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viernes, 22 de agosto de 2008

La regla de Erasmo

El mundo de Zapatero se va a la mierda

¡Coño!, ya era hora, había llegado a pensar que habíamos comenzado la involución humana, pero no, al fin las cosas están en su sitio, y podemos respirar tranquilos.

Excluyendo a los imbéciles que detentan el poder, los imbéciles de la oposición oficial, y los imbéciles que apoyan a ambos porque algo esperan, o algo temen, el resto de los españoles somos normales, y lo ofrezco como diagnóstico porque puedo y sé.

Ante hechos inesperados como el ocurrido en la T4, además de la tristeza, rabia, y compasión (vamos a restringir el término solidaridad a cuestiones laborales, que está el país sindicalizado) que nos provoca, también es ocasión para comprobar el estado moral de este país en sus ciudadanos.

Y apunten para el futuro un nuevo criterio psicosocial al que denominaré la Regla de Erasmo, y que paso a definirles:

"Cuanto más próximo y dependiente es un sector profesional a la política (o al poder), menos científicos, rigurosos y humanos resultan sus criterios y resultados, o más desajustados, falsos, desviados o maquillados, como se prefiera".

En este caso decir que cierto sector de los periodistas de este país me está decepcionando, aunque en realidad sé que quienes deberían ser expulsados a la calle son los productores y realizadores políticos de los programas de televisión, o los redactores de los medios del fondo de reptiles o pesebre gubernamental u opositor.

Si yo fuera familiar de alguno de los fallecidos en el accidente de la T4 no dejaría pasar ni una, denunciaría a todo aquel que está tratando de sacar rentabilidad informativa de su dolor, igual que los estafadores esos que andan diciendo que son de una ONG de ayuda a las víctimas para estafar a la gente de buena voluntad.

Con los profesionales de la justicia tengo el alma dividida, hay acciones como la del juez que prohíbe la divulgación del dolor, que me parecen fenomenales, pero luego llegará "la gran justicia", ese océano de incomprensiones y arrebato legalista que vivimos con el 11-M y que realmente deja mucho que desear.

Un aplauso y un abrazo para todos los profesionales de las emergencias de Madrid, que en pleno agosto han mostrado su capacidad de intervención inmediata ante una catástrofe de extraordinarias dimensiones.

Un aplauso y un abrazo para los profesionales de la aviación española, en dos semanas volaré a Canarias para demostrar mi confianza en su trabajo.

Un aplauso y un abrazo para todos los forenses, y equipos funerarios que han hecho lo menos dolorosa posible la experiencia para los afectados, extensivo a todos los que les han atendido poniendo en primer lugar su dolor y no que eran funcionarios del ejército de defensa del Estado que les paga el sueldo. Lo humano surge con fuerza en estas circunstancias.

Sin embargo resulta estridente la estupidez de un Gobierno sobrepasado por la tragedia, incapaz de ofrecer seguridad en el sistema a los ciudadanos, que se permite declarar por voz de sus portavoces, que se hará lo que se debe de hacer. Es patético, ver a unos políticos decirnos que se va a investigar el caso exhaustivamente de forma independiente con una comisión de investigación internacional, porque saben que no se confía en ellos.

Con cada suceso extraordinario que ocurre en este país, los políticos que administran el Estado, que gestionan los servicios públicos, son inmediatamente cuestionados, y los ciudadanos ejercen su juicios sumarísimo sobre cada una de sus palabras.

El clima en que se vive en España es desquiciado, y los políticos que han contribuido al mismo, son los primeros que reciben los focos de la sospecha, de la duda, de la incredulidad.

Lamento no escuchar lo que me gustaría a nuestro Presidente del Gobierno o al portavoz correspondiente, que sería algo así como que el Estado español está en condiciones de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, y que el terrible accidente que hemos vivido demuestra que hay algo que no se ha hecho bien o una tremenda fatalidad, y que llegaremos a saber todo lo que ha ocurrido sin la menor duda. Apoyo absoluto a las víctimas a lo largo de todo el proceso, y garantía de que se juzgará a los responsables, en caso de que los hubiera, con la presencia del Estado como acusador de oficio.

Pero no, en vez de eso, un político como Zapatero visita a los heridos públicamente y a los muertos en privado, para que las cámaras le saquen ante los que se han salvado y omitan los abucheos de quienes le recibieron en IFEMA. Verá usted, señor Zapatero, hay cosas con las que no se hace política, ¡coño!, váyase de una vez, que es usted el mayor problema de los españoles, usted y su mundo de frikis que es incapaz de dar la talla ante la tragedia, imagínense ustedes lo que ocurrirá cuando nadie les vea, ni les juzgue.

La Regla de Erasmo se resume sencillamente en que todo lo que toca la política española deja de ser humano, por sí alguno no lo había pillado y yo me quedo con lo humano, siempre y en cualquier circunstancia. Una relación personal antes que cualquiera institucional con sistemas expertos, protocolos eficientes y multidisciplinares, y otras mariconadas.

Cuando ocurra lo que me duele quiero otro ser humano mirándome a los ojos, no un "sistema perfecto" o algún imbécil imitándolo, diciéndome tonterías y creyéndose que soy un ignorante o un idiota.


Erasmo de Salinas

2 comentarios:

Ciudadano en la Red dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Lo HUMANO contra lo MECÁNICO (socialismo), buena dialéctica.

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