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jueves, 8 de noviembre de 2012
Testimonios inolvidables para una España imposible (03)
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Testimonios inolvidables para una España imposible (01)
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miércoles, 7 de noviembre de 2012
Al vent del món
"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres
dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que
encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se
puede y debe aventurar la vida" Miguel de Cervantes
Cuando Zapatero pronunció aquella inolvidable frase en la
que decía que la Tierra era del viento, al asesor literario se le debió olvidar
completarla, posiblemente porque la haya pillado de alguna página de internet
de frases anónimas. En fin, esta frase no es ninguna estupidez, como algunos
han pensado, sino una profunda invitación al pensamiento de Hegel, que por
haber sido expuesta con la frivolidad que Leire Pajín pretendía cambiar de sexo
al PIB, quedó reducida a estupidez altisonante prorrumpida por un deslustrado
patán.
Voy a tratar, por esta vez y sin que sirva de precedente,
de congraciar al ex presidente Rodríguez Zapatero con la razon, ya sé que es
algo escatológico, pero la sofística y la retórica lo soportan todo. Nuestro
eximio máximo representante, tal vez quiso decir algo que fue incapaz de
comunicar la metáfora que entraña esta frase: la Tierra es del Viento.
La Tierra es del Viento, es un concepto en sí mismo que
nos define el Zeigeist de una época, la fuerza compartida por todos los
individuos de una cohorte determinada, independientemente de sus naciones o
pueblos originales (Volksgeist) y también de otras condiciones, que se reúnen en un
objetivo común. El Zeitgeist, sería así, el “genius séculi” del romanticismo
alemán.
Se introduce de esta forma una
comparación entre el estado de un individuo y el espíritu de una nación. En el
proceso de su formación, el individuo sufre varios cambios sin perder su
identidad. Como una parte de la historia mundial, una nación -exhibiendo una
cierta tendencia expresada en su volksgeist - tiene su rol- en el proceso total
de la historia mundial. Pero una vez que contribuye su porción a la historia
mundial, ya no tienen un papel en el proceso de historia mundial. La sumersión
en el proceso total previene el renacimiento cultural de las personas, porque
han agotado su creatividad en el crecimiento histórico del espíritu que los
guía (zeitgeist - wikipedia).
De esta cuestión surgen distintas opciones, la filosofía
nazi del gran hombre spengleriano, entañada por Adolf Hitler, la filosofía
materialista de la disolución del hombre en la sociedad encarnada por Lenin o
Stalin y los socialismos, la existencialista que nos conduce a la nada del ser
humano de Jean Paul Sartre, o la nihilista de Nietzsche y Freud. También hay
otras más positivas como la estancialista de Ortega y Gasset, o la
racio-vitalista de Bertrand Russel.
El viento del mundo, también es el título de una
magnífica novela de Pierre Pelot de ámbito prehistórico que nos habla del
nacimiento de la cultura humana en el Árica oriental hace 1,7 millones de años. El viento del mundo construye y destruye la historia de la Tierra y los seres humanos que la habitan.
De esta forma, “el viento del mundo” (el zeigeist de una época) sí sería el dueño de
la Tierra, si con esta metáfora queremos reconocer al clima de un momento que
influye, más allá de la historia y de sus historias, sobre los individuos que
comparten tiempo vital en el planeta. Hubo épocas de vientos catastróficos,
como las guerras mundiales, mientras hubo otras de vientos gélidos como la
guerra fría y otra de periodos cálidos como el Renacimiento o tal vez, la
globalización.
El mayor problema que puede tener un país al igual que
las personas que lo forman es no saber de donde sopla el viento del mundo en un
determinado momento de su historia, algo que le está ocurriendo a Artur Mas, el
Peter Pan catalán que se ha empeñado en orientar su feudo contra los vientos
que soplan sobre España en estos momentos.
Sin agotar el tema, ayer mismo fue elegido Presidente de
los Estados Unidos de América Barack Obama, por segundo mandato. Quizás mucha
gente no sepa que ha sido el primero en emitir su discurso de convocatoria a
elecciones también en español (ya lo hizo en la ocasión anterior), dado que la
pujante comunidad hispana de los Estados Unidos, con casi cincuenta millones de
habitantes, cada día está haciendo valer más su impronta cultural en el país
del Tío Sam, tanto es así, que en muchos estados las papeletas electorales para
votar a su Presidente, Congresistas, Senadores y Gobernadores, se encontraban
en dos idiomas, inglés y español. Los vientos del Oeste favorecen a la cultura
española en esta época, algo que redundará cuando salgamos de la crisis en unas
relaciones cada vez más estrechas entre España y Estados Unidos.
Sin embargo, hay gente en este país que no es favorable a
tal cosa, entre ellos los socialistas, más orientados desde hace dos siglos a
la servidumbre colonial francesa (una vez que el socialismo real se ha descompuesto en sus múltiples mafias), o los nacionalistas, como Artur Mas, que se
ha aventurado hasta Moscú para recabar apoyos del Kremlin a su proyecto, sin haber
vendido ni una butifarra, a pesar de todas las energías y recursos que invirtió
en el proyecto. A los nacional-socialistas todo lo que huela a España y libertad les
pone incómodos, por eso es normal que cuando el viento del mundo, que no es
otro que el de la libertad comienza a expresarse en español, ellos traten de
proteger de forma mezquina, sus intereses partidarios, no vaya a ser que sus seguidores
se den cuenta de su cuento.
Si sólo había que escuchar a Raymon, aquel cantautor
valenciano que se transformó en catalán por nacionalismo cuentacorrentista; hay
que hacerle caso “al vent del món”, que hoy, desgraciadamente para algunos,
se expresa en español, afortunadamente para todos los que disfrutamos de la lengua
que convertía gigantes en molinos y molinos en gigantes, en la época de
Cervantes.
Enrique Suárez
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martes, 6 de noviembre de 2012
Una larga serie de catastróficos manifiestos
"Un intelectual es una persona cuya mente se mira a sí misma"
Albert Camus
Albert Camus
Si bien ayer, criticaba el manifiesto de los intelectuales de El País –patulea de meretrices sectarias-,
con el que tanto disfrutó Rubalcaba; hoy no puedo alegrarme del publicado por los intelectuales de El Mundo; aunque observo que se ciñe mejor al mundo real y
no a una entelequia imaginaria como el anterior, debo reconocer que no me
agrada ese tufo “no nacionalista” que tanto daño le ha hecho a las relaciones
entre Cataluña y el Estado español, a pesar de que entre los firmantes esté mi
admirado Albert Boadella, “traidor nacional de Cataluña”, no puedo aceptar que
todo concluya con un aquí no ha pasado nada y vamos a ser todos buenos y
llevarnos bien. Bien podrían haberle echado un poco de imaginación, al menos, como hicieron los firmantes del manifiesto de mayo de 2012, "Somos Europa", pero no, vamos a repetir el más de lo mismo que es el mejor mecanismo. Por cierto, he visto que Mario Vargas LLosa y alguno más, firman los dos, como si fuera lo mismo una España unitaria que una España federal, en fin, todo esto me parece una tremenda tomadura de pelo a los españoles, encima de la que está cayendo.
Que quieren que les diga, yo echo
de menos un manifiesto español por los cuatro costados, y no por dos o tres,
más acorde con el espíritu natural y original de la Constitución de 1978 y
todas las anteriores, en las que se expone con claridad que el único pueblo
soberano de este país es el pueblo español, como indica acertadamente el
artículo 1.2 de la Constitución Española de 1978. No es tiempo para las
equidistancias morales, sino para el compromiso ético. Este manifiesto que han
hecho los abajo firmantes de El Mundo, me recuerda aquel otro en defensa de la “lengua
común” que patrocinó la UPyD, El Mundo, Libertad Digital, algún otro medio y
los no nacionalistas de toda la vida.
La identidad no se fabrica de la nada
A ver si tengo paciencia para
explicarlo, una vez más. En toda condición de identidad hay dos aspectos concomitantes, desde una perspectiva cultural,
uno el nomotético, que se refiere a lo
común y compartido, y otro el idiográfico, que se refiere a los hechos
diferenciales y las particularidades. Difícilmente se puede sostener en un
contexto racional que un español de Cataluña tiene más hechos diferenciales que
un español de Melilla, de religión musulmana y raza magrebí, o que un canario
de rasgos guanches de Fuerteventura, o que un gallego que no habla español –porque
no lo habló en su vida- de una aldea próxima a Becerreá, quiere esto decir que
lo de los “hechos diferenciales” siempre es algo subjetivo y difícil de
cuantificar, la perspectiva idiográfica no nos revela solución alguna, más que
la de que cada uno pueda sentirse lo que le dé la gana, pero otra cosa es que
pueda serlo objetivamente.
Por eso, establecer las
diferencias entre diversas culturas requiere que veamos también las semejanzas,
quizás a algunos de nuestros lectores les pueda sorprender que según el INE los
primeros treinta apellidos de Barcelona, Lérida, Gerona y Tarragona, así como
los de Áláva, Vizcaya y Guipúzcoa, son tan españoles como los de Huelva, Teruel
o Badajoz, la larga serie de García, Martínez, Álvarez y Pérez es homogénea en
todo el país. Los apellidos que tenemos los españoles no se adquieren en los
supermercados, quiere eso decir que provienen de generaciones anteriores y
evidentemente, no son exactamente oriundos de Cataluña y Euskadi, aunque García
es probable que tenga origen vasco y Pérez sea de origen catalán, pero lo que
está claro es que este argumento es una prueba indiscutible de la imbricación
entre españoles de todos los lugares que se han movido libremente por el
territorio nacional a lo largo de generaciones, y eso es, precisamente algo que
trata de impedirse con experimentos secesionistas.
Si desde una perspectiva
antropológica, resulta imposible discernir si es más catalán un señor que se
apellide García que uno que se apellide Balcells, desde una perspectiva política
asistimos a uno de los mayores esperpentos que se ha producido en la variopinta
y singular Historia de España. En primer lugar, Cataluña nunca ha sido
independiente a lo largo de su historia, en segundo lugar, su inextricable unión
histórica con Reino de Aragón, hace que algunos de sus monarcas estén
enterrados en el monasterio de Poblet, al igual que ocurre con otros provenientes
del Reino de Valencia. La noción de una Cataluña unitaria proviene del siglo
XIX, con los movimientos románticos que impulsaron nacionalismos tardíos, pero
nunca fue una opción mayoritaria ni en Cataluña, ni tampoco lo fue el secesionismo en Euskadi o
Galicia, históricamente. Sin embargo, si ha sido motivo para que determinados grupos políticos
hayan impuesto su perspectiva tras la muerte de Franco, en una democracia en
que la impostura ha sido más costumbre que excepción, gracias a la ineptitud de
los que desde el Gobierno de la Nación permitieron la deriva nacionalista,
incumpliendo la Constitución Española, exclusivamente por intereses partidistas
y acomplejamientos inconfesables.
De políticos ineptos, todo, menos conceptos
Efectivamente, no solo la vesania
de los creadores de nuevas naciones y cuentas corrientes diferenciadas, ha sido el único elemento de digresión, no
menos responsabilidad recae sobre partidos políticos de implantación nacional,
como el PSOE o el PP, que han consentido auténticas barbaridades, con el amparo
del Tribunal Constitucional que ellos mismos impusieron. Si hay que hablar de
traición a la soberanía nacional de los españoles, no nos quedemos
exclusivamente señalando a los nacionalistas, sería injusto, los nacionalistas
no podrían haber estirado tanto de la cuerda, sino fuera con la connivencia del
PSOE y el PP, que ahora tratan de vendernos alternativas plausibles, cuando con
su negligencia e impertinencia han sido los principales agentes que han
logrados llevarnos a la situación de quiebra institucional y legal en la que
nos encontramos.
Si ustedes leen con detenimiento
y sin anteojeras la Constitución Española de 1978, llegarán a la conclusión de
que a pesar del Título VIII que se ocupa de las autonomías y las transferencias
de poder desde el Estado, las cosas están muy claras y palmarias, no como nos
vienen vendiendo desde hace años desde todos los foros del adoctrinamiento en
el pensamiento políticamente correcto. Tan sencillo es comprenderlo todo que
sólo hay que acudir al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española
para comprender que el ambiguo término “nacionalidad”, con que algunas
autonomías han hecho valer su condición histórica, como si las demás no la
tuvieran –el Consejo de Asturias y León tuvo más relevancia política que la
Generalitat de Cataluña, por poner un ejemplo, acuñando hasta su propia moneda,
y en la Revolución de Octubre del 34, Asturias se declaró independiente de
España, como también lo hizo en 1808, precisamente para defender la patria del
francés-, pues como decía, el término “nacionalidad”, tiene en español cuatro
acepciones, las dos primeras se refieren a términos generales y las dos
segundas a términos particulares, que en el relativo contextual de España, se
refieren a “entidades autonómicas” (administrativas), nada que ver con asuntos de soberanía, sino
de ciudadanía, es decir del Estado, no de la Nación.
Es importante la distinción entre
Estado (órgano de poder y administración política) y Nación (espacio de
soberanía), que nada tienen que ver, ni han tenido que ver nunca. La nación es previa al Estado, pero no queda subsumida en él, como algunos pretenden. Por
pertenecer al Estado español, los españoles somos ciudadanos españoles, por pertenecer a
la Nación española, los españoles tenemos nacionalidad española. En España, nunca ha existido
desde su fundación como Nación política en 1812, otra soberanía que la nacional,
nunca hemos tenido una soberanía popular o ciudadana como por ejemplo la de los
franceses. El craso error cometido por los políticos de este país se debe
esencialmente a un cruce de posiciones ideológicas, en la que los socialistas
han mantenido una extraordinaria ambigüedad que ha terminado escapándoseles de
las manos, como se está viendo ahora mismo.
La soberanía nacional reside en el pueblo español
Los socialistas son partidarios de la República
y de la soberanía popular, como la que
tienen los franceses, pero al contrario de estos que son extraordinariamente
centralistas, son partidarios de un sistema federal, aunque han sido capaces de
vivir confortablemente en un régimen monárquico durante 35 años; en realidad, al haber
alcanzado el apogeo de su deriva extravagante, ahora son partidarios de un régimen
republicano y federalista, que les permita arreglar sus divagaciones
estridentes, siguiendo su tradicional huída hacia adelante. De esta ambigüedad socialista, se han aprovechado los
nacionalistas, partidarios de una segregación y distanciamiento de la nación
española, y en cuanto a los conservadores del PP, jamás han sabido, ni querido establecer
un lectura legítima y rigurosa de la Constitución Española, por miedo a que les
atribuyeran reminiscencias franquistas. Así que la nación española se ha
quedado huérfana, como los españoles, de una defensa de su soberanía,
exclusivamente por miserables intereses partidarios.
Estas cosas son las que se omiten
a la hora de hacer balance sobre la situación, y el contenido de los manifiestos, porque la hoguera que se ha encendido por la ineptitud de los políticos que han representado a los españoles,
ahora trata de apagarse con manifiestos de otro mundo es posible, cuando como
dice un antiguo proverbio chino: "cuando se va por el camino erróneo, no importa lo que se
lleve recorrido, es necesario retroceder". Si ustedes le permiten a este viejo
liberal admirador de los padres de la nación española, los de 1812, (no los
padrastros de 1978), todos los partidos políticos nos han traicionado a los españoles,
incumpliendo la Constitución Española de 1978, exclusivamente por defender sus intereses
partidarios, por eso me llama poderosamente la atención la eclosión de manifiestos
que nos están brindando los intelectuales de todas las facciones, cuando
todavía no he visto a uno solo que nos pueda decir realmente lo que ha ocurrido
en este país. Me parece que su soberbia les impide asimilar estoicamente su petulancia e
impertinencia.
Hay cuatro intelectuales vivos, al
menos, que si han definido las cosas con claridad, posiblemente haya muchos
más, pero voy a darles los nombres de este cuadro selecto, ante tanta decrepitud moral y estulticia
rimbombante como estamos contemplando: Gustavo Bueno, Arturo Pérez-Reverte, Roberto
Centeno y Antonio García-Trevijano, cualquiera de ellos nos puede decir con
claridad lo que es España, como ayer nos
lo podrían haber dicho Manuel Azaña, Fernando de los Ríos, José Ortega y Gasset o Santiago Ramón y Cajal; a ver si se enteran de una vez, los abajo
firmantes de El País y El Mundo de que coño están hablando, que España no es lo
que tienen en sus cabezas e intereses, sino en la realidad que vivimos todos
los días los españoles: la España que hemos construido los españoles a lo largo de generaciones y que han destruido los políticos
de todos los partidos, con su ineptitud, incompetencia y arrogancia, acompañados del
silencio cómplice de los supuestos intelectuales que permanecieron callados
hasta ahora, que corre peligro su modus vivendi.
Enrique Suárez
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