desde 2.006 en Internet

martes, 6 de julio de 2010

La otra España


"Quizá la obra educativa que más urge en el mundo sea la de convencer a los pueblos de que sus mayores enemigos son los hombres que les prometen imposibles". Ramiro de Maeztu

Aunque parezca inverosimil hay otra España, a la que no le importa quién gobierna, si lo hace el PSOE, el PP o los nacionalistas, sino cómo se gobierna y que sus representantes públicos no la estafen y se aprovechen desde la política del poder que les ha sido conferido y no les pertenece. Hay una España apartidaria, que no se niega a sí misma y celebra los triunfos de quienes la representan bien, que no es sectaria ni facciosa, que vive en democracia, que trabaja si la dejan, que paga impuestos para financiar experimentos políticos, que no comparte delirios con los poderosos, que ama la libertad, aspira a la igualdad, defiende la pluralidad, respeta la justicia y considera la Constitución Española de 1978 como marco limitado de su vida pública y el Estado de Derecho como fortaleza de su vida privada.

Hay una España soberana que no se deja atrapar ni por unos, ni por otros, que considera que los partidos políticos españoles son prácticamente iguales, que piensa que cada partido promociona sus obsesiones particulares, a veces de forma imperativa y ninguno hace nada por promover las comunes, que el único objetivo de las formaciones políticas es colocar a sus partidarios en las instituciones que pagamos todos, porque piensan que el poder es un comodín que les permite hacer lo que les dé la gana. Posiblemente, esta sea la España mayoritaria y silenciosa, la que observa, espera y decide quien ocupa el poder y quien lo desocupa, a lo largo del tiempo, la España que comparte la desesperanza en sus representantes públicos.

Es la España que no está lastrada por las secuelas de la Guerra Civil, la que ha superado en concordia su historia pasada, reconociendo los muchos errores cometidos por sus antepasados, pero que no renuncia a ser lo que es realmente, que permanece viva y no se deja amortajar por los intereses de los políticos. Es la España que forman los españoles sin estigma del pasado, ni deudas con las promesas vacías que les ofrecen los políticos para el futuro. Es la España que cree en sí misma y no acepta lo que le cuentan los que viven del cuento.

Es la España que protestaba contra la dictadura franquista, al igual que hoy lo hace contra la oclocracia social-nacionalista. Es la España de los españoles en su conjunto, no de los 17 feudos corruptos en que se han convertido las autonomías, no de los alcaldes que especulan con los intereses de los ciudadanos para sacar tajada para sí mismos o para sus partidos. Es la España que abomina la corrupción, la mentira, la propaganda, la manipulación, la opresión, la insidia, la soberbia, la inepcia y que se averguenza cada día, cuando contempla la obra que se representa en el escenario público a cargo de la troupe política que dice velar por la democracia, cuando lo que hace es aprovecharse del poder conferido en las urnas para un cometido muy diferente al que prometían en sus mentiras.

Hay una España que no tiene nada que ver con la política, que celebra los triunfos de Nadal, Lorenzo o la Selección Española de futbol o baloncesto, que trabaja cada día más para recibir cada día menos, que no sabe de macroeconomía pero sabe que en España hay cinco millones de parados, un déficit del 12 %, una deuda total de 4 billones de dólares y que el crédito país está al borde del colapso.

Es la España que considera que el Estado de Derecho está por encima de todas las mayorías sociales, porque la tiranía se distingue de la democracia , porque en esta última las minorías deben ser igualmente respetadas que las mayorías. La democracia no es una cuestión de cantidad exclusivamente, sino de calidad. Las masas no son el Pueblo, salvo en la interpretación sectaria de la dictadura del proletariado, en la oclocracia, en la tiranía. La condición democrática deviene de la justicia igual para todos, del respeto a la libertad, de la aceptación de la pluralidad. La democracia es tolerancia y no estridencia, el poder no da la razón, porque habitualmente siempre la acaba quitando, y ser más no es ser mejores. Las tiranías siempre se caracterízan por su dogmatismo y totalitarismo, tratando de imponer su fe sobre todas las demás ideas, da igual que provenga del franquismo que del socialismo, del nacionalismo, o del conservadurismo.

Vivimos en tiempo de relativismo, sobre verdades construidas que tratan de deconstruirse para implantar nuevas verdades, siempre con la finalidad de convertir a los fieles a la creencia del poder de turno. Puro sincretismo religioso disfrazado de política. Nadie puede ser tan soberbio e imbécil como para querer convertirse en represante absoluto del Pueblo y portador de la única verdad sobre la Tierra. Para negar la realidad que cada día destroza más a los ciudadanos que representa, para seguir mintiendo sin descanso a los españoles, esperando que su impaciencia sea sofocada por el adoctrinamiento sin fin.

Actualmente en España estamos asistiendo al comienzo de la destrucción por voladura incontrolada de la Nación Española y del Estado de Derecho. Montilla ha abierto la veda de la ilegitimidad declarando su resistencia a la sentencia del Tribunal Constitucional para ocultar sus miserias de corrupción en los casos Pretoria y Palau, le ha seguido Valcárcel, el Presidente de Murcia, ha dicho que en su Comunidad no se acatará la Ley del Aborto hasta que el Tribunal Constitucional dirima sobre su constitucionalidad, y el alcalde de CIU de El Port de la Selva, provincia de Gerona, ha declarado que en su municipio no se acatará la Constitución Española, que en su día fue votada de forma afirmativa por el 91,5 % de los gerundenses, incluidos los de El Port de la Selva (magnífica alegoría).

Tras los acontecimientos de la huelga salvaje del Metro de Madrid impulsada por UGT y CCOO contra dos millones y medio de madrileños, estamos asistiendo al comienzo del final de una época. Tras la agresión a los fundamentos legítimos de nuestra convivencia como españoles, asistimos a una interpretación de la democracia propia de una república bananera como la Venezuela de Hugo Chávez, en la que las masas subvencionadas por el poder se encargan de sostenerlo para que a su vez las siga alimentando, mientras todos los que no compartan la fe del tirano, serán apartados por cordón sanitario o estrella de David, para ser eliminados, o convertidos en esclavos que trabajen sin descanso para sostener la oclocracia imperante.

Alguien debería sugerir la próxima semana en el Parlamento, aprovechando el debate del Estado de la Nación, que se someta al Presidente del Gobierno de España a una peritación psiquiátrica colegiada, antes de que nos acabe volviendo locos a todos, a los que le votaron, a los que no le votaron y a los que ni siquiera acudieron a las urnas porque no confían en ningún político.

Motivos hay suficientes, la negociación con terroristas, la falta de esclarecimiento sobre lo acontecido el 11-M, el apoyo de un Estatut de Cataluña inconstitucional, la imposición de leyes de desigualdad que socavan los fundamentos de la Constitución Española, la ocupación institucional por un millón de acólitos acantonados en su sueldo contra cinco millones de parados y un país que ha sido llevado a la ruina por el despilfarro, la inepcia y la vesania del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que el día menos pensado nos sorprenderá con una proclama en la que declare: “El Pueblo soy yo” o “el Estado social es exclusivamente socialista”, o “sólo hay una democracia, la democracia social”.

En una democracia, cuando la Ley no impera para todos, no impera para nadie, y eso es lo que han conseguido los socialistas del PSOE con su política de agitación y propaganda para ampliación y afianzamiento de sus pesebres, algo que ha terminado yéndoseles de las manos y conduciendo a los españoles al caos político, económico, jurídico, cultural y social. Nos ofrecieron igualdad, para conseguir que la diferencia entre políticos y ciudadanos nunca haya sido tan enorme, tan abismal, tan extravagantemente depravada, tan escasamente democrática. Nos ofrecieron progreso para regresar al feudalismo. Nos ofrecieron justicia para imponer su arbitrariedad. Nos invitaron a la libertad para conducirnos a la opresión mental, económica, política y cultural.

Nos ofrecieron lo que deseábamos para arrebatarnos lo que necesitamos.


Biante de Priena

sábado, 3 de julio de 2010

En defensa de los oprimidos


Uno de los rasgos definitorios de la izquierda en este país ha sido tradicionalmente la defensa de los que sufren, de los acosados, de los damnificados, de los pisoteados por los demás. Algo que comparten sobre el papel con el cristianismo y algunas doctrinas altermundistas de la paz y el amor, secuelas del movimiento hippy de los años setenta del siglo pasado que implantó el signo de la Y invertida y el lema de: “haz el amor y no la guerra”.

En realidad, las izquierdas siempre han sido más opresoras que las derechas o cualquier otra alternativa política, la bota rusa, la dictadura castrista, el teatro venezolano o la parafernalia palestina así lo atestiguan. Alfonso Guerra, otrora líder de la oclocracia española, lo dejó bien claro cuando una buena tarde asesinó a Montesquieu para implantar poco a poco el totalitarismo en España y lo aseveró posteriormente, advirtiendo a la gente de su partido que los que se movieran no saldrían en la foto, es decir, no pillarían cacho, ni poltrona para beneficiarse a sí mismos de su paso por la política.

Cien años de estafa pública

La gente se ha olvidado de los orígenes totalitarios del PSOE, de su reciente pasado marxista, de su afición por el totalitarismo, de las amenazas de Pablo Iglesias a Maura en el Parlamento, de la participación en la dictadura de Primo de Rivera, el padre del fundador de falange, del pucherazo en las elecciones que condujeron a al guerra civil española, y ya en la presente época democrática, del GAL organizado por Felipe González, de los numerosos casos de corrupción política como FILESA, MATESA y TIME SPORT, de Roldán y la misteriosa desaparición del dinero público que jamás fue encontrado. La oclocracia socialista siempre ha jugado fuera del tablero de la democracia, tanto para acceder al poder, como para mantenerse en él, el Nunca Mais, el 11-M, las huelgas sindicales cuando España iba 100 veces mejor que hoy que se guarda un silencio cómplice desde los agentes sociales, mientras se revienta Madrid con la huelga del Metro.

Pero con Zapatero todo se ha refinado de una forma sofisticada y postmoderna, bajo la bandera de la igualdad, se ha conseguido llevar este país a la mayor desigualdad de la democracia, concediendo a los catalanistas y vasquistas lo que han pedido, aunque fuera en contra de los demás españoles, concediendo a las feministas una ley que impone la desigualdad entre los españoles y españolas, concediendo a los revisionistas históricos la justicia del regreso al olvido, por intereses exclusivamente electorales. Pero también ampliando negocios de determinadas empresas que comparten la obsesión por el ecologismo y el cambio climático, sobretodo las de energías renovables, las que abogan por un mundo sostenible, las que cobran por prepararnos la mitología del futuro.

Cierto es que esta cruzada a los españoles nos ha salido demasiado cara, tanto por los cinco millones de parados que ha conseguido, como por haber incrementado la deuda española total hasta los 4 billones de dólares, el déficit público hasta el 12 % y llevando el crédito de España como país a los niveles más bajos de la democracia. Eso sin contar los experimentos que hemos pagado como la Alianza de Civilizaciones o las ayudas a terceros países para las causas más variopintas, que luego se traducen en tener ejércitos sociales que promueven los intereses de partidos de izquierda financiados con el dinero público de todos los españoles.

¿Solidaridad o egoismo?

Muchos se pensarán todavía que estas piadosas y solidarias intenciones tienen sentido, que a cualquier precio hay que conseguir un país más justo socialmente, y seguirán votando por el PSOE, porque la propaganda que se hacen a sí mismos con nuestro dinero en los medios de comunicación que subvencionan así lo indica, pero desgraciadamente se equivocan.

La única finalidad de desplegar estas banderas, estos augustos motivos humanitarios es el acaparamiento de poder por medio del engaño, el único objetivo de los socialistas españoles, bastante mediocres, ignorantes y miserables, es el de perpetuarse en el poder, para ello no dudarán en cambiarle el nombre a España y convertirnos a todos en homosexuales si es preciso. Están obsesionados con que su idea del ser humano (materialista), de la vida (existencialista), y del mundo (altermundista) es la única verdad sobre la Tierra, de la humildad han pasado a la soberbia y se aferran a su doctrina como los talibanes al Islam, tratando de imponer de forma imperativa su perspectiva de la realidad a todos, mientras apelan a la opresión histórica de los modelos patriarcales, autoritarios, elitistas y machistas que existen en el mundo, pero en el fondo nunca han aspirado a liberar a la humanidad de sus opresores.

Al contrario, lo único que han pretendido a lo largo de la historia es imponer su propia opresión sobre los demás, sobre los que no piensan como ellos; donde había machismo imponer el feminismo, donde había franquismo imponer socialismo, donde había libertad imponer su versión, donde había democracia imponer oclocracia, donde había escepticismo imponer su fe, donde había justicia imponer su arbitrariedad, donde había diversidad imponer su doctrina.

Queridos lectores, los socialistas no quieren liberar a los españoles de sus opresores pasados, presentes o futuros, para nada, lo que intentan por todos los medios es imponer su propia opresión, su versión de la realidad, a todo el mundo. No se confundan con los socialistas, los ejemplos que hemos conocido a lo largo de la historia no han sido precisamente de liberación, sino de todo lo contrario, las mayores opresiones que ha vivido la humanidad provienen del socialismo, son las únicas que son capaces de realimentarse desde el poder totalitario que imponen, durante décadas llevando a la miseria a todos los que los han sufrido.

El socialismo es opresión

El socialismo es opresión, siempre lo ha sido y siempre lo será. El cuento está en que promocionándose como lo que realmente es no obtendría jamás el poder, por eso cada día promueve que los opresores son los otros, mientras pisan y aplastan la libertad de los ciudadanos, la de pensar, la de sentir y la de hacer. Una prueba de ello es la siguiente, ¿cuándo han visto ustedes un acto en defensa de la libertad entre los socialistas que contravenga lo que han dicho y hechos sus dirigentes?.

A eso lo llaman disciplina de partido, porque a los socialistas les encanta cambiar el nombre a las cosas, son unos auténticos charlatanes que nos ofrecen el pleno empleo y consiguen la cifra más elevada de parados en la historia de España, que nos ofrecen igualdad con la única finalidad de que el millón de colocados por el partido siga viviendo en el privilegio mientras machacan al pueblo, que nos hablan de solidaridad y suben los impuestos, que nos dicen que velan por nuestro bienestar y nos llevan a la ruina.

Hay que ser imbécil para creerlos, o imbécil o estar en el ajo, recibiendo o esperando recibir algo de ellos. Algún día la mayoría de los españoles se desengañará y comprenderá que los opresores son los socialistas y los oprimidos todos los demás, y ya queda menos para que eso ocurra, pero después, que a nadie jamás se le olvide lo que han hecho cuando han ocupado el poder. Debería eliminarse el socialismo de la presencia política en España, en Estados Unidos lo han hecho y viven tan felices, por algo lo habrán hecho los norteamericanos. Es hora de que expulsemos de la democracia a los enemigos de la libertad que son los socialistas, utilizan la democracia para asixiar todo lo que no es socialista, y eso es tiranía, oclocracia, un engaño, pero no democracia.

Si no respetan las reglas de juego que nos hemos concedido democráticamente, no pueden participar en el juego democrático imponiendo las suyas. Quienes utilizan la democracia para beneficiar a los suyos y perjudicar a todos los demás, son criminales políticos que algún día no lejano deberán rendir cuentas ante el pueblo español.

Biante de Priena

viernes, 2 de julio de 2010

La nación calva


No se engañen ciudadanos, la única necesidad que tienen los catalanistas de crear una nación no tiene nada que ver ni con la historia diferencial, la cultura singular o los hechos distintivos fundamentados en tradiciones arcaicas. Nada de eso, actualicen sus criterios y dejen de considerar la mitología como causa, por qué el fundamento de la noción de una nación catalana independiente de España es mucho más pragmático, también pueden hacerlo extensivo a la oclocracia que ha impuesto el PSOE en este país con la colaboración de los sindicatos y colectivos de izquierdas.

Verán ustedes, ¿a dónde habrían llegado gentes de la formación cultural y capacidades demostradas como los políticos que representan a las izquierdas y el nacionalismo en este país de no haber sido por la política, gracias a la política y exclusivamente por la política?. ¿Se imaginan ustedes a Benach, Montilla, Puigcercós, Más y el resto del elenco trabajando de “curritos” como todos los demás?.

Estos magníficos sinvergüenzas defenderán la nación catalana, como podrían defender los efectos de un crecepelo desde una carreta en el Oeste americano, las ventajas de una compañía telefónica de móviles sobre todas las demás, o la catástrofe que nos espera por el próximo impacto del asteroide Romualdo sobre la Tierra. Más que políticos, son agentes comerciales de productos caducados, buhoneros de ilusiones, mamporreros de las menos de diez familias catalanas aristocráticas que controlan desde el feudalismo irredento el porvenir de la comunidad más asolada y desolada de España.

Todo es instrumental a un propósito, seguir en el poder al precio que sea, forjar un corralito de decisiones posibles e imposibles (un oasis en quiebra), formar un marco “legal” que ampare sus desmadres permanentes, por ejemplo, para evitar que la justicia española correspondiente a nuestro Estado de Derecho, les pueda juzgar por su latrocinio, por su despilfarro, por su corrupción. El Estatut pretendía crear una justicia “a la carta” para permanecer impunes por sus crímenes, como el caso Pretoria o el caso Palau, entre otros. Algo que ha impedido el Tribunal Constitucional en última instancia.

La nación catalana es un invento virtual, un “second life” controlado desde las oligarquías financieras catalanas, insaciables en su dependencia del Estado español. ¿Pero cómo se van a hacer independientes si Cataluña vive de España, en España y por España?. ¿Quién compra los productos catalanes más que los españoles?.

Olvídense de la tinta de calamar que lo enturbia todo, cuando les hablen de nacionalismo catalán vean la realidad directamente, todo lo que arguyen es un cuento, ellos mismos lo saben y lo reconocen en privado, nunca un catalán ha abandonado un negocio tan rentable como vender humo a precio de oro, mientras haya idiotas que lo adquieran. Son calvos vendiendo crecepelo, después de haber tomado el pelo a todo el mundo para que se lo compren.

Ahora, los sátrapas catalanistas están preocupados con que España triunfe en el mundial de fútbol, tanto es así que las consignas que se están lanzando entre los niños y jóvenes catalanes es que España debe perder para que enjugue su tremendo orgullo, en realidad, lo que temen es que se haga con el mundial de fútbol, por qué si así ocurre no van a poder contener la euforia, lástima que no se juege el último partido el 10 de julio, sería interesante comprobar cuantos catalanes estaban en la calle defendiendo el Estatut ilegal y cuantos defendiendo el triunfo de la selección española. Podría ser la puntilla para las aspiraciones de los oclócratas, tras el varapalo de la justicia española.

Biante de Priena

miércoles, 30 de junio de 2010

El ejército social del PSOE


En España tenemos un ejército paralelo, como en cualquier república bananera que se precie. Es una organización sectaria que funciona con códigos estratégicos para velar por sus propios intereses y los del Gobierno o las instituciones que subvencionan su existencia. Es un ejército de civiles que pagamos todos –sin saberlo- pero que no sirve a los españoles, sino a los intereses de la doctrina socialista que se imparte desde el PSOE y desde La Moncloa.

Aunque no lo crean, este problema es muy grave, porque en cualquier democracia el poder de la fuerza del Estado está en manos de los militares bajo órdenes de los civiles, pero en España no es así, el poder de la fuerza está en manos de los sindicalistas liberados, los colectivos y asociaciones de izquierdas, y los que viven en el PSOE construyendo el escenario favorable para presentar “la verdad” que conviene a sus intereses sociales.

La huelga del Metro de Madrid está programada de antemano desde las cloacas próximas a La Moncloa, no se puede explicar como los liberados sindicalistas que la convocan repercuten sobre la Comunidad de Madrid, dirigida por Esperanza Aguirre, y sobre todos los madrileños, que en su mayoría votaron al PP, las decisiones que vienen dadas desde La Moncloa en la disminución de los ingresos de los funcionarios, y sin embargo, en las comunidades en las que gobierna el PSOE no se hace lo mismo, y nadie dice ni esta boca es mía.

Es una auténtica vergüenza la manipulación a la que estamos siendo sometidos los ciudadanos por los intereses políticos del PSOE de perpetuarse en el poder, de los sindicatos por mantener en el Gobierno a los que les darán las subvenciones que pidan y algo más, de los colectivos formados por las izquierdas de este país que reciben dinero público para hacer su trabajo político de agitación y propaganda.

El PSOE no sabe como ocultar que sube los impuestos, mañana el IVA subirá el 2 %, que al mismo tiempo incrementa el déficit público y la deuda pública, no sabe como ocultar el enorme pesebre insostenible por ninguna economía, que contiene un ejército social de un millón de parásitos reunidos bajo la bandera del puño y la rosa, que de otra forma estarían engrosando las colas del paro.

Nadie ha pensado que gracias a tener un millón de parásitos sufragados por el poder socialista, en España hay cinco millones de parados. Cada parásito colocado por el PSOE produce 5 parados, porque impide que la economía fluya para mantener su puesto de trabajo, para el que no reune condiciones, a costa de apartar a todos los que sí las reunen y que no compitan con él por el condumio.

Esa es la realidad de España, un millón de parásitos presentando una tramoya teatral para que cinco millones de parados contemplen que la culpa de que se hayan quedado sin trabajo es del PP.

¿Por qué los que protestan en el Metro no hacen una manifestación a La Moncloa que es de donde ha partido la directiva de que les desciendan un 5 % el sueldo?. ¿Por qué ellos son los únicos que pueden protestar por qué lo hacen contra un gobierno del PP y unos votantes que les han rechazado en su mayoría?.

La huelga del Metro está organizada por el PSOE y los sindicatos para desgastar al Gobierno de la Comunidad de Madrid, es una huelga con una clara intención y finalidad política, es una huelga que nos indica de lo que son capaces los socialistas para seguir viviendo a costa nuestra. Estamos pagando un ejército mafioso de sinvergüenzas, que nos deterioran la vida de todas las formas posibles, el PSOE es responsable de lo que está ocurriendo, es un ejército formado contra el pueblo español, tarde o temprano tendrá que restituir a los españoles por todo el daño que nos ha hecho.

Biante de Priena


El hecho diferencial de ser español

A la Constitución Española de 1812 - Cádiz

Desde hace muchos años en nuestro país se ha sometido la condición de ser español a todas las presiones políticas y mediáticas posibles. Se ha producido un atentado permanente contra nuestra identidad nacional compartida. Este acoso no ha sido arbitrario y gratuito, sino interesado y estratégico, con una clara finalidad: la de desposeer a los españoles de su condición compartida y común.

Francamente tiene su gracia la cosa, cuando los que más se han afanado y ufanado en la tarea han sido los que se reunen en establecer de forma fanática, desde criterios extraordinariamente controvertidos y refutables, que poseían una condición identitaria propia que no era la española. Algunos catalanes, vascos, gallegos, baleares, valencianos, canarios, navarros y hasta andaluces nos han hablado de sus sueños de independencia, nos han dicho que la Constitución que el pueblo español había ratificado en 1978 admitía lo que ellos proponían, y hemos tenido que contemplar como en algunos lugares del territorio nacional se atentaba contra los símbolos de la nación española, el idioma español, la condición nacional, mostrando una flagrante ausencia de respeto a las señales españolas mientras exigían pleitesía para las suyas.

Los nacionalistas (menos de un 10 % de todos los españoles) no han sido los únicos que se han enfrentado con nuestra identidad común, los socialistas del PSOE siempre han abjurado de España, a pesar de gobernar en ella. Desde la boutade del Presidente Rodríguez Zapatero diciendo que España era un concepto discutido y discutible, hasta las permanentes barabaridades que hemos escuchado al President Montilla, oriundo de Iznajar (Córdoba – España, no Argentina) en la defensa de su poltrona de la Generalitat a cualquier precio, algo que continúa haciendo desde la reciente sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. La izquierda de este país ha buscado la estrategia del no nacionalismo español al tiempo que se apoyaba y apoyaba a los nacionalismos no españoles, la historia recordará la infamia a la que nos han sometido algún día, posiblmente más próximo de lo que ellos esperan. En realidad, los socialistas siempre han visto un obstáculo en la condición identitaria española para implantar sus jacobinas pretensiones oclócratícas en nuestro país, y como el valor prioritario para el PSOE siempre ha sido triunfar en las elecciones a cualquier precio, no han tenido ningún rubor en imponer la estrategia sectaria que más favoreciera sus intereses políticos.

En esta posición miserable siempre se han apoyado en la muchedumbre representada por los sindicatos, asociaciones cívicas y colectivos que habitualmente cultivan con las subvenciones de dinero público, para contar con un “ejército de manifestantes” permanente dispuestos a tomar las calles, a reventar la normalidad de la vida cívica con huelgas salvajes como la del metro de Madrid, convirtiéndose en la pata mundana que toda tiranía requiere para conformarse en oclocracia. Algo en lo que han sido habitualmente favorecidos por los medios de comunicación públicos y privados, subvencionados con el dinero de todos los españoles. Su estrategia es similar a la de los nacionalistas, pero en esta ocasión orientada a conformar a los ciudadanos españoles en una sociedad a la medida de sus intereses, la intención pedagógica de la izquierda en su doctrina siempre ha resultado soberanamente mendaz, sobretodo cuando inventan valores y principios para el consumo de las masas más aborregadas del país.

Una de las versiones más novedosas de los aparatosos intentos en la desidentidad de los españoles ha sido la de los nuevos partidos políticos como Ciutadans que se dedicó a defender una posición ideológica de no nacionalismo española que sin embargo no era equitativa con su reconocimiento exhaustivo del nacionalismo catalán y la del partido de Rosa Díez, la UPyD, empeñada en convencernos que el español era tan solo una lengua común, al tiempo que al señor Savater se la soplaba la idea de España, ambas ideas peregrinas se consolidaron tras el rodillo democrático que convirtió a este partido en una organización que busca para nuestro país un federalismo corporativo de intensidad media, jamás comprendido (ni explicado) siquiera por los que lo propusieron y lo aprobaron en el único congreso que han celebrado.

Al otro lado tenemos al Partido Popular que desde la llegada de Rajoy a su dirección jamás ha sabido estar en el lugar que la historia de este país le reservaba, su afán de modernidad y su olor a alcanfor han sido una auténtica representación de su patetismo político. Han tratado de zafarse de sus vínculos con el franquismo y del etiquetamiento extremo en el carpetovetonismo más furibundo de las tradiciones españolas: la religión católica, la autoridad, la burguesía pija, el conservadurismo arcaico, la sacralidad de sus valores. Los de la izquierda y los nacionalistas se han pasado décadas diciéndonos que España era el PP, hasta el punto de llegar al eufemismo de denominar al idioma español como castellano (que nunca fue un idioma, sino una lengua), o a la selección española como “La Roja”. El PP no ha estado a la altura de representar a los españoles, porque no puede aceptar como vergonzante –y lo ha hecho por sus enormes complejos históricos- que la condición de español debía ser elíptica, encubierta o invisible, siempre con el objetivo de presentarse electoralmente como un producto renovado para consumo fácil por los electores. Gracias a sus errores y vergüenzas este país ha sido conducido al abrevadero de sus rivales, que han logrado con su propaganda convertir a los populares en fachas irredentos.

Verán ustedes, como ningún partido político reivindica lo español, es hora de que alguien asuma la defensa de lo nuestro, de lo compartido por todos, mucho más allá de las ideologías políticas o las distintas percepciones que conducen a nociones diversas de la identidad de los españoles. Ha llegado la hora de que nos declaremos españoles sin complejos, entre otras cosas para hacer valer nuestra condición soberana y ciudadana ante los que tratan de confundirnos con sus entelequias.

Es hora de recordar que la nación española como entidad política diferenciada tiene su origen en los liberales españoles, los padres de nuestra patria que en 1812 se enfrentaron al Antiguo Régimen absolutista representado por el felón Fernando VII, al invasor francés representado por los ejércitos imperialistas de Napoleón, y a los propios españoles, unos serviles y otros josefinos, que son antecesores de los partidos políticos que hoy tenemos en el escenario parlamentario representando de forma infame los intereses del pueblo español, que al fin y al cabo es el único soberano de nuestra nación. Muchos de aquellos liberales se dejaron la vida por España, por el pueblo español, por concederle libertad, democracia, justicia y orgullo de su condición, para que ahora vengan unos mequetrefes a vivir a costa del pueblo español, vendiéndonos magníficos burkas a precio de saldo.

Es hora de que los liberales hagamos lo que siempre hemos hecho, luchar por la libertad, contra la opresión de los egoistas que velan antes por sus intereses que por los del pueblo que dicen que representan. Es hora de que los patanes de la izquierda renuncien al himno de la República que nos han robado, vigente en España entre los años 1820 y 1823, porque el Himno de Riego es el himno de los liberales españoles y fue en su día el himno de España, de esa España que ellos nunca defendieron, porque el Frente Popular, como hicieron sus ancestros con Napoleón y Fernando VII gritando “vivan las caenas” no luchó en la guerra civil gritando viva España, sino viva Rusia, que se queden con el himno ruso o La Internacional y nos devuelvan lo que nos han robado.

También es hora de que los representantes del Partido Popular, que llevan abjurando de su condición conservadora en defensa de los valores compartidos por los españoles se decidan de una vez en la defensa de lo español sin fisuras, o abracen su condición de partido que compite en la estupidez con sus rivales del PSOE. Lo que no se puede asumir es que los conservadores traten de ser aceptados como demócratas por sus rivales, bajando el listón de nuestra identidad común como españoles para ser confirmados y reconocidos como demócratas por quienes les desprecian, que son a su vez los que ellos también denostan.

Ha llegado la hora de desenmascarar a todos los enemigos de España, a los que no han sabido defender nuestra nación, a los que se han reido del pueblo español en sus narices, a los que han utilizado la democracia en su propio provecho.

Queridos compatriotas, ha llegado la hora de que los españoles podamos hacer y decir lo que nos dé la gana sobre lo que somos o dejamos de ser, sobre lo que hemos sido o lo que queremos ser. No se trata de esencialismo, sino de pura supervivencia, si no somos españoles y nos mantenemos unidos contra todos los que tratan que seamos lo que a ellos les interesa, no tendremos la fuerza suficiente para hacerles comprender que el pueblo español no es su siervo, sino su soberano, al que deben rendir cuentas.

Ser español, también es un hecho diferencial y además distinguido, para envidia y desdén de los que aspiran a que los españoles dejemos de ser españoles, para convertirnos en lo que a ellos les interesa, que es la única forma que tienen de hacerse diferenciados y no semejantes al resto de los españoles.

España somos los españoles, no lo que los políticos decidan, usurpando la soberanía del pueblo español, el único soberano al que los políticos deben someterse, no solo en las elecciones, sino también en los periodos interelectorales. Un gobierno y una oposición que no gobiernan mirando los intereses compartidos del pueblo español, sino sus propios intereses, están incurriendo en traición a su cometido anunciado y deberán rendir cuentas de lo que han hecho y restituir lo que nos han arrebatado. Va siendo hora de que España sea conceptualizada por el pueblo español directamente y no por la intermediación insidiosa de los políticos.

Biante de Priena

Movimiento Democrático


Apoya aquí este artículo si te ha gustado

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...