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sábado, 1 de septiembre de 2012

¿Cómo será la próxima revolución en España?


"Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo el más sagrado e indispensable de los deberes" Maximilien Robespierre


Cada día está más próxima la reacción de los españoles ante el despotismo y la tiranía de sus mandatarios políticos. Antes de final de año, se producirán revueltas callejeras, porque la vesania gubernamental ha superado el dintel de expolio que puede admitir un pueblo que se respete a si mismo. No hay vuelta atrás, ni nadie que pueda detener el conflicto al que vamos a enfrentarnos.

La política, se ha convertido en un negocio para aquellos que viven a su sombra y un latrocinio legal para todos aquellos que la sufragamos con nuestros impuestos. En España hay dos clases diferenciadas, como en la época de Fernando VII, los aristócratas del poder y la plebe subyugada. No hay invocación a la democracia que soporte tanta molicie y desenfreno.

Ahora, sólo queda imaginar como será la reacción popular ante la sevicia de los desalmados que acumulan privilegios desde la corrupción, mientras incrementan sin interrupción los perjuicios de aquellos que les han alzado. Mariano Rajoy no se ha enterado de que está gobernando sobre un depósito de gasolina mientras se fuma el puro de su mayoría absoluta.

La reacción será escalonada, comenzará por brotes aislados e individuales, relacionados con alguna injusticia concreta, algo que indignará a los españoles de tal forma que se producirá una reacción en cadena. Una vez identificado el enemigo de su bienestar en los partidos políticos, las sedes de las formaciones políticas serán las primeras en recibir la ira de los ciudadanos, posiblemente después vengan los sindicatos y más tarde, las instituciones públicas.

Las manifestaciones, cada día más numerosas, incrementarán su grado de violencia, algo que ocasionará una represión más agresiva. Surgirán las primeras víctimas y en ese momento, la reacción se hará generalizada y cada vez más osada, legitimada por la coerción que se ejercerá desde el poder.

Los líderes de los partidos políticos españoles actuales tienen la consideración más baja de la historia de la democracia. Más de un 75 % de los españoles consideran a Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba más como un grave problema que como una fuente de soluciones. La connivencia de ambos en ocultar los desmadres de sus respectivos partidos es inadmisible.

Los españoles vamos a pagar la reflotación financiera de los bancos que ayer fueron Cajas de Ahorros esquilmadas por representantes de partidos políticos y sindicatos. El déficit público ya ha superado en un semestre el total previsto para este año. Los políticos exigen a los parados que demuestre que buscan trabajo, mientras se inhiben a la hora de dar explicaciones sobre lo ocurrido, el porqué del hundimiento económico de este país gracias a sus inepcia. No hay ni un político responsable de lo ocurrido en la cárcel, aunque hay muchos imputados. Las autonomías están quebradas gracias a los políticos que las han gobernado y las gobiernan, otro tanto ocurre con los ayuntamientos. Europa está dispuesta a realizar un rescate de este país siempre que sea solicitado por su Gobierno, las condiciones que acompañarán a esta decisión se sumarán a todas las anteriores que fueron tomadas por los gobiernos del PSOE y del PP y no sirvieron para nada, lloverá sobre anegado.

Más de un 50 % de jóvenes en paro es un polvorín dispuesto para una chispa, más de cinco millones de parados están dispuestos a reclamar la vida que les han arrebatado los políticos, exclusivamente para mantener sus privilegios. Los pensionistas congelados, los funcionarios esquilmados, todo el mundo cabreado, están a la espera de un motivo para echarse a la calle, no para protestar, sino para reclamar que los que se han cargado la economía de este país desde la política sean juzgados y encarcelados.

Realmente en este país no queda nadie a quien no le afecte la crisis, una crisis que fue organizada por el PSOE y no resuelta por el PP, que además condonó los crímenes contra la razón y los desfalcos públicos de la época de Zapatero, además de mentir a los españoles para acceder al Gobierno.

Estamos ante el escenario de una revolución próxima, en la que habrá violencia sin duda alguna, y que no cesará hasta que se consiga un cambio definitivo en la relación entre ciudadanos y políticos, una regeneración democrática y una intervención de la justicia en todos los nichos de corrupción del país. Vienen purgas y depuraciones, estallidos sociales y reacciones indeseadas. No es una predicción, sino una constatación de los hechos y de la evolución más probable que acontecerá.

Puede ser mañana o la próxima semana, no creo que pasen un par de meses antes que las cosas de la política en España comiencen a cambiar de forma definitiva y para siempre. Y lo peor es que lo que pronto comenzará no podrá ser detenido ni por los inductores, porque abierta la espita la presión les acabará sobrepasando, mucho menos podrá ser sofocada por los políticos, que son los principales agentes causales de los problemas que hoy tenemos en España y han perdido toda legitimidad para contener la evolución de los hechos.

Estamos ante una incipiente revolución de la que todavía desconocemos comienzo y final. Lo que no sabemos todavía es como quedarán las cosas tras los acontecimientos que viviremos, ni cuanto tiempo durarán, ni el precio que pagaremos por ellos. Ojalá no se produzca ningún daño irreparable, aunque será prácticamente imposible.

Enrique Suárez

martes, 28 de agosto de 2012

La democracia moral del socialismo español


La muerte de las ideologías, la globalización, la crisis y los desaprensivos que detentan el poder, nos van empujando cada día hacia un nuevo modelo de democracia, que ya no se ocupa exclusivamente de las elecciones o la distribución del poder, sino también del adoctrinamiento de los ciudadanos, como una nueva fe o creencia, que se aferra al dogmatismo fundamentalista. Si Rajoy nos quiere convencer de que la única salida a nuestros problemas es la que propone, Rubalcaba sigue en silencio sin reconocer que los errores de su partido fueron los que nos han llevado a la penosa situación actual.

La democracia ha dejado de ser una forma de elección en libertad de la opción política preferida por los electores, para convertirse en una doctrina social al servicio de los nuevos profetas. Se veía venir tras los motivos para creer y otros intangibles construidos desde la bondad, la paz y el amor universal predicado desde la propaganda socialista en un proselitismo insostenible e insoportable.

La democracia no es una cuestión de fe, sino un hecho político, apropiarse de la democracia para impartir doctrina moral es realmente un engaño urdido con sevicia, porque la democracia no es propiedad de ninguna ideología, sino un bien común; pero algunos, acostumbrados a utilizar el bien común en beneficio propio, sin límites, no han tenido reparo en convertir la democracia en un instrumento para imponer su perspectiva e interpretación de la realidad, de forma exclusiva y excluyente, considerando que todas las demás opciones no son democráticas, por no compartir sus principios morales. Han hecho lo mismo con la justicia, la información, las leyes, los recursos públicos, la educación o la economía.

No se puede ser tan soberbio sino es por alguna razón extrema, en mi humilde opinión, la izquierda en España se encuentra al borde de la desesperación y tal vez de la desaparición, al menos en las formas conocidas, porque no se puede despreciar los principios que sustentan su ideología, pues hasta el mismo Marx advirtió de que es el pueblo el que debe educar al Estado y no el Estado al pueblo, y al mismo tiempo denunciar a los demás por no ser demócratas.

A la izquierda de este país le hace falta un espejo público que le diga la verdad, desde al menos hace una década; ha perdido conciencia de su papel histórico para representar un papel histérico, anunciando todos los males que ocurrirán si los demás deciden el futuro, cuando ellos son los que lo han decidido hasta llevarnos a la ruina, pero todavía ni siquiera lo han reconocido públicamente. No se puede ser tan necio como para tratar de convencer a la realidad de que está equivocada por no seguir el guión que se ha diseñado desde el sanedrín de Ferraz.

Si un partido político ha utilizado la democracia en beneficio propio, contra los intereses generales de los españoles más que ningún otro, ese ha sido el PSOE, no sólo en la época de Zapatero sino también en la de Felipe González, vulnerando la ley, apropiándose de la justicia, adueñándose de la opinión pública desde la manipulación de la información, la propaganda y la censura. Si alguna feligresía partidaria se ha enriquecido en nombre de la democracia, han sido los miembros de la familia socialista, con corrupción sin fin, nepotismo y prevaricaciones que hacen estar imputados a ministros, consejeros autonómicos, alcaldes, concejales y otros miembros del elenco social. Si una ideología ha sido perversa con sus electores, por beneficiar a sus dirigentes, sin duda el socialismo español podría impartir doctrina, de como dejar a más de cinco millones de españoles en el paro, a un 25 % en la miseria, de como duplicar la deuda pública hasta hacerla insostenible y de como haber colocado en las administraciones públicas a decenas de miles de seguidores con un pesebre eterno, con el único mérito de pertenecer a su familia política.

No puede ser que a estas alturas de la historia, la gente no se dé cuenta de lo que ha ocurrido, de como el socialismo español ha perjudicado a todos los españoles para beneficiar sectariamente a los privilegiados por su partido, para impedir que todo aquel que tuviera algo que aportar a la sociedad pudiera hacerlo porque siempre habría un inepto con carnet para ocupar su puesto. Es increíble que entre los jóvenes, a los que el socialismo español ha llevado a las cotas de dependencia más elevadas de la historia de este país, con un paro que sobrepasa el 55 % todavía les digan que la derecha u otras opciones les quieren arrebatar todo, cuando lo único que les queda por delante es un futuro desolador y una vida miserable.

El socialismo se ha ensañado en este país con los ciudadanos, hasta el punto de crear la situación de incertidumbre más escabrosa de toda la historia democrática, además lo ha hecho con la voluntad fundamentalista de no reconocer que se ha equivocado y todavía se atreven a dictar doctrina moral contra todas las opciones diferentes, porque son tan soberbios que no pueden asumir que han metido la pata y nos han jodido a todos, fundamentalmente a los que más confiaron en ellos.

Estos nuevos aristócratas de la izquierda van a tardar muchos años en regresar al poder, les queda por delante un desierto de desconfianza, en el que tendrán que hallar la humildad que han perdido, la equidad que han abandonado, el altruismo del que presumen y carecen. Cada día somos mas los españoles que pensamos que ser socialista es sinónimo de aprovechado.

Se equivocan señalando a los demás como desaprensivos e inmorales, porque en esta ocasión no van a poder seguir engañando a la gente, están siendo observados por todos los que dejaron en la cuneta, que son muchos millones. Han hecho mucho daño y tienen que pagar por ello, no sólo con el desprecio de los españoles, sino con las penas correspondientes a sus delitos.

Todo es cuestión de tiempo, pero nadie va a pasar página en esta ocasión, el cordón sanitario que trataron de imponer a todos los demás se cierne en esta ocasión sobre ellos, como si tuvieran la peste, y tal vez la tengan, una peste de codicia que tienen que superar, para volver a poder hablar y que la gente les vuelva a creer.

Rubalcaba debería comenzar a pedir perdón a los españoles, antes de que los españoles le exijan la disolución de su partido por ser un instrumento de coerción inadmisible en una democracia.

Enrique Suárez

domingo, 26 de agosto de 2012

¿Por qué España necesita un millón y medio de empleados públicos más que otros países de la zona euro para hacer lo mismo?


"En España necesitamos dos empleados públicos para hacer lo mismo que en otros países de la zona euro hace uno solo". Enrique Suárez

Quizá sea uno de los enigmas que explica nuestra miserable realidad, recientemente he visto una estadística de la evolución del empleo público de los países de la zona euro y me ha llamado poderosamente la atención que nuestro país sea en el que más ha crecido el número de empleados públicos entre 1980 y 2006, pero como desde entonces todavía ha seguido creciendo (medio millón más de empleados públicos entre 2006 y 2012), mientras que en el resto de países de la zona euro ha disminuido gracias a la incorporación de la tecnología y la mejora de las condiciones organizativas, actualmente en España tenemos la mayor sobrecarga de empleados de administraciones públicas por trabajador de toda la zona euro.

Para una población laboral de 17.417.300 trabajadores en España en el segundo trimestre de 2012, tenemos en España 3.190.000 empleados públicos, lo que quiere decir que de todos los trabajadores españoles un 18,31 % son empleados públicos, esto no ocurre en ningún país europeo de la zona euro

Otra cuestión importante para denunciar la insoportable situación que vivimos en España en relación al sostenimiento del empleo público, es que, casualmente, mientras en este país el paro no ha dejado de crecer desde el año 2004, pasando de 1,8 millones de desempleados cuando llegó Zapatero al Gobierno hasta los 5,7 millones de desempleados actuales, lo que supone 3,9 millones de parados en la cuenta de los gobiernos del PSOE, resulta que con el empleo público ha ocurrido exactamente lo contrario, pasando de 2,8 millones a 3,2 millones actuales (400.000 nuevos empleos públicos), de lo que se deduce que durante los gobiernos del PSOE se han creado un puesto de empleo público, por diez puestos de trabajo que se han destruido. No tiene ningún sentido, si se ha reducido la actividad económica, si hemos estado en recesión, si hay más paro, no es normal que crezca el empleo público, mientras todo lo demás disminuye. Cabría preguntarse entonces, ¿para qué crezca el empleo público tiene que reducirse la economía, el empleo general y la calidad de vida de los españoles?, ¿quién quiere acabar con todo?.

Durante los años 1980-2006 en la Alemania reunificada se pasó de 3.929.000 empleados públicos a 4.148.000 empleados públicos (+ 219.000, un 5,6 % más), pero en España se pasó de 1.117.000 empleados públicos en 1980 a 2.728.000 en 2006 ( + 1.611.000, un 244 % más). Mientras Alemania tenía en 2006 una tasa de empleados públicos de 4,1 por cien habitantes, España tenía en la misma fecha una tasa de empleados públicos de 6,8 por cien habitantes, y desde entonces todavía ha crecido casi un 20 % más.

En la misma proporción de crecimiento del empleo público en los países de la zona euro, (la media es 131 % entre los años 1980-2006) España no tendría que tener más de 1,6 millones de empleados públicos; como actualmente tiene 3.2 millones de empleados públicos, se deduce que:

EN ESPAÑA NECESITAMOS DOS EMPLEADOS PÚBLICOS PARA HACER LO MISMO QUE EN OTROS PAÍSES DE LA ZONA EURO HACE UNO SOLO.

En un reciente análisis sobre el coste medio de los empleados públicos realizado en las empresas públicas de la Comunidad Valenciana, se llegó a la conclusión de que 12.000 empleados públicos le costaban a esta comunidad 2.500 millones de euros al año, lo que quiere decir que cada empleado público sale por una media de 20.800 euros al año de sueldos, a lo que se debe añadir algo más por gastos que ocasiona al Estado con su trabajo; un empleado público cuesta de media, no menos de 25.000 euros al año a los españoles.

Si en España tenemos 1,6 millones más de los empleados públicos que necesitamos, se puede deducir que estamos gastando cada año 40.000 millones de euros que no tenemos (la mitad de nuestro déficit público) para mantener en su puesto a todos los colocaos de los partidos políticos que nos han dejado la administración pública como si fuera un pesebre con pastorcitos. A lo que se debe añadir la ineficiencia e ineficacia, las cosas que tendrán que hacer todos los apesebrados para que su puesto de trabajo se considere necesario, desde colocar lazitos negros en las ventanas de las instituciones públicas en tiempo de su trabajo, hasta todas las manifestaciones del mundo organizadas por los sindicatos UGT y CCOO, y los partidos de la izquierda y la derecha, para mostrarle al pueblo que quieren acabar con todo, sin desestimar las campañas nacionalistas en comunidades segregacionistas, pagadas con sueldo todos los meses a los gordillos vascos y catalanes.

Si este país fuera normal, que no lo es, alguien tendría que hacer una purga de los empleados públicos innecesarios que tenemos en España (se estima en 1,6 millones, que nos cuestan 40.000 millones de euros), pero nadie lo hará, porque entre todos los partidos políticos (lo que venímos denominando LA CASTA), tienen colocados a sus hijos, hermanos, nietos, primos, parientes cercanos y lejanos, amigos, afines y la madre que los parió a todos en este régimen tirano y despótico que hace de la corrupción, el nepotismo y la opresión a los demás, su enseña particular. Y el lazito negro de bandera...

Para la próxima manifestación de los desesperados que cobran todos los meses del erario público, les recomiendo a los farsantes Toxo y Méndez que saquen una gran pancarta en la que se lea en letras de molde rojas: HEMOS ACABADO CON TODO, ESPERAMOS QUE NOS DISCULPÉIS ALGÚN DÍA y si quieren que le pongan también un lazito negro para identificarse como parásitos a costa de todos los españoles.



Enrique Suárez

jueves, 23 de agosto de 2012

¿Cómo se manipula la opinión pública en España?: las redes socialistas


Los enemigos de la libertad siempre actúan de forma colectiva: es un axioma

Desde hace una década, la opinión pública española está siendo sometida a un ejercicio de violencia democrática ininterrumpido, con el único objetivo de erradicar la libertad de pensamiento y expresión de este país. Primero desde el Gobierno, ahora desde la oposición, asistimos cada día al bombardeo organizado con la intención de lavar el cerebro a los españoles, creando la mitología de que el ser humano sólo puede salvarse de los grandes males de este mundo si renuncia al egoísmo individual, hasta convertirse en masa amorfa y sumisa, en un adoctrinamiento moral permanente.

El problema es que los propagandistas de la izquierda nos ocultan tras su proeza samaritana, sus auténticas intenciones: ocultar su egoísmo colectivo a la hora de acumular privilegios y recolectar beneficios defendiendo “las causas más nobles” siempre que redunden en su propio provecho, un aliciente de lo más “altruista”; aunque esto acabe perjudicando a todos los demás, ricos o pobres. No en vano, la pobreza se ha incrementado en España un 20 % (25 % de la población) y el paro un 140 % (25 % de la población), tras “la pasada” socialista. Además de haberse incrementado el analfabetismo real y funcional en todo el país, la dependencia, y la miseria; estos hechos también se ocultan (o se induce a su olvido) con una censura impropia de una democracia, destacando los pírricos logros de los gobiernos socialistas ante las hecatombe que nos han legado y que estamos viviendo.

Las redes socialistas, comunistas, sindicalistas y afines, actúan de forma sencilla y sectaria, organizándose para la acción del agit-prop mediático cada día, colonizando los grupos de Facebook, retwiteando las noticias que favorecen sus argumentos, expulsando del menéame a todos los discrepantes, y aplaudiendo las noticias que van saliendo en los medios digitales en maniobras orquestadas para una expansión sincronizada, mientras que desprestigian todas las que critican sus planteamientos. Cierto es que cada día se va reproduciendo también esta actitud desde posiciones conservadoras o nacionalistas, en una competición sin descanso por llevarnos a la confrontación y el conflicto permanente, en el pastoreo de las opiniones a que nos someten, para ir completando sus rediles electorales.

Sin embargo, lo que está cada día más claro es que la información publicada y “me-gustada” no viene a ser un reflejo de la opinión pública mayoritaria, sino más bien de su manipulación y adoctrinamiento, porque la minoría más ruidosa del más de lo mismo, no es portavoz de la mayoría silenciosa, que lo único que desea es que dejen de manipularla en el nombre de Dios, del bienestar de la humanidad o de la próxima invasión de los alienígenas. Los motivos para creer se han acabado, cuando los españoles están sufriendo en sus carnes el azote del colectivismo mental, del ensalzamiento de lo público para pesebre de parásitos, y el pensamiento único que nos conceden los que se salvan a si mismos mientras anuncian que van a salvarnos a todos los demás.

La sociedad dependiente que se ha creado en este país, exclusivamente con el objetivo de que los sectarios de la izquierda se perpetuaran en el poder, aunque fuera hundiendo este país y a sus habitantes, por su mezquindad, en el más profundo abismo de la miseria, no tiene ninguna posibilidad de lograr sus propósitos; a mí solo me conmueve al desconsuelo de los años que vamos a tardar en desincrustarnos la costra mental que nos han dejado, que va a terminar expulsando de este país a los jóvenes mejor formados de nuestra historia (55 % de paro juvenil), desposeyendo a España de su principal capital humano, porque a unos indigentes intelectuales se les haya ocurrido la desafortunada idea de descerebrar a este pueblo por todos los medios, para que los apoltronados políticos, de la izquierda y la derecha, de los nacionalismos y los populismos, los sindicalistas y empresarios de pesebre, puedan seguir manteniéndose en el poder como la más depravada mafia reaccionaria de la historia reciente de España.

Da mucha pena contemplar esa negación de la prosperidad de los españoles en nombre del progreso, que no es otra cosa que el eufemismo del conservadurismo más extremo, al mantener una gerontocracia de impresentables e indocumentados dirigiendo este país como una casta aristocrática, en nombre de las causas más anheladas y los objetivos más nobles, desde una hipocresía democrática que habría hecho sonrojarse a las mismas cortes franquistas, por su depravada e insólita soberbia.

Enrique Suárez

miércoles, 22 de agosto de 2012

Los profesionales sanitarios de este país no necesitan adoctrinamiento


En este país de nunca jamás que nos va quedando, una de las noticias que me ha sorprendido ingratamente es la de determinadas agrupaciones sociales, medios de comunicación, ONGs, partidos políticos y algunos sabios quintacolumnistas, tertulianos o no, ejerciendo una presión irritante e incesante sobre los profesionales sanitarios de este país, para que incumplan con el proyecto de ley de excluir a los inmigrantes ilegales de su acceso a la sanidad pública, estableciendo una barrera económica para que puedan recibir asistencia, que va desde los 700 a los 1400 euros. Prodigio de inhumanidad de este Gobierno que debe ser demonizado por acabar con la dependencia de los debiles, cuando en realidad lo que creo que se pretende es acabar con los réditos de sus supuestos defensores, bien organizados en defender sus propios intereses.

Incluso algunas asociaciones sanitarias, sindicatos profesionales y agencias corporativas han comenzado una campaña de objeción de conciencia, para que se inscriban en ella aquellos sanitarios que quieran oponerse a la legislación gubernamental.

Con todas estas acciones, no cabe más que pensar que los profesionales sanitarios de este país, supuestamente descerebrados y desalmados, necesitan del adoctrinamiento moral de los buenos samaritanos para oponerse al adoctrinamiento moral de los que toman las decisiones sobre la sanidad pública desde el Gobierno, y que el pueblo discierna entre unos y otros.

Desde mi punto de vista, estamos asistiendo a la enésima entrega de la utilización de un determinado grupo humano, en este caso los inmigrantes ilegales (y consecuentemente los profesionales sanitarios), para mostrar al mundo quienes son los buenos y quienes son los malos, porque somos incapaces de comprender que en este mundo de las cosas que se pagan con el dinero público no hay buenos ni malos, sino gestiones eficaces o ineficaces, derroche o ahorro, más impuestos o menos.

Hasta donde conozco, no he leído nunca la noticia de que un inmigrante legal o ilegal en este país haya sido desatendido en caso de necesidad, aunque si conozco muchos casos de europeos de países más ricos que España que han venido a atenderse de sus problemas a la sobrecargada sanidad pública española, fundamentalmente porque a un señor que se llama José Luis Rodríguez Zapatero se le ocurrió integrar en nuestro sistema sanitario entre los años 2009-2010 a siete millones de inmigrantes sin incrementar en la misma proporción los recursos correspondientes para atenderlos, y eso es una penosa gestión de los recursos públicos, porque no solo incrementó el trabajo de los profesionales que mantienen la salud pública de este país, sino que también redujo la calidad asistencial al incorporar siete millones de personas más, con un sistema sanitario que estaba diseñado para siete millones de personas menos, tal vez sea la nefasta gestión de los recursos públicos que se trate de ocultar con estas campañas de propaganda.

Por lo demás, no creo que ningún profesional sanitario de este país necesite consejos morales de “los buenos samaritanos” que posiblemente más que defender a los inmigrantes quieran poner a parir al gobierno, utilizando a los inmigrantes, por tratar de establecer un control sobre el gasto sanitario público en tiempos de crisis.

Los profesionales sanitarios de este país, no necesitan que nadie les diga lo que tienen que hacer en cuestión de atender o no atender a todos aquellos que lo necesiten. No hacen falta campañas de propaganda, ni de agitación mediática, a la que algunos nos quieren acostumbrar, tratando de erradicar la conciencia individual de todos los miembros de un colectivo, que ya sabrá resolver sus problemas como lo ha hecho a lo largo de su historia, para imponer la conciencia colectiva a ese colectivo, como si tal cosa fuera necesaria.

Queridos
“buenos samaritanos”, hagan el favor de dejar fuera de la política la conciencia y dignidad de los trabajadores sanitarios de este país, que digan lo que digan ustedes, harán lo que sea necesario sin su ayuda ni consejo, para cumplir con su obligación, más allá de lo que trate de imponérseles desde el Gobierno.

Confíen ustedes un poco más en aquellos que tienen que tomar las decisiones sin aleccionamientos ni moralinas. Que hasta ahora no han sido necesarios ni sus adoctrinamientos ni los del Gobierno, para que cumplieran adecuadamente con su trabajo, con inmigrantes y con cualquier ser humano que lo requiera.

No vaya a ser que terminen acudiendo los asalariados públicos Sánchez Gordillo y LLamazares, con los carritos, a salvarnos a todos a la llamada de la justicia universal y los profesionales sanitarios terminen siendo agredidos como las cajeras del Mercadona, por el bien de la humanidad.

Enrique Suárez

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