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lunes, 27 de agosto de 2007
jueves, 23 de agosto de 2007
Un altra martir asasinat par lus naziunalistes cuatribarrats

Cabrons, lu habeu matat parca no sa bulia dublagá al bostra dasich imperialista cuatribarrat.
¡¡Cuatribarrats asasins da sardinetas!!
¡¡Portabella culpapla!!
¡¡Muntiya y Carot tambiè!!
¡Culpaplas dals intents da axtarmini da lus ca no sa bolan duplagá!
¡¡Amic tiburó-sardineta: tu y altras martirs com Jacques Custeau sempra astareu am al nostra pensamient yibartari!!
miércoles, 22 de agosto de 2007
martes, 21 de agosto de 2007
Se busca ciudadano para Presidente de Gobierno
Dicen que la calma precede a los grandes temporales, tal vez lleven razón los que lo dicen. En política suele ocurrir todos los veranos, porque en el estío los políticos descansan y recargan sus argumentarios para la próxima temporada, que además este año será preelectoral.La campaña para las elecciones generales comenzará a primeros de septiembre, Rodríguez Zapatero acudirá a Rodiezmo (León) y se dará un baño de multitudes post-proletarias, mientras Rajoy regresará a Madrid tras un merecido descanso y nos regalará una nueva hoja de ruta bien organizada, esta vez. No esperen nada genial, ambos son incapaces de sorprendernos.
En estos tiempos en que la política está invadida de normalidad, y sembrada de fructíferas mediocridades, lo único extraordinario son las meteduras de pata. El problema de la política en este país, como de otras tantas cosas, es la falta de profesionalidad, la chapuza permanente. Más que hombres de Estado, tenemos hombres de estadio, de mitin organizado con huestes propias, y mucha apariencia, bien proclamado todo ello por los medios afines de cada uno y criticado por los afines al contrario.
Nadie puede negar la originalidad de nuestro país, en el que los políticos cada día juegan más al fútbol que a otra cosa, y los futbolistas cada día actúan más como políticos. Los especialistas deportivos deberían comentar las crónicas políticas y los especialistas políticos de los medios, transmitir los partidos de fútbol los domingos. Al menos sería divertido.
Zapatero coge la pelota que le ha lanzado la ministra de Fomento tras los apagones de Barcelona, y el lío de las infraestructuras, se dirige al parlamento, dribla al contrario “in extremis” y desde el mismo escaño marca un gol de cabeza, Gooooooool. Rajoy coge la pelota del terrorismo de ETA, discretamente avanza por la línea izquierda del espacio posible, hace un pase al presidente de Navarra, y desde la misma línea de penalti, machaca por la escuadra al equipo todos contra el PP. Gooooool.
Ciudadanos pasando de todo
Y es que los ciudadanos pasan cada día más de la política, y hacen bien. Votan, si acaso, de vez en cuando, pero han comprendido que de poco sirve acudir a las urnas, y hacer un seguimiento de la información política para lo único que les vale es para cabrearse de forma permanente lo que acaba repercutiendo sobre su bienestar.
La mayoría de los habitantes de este país han comprendido perfectamente el mensaje de sus políticos, que mientras les reclaman atención y responsabilidad a sus electores, como cualquier jefe de una empresa de media pluma al pairo de cualquier benefactor ministerial, es para que los ciudadanos trabajen más, se preocupen más por el presente y el futuro, tengan más molestias, y al final para descontarles algo más del sueldo, si quieren mantener el puesto de trabajo.
Nuestros políticos ya no engañan a nadie, se mantendrán en el poder hasta que los ciudadanos seamos capaces de organizarnos y ponerles en su sitio, que no es otro que el de ser unos empleados públicos, que deberán presentar su cuenta de resultados como cualquier hijo de vecino, y si meten la pata persistentemente, a la calle con ellos, aunque tengan el beneplácito del Papa Benedicto XVI.
Quizás sea una utopía, pero por lo que está ocurriendo en otros países de nuestro entorno inmediato, y por lo que comienza a ocurrir en el nuestro, posiblemente en la próxima legislatura se sienten en el parlamento los primeros políticos no partidistas desde la llegada de la democracia actual a nuestro país.
Para que esto pueda ocurrir, los ciudadanos deben unirse en un proyecto compartido, en un partido político nuevo, diferente, sostenido sobre el contacto directo con sus electores, transparente y muy vinculado a las auténticas necesidades de los españoles, que son prácticamente las mismas que las del resto de los europeos, más la de erradicar a unos políticos que serían incapaces de convencernos de nada si no fuera por que sus partidos políticos y los medios de comunicación nos los colocan como paradigma de la eficacia, la honestidad y el saber hacer.
Definitivamente a nuestros políticos les ocurre como a los integrantes de la selección española de futbol, siempre nos dicen que esta vez va a ser la definitiva para su victoria, para cuando han perdido, echarle la culpa al entrenador, al árbitro, al clima, o al lucero del alba. Que más da que España juegue en un campo de fútbol, que en una mesa de negociación.
Al final, siempre perdemos, y no por que los rivales sean mejores, sino por que alguien se equivoca, y resulta que siempre son los que defienden nuestros intereses. A ver si le echamos valor, y los ciudadanos somos capaces de organizarnos de alguna forma para presentar batalla a los rivales y a los defensores de nuestros intereses.
Cada día estoy más seguro de que a poco que hagamos las cosas bien, este partido lo vamos a ganar. La Plataforma Pro, lo que queda de Ciutadans (dentro y fuera del partido), y otras muchas organizaciones de este país, deben unirse bajo un programa y equipo único que permita jugar el partido más esperado de los últimos años, el de los ciudadanos contra los partidos políticos.
La victoria electoral de esta organización emergente, supondrá la presencia de aire nuevo en el Parlamento, y permitirá comenzar a erradicar a los intermediarios entre las decisiones políticas y las necesidades de los ciudadanos, o al menos que cambien ostensiblemente sus actitudes, y respeten algo más a quienes les conceden sus atribuciones.
Erasmo de Salinas
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Ciudadanos y Política
lunes, 20 de agosto de 2007
El voto es un mito
La inutilidad del sistema democrático en España es un hecho consuetudinario. A la escandalosa incredulidad de las palabras y discursos de los políticos, degradando e inutilizando el orden constitucional, se añade la creciente visión de la farsa que supone hoy en la nación, la participación electoral ciudadana. El desentendimiento de la ciudadanía por estos procesos “oficiales” de soberanía en la vida pública, no hace sino crecer de forma ostensible. Los referéndums de Cataluña y Andalucía en sendas renovaciones estatutarias, sacan a la luz la realidad de una sociedad que percibe la mentira política y el escaparate electoral a modo de truco con el que las castas de todo lugar quieren presentar ante la opinión pública la “voluntad” de un pueblo “soberano”. Pero el pueblo español rechaza mayoritariamente el contrabando de este curso político, donde se muestra con toda crudeza la intención de presentar como democrático, lo que sólo es perfidia encubridora de intereses contrarios a la nación. ¿De qué sirven los presupuestos nacionales si luego tienen acuerdos bilaterales entre las taifas?Se profundiza así el deterioro de una democracia que nunca cuajó en nuestro país, se recrea un pasado con nuevos caciques en una estructura heredada, se continúa un juego perverso donde jerifaltes dan a entender que el ciudadano manda, se consuma la inmadurez general para entrar definitivamente en la modernidad y se pretende contradecir la evidencia con una cáscara teatral que tiende a la comedia en su primer acto preludiando conocidas tragedias de nuestro pasado nacional.
La inconsecuencia y la arrogancia con la que los actores políticos tratan tanto la vigente Constitución como a los titulares de la soberanía nacional los ciudadanos, se muestra en el desprecio que hacen de la voluntad popular expresada en las urnas: ni respetan lo votado, ni tienen ningún escrúpulo en introducir políticas que no constaban en sus programas cuando los presentaron al juicio electoral de los ciudadanos. Todo son cambalaches de directores partidarios, completamente al margen y aún en contra de los mandatos sociales.
En esta situación, cifrar esperanzas exclusivamente en elecciones es un mal negocio, porque además de saber de antemano las intenciones de los partidos políticos, sabemos que el deterioro de la democracia es de tal grado que sus propios mecanismos autorreguladores precisan recambios ausentes en el mercado mundial. Napoleón Bonaparte aprendió esa lección que olvidan nuestros políticos, pero que se aplicó a la perfección en nuestro vecino país: una cosa es el Estado y otra la Nación. El emperador creyó que España era Francia y bastaba con secuestrar a Fernando VII para dominar el país.
La podredumbre política española y su imparable cáncer, no hallará en el voto su terapia definitiva porque la metástasis afecta a las urnas. Es necesario un tratamiento global que diseñe de nuevo su arquitectura pública porque la actual no hace sino incrementar el daño.
Ramón Benavides
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