionalmente ahormada por los medios de comunicación más vendidos al poder de Occidente, ha sido imprescindible para envolver la realidad como le interesa al poder de turno.

Parece que las cosas están cambiando, porque no somos pocos los españoles que denunciamos sin descanso que todo esto tiene que ver tanto con la democracia como un balón de fútbol con la luna, pero todavía son muy escasas las manifestaciones efectivas al respecto, por parte de una casta periodística que en vez de denunciar que el sistema es insostenible por incumplir los criterios democráticos, prefiere ejercer la política del chisme, contándonos las vicisitudes del elenco cuando tiene la magnanimidad de dejarse ver por sus súbditos.

Hoy, precisamente, el expresidente Aznar ha hablado de soberanía en relación a la cuestión de la independencia catalana y su discurso ha resultado políticamente incorrecto, porque en este país desde el socialismo de todos los partidos (Hayek), los españoles hace mucho tiempo que no tenemos reconocida por nuestros representantes políticos la condición soberana que nos asigna la Constitución Española.

Una de las mayores barbaridades que he observado es decir a la expresidenta María Teresa Fernández de la Vega que el Parlamento era el representante de “la soberanía popular”, siendo España una nación, cuya Jefatura de Estado es una monarquía, cuando la soberanía popular es propia de las Repúblicas, pero no se quedó atrás la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, cuando dijo que el Parlamento era el representante de la soberanía del pueblo, cuando la soberanía es una condición intransferible e indelegable, que pertenece a cada español desde 1812 hasta ahora. Estos pequeños detalles, a los que se pueden añadir otras barbaridades como la de “nación discutida y discutible” de Zapatero, en la estulticia que le caracterizaba, porque eso le convertía en Presidente del Gobierno de “una nación discutida y discutible” (?), que haría reir a cualquiera de sus homólogos europeos; hasta las operaciones del PP de convertir España en una “nación de ciudadanos”, cuando la nación no admite otra condición que la de soberanos, siendo el Estado el que ofrece la condición de ciudadanos.

Pues que quieren ustedes, si la ignorancia política extrema es el paradigma en el que se desenvuelve la vida democrática en España, tanto de representantes como de representados, aderezado por adoctrinamiento, dogmatismo y socialismo para tapar las carencias, ¿cómo quieren que nos vayan las cosas en la política de este país?, si nos fueran bien, sería inmerecidamente y desde luego, tremendamente injusto. 

Seguramente nos irá aún mucho peor, que es lo que nos corresponde, dada nuestra tremenda insensatez, irracionalidad y estupidez.

Enrique Suárez  

domingo, 13 de octubre de 2013

La lógica confusa de la política difusa


Han transcurrido varios años desde que en este blog comenzamos a analizar las cosas del poder y la política desde abajo, desde la servidumbre que nos concede la impostura demagógica a la que estamos sometidos por los representantes políticos que han usurpado los últimos vestigios de democracia que existían en nuestro país.

En una agresión sin precedentes al sentido común de los españoles, en un inusual alarde de despotismo, los ciudadanos de este país contemplamos al elenco representativo en un espectáculo bochornoso, sin posibilidad de esconderse ya entre titulares y nuevas noticias, sin poderle echar la culpa a los contrarios de los dislates y las corrupciones que han cometido.

Pocos españoles quedan que no se hayan dado cuenta del embaucamiento a que nos ha sometido, nos somete, y nos someterá, si no lo impedimos, una casta rastrojera que se ha empoderado del poder, contra leyes, constituciones, principios y finales, en una apoteosis de desmesura y oprobio que, sin duda alguna, terminará formando parte de la crónica de latrocinio e impostura occidentales. Medios de comunicación alemanes, británicos y norteamericanos, recientemente se ha ocupado de este tema y no se explican cómo los españoles podemos soportar tan estólida memez a nuestros representantes políticos sin emprender una reacción cívica para darle la puntilla a la farsa y el fraude que cada día cometen con aquellos que les eligieron para representarles bajo el imperio de la Ley, ocasión que han aprovechado para imponer su propia normativa ajena a cualquier principio democrático, legítimo o legal.

No han sido escasas las advertencias que algunos pensadores nos han legado para protegernos de la depravación de los poderosos, desde Lord Acton a Voltaire, desde Pascal a Quevedo, desde Camus a Revel, desde Chomsky a Milosz, desde Tocqueville a Hayek, desde Proudhon a Marx,  nos han prevenido contra los desmanes del poder y los poderosos, hay muchos más pero ésta es una sucinta relación de algunos intelectuales que se han enfrentado a la memez del poder, que sin embargo, no han llegado en sus advertencias al grueso de la opinión pública española, que desde hace siglos ha sido adoctrinada en la sumisión al poder y a los poderosos.

Desde que Goethe advirtió a Hegel sobre la miseria de los historicismos, hasta que la postmodernidad nos ha imbuido de relativismos insustanciales, ha pasado mucho tiempo, en el que una casta de impresentables se han dedicado a representar a sus electores en nombre de la democracia y a su pesar, en una pretensión de servicio que se ha convertido en expolio y explotación. Los políticos parece que tienen bula para mentir sin piedad a los feligreses que les escuchan y apoyan. En España es costumbre, ver que un político como Rajoy triunfa en las elecciones diciendo que va a bajar los impuestos para no dejar de incrementarlos desde que promete su cargo, o que un prodigio de incoherencias como Rubalcaba, exige al gobierno del PP precisamente lo que jamás  hizo cuando estaba en el gobierno del PSOE, o que el Presidente de Gobierno que más daño ha causado a este país, el señor Zapatero, haya desaparecido por completo de la escena pública como si fuera un prófugo de la justicia, todos ellos han ocultado en la crisis su propia incapacidad para resolver los problemas que interesan a los españoles, que no son otros que el paro, la corrupción política de todos los partidos, los desfalcos de las Cajas de Ahorros, el nepotismo que ha colocado medio millón de enchufados de inútil valor en los cargos intermedios de las administraciones públicas para afianzarse en el poder, al precio que sea, que siempre pagaremos los españoles.

No obstante, cada día estoy más esperanzado con la evolución de las cosas, porque si el pueblo español ha adquirido por adherencia toda la doctrina que le han insuflado, está acostumbrado a mirar con detalle a sus representantes políticos, pero a partir de ahora, tras el engaño, lo que ayer se contemplaba con fe e inocencia, hoy se hace con desconfianza e ira. La casta política española ha cruzado la línea roja de su deslegitimación definitivamente, no hay ninguna posibilidad de que vuelvan a convencer a los españoles de que velan por su bien, porque hemos comprobado que exclusivamente lo hacen en su interés, por sus privilegios y beneficios, en contra de cualquier mandato democrático, vulnerando la ley y aproximándose más a la delincuencia cada día que pasa. Los medios de comunicación, al servicio de La Casta, no nos han informado a los españoles, de cómo han cambiado las constantes sociales de este país en la última encuesta del CIS.

Si bien el paro sigue siendo la mayor preocupación social de los españoles, la segunda ya no es la economía, sino la corrupción y el fraude, mientras que la tercera es la economía, inmediatamente seguida de los partidos políticos. Sin duda estos cambios anuncian una reacción cívica o no, contra la impostura y la detentación a que nos somete La Casta política española desde el despotismo en el que se han acantonado. Sólo nos queda esperar para ver cómo se materializa la reacción de los españoles ante la tiranía a que les ha sometido La Casta representativa de este país, en nombre de la democracia y la ley, y a su pesar.

Civilizar al poder político es una cuestión de emergencia para este país y sus gentes, que ya saben de primera mano que no pueden esperar de ninguna forma que quienes les representan muestren ningún arrepentimiento por sus desmanes. Sólo es cuestión de tiempo el desenlace, tras los actos de farsa, fraude y embaucamiento.

Lo saben los de La Casta, pero también lo sabemos la inmensa mayoría de los españoles, que un 1 % de españoles por mucho poder que detenten, no pueden imponerle su voluntad delictiva al 99 % restante, ni en nombre de Dios, ni del Rey, ni de España, ni de la Constitución, ni del socialismo, ni de las veleidades de los inefables inventores de la inconsecuencia, la incoherencia, la incongruencia y el atentado permanente contra el sentido común, porque el sentido común, sigue siendo común, y ellos ya forman sección aparte, no de ningún sentido común; han pasado de ser valedores de los principios que sostienen a nuestra sociedad, a ser principales enemigos de nuestro bienestar, convivencia y prosperidad. No podemos permitirnos esta Casta en el poder si no queremos condenarnos a vivir en la miseria y el despojo, y tan idiotas, creo que no somos.


Enrique Suárez

miércoles, 9 de octubre de 2013

¿Por qué LA CASTA nos sigue ocultando la realidad?



Olvídense por un momento de todo lo que les cuentan desde los medios de comunicación, de los cuentos que nos cuentan los políticos cada día para seguir manteniéndose en el poder; olvídense también del pasado y reflexionen por sí mismos sobre el presente y el futuro.


La situación de España es grave, más bien muy grave, durante el último año el desempleo se ha reducido en un 0,15 %, en un país devastado por el paro que puede presumir de la cifra de desempleados más elevada de Europa, próxima al 27 % de la población activa, aunque en algunas comunidades se aproxima al 40 %. Los parados jóvenes en nuestro país son más del 58 %  de los que están en edad de trabajar, también la cifra más elevada de Europa, algunos nunca trabajarán en su vida en un empleo fijo, salvo que emigren fuera de España. Pero si emigran ¿cómo se sufragarán las pensiones, cada día más crecientes, con una población activa más escasa?


No nos dicen la verdad, porque no quieren que sepamos que España no descenderá en las dos próximas décadas de los cuatro millones de parados, porque se ha destruido el tejido productivo y no hay recursos para crear uno nuevo, pero fundamentalmente porque en el mercado laboral mundial han entrado 3.000 millones de nuevos trabajadores, dispuestos a hacer lo que se pueda hacer en España por un coste diez veces inferior.


La situación es catastrófica desde la gestión gubernamental del control del gasto público excesivo. Este año superaremos el 9 % de déficit público, cuando Mariano Rajoy se había  comprometido con la UE a que no fuera más del 6,5 %. Los españoles soportamos en estos momentos el mayor crecimiento de la carga impositiva sobre los trabajadores de la OCDE. Si se reducen los salarios, algo que está ocurriendo, con unas tasas de paro como las que tenemos, se estrangula el consumo, hasta tal punto que las empresas no pueden seguir produciendo; se pierde la economía de escala fundamentada en el consumo creciente y tienen que cerrar sus puertas con lo que el paro se incrementa aún más. Sin embargo, esto no es motivo para reducir el millón de empleados públicos que sobran en este país, cuando se aplica la tasa media europea a la población española. No se puede admitir que para hacer las mismas labores en administraciones o servicios públicos que hace un alemán, en este país necesitemos dos españoles.


El problema de la deuda pública ha sobrepasado todas las alarmas, a comienzos de año 2014 superaremos el 100 % del PIB. Si con Zapatero en el peor año para la deuda, el año 2009, nos hipotecábamos en 350 millones de euros más cada día, con Rajoy en el 2013 nos estamos hipotecando en 320 millones de euros más cada día. Con el PP nos estamos endeudando de media 2,67 veces más cada día, que lo hicimos durante los años de gobierno del PSOE.  Cada español debe cada día más dinero público, pero todos los españoles cada día tenemos menos recursos propios, porque más de la mitad de lo que producimos se lo queda el Estado. El FMI ha dicho hoy que España será el país de la OCDE que más tiempo tardará en salir de la crisis y lo hará de forma más frágil, sin establecer una fecha concreta, pero que posiblemente no sea antes de 2020.


España, lamentablemente, no tiene posibilidad alguna de salir de la crisis económica por sí misma, ni por supuesto de la crisis política, ni mucho menos de la crisis de desmoralización que sufrimos los españoles desde hace más de seis años. La degeneración que viene, será más o menos aguda, más acelerada o menos, dependiendo exclusivamente de la coyuntura internacional, tampoco nos beneficiará que nuestros socios europeos salgan de la crisis antes que nosotros, porque eso nos hundirá cada día más

Mientras Alemania seguirá creciendo cada día más y más deprisa, lo que hará que nuestra prima de riesgo también lo haga, incrementando aún más la deuda pública; España, se quedará estancada, porque sus condiciones internas impedirán cualquier crecimiento, fundamentalmente porque las decisiones políticas y económicas que se han tomado hasta ahora han sido para evitar una caída en picado, pero a partir de ahora no habrá recursos para poder relanzar la economía española, ni en el Estado descomunal que sufrimos, ni en la economía privada, esquilmada para mantener el Estado descomunal, ni en la inversión extranjera que huirá despavorida al analalizar nuestra situación económica y política.


En la última encuesta del CIS, la preocupación por la corrupción y el fraude, es decir, por el expolio que la casta política y financiera está ejerciendo sobre los españoles, ha superado a la preocupación por la economía, demostrando que los españoles sabemos que con esta casta es imposible resolver ninguna crisis económica, porque realmente la causa de la crisis económica correlaciona con la injusta expropiación de nuestras vidas a que nos someten los que detentan la representación política y el poder. 

Desgraciadamente, la democracia no puede resolver ya esta coyuntura, porque cambiar a unos mezquinos por otros para que hagan lo mismo no sólo no resuelve nada, sino que todavía incrementará cada día más el problema al que nos enfrentamos en la vida de miserias que nos espera. Los españoles hemos agotado todos los motivos para creer, atrapados en el Complejo de Casandra, podremos contemplar lo que nos espera, sin poder hacer nada para evitarlo, sólo podemos estar seguros de una cosa: hoy viviremos peor que ayer, pero mucho mejor que mañana.

El único motivo que se me ocurre para que nos oculten la realidad, es que los miembros de LA CASTA (un 1 %) no sufren la crisis, ellos vivirán cada día mejor, mientras los españoles que les mantenemos con nuestros esfuerzos y sufrimientos (un 99 %) viviremos cada día peor, hasta que un día seamos más los que nos demos cuenta de la gran estafa a que nos están sometiendo, que aquellos que acuden a las urnas, confiados, en que Rajoy o Rubalcaba, el PSOE o el PP, o los demás partidos políticos, tienen la solución para nuestros males en sus promesas, cuando son, sin duda alguna, la principal causa de todos ellos

Los españoles estamos condenados a abandonar definitivamente la edad de la mitología política, fundamentada en el mercado de las mentiras, las emociones y las creencias, para llegar a la edad de la razón política, fundamentada en los hechos políticos contrastables y constatados y no en las falsas promesas en las que nos sumergen cada día los nuevos amos de LA CASTA que nos hemos concedido en las urnas.


Enrique Suárez

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