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viernes, 25 de diciembre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (011)




El hombre rebelde (1951). Albert Camus (1913-1960)-(011)

“Hay que aprender a vivir y a morir y para ser hombre hay que negarse a ser dios”. Albert Camus

Conocí a Camus leyendo La Peste, como casi todo el mundo, luego vino El Mito de Sísifo, más tarde El Extranjero, luego El Hombre Rebelde, posiblemente uno de los mejores ensayos del siglo XX. Quizás más que un ensayo con un propósito definido, sea una magnífica reflexión sobre la dominación y el poder, más que un libro de autoayuda para enfrentarse a la tiranía, es un canto solemne a la libertad.

Dos elementos cruzan la singular obra, uno la conciencia, indispensable, otro la ética de la acción (el fin no justifica los medios). ¿De qué sirve triunfar si la victoria asegura la renuncia a la dignidad?. ¿Se puede pagar el elevado precio de la devaluación propia?. Camus no es un creyente, es un peregrino sin destino, que no quiere dejar de ser para poder estar. Camus es un humanista, no renuncia al humanismo, hace emerger al individuo en la rebelión de las masas de su tiempo, esto le ocasionó graves problemas con los seguidores de Jean Paul Sartre, que le brindaron un cordón sanitario para evitar que el contagio de su pensamiento se extendiera entre los más jóvenes, auténticamente hipnotizados por el pensamiento constructivo de una realidad nueva desde los paradigmas marxistas o existencialistas.

Albert Camus era un humanista no cristiano, el cristianismo se había apoderado del humanismo, al igual que el socialismo lo hizo de las relaciones colectivas de los seres humanos, y el existencialismo de la sombra de ambos. Sin espacio, asfixiado por todas las creencias e ideologías, el ser humano estaba condenado a sucumbir en la creencia, abjurando de la razón y la libertad.

Pero surge la rebelión, Camus la representa, también Foucault lo hizo, eran los años 50 del siglo pasado. Había que derrumbar el orden, pero no con un nuevo orden, sino con una correcta interpretación de la realidad desde la justicia, la igualdad, y la libertad.

Camus es heredero de los librepensadores franceses desde Voltaire a Proudhom, desde Derrida a Morin. No se deja adherir, prescinde de ser intelectual al servicio de los ideólogos del poder, para servir a la humanidad, a sí mismo. Si soy, somos. Sí, es necesario cambiar, pero hay que superar el nihilismo sin sucumbir en la creencia.

Albert Camus, fue galardonado en 1957 con el Premio Nobel de Literatura.

Disfruten de la lectura de esta magnífica obra

Relaciones


Sobre el autor

Biografía wikipedia

Albert Camus, testigo de nuestro tiempo. José Rubén Sanabria (1985)

Vida y obra de Albert Camus

Sobre la obra

El baúl de Israel Centeno


La relación Sartre-Camus


Libro para descargar

En PDF: quedelibros

quedelibros

Libro en papel

Editorial Losada 18 €

Agapea 10,25 €

Vídeos

Albert Camus

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Biblioteca Cien libros para el Siglo XXI (títulos anteriores)

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El negocio de la política emocional


Cuando José Blanco, Ministro de Fomento del Gobierno de España, fleta cuatro aviones para dar cobertura a los soliviantados pasajeros de la quebrada compañía Air Comet, del Presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, está tomando una decisión política que pagamos los españoles. ¿Qué intereses está defendiendo en esos momentos?. En primer lugar los suyos, porque queda bien disparar con pólvora del Pueblo para ayudar al Pueblo; en segundo lugar, los de su partido que lo ha elegido y los de Rodríguez Zapatero que lo ha designado, porque gracias al PSOE unos miles de pasajeros abandonados podrán comer el turrón con sus familias; en tercer lugar, los del Presidente de la CEOE que se ahorra un grave problema y le debe un favor al Gobierno por sacarle las castañas del fuego; en cuarto lugar, los de los pasajeros con pasaje y sin vuelo; en quinto lugar, los de la compañía de seguros que debería abonar las incomodidades ocasionadas, pero ante todo lo que defiende es que las cosas funcionan, porque el actual gobierno es “sensible” a los problema de los ciudadanos, que es el life motiv de la política de la ceja desde su incorporación al gobierno tras los atentados del 11-M y la campaña desaforada del “No a la guerra” que tan bien representaron los cachorros de la escuadra roja.

Lo que está claro es que cada uno, por sí mismo, tiene derecho a creer en lo que le dé la gana, en la existencia de Dios, o en que este Gobierno hace las cosas mejor que otro. La política siempre ha estado dirigida por criterios emocionales, los políticos han sido y son, auténticos traficantes de sueños que aspiran a la heroicidad cívica ante sus electores y detractores. Pero la realidad es que cada acción política cuesta dinero, y cada decisión política favorece a unos y perjudica a otros. En este país la estructura social sigue siendo prácticamente la misma que hace cinco años, pero los ciudadanos tienen la sensación de que se ha avanzado políticamente en igualdad, cuando precisamente ha ocurrido lo contrario: hoy hay más ricos y pobres que hace cinco años, y por lo tanto menos clases medias.

Las sociedades mutan despacio, sin embargo la sociedad española ha cambiado mucho durante los últimos cinco años, en mi opinión para peor, otros dirán que para mejor. Digo que para peor, porque la dependencia social se ha incrementado considerablemente, no porque en España haya más discapacidades, la población haya envejecido de forma acelerada o hayan nacido muchos niños, no, lo que ha ocurrido es que ha habido muchos más aprovechados que se dedican a vivir del sudor ajeno desde la representación de la cosa pública, en partidos políticos, en sindicatos, en colectivos.

La política de los Gobiernos de Rodríguez Zapatero se ha caracterizado por introducir la emocionalidad en sus propósitos, Gustavo Bueno lo denunció hace años en su libro: “Zapatero o el pensamiento Alicia”. Otros periodistas, escritores e intelectuales también lo hicieron. El fenómeno no es exclusivo de España, porque en Estados Unidos ha ocurrido algo parecido con el Presidente Obama al igual que en diversas naciones latinoamericanas, posiblemente también en varias naciones del Este de Europa, incluida Rusia. La diferencia es que en España se ha elaborado con tremenda osadía y una extraordinaria insidia por parte de los aprovechados.

En ningún caso quiere decir que la política esté dispuesta a resolver los problemas que trastornan las emociones de la gente, sino más bien que los políticos están dispuestos a utilizar las emociones de la gente para perpetuarse en el poder, con la bendición de los subvencionados medios de comunicación, las televisiones de los reality show, y los intelectuales del corazón partío. Alguno ha pensado que este movimiento es bueno, como Daniel Innenarity que escribía un artículo en El País titulado: Gobierno Emocional. Podría parecer que la ética se va a instalar al fin en la acción política de los gobernantes y eso va a traer como consecuencia una civilización más humanizada y bondadosa. Pero nada más distante de la realidad.

Lo que está trayendo esta emocionalidad de la política es precisamente una opresión violenta de los valores, principios y criterios que sustentan la identidad de los ciudadanos, porque los partidos gobernantes tienen su propia ideología, y la emocionalidad está restringida a sus códigos morales y doctrinarios, por lo que si antes teníamos un problema con una sociedad políticamente sesgada, ahora tenemos dos, gracias a la solución sesgada del sesgo previo.

Como el único interés cicatero de los gobernantes es abonar sus lechos electorales, en estos momentos tenemos la sociedad española más sectaria y confrontada desde que el franquismo fue sucedido. Los grupos favorecidos por el gobierno y en los que apoya su sustentación tienen unos intereses tan sectarios y fundamentalistas, que se han terminado convirtiendo en un pesado lastre para el avance de la sociedad española, antes que en un estímulo a su crecimiento. Mostrando no sólo el egoismo, sino también la depravación, el odio, la inquina y la envidia que a todos les distingue.

Si hablamos de los sindicatos, CCOO y UGT, ampliamente abonados económicamente desde el poder, por lo único que han manifestado su estupor es porque se realice una reforma laboral, que pudiera reducir su poder adquirido, aunque en este país haya más de cuatro millones de parados y unas expectativas tenebrosas en materia laboral.

Si hablamos de las discriminadas positivamente, la sección feminista del PSOE que ha accedido al poder por cuota, otro tanto de lo mismo, pues han utilizado la política para criminalizar a los ciudadanos y blindar la dependencia de las ciudadanos con la Ley de Violencia de Género y los despropósitos que han ocasionado, todavía pendientes de evaluación como en los grandes desastres bélicos.

Si hablamos de los jóvenes, el haber favorecido a determinadas sectas de apoyo al poder como los antibelicistas de la guerra de Irak pero no de la de Afganistán, la de los ecoteologistas del cambio climático y la erradicación de la fiesta taurina, la de los tarugos que aplauden la burricie como bandera pasando de un 56 % de alumnos que acaban el bachiller a un 39 %. La de los más de 40 % de parados jóvenes, obligados a la dependencia del hogar familiar, y algún curso impartido por sindicatos –gran negocio tienen montado- para que sigan perdiendo el tiempo, pues tampoco es para sentirse orgulloso, a pesar de la implantación de esa asignatura sectaria que es la Educación para la Ciudadanía.

De los nacionalistas, necesarios para que el PSOE continúe en el gobierno, desde el Nunca Mais gallego, el pesebrismo andaluz, la imprescindible independencia catalana, y el asunto vasco con las secuelas de ETA, pues tampoco se puede decir que hayan mirado por otros intereses que no sean los suyos.

Lo único que ha hecho el socialismo en España es sustituir los valores cristianos tradicionales por otros valores de igual dimensión y magnitud, puro sincretismo social para influir la ideología de los ciudadanos en el futuro y arrimarlos a su pesebre electoral. La memoria histórica, la polémica de los crucifijos, el anticlericalismo, y las medidas antirreligiosas de este gobierno, implican que su objetivo es desplazar las creencias antiguas por otras nuevas, para seguir teniendo una población de creyentes permanente, como ocurría en el franquismo. Nada que ver con la liberación política, económica, social o cultural de los ciudadanos, sino todo lo contrario.

La libertad en España se ha reducido en los últimos cinco años, aunque resulte extravagante, porque si hace cinco años había pluralidad social, hoy hay adoctrinamiento y coacción, desde todas las plataformas subvencionadas, sean colectivos, sindicatos, partidos políticos, gobiernos, o medios de comunicación.

La democracia ha desaparecido por completo, porque no se puede considerar democracia la participación política de los ciudadanos exclusivamente en las urnas, ya que todos los mecanismos cívicos de controlo político se han ido desvaneciendo.

La justicia están tan imbricada con la política que cada juez que dictamina o establece una sentencia, rápidamente es asignado a los tirios o a los troyanos. El espectáculo lamentable del Estatut en el Tribunal Constitucional, o la politización del CGPJ son claros ejemplos.
España no está mejor que hace cinco años, ni con las leyes antitabaco, mientras el Estado sigue cobrando impuestos y gracias a la prohibición enmascarada ha incrementado su consumo, ni con todas las medidas que incluyen la injerencia en la vida privada de los ciudadanos. Se han pasado pero mucho, porque en este país los políticos sólo están autorizados para gestionar la vida pública de los ciudadanos, no para secuestrar su vida privada desde el poder.

Y ante este espectáculo goyesco, que recuerda el esperpento de Valle Inclán, un partido en la oposición, el PP de Mariano Rajoy, que ha demostrado su absoluta incapacidad y que ha jugado el papel de la paciencia, y esconder la cabeza como los avestruces, ante los desmanes gubernamentales, de lo que se deduce que tampoco tiene capacidad para sustituir lo existentes, ni siquiera en un estado de desmadre como el acontecido.

El próximo año, el 2010, será un periodo de clarificación de lo existente, el PSOE y las sectas que le acompañan llegarán a la culminación de los despropósitos, el PP y las sectas que le acompañan llegarán al punto de su posible disolución; los nacionalistas tratarán de sacar tajada como sea, y los partidos minoritarios, IU y UPyD, nos brindarán la salvación mesiánica que tanto necesitamos desde la más profunda demagogia que les caracteriza a ambos.

Pero será buena esta debacle política, porque millones de españoles comenzaremos a plantearnos para qué necesitamos a los políticos, existiendo la posibilidad de representarnos a nosotros mismos gracias a las nuevas tecnologías. Porque si los ciudadanos podemos ejercer nuestros derechos directamente, con un gobierno de funcionarios bien preparados, a los que podamos vetar de forma continua si no nos gusta como hacen su trabajo, ¿para qué necesitamos tantos buscavidas de la política que lo único que hacen es crearse fortuna propia mientras nos joden la vida cada día un poquito más?.

Hay que ir pensando en un cambio de sistema, más que de régimen. Las emociones no pueden ser representadas como las ideas lo han sido, es hora de tomar el timón del poder desde la sociedad civil. Reflexionemos sobre esa idea.

Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano español que no renuncia a su soberanía

Zapatero tiene un plan, los españoles otro



Aunque resulte increíble, el presidente del gobierno de españa (todo en minúsculas) tiene un plan, y si no les gusta, tiene otro, u otro más si no les parece bien. Zapatero es un hombre de grandes planes y pocas ideas. Cuando la historia de este país le juzgue, directamente se olvidará de él, para agradecerle lo que logró en dos legislaturas: remover los cimientos de la sociedad civil española.

Cierto es que su presidencia ocurrió en pleno estallido de la era de las comunicaciones, pero no menos cierto es que todas sus barbaridades juntas soliviantaron a un importante sector de la población española, contribuyendo a la creación de una opinión política colectiva inexistente hasta entonces en España. También hay que reconocerle a Mariano Rajoy, a los nacionalistas, a Rosa Díez y a IU, su aportación imprescindible a la atención persistente por la política de los ciudadanos de este país.

Con Zapatero la política española ha alcanzado el mayor grado de visibilidad en la historia nacional. Se puede decir que la miseria de la gestión pública ha salido del armario, y nunca con tanta claridad se ha contemplado que la política española es un antro de corrupción y miseria, de mezquindad e insidia. Sin alguien tan soberanamente corto como el hombre de las cejas altivas y los hombros encogidos, que mueve las manos como un espantapájaros cuando habla, al igual que si fuera un guardia de tráfico urbano en un atasco, los españoles hubiéramos tardado décadas en salir de nuestra inocencia bondadosa.

Con Zapatero hemos comprobado que los sindicatos son sectas corruptas dispuestas a distorsionar la economía de los españoles con tal de conseguir más liberados y que no se haga nada. Hemos visto a los colectivos de la izquierda tradicional, desaforados, como hordas tomando las calles y apoderándose de las imágenes de los medios de comunicación. La cultura española jamás ha sido tan decadente, tan impropia, tan estúpida, y tan inusitadamente zafia.

Gracias al presidente del gobierno de España hemos observado como indigentes intelectuales pueden ser ministros gracias a su historia política, aunque no tengan ni puñetera idea de la materia de la que trata su ministerio. Pero también hemos visto los cálculos de los nacionalistas, y los socialistas más paletos, el montaje teatral de ETA, las astracanadas del nacionalismo catalán, el odio contra la diferencia de todos los sectarios de la izquierda nacionalista y no nacionalista.

Y de paso hemos visto que la oposición al régimen poco tiene que decir con ese Mariano Rajoy indescriptible en su divina ausencia, reunido con todos los herederos del despropósito que le acompañan y que tampoco tienen idea, ni por activa, ni por pasiva, de cómo reaccionar ante la mendacidad suprema.

Tras tres años de seguimiento y acción continuada de provocación a la conciencia de los españoles sobre lo que estaba ocurriendo, puedo decirles queridos amigos que Zapatero, la corte de la ceja, los aplaudidores y los no aplaudidores están en plena decadencia: ya no engañan a nadie que no quiera ser engañado. Porque hoy hay miles de críticos cuando hace tan solo tres años –se puede constatar consultando la hemeroteca o la historia de este u otros blogs-, la inmensa mayoría de los españoles estaba mirando a la luna de Valencia y la red social española estaba dominada exclusivamente por los propagandistas a sueldo de los diferentes partidos.

Pero las cosas han cambiado, todavía no se sabe muy bien que ocurrirá en este par de años que quedan de legislatura, posiblemente se producirá un cambio de actitud en el PSOE, que no sería de extrañar que ante la debacle que se le avecina cambiara de cartel. Los nacionalistas presionarán más, y directamente serán enviados a la carbonera de la política española, que es el lugar que les corresponde. Los conservadores del PP tratarán de tomar el timón, pero tampoco serán admitidos. Y los minúsculos como IU y Rosa Díez, se quedarán nuevamente en posiciones ridículas.

Algo ha cambiado en España gracias a Rodríguez Zapatero y el elenco que le acompaña en la representación pública, y es algo muy importante, extraordinariamente imprescindible para encauzar el futuro de este país: la credulidad de los ciudadanos españoles en sus representantes políticos atraviesa sus horas más bajas. Esto tiene que traer un cambio revulsivo, posiblemente el próximo presidente del Gobierno de España todavía no haya dicho ni esta boca es mía, y seguramente no será de ninguno de los partidos conocidos hasta ahora.

Quedan un par de años hasta las próximas elecciones generales y en ese tiempo van a pasar muchas cosas en España, pero la más importante es que la representación política va a dar un vuelco que no va a reconocerla ni la madre que la parió. Suele ocurrir, cuando se toca fondo, la historia rebota, por eso he titulado este artículo Zapatero tiene un plan, los españoles otro, porque es así, Zapatero ya no representa los intereses de los españoles, representa otros intereses: los de su partido, los de los sindicatos CCOO y UGT, los de los colectivos sectarios que le apoyan, es decir, los de su familia política, pero no representa los intereses de los españoles. Rajoy y los nacionalistas tampoco, por supuesto.

Posiblemente, a partir de ahora, los intereses de los españoles sean representados por los españoles, porque cada español se puede representar a sí mismo y no necesita de pastores que guíen el rebaño desde el adoctrinamiento; eso tenemos que agradecerle al adefesio cejado, y no es poco para comenzar un nuevo año.

Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano español que no renuncia a su soberanía.

martes, 22 de diciembre de 2009

Toros, cultura y democracia


La ofensiva contra la fiesta nacional española se ha materializado en Cataluña, como no podía ser de otra forma. Sin embargo, será difícil que lo haga en el País Vasco o Navarra, porque su relación con los toros forma parte de su ancestral cultura, al igual que en otros muchos lugares de España. Hasta los nacionalismos son diferentes con los toros.

Los toros siempre han querido prohibirse en España, lográndose en alguna ocasión durante poco tiempo. En el año 2004, Barcelona se declaró ciudad antitaurina y en 2007, se celebró la manifestación antitaurina más multitudinaria de la historia en esta ciudad a la que asistieron ¡5.000 personas!. Ese mismo año se publicó un artículo en este blog titulado “Ecoteología” en el que se exponen con claridad las razones ocultas de los movimientos antitaurinos, por lo que no se repetirá lo expuesto.

Sólo cabe añadir algunas cosas, la tauromaquia es un hecho cultural singular, una tradición ancestral que proviene de la Grecia Clásica. La cultura minoica estaba fundamentada en el culto al toro, el mito del Minotauro es la representación simbólica del enfrentamiento del ser humano contra la bestia externa ante los miedos internos, representado por el héroe Teseo. Teseo se disputa con Heracles el origen antiguo de la tauromaquia. En Egipto se adoraba al buey Apis, que posteriormente pasó a ser Serapis, un sincretismo de Osiris y Apis, que formaba parte como deidad del panteón funerario egipcio, y su culto se relacionaba con la curación y la adivinación de los sueños. En Babilonia los toros androcéfalos alados presidían las entradas de los palacios. En Roma se realizaban espectáculos con uros en los circos. Pero para encontrar la relación del hombre con los bóvidos tendríamos que remontarnos a la prehistoria. Los toros de las cuevas de Lascaux o los bisontes de las cuevas de Altamira, son ejemplos de la relación cultural simbólica de los seres humanos con esta familia de animales.

En la mayoría de las culturas con presencia de bóvidos, se han domesticado y juegan un papel importante en su organización social y economía. En la India, las vacas son sagradas, en los Estados Unidos los toros se cabalgan en los rodeos. Los búfalos alimentaron a las tribus aborígenes de América. Pero la tauromaquia es una fiesta ancestral de origen español que se remonta a la Edad Media, al siglo XII, y que se practica de forma habitual en diversos países: Portugal, España, Francia, México, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá y Bolivia. Como exhibición se han realizado corridas de toros en China, Estados Unidos, Filipinas y Cuba. Eso molesta a los antiespañoles, tanto como a los antitaurinos.

La tauromaquia está imbricada con la cultura española, ha sido motivo de estudio y análisis por numerosos investigadores culturales, ensalzada por poetas, relatada por escritores hispanos y foráneos, ha sido tradición inductora de géneros musicales como el pasodoble, recogida en numerosas expresiones plásticas o escultóricas. El toreo dispone, como todos los hechos culturales consolidados, de códigos específicos, rituales y mitología; procurando afición entre sus seguidores y desdén entre sus detractores.

Pero la cuestión que se debe analizar no es la existencia del arte de Cúchares como un hecho cultural fundamental de la cultura hispana, que se ha conservado hasta nuestros días. La cuestión relevante es si la política, su uso y abuso, tiene derecho a desincrustar de nuestro acervo cultural una tradición festiva que ha perdurado durante ocho siglos. Aunque la pregunta en nuestro país es de respuesta obvia cuando el Estado pretende reglamentar la organización convivencial de los ciudadanos y ciudadanas, la reproducción establecida por decreto y regulada por ley, lo que pueden y no puede comer los españoles, si pueden o no pueden fumar, si pueden o no pueden beber, o si tienen que consumir obligatoriamente lo que se determine, según tengan trabajo o no lo tengan, porque el trabajo si es un factor limitante para la vida, aunque lo importante para algunos sea acabar con los toros.

Sólo desde el materialismo más voraz del socialismo adoctrinador y la animadversión contra lo hispano de los nacionalismos se puede entender la cruzada contra los toros en nuestro país, despreciando todas las connotaciones semióticas y semánticas de un arquetipo biológico y cultural que milagrosamente ha llegado hasta la actualidad. Porque el Toro de Lidia es el descendiente más próximo al uro, el bóvido extinguido que dio lugar a todas las subespecies conocidas. La prohibición de la fiesta nacional posiblemente concluyera con la subespecie.

La ignorancia suprema guía los pasos de los que pretenden acabar con los votos, con lo que no han podido concluir los siglos. Pero en la tauromaquia se reúnen todas las abominaciones de la nueva fe: es una práctica habitualmente masculina –que subleva a las feministas y que en esta ocasión están por la exterminación más que por la igualdad de género-, representa la masculinidad –algo incompatible con el modelo andrógino que se impone desde el pensamiento políticamente correcto-, es un espectáculo de sangre –algo que no pueden soportar los vegetarianos, pacifistas, y bondadosos animalistas-, es categóricamente español –algo que solivianta a los nacionalistas-, y supone señas de identidad para un pueblo que se ha llevado al matadero de la historia por intereses políticos -algo necesario en los planes de los gobernantes, para implantar su nuevo orden-. Sólo hay que contemplar lo que le han hecho en varias ocasiones al último toro de Osborne que había en Cataluña, para comprobar el odio que le tienen algunos catalanistas a España y a lo español.

Pero fundamentalmente lo que más molesta a toda esta legión sectaria reunida es que no se respeten "los derechos de los animales" como si fueran humanos, como si alguna vez se respetaran los de los pollos, las terneras, los cerdos o las sardinas, pero como no forman parte de la tradición española no les importa demasiado, porque son animales de más baja categoría, hasta para ser animal hay clases en la cárcel mental de los sectarios. Las corridas de toros deben extinguirse, porque son un símbolo de lo español, y para ir contra lo español vale lo mismo los toros que el jamón ibérico -aunque menos, claro, que está muy bueno-. Lo que se busca con la extinción de la fiesta nacional, en realidad es la extinción de la identidad española.

Y habrá algún inocente, buena persona, que se siente español sin problemas, que absolutamente manipulado por intereses que desconoce, pensará que es un espectáculo horrible porque los pobres animales sufren y se hace un a orgía de sangre con ellos, cuando en realidad si la subespecie bóvida de los toros de lidia existe es gracias a la fiesta nacional, porque si no se hubiera extinguido hace mucho tiempo, como ocurrió con el uro. En África, desde que se han privatizado los elefantes, ha comenzado a incrementarse su reproducción. Los toros de la Camarga y Les Landes, son venerados por los habitantes del país vecino sin grandes injerencias de los antitaurinos franceses.

En mi opinión, hay algo más profundo en el movimiento antitaurino que responde a cuestiones arcanas, y es la tanatofobia de las nuevas generaciones que no soportan la contemplación de la muerte en directo, habitualmente del toro, pero también del torero en ocasiones, aunque virtualmente desarrollen más violencia que todas las generaciones anteriores reunidas y se hayan cargado lo inimaginable ante una pantalla, bien de forma pasiva o activa. Hay algún grupo en Facebook con miles de seguidores en el que se celebra la muerte del torero por la bestia, lo que indica la ralea de los participantes.

La estética social del presente, fundamentada en el hedonismo, la dependencia, el pacifismo, el gregarismo por adherencia, y la doctrina del pensamiento único desdeña la fiesta taurina, considerándola impropia de una civilización buenista; una generación que no soporta la exposición a la violencia, aunque los soldados españoles se dejen la vida en Afganistán, eso sí, ayudando a establecer una democracia en un país en la que la mayoría de sus habitantes desconocen lo que es tal cosa, y por supuesto, que nada tiene que ver con morir en Irak por la misma causa, como ha dejado bien claro el gobierno y la ONU-Dios.

La meliflua y andrógina juventud española educada en la solidaridad, el pacifismo, la cooperación y la alianza de civilizaciones está siendo condenada a la esclavitud futura por sus gobernantes, porque mientras en nuestro país se aboga por el silencio de los corderos, en otros no lejanos se estimula el bramido de los cabrones, y a la larga los corderos y los cabrones están condenados a disputar su lugar en el mundo.

La mejor forma de mantener la paz es prepararse para la guerra, tanto a nivel individual, cuando los miembros de las nuevas cohortes tengan que conseguir un trabajo disputando sus méritos con los aportados por el sobrino enchufado de un sindicalista o un político, como cuando como colectivo. tengan que enfrentarse con otros colectivos –nacionales o extranjeros- para obtener una posición que al menos le procure recursos para vivir de forma independiente.

Los toreros saben de antemano y nos recuerdan, que la muerte nos acecha cada día, a la vuelta de cada esquina, porque la peor de las muertes es una vida miserable, por eso los toreros se enfrentan a la parca en la arena del albero, para vencer al final su miedo con la destreza y el engaño, para que la razón humana prevalezca sobre la irracionalidad de las bestias y la prosodia de los iluminados.

¿Han ido pensando los prohibicionistas en las butifarras vegetales?, pues deberían hacerlo antes de enconar más a los ciudadanos de este país con sus gilipolleces. Quizás detrás de la extinción de la tauromaquia venga la imposición de que los españoles nos alimentemos de productos exclusivamente catalanes. Y seguro que en el Gobierno de España, si sigue Rodríguez Zapatero de Presidente, lo toma en consideración y acepta que sólo la mitad de productos catalanes nada más, por aquello de la "cosoberanía" y el Estatut.


Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano español que no renuncia a su soberanía

domingo, 20 de diciembre de 2009

¿Vamos a permitir que los catalanistas definan España?


Hay un problema de fondo en el penoso espectáculo que nos está deparando la pantomima nacionalista a los españoles, porque lo que comenzó siendo una concesión a las minorías y sus supuestas diferencias idiosincrásicas, se ha terminado convirtiendo en un secuestro de la identidad propia, legitimada por la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país.

España nunca podrá avanzar mientras no resuelva de forma categórica el problema de los nacionalismos, que al fin y al cabo, es un problema exclusivamente político que proviene de la usurpación económica sectaria del erario público por quienes democráticamente acceden al poder, algo que los nacionalistas comparten con el socialismo que representa Rodríguez Zapatero y con los conservadores que representa Mariano Rajoy. Porque realmente existen diversos blindajes legales y una ausencia de controles exhaustivos, para impedir que los políticos puedan adueñarse de lo común, de lo que pertenece legítimamente a los españoles.

La aceptación sin modificaciones del Estatut, como una opción legítima que expresa la voluntad de un pueblo supone, “de iure” y “de facto, la asunción a un régimen corrupto sobrevenido, que vulnera los principios fundamentales sobre los que asienta la legitimidad constitucional que soporta el Estado de Derecho en el que vivimos los españoles. Un Estatut que no respeta la igualdad del artículo 14 de la CE de 1978, es un torpedo saduceo a nuestro orden vigente, porque dinamita la equidad, la libertad, la justicia y la democracia en nuestro país, que junto con la nación española son las fuentes fundamentales de nuestra legitimación política.

Es lamentable reconocer que la única finalidad política de cualquier ideología vigente y su interpretación de la realidad social, es el manejo de las cuentas del Estado, sea a nivel central, autonómico, o local, desde una perspectiva pública pero con una finalidad privada. Eludir los controles sobre la cuestión financiera, es precisamente la justificación para promover el imperio de cualquier ideología sobre la legitimidad inherente a nuestro Estado de Derecho establecido en la Constitución de 1978, y avalado por el pueblo español en referéndum.

Hay un problema de fondo del que debemos zaherirnos los españoles cuanto antes, porque de otra manera estos impresentables representantes políticos que sufrimos, nos conducirán a la ruina y la inexorable confrontación que deviene en consecuencia. Todavía no se acaban de enterar nuestros representantes públicos, porque no les conviene, que la democracia no les permite hacer lo que les dé la gana, sino exclusivamente lo que está permitido por el marco constitucional. Cualquier acción fuera del marco constitucional es ilegal. Que el Tribunal Constitucional no se haya manifestado al respecto de forma inmediata, sencillamente es una manifestación más del estado totalitario en el que estamos viviendo, donde la política anega la justicia de despropósitos, al igual que todos los ámbitos de la sociedad y la cultura.

Confundir el campo semántico y jurídico de una entidad administrativa del Estado como es una autonomía –o una nacionalidad-, con el fundamento nacional, legítimo, constitucional, aceptado por la inmensa mayoría de la cohorte constituyente, al aprobar la Constitución con su voto, es una solemne estupidez; no entenderlo así, es una prevaricación para los que están sujetos a decidir por su responsabilidad. Basta ya de tomaduras de pelo, porque ni Montilla, ni Carod, ni Rodríguez Zapatero, ni Mariano Rajoy, ni siquiera el Parlamento español o el Tribunal Constitucional, tienen potestad para definirnos, ni siquiera para interpretarnos, y mucho menos para revocar a los españoles como soberanos de nuestra nación que es España. Sólo la incultura manifiesta de una legión de ignorantes sobrealzados por el destino a la representación política, puede procurar la osadía de convertir en criterio delimitador de lo que somos o no somos los españoles, a las barbaridades novedosas de los promotores del aborto político, contra la voluntad de un pueblo soberano, constituido y legitimado.

¿Quién define Cataluña?

El primer problema que nos procura el asunto catalán es saber quien tiene legitimidad para definir lo que es Cataluña, porque algunos pretenden aplicar los códigos de la escisión de un municipio en dos corporaciones locales, a una cuestión nacional. España es una unidad indivisible, la Constitución Española se legítima sobre el Artículo 2 de la CE 1978, sin unidad indivisible, sin nación única, la Constitución queda derogada de forma inmediata. No hay nada que se asemeje al Estado Plurinacional o la Nación de Ciudadanos en nuestra Constitución, que al respecto deja bien claro y delimitado lo que es Nación y lo que no lo es.

Los nacionalistas son unos creacionistas de la política que pretenden volver a introducir órdenes inefables y absolutos en la legitimación de nuestra condición soberana, la de los españoles, convirtiéndonos en ciudadanos al servicio de sus intereses. Tanto crimen hay en los partidarios del diseño inteligente de la nación catalana, como en los que niegan la selección natural en la Teoría de la Evolución de Darwin. Los nacionalistas pretenden que cada ciudadano es soberano por sí mismo -y no en reunión con todos los demás- como una consecuencia de su libertad, cuando en realidad es una usurpación violenta y taimada de la soberanía de los españoles conformados como pueblo español, único sujeto colectivo con derecho a decidir, porque la soberanía nacional es una condición que proviene de ser una parte de una unidad, no una unidad aparte.

Todos los argumentos esgrimidos por los nacionalistas catalanes han sido refutados por la historia, la justicia, y el sentido común; porque por las razones que aducen los nacionalistas catalanes no hay una sola comunidad autonómica española exenta de criterios suficientes para declararse nación. Los catalanes sólo pueden definir Cataluña como españoles, pues como ciudadanos españoles tienen derechos para administrarse políticamente pero no para definirse unilateralmente como una nación. ¿De qué orden no escrito más que en las partituras de los delirios de los iluminados proviene ese derecho?.

No se puede aceptar que un catalán, porque sí, pueda decidir lo que es un español, como es un español, o lo que no es un español. Puede decidir, como español, que tipo de español es, nada más, no que tipo de español no es. Lo común está definido por todos y el margen para lo particular también, alguien debe dejar claro de una vez por todas, que los catalanes no pueden ser no españoles, por mucho que se empeñen y enajenen en el asunto, porque la Constitución Española sólo les permite ser españoles, catalanes por supuesto, pero españoles siempre. ¿Se imaginan ustedes que los catalanes se quisieran declarar no europeos y se empeñaran en hacerse africanos o asiáticos?

Hace unos días, el profesor Mikel Buesa, catedrático de economía, escribía en su blog que si Cataluña se hiciera independiente se convertiría en la nación más deficitaria del mundo, y conociendo el apego que los catalanes tienen por la contabilidad, creo que están siendo burlados por los cantamañanas que les empujan a la sedición. Pues en la cuestión política ocurre algo parecido, a los catalanes se les está timando con que el Estatut les va a proporcionar riqueza, cuando en realidad les va a procurar cada vez más pobreza y desasosiego, algo que pretenden los catalanistas extremos, porque así depurarán de españoles su nación ya que los españoles y los hijos de los españoles terminarán emigrando, y de esa forma procurarán la limpieza étnica que tanto anhelan. Van a convertir Cataluña en algo parecido a Albania.

Si Cataluña es peculiar culturalmente, es precisamente por formar parte de España, no por ser distinta de España. Esta locura a la que estamos asistiendo, es una fiebre balcánica que los radicales del nacionalismo extremo, han procurado para sobrealzarse con el poder, algo de lo que tendrá que rendir cuentas el PSC tarde o temprano, junto con CIU, el PP, y ICV. Tremenda barbaridad supone decir que los catalanes quieren la independencia, cuando ni siquiera un 25 % de los residentes en Cataluña han aprobado el Estatut, tanto como que España es un estado confesional cristiano o un país de conejos, como nos definían los romanos.


¿Quién define España?

La legitimidad de una nación no la puede procurar el juego sucio, ladino y sinuoso de unos políticos que promueven la independencia para seguir aferrados al poder, manipulando la situación económica que abona la secta que defienden a costa de todos los demás. No acaban de enterarse de que una cosa es el dominio y otra su uso desde el poder. Quien domina una lengua puede usarla o no, no está obligado a usarla, salvo que algún político imbécil le obligue como se obligaba a los alemanes a alzar la mano en gesto fascista con Hitler, o a los españoles hace cuarenta años a hacer lo mismo con Franco.

La única finalidad política del Estatut inadmisible es la de procurar más beneficios para Cataluña a costa de los demás españoles, lo que hace que Cataluña se distancie cada vez más del común; muchos españoles estamos hartos de que se envíen ingentes cantidades de dinero público a Cataluña desde Madrid, y también hartos de tener que consumir productos catalanes porque Cataluña forma parte de España, gracias al arancel de compatriotas, que compartimos los españoles. España es un país en el que todos somos igual de diferentes, como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Francia o Italia, pero los nacionalistas no quieren asumirlo porque se consideran mejores, distintos, privilegiados por cuestión de nacimiento, herederos de la tierra de sus antepasados y de los derechos no escritos.

Es inadmisible que un 10 % de los españoles que se consideran no españoles, es decir, todos los nacionalistas de este país, se estén beneficiando de perjudicar al 90 % de los españoles restantes. Si estamos en una democracia, que se ejerza el poder de la mayoría, porque en su defecto la minoría ejercerá, como está ocurriendo, una tiranía con la inmensa mayoría, gracias a los representantes políticos que tenemos que dicen defender los intereses de todos los españoles, cuando defienden exclusivamente los suyos.

Ni Cataluña se puede definir desde Cataluña, ni España se puede definir desde Cataluña. ¿Entonces a qué viene tanto cuento y delirio con “la cuestión catalana”?. ¿No hay problemas más importantes como la crisis, el paro, nuestra situación internacional, la pobreza, la crisis educativa, la crisis de la justicia, la crisis sanitaria, la corrupción política y económica, que deberían atraer todo nuestro esfuerzo?. ¿Acaso no son los políticos españoles los únicos que tienen un problema con Cataluña porque les interesa?.

Enrique Suarez Retuerta
Un ciudadano español que no renuncia a su soberanía

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