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sábado, 4 de septiembre de 2010

La estrategia del PSOE se denomina eternizar el ocaso


Ahora podemos constatar la realidad, porque los hechos no mienten. Hace muchos años, tantos como José Luis lleva al frente del Gobierno, que el PSOE ha dejado de sostenerse en una ideología y un proyecto político para afianzarse en la ocupación de las instituciones, el reparto de los privilegios del pesebre público, la negación de la realidad, que se oculta con el ornamento propagandístico que esconde sus fracasos.

Que en la última encuesta del CIS solamente un 19,3 % de los entrevistados apoyaran la política del Gobierno y confiaran en su Presidente, no es óbice para que, desde la soberbia que caracteriza a aquellos que se atrincheran en el poder, se instruya a los españoles en la patraña de un horizonte de soluciones próximas.

Las soluciones más próximas han sido la subida de impuestos, el retraso de la edad de jubilación, el recorte de sueldo a los funcionarios, la congelación de las pensiones, la neutralización de los sindicatos con nuestro dinero, el incremento sin fin del paro y el incremento de la deuda pública y privada de los españoles, además de una disminución del bienestar del conjunto de la sociedad, que ahora tiene que trabajar más para vivir peor.

Evidentemente cuando observamos que el sacrificio que nos han impuesto a los españoles no sirve ni para detener el declive permanente, económico y político, en el que estamos instalados, es necesario preguntarse si realmente los que gobiernan saben que es lo que están haciendo o dan palos de ciego, recortando nuestro bienestar exclusivamente con la intención de mantener el suyo, habitualmente encastillado en el privilegio, muy por encima de lo que les correspondería en condiciones de igualdad con el resto de los españoles.

El comportamiento de los gobiernos del PSOE, al igual que las manifestaciones de la oposición son motivo de extrema preocupación para los españoles, pues ni siquiera sirven para detener la debacle en la que estamos viviendo, a pesar de haberse demostrado el fracaso gubernamental, primero no reconociendo la crisis y después no sabiendo atajarla.

Está claro que la política en España es un negocio fuera del mercado, en el que un cártel de traficantes de sueños se dedica a chulearse de los españoles vendiéndoles el humo que sale de la hoguera en la que se han quemado todas nuestras esperanzas.

Pero la agonía en la que estamos viviendo es artificiosa, proviene de la locura del tratamiento que se nos ha impuesto por los expertos del Gobierno, que consiste en mantenernos prácticamente en coma económico y político, sin hacer prácticamente nada más que esperar a ver si el despegue de nuestros vecinos europeos o un milagro, nos saca de la extraordinaria crisis que estamos viviendo, mientras preparan la nueva estrategia que les permita triunfar en las próximas elecciones. Realmente el Gobierno ha claudicado, no esperemos que adopte ninguna medida impopular, de las realmente necesarias para salir de la situación que atravesamos, no lo van a hacer, porque eso sería arriesgar su futuro personal, el de todos los que viven del pesebre, por eso sostendrán la situación del país en crisis y deterioro sin intentar siquiera aliviarla, en una cadencia peligrosa que no nos alejará de las zonas de alarma y desconcierto.

Sin embargo, que magnífica instantánea de sus intenciones nos están brindando con este comportamiento, porque el Gobierno de Rodríguez Zapatero no tiene ninguna intención de hacer nada que deteriore su imagen de cara a las próximas convocatorias electorales, aunque sea necesario. No esperen valentía de los cobardes afianzados en el poder que miran por su futuro y no por el de aquellos que dicen representar, irán recortándonos el bienestar al descuido, como auténticos carteristas, mañana nos quitarán aquel servicio, pasado nos subirán aquel impuesto, y poco a poco irán desposeyéndonos del bienestar alcanzado en otras épocas, pero sin que se note demasiado y siempre con una sonrisa y unas palabras de esperanza y solicitud de confianza.

Es la estrategia conocida como “eternizar el ocaso”, mantenernos medio vivos, medio muertos, como zombis, mientras preparan su estrategia de perpetuación, acumulando recursos para acometer el próximo engaño, que será invertirlos de golpe cuando se acerquen las elecciones autonómicas y municipales para dar la falsa imagen de que nuestros problemas se han resuelto definitivamente gracias a ellos, cuando en realidad ni siquiera han comenzado a resolverse. Y el PP pensando que va a triunfar en las próximas elecciones, con seguridad nuestra situación va a mejorar de forma extraordinaria antes de las próximas elecciones autonómicas y municipales y esa mejoría se sostendrá hasta la convocatoria de elecciones generales que se adelantará si los resultados en las autonómicas y municipales así lo sugieren.

El problema es que nadie va a advertir a los españoles de cual va a ser la próxima estrategia del PSOE. Los opositores piensan que el PSOE está muerto, cuando en realidad está preparando su próximo asalto al poder, aunque sea jodiéndonos la vida a la mayoría de los españoles con sus mentiras y sus engaños. Vamos a quedar fascinados con la hermosa puesta de sol que nos preparan los equipos de estrategia, agit-prop y propaganda del PSOE, ni siquiera en Hoolliwood se ha visto jamás un espectáculo parecido. Pero mira que son truhanes, tanto como ingénuos los españoles, que sólo salen de su ceguera para ser deslumbrados por el poder, siempre que haya elecciones próximas.

Biante de Priena

viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Quién no conoce a Zapatero?


Pues aunque ustedes no se lo puedan creer, cuando Zapatero salió elegido en 2004, un 9,5 de los españoles no lo conocían, a Rajoy no lo conocía un 10,5 % de los españoles. El grado de desconocimiento de los políticos españoles es pavoroso y es motivo de estudio y análisis. Evidentemente, lo que ni siquiera se conoce es difícil juzgarlo y más aún cambiarlo si resulta necesario.

En el actual Gobierno hay tres ministras que no son conocidas ni por un tercio de los ciudadanos, la de investigación, la de vivienda y la de cultura. Ocho ministros no son conocidos ni por la mitad de la población, las tres anteriores y los de igualdad, justicia, agricultura, educación e industria. Sólo hay cinco ministros conocidos por más del 70 % de la población, el de interior, la vicepresidenta primera, el de exteriores, el vicepresidente tercero, y la de defensa.

Está claro que en este país la gente no vota por las personas, sino por los partidos políticos, y fundamentalmente por las ideas que dicen representar. Pero resulta extraordinario que en plena era de la comunicación, con la oferta informativa más importante de la historia; con el mayor número de periódicos, emisoras de radio, canales de televisión, a lo que se debe sumar internet, un 17,4 de los españoles no conozca a la inmanente Maria Teresa Fernández de la Vega, tras seis años como vicepresidenta.

Sin embargo en las últimas elecciones generales acudieron a votar un 73 % de los ciudadanos, un elevado nivel de participación, que no se corresponde con el conocimiento posterior de lo que han votado, porque ni siquiera se ocupan de saber los ministros que están gobernando.

¿Por qué vota la gente?

Hay una razón fundamental, los españoles tras los cuarenta años de dictadura franquista, recibieron la democracia como el aire fresco que necesitaba este país, pero hoy la desilusión con los políticos españoles es enorme, sin embargo la gente sigue votando de una forma irracional, más por sentimientos enfrentados, porque en este país la gente vota al PP para que no gane el PSOE y al PSOE para que no triunfe el PP. Los políticos lo saben y en vez de hacer una gestión positiva de sus hechos –algo imposible- se han especializado en la denuncia de los hechos de los rivales, incluso de las cosas que dicen los rivales, ya ni siquiera de los hechos.

Los políticos y sus edecanes nos dirán que el desconocimiento de los ministros es una prueba de la confianza en el sistema y de normalidad democrática, porque cuando la gente confía en su Gobierno se despreocupa de quienes lo conforman, evidentemente esa es una de sus magníficas falacias, porque si bien cuando el PSOE alcanzó el Gobierno en 2004 casi un 50 % de los ciudadanos confiaban en como estaban haciendo las cosas, hoy esa cifra ha pasado al 7,9 %. Si añadimos que hoy sólo un 19,3 % de los españoles confía en como está haciendo las cosas el Presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, más bien la explicación sería la contraria: el desinterés por la extrema desconfianza.

Pero si la gente tiene una extrema desconfianza en los políticos, ¿por qué cuando llegan las elecciones acude a votar masivamente?. La única explicación plausible es por qué los ciudadanos creen en la democracia, aunque no crea en los políticos que les representan, a los que siguen votando de forma mecánica, fundamentalmente para que los que no les caen bien no triunfen en las elecciones.

Por eso la estrategia del PSOE desde hace años es denostar al PP, con el miedo a la derecha, con la organización de campañas de denuncia de su corrupción, cuando la del PSOE es posiblemente cien veces mayor. El PSOE ha sabido convertir al PP en el heredero directo del franquismo ante los ojos de una ciudadanía pasiva que no se ocupa de la política, porque piensa que lo único que debe elegir es que manden los menos malos, porque la gente no vota por los hechos de los políticos, si fuera así, sólo con un dato, el PSOE no volvería a triunfar en unas elecciones nunca jamás, porque con Aznar el paro llegó a bajar de los dos millones de personas, un 8,9 % de la población en edad de trabajar, y con José Luis Rodríguez Zapatero vamos por los 4,5 millones de parados, el 20,3 % de la población laboral, cuando en su día prometió pleno empleo, y posiblemente de los 2,5 millones de nuevos parados que ha logrado bajo sus gobiernos la inmensa mayoría son votantes del PSOE.

El voto racional

En España el voto racional, no cautivo por uno de los dos grandes partidos es aproximadamente de tres millones de electores, que son los que deciden si gobierna el PP o el PSOE, mientras que el resto de votantes siguen apoyando a los mismos que apoyaron sus padres o sus abuelos. Sin duda esos tres millones de electores son los que están más atentos a la realidad política, son los que en su día confiaron en el PSOE y hoy se sienten defraudados, pero todavía no acaban de ver razones suficientes para depositar su confianza en el PP. El resto de los votantes son conservadores de izquierdas o de derechas, van a seguir votando a los mismos que han votado siempre hasta que se mueran. Nadie desde la política convencional se ocuparan de que las cosas cambien, y para que surja una nueva opción esos tres millones de electores deberían unirse en el objetivo de cambiar la realidad política de este país, no votando ni por el PP, ni por el PSOE, ¿pero cómo van a dejar de hacerlo con la responsabilidad de saber lo que está ocurriendo en la política española y permitir que siga gobernando el PSOE que ha dejado el país en la ruina?.

Sin embargo, analizando la realidad con inteligencia, si esos tres millones de ciudadanos votaran por un antipartido político, por una opción que se enfrentara a la forma de hacer política en este país sería la única forma de librarnos del maniqueismo eterno, rompiendo la inercia que favorece la alternancia en el más de lo mismo. Hay otra fórmula que permitiría el cambio: convencer a los frustrados abstencionistas, un 27 % de los electores españoles, de que hay una opción que merece la pena, porque lo que está claro es que ninguna de las existentes les convence, pero quien sabe si un antipartido político radical en sus acciones y que se enfrentara a todo lo que existe no lograría concitar su atención y hacerles regresar a las urnas.

De todas formas es prácticamente imposible cambiar la realidad política en este país y mucho menos sin el esfuerzo responsable de mucha gente que se comprometiera en ese propósito, porque para que una opción política nueva aterrizara en el Parlamento Español, deberían reunirse todas las fuerzas en una opción concreta. No obstante la situación de catástrofe política y económica a la que nos han llevado los actuales gobernantes, puede remover a sus electorados cautivos y llevarlos a votar algo diferente a lo que votaron sus abuelos, posiblemente estemos aproximándonos al momento histórico en el que los ciudadanos votarán por primera vez rompiendo con su inercia habitual, por eso es necesario perfilar una oferta política que pueda representarlos y que sirva como alternativa a lo existente, aunque no queda demasiado tiempo, en seis meses no se puede cambiar una realidad de 35 años, aunque también es cierto que la gente nunca estuvo tan harta de los políticos y sus engaños.

Los cambios del mañana se cultivan hoy

En las próximas elecciones generales se va a producir por primera vez en muchos años una oportunidad para que no triunfen en las eleccioens ni el PP, ni el PSOE, ni siquiera los nacionalistas. La gente no vota a las personas, está harta de los partidos convencionales y está comenzando a despertar de su creencia en las ideologías, porque se ha visto que la única ideología del PSOE y el PP es la conquista del poder para alcanzar sus privilegios para sus legiones de allegados.

La gente quiere algo diferente a lo que existe, está pidiendo, aunque aún no lo sabe, un antipartido político formado por ciudadanos, no por políticos, que hable su propio idioma. Lástima que UPyD y Ciutadans sean más de lo mismo, idénticos como dos gotas de agua al resto de los partidos políticos, porque habrían sido una buena opción de cambio, pero la soberbia y la ignorancia de sus líderes impidión que fuera posible, por eso hay que pensar en una nueva alternativa, un antipartido político que se enfrente a los partidos convencionales y en el que se reunan todas las opciones críticas existentes, da igual que provengan de la izquierda, que de la derecha, que del nacionalismo o el altermundismo. Una gran coalición antipartidaria, de todos los que nos hemos sentido defraudados por los partidos políticos convencionales.

Movimiento Democrático puede ser el núcleo de ese proyecto antipartidario, en el que los ciudadanos defiendan sus intereses sin necesidad de apelar a una ideología determinada, cautiva, inamovible. Un antipartido que defienda la democracia haciendo democracia, que defienda la libertad actuando en libertad, que busque la justicia cumpliendo sus reglas, que sea transparente, tolerante y abierto, antifanático y antidogmático, que le pueda devolver a la política su auténtico significado: hacer la vida más fácil y agradable a los ciudadanos y no cada día más complicada y difícil. Depende de todos y cada uno de nosotros que se haga realidad.

Biante de Priena

jueves, 2 de septiembre de 2010

Creando un antipartido político ( y 04, por ahora)


Hagamos recapitulación de los artículos anteriores, en el primero hacía una declaración que debía ser la democracia, en el segundo considerá la situación actual en las democracias del sur de Europa, de las que España es paradigma, y en la tercera, apelando a Madison, denuncié cual era la situación de todos nuestros males: la presencia de los partidarios de "un partido único" con múltiples facetas y la ausencia de un contrapoder, creo que esto justifica la creación de un antipartido político, lo que a la mayoría de los lectores les puede sonar a extraño, acostumbrados como están a recibir sólo la información que elude cualquier alternativa a lo existente.

En la cuarta entrega abordaré el problema fundamental, como convencer a mis compatriotas de que todos los partidos políticos son idénticos, que en realidad conforman un partido único que es exclusivamente una representación del poder y no de nuestra voluntad soberana, de los ciudadanos a los que representa. No quiero con ello, aunque me dan ganas, acusar a todos los políticos de deshonestidad, seguro que hay muchos honestos, que incluso se dejan la vida en la obra y reciben menos de lo que entregan, pero también hay muchos que se aprovechan de su condición de representante público y los que son honestos no dicen nada, consintiendo el estado de corrupción y despropósito en el que estamos viviendo.

La pregunta clave es la siguiente: ¿qué puedo hacer, yo, ciudadano medio, asqueado de la política por el espectáculo al que estamos asistiendo, para cambiar esta miserable realidad?.

Queridos lectores, aquí estamos en páramos ignotos, yo soy uno más, no tengo ni puñetera idea, pero quiero pensar que el poder siempre ha tratado de oprimir y los seres humanos hemos logrado, poco a poco,a lo largo de la historia, zaherirnos de su opresión, porque si no yo no podría estar escribiendo ahora mismo estas palabras para publicarlas posterioremente en un blog.

Mi propuesta es crear un antipartido político, que se contraponga a todos los existentes, un contrapoder necesario e imprescindible, porque los partidos políticos se han apropiado del poder y lo utilizan en su interés, antes que en el de los ciudadanos que lo representan. La clave del proceso es regresar a la democracia, si alguna vez la hubo. Los partidos políticos representan sus propios intereses y no los de los ciudadanos que eligen a sus representantes públicos en las urnas. Siguiendo las enseñanzas de Madison, debemos crear una nueva facción que se oponga a todas las existentes, pero que no participe de sus mismas reglas, es decir un antipartido político, en el que no haya partidarios, sino ciudadanos libres y responsables que tomen decisiones y se comprometan con ellas, sin llegar a convertirse en políticos al uso, que terminen atrapados en las redes del poder. Hasta aquí el largo preámbulo, vamos a sus aplicaciones, a las acciones que alumbren su existencia.

Sé que es una locura, pero la única fórmula que veo para afrontar ese objetivo es la confianza, primero en nosotros mismos, sabiendo que somos capaces de intentarlo al menos, pero también es necesario una organización o muchas que lo hagan posible. ¿Pero quién va a estar dispuesto a hacer algo por los demás que le ocasione innumerables molestias sin recibir nada a cambio?. En una sociedad en la que el dinero es el único Dios, eso resulta prácticamente imposible. Sin recursos, tanto materiales como humanos, pocas cosas se pueden hacer. Estamos condenados a vivir en una situación de potencia que nunca alcanza el acto, es decir, de impotencia en realidad.

Vivimos en una sociedad de masas, de seres a a los que se ha desposeído de su identidad, acogotada por la cultura de la imagen y la propaganda, con unos medios de comunicación que viven de la reiteración de la misma noticia sin reflexión propia; el poder se disfraza de su mejor cara para vendernos la especie de que está haciendo todo lo que puede por nosotros y no puede hacer más. Pero las pensiones se congelan, suben los impuestos y cada día hay más gente que se va al paro o pierde su casa por no poder pagar la hipoteca.

Para participar en el juego de la política hay que alcanzar una cuota de existencia pública y eso resulta penoso y además es postergado y anulado por los medios de comunicación, más interesados en mantener el conflicto en lo existente, que en aventurarse por nuevos caminos. La sociedad está secuestrada y paga su rescate cada día con un deterioro de sus condiciones vitales y su malestar paulatino.

Todos esperamos que las cosas se resuelvan por sí mismas, pero eso no va a ocurrir, porque el poder siempre busca perpetuarse y alejar a los ciudadanos de su condición de libertad. Vivimos enajenados por el poder, nos han adoctrinado en que nuestro papel en la democracia ser resume en acudir cada cuatro años a las urnas y posteriormente vivir de una forma pasiva y servil ante lo que aconteca, nos han convertido en sociedad, en consumidores, en contribuyentes, en electores, en usuarios, en clientes, pero al mismo tiempo estamos dejando de ser humanos, con capacidad de autodefinirnos y decidir nuestro destino.

Aquí creo que está la clave del asunto, debemos desclasificarnos en todos los epígrafes en que la sociedad y el Estado nos ha convertido, debemos recobrar nuestra identidad propia, volver a ser nosotros mismos, liberándonos de todas las etiquetas asignadas con que el poder nos encadena y somete.

Verán ustedes, yo soy un ciudadano, español, demócrata y libre, que quiere vivir en paz consigo mismo y con los demás, de su trabajo y no del alpiste del Estado para que todo siga igual, creyendo que vivimos en el mejor mundo de los posibles, cuando estamos encerrados en una jaula del poder como si fuéramos periquitos, cada día con más limitaciones pero también teniendo que sacrificarnos más exclusivamente para poder seguir sobreviviendo. Quiero decidir sobre lo que me conviene o no me conviene, pero quiero hacerlo por mi mismo y no por medio de otros que me representen, bien, mal o cómo les dé la gana. La representación política en una sociedad avanzada, con ciudadanos que no somos analafabetos, con acceso a una comunicación inmediata y funcionarios suficientes para trasladar nuestras decisiones a la realidad, es sincerament un anacronismo propio de la época de nuestros bisabuelos, el último reducto de la opresión señorial del Antiguo Régimen.

Debemos dejar de creer en esta pantomiama de “democracia” para recrear la Democracia auténtica, pero para ello sólo podemos hacerlo si nos unimos, ahora mismo conozco dos lugares, aunque hay muchos más en los que se está estableciendo un debate interesante sobre estas cuestiones, uno es Movimiento Democrático, asociación a la que pertenezco, y otro es el MCRC, a la que no pertenezco, pero que tiene mi confianza en que también busca como objetivo cambiar esta miserable realidad de la política en España.

Pues nada, aquí concluyen los episodios de la creación de un antipartido político, recomendando dos asociaciones en las que al menos se está produciendo un debate sobre la mezquina realidad política en la que estamos viviendo. Lo único que puede decir es que no pare la música, vamos a ver si entre todos somos capaces de crear una alternativa a lo existente, porque aunque no lo creamos, sólo depende de nosotros mismos, como decía Unamuno, quien confía en sí mismo no necesita que los demás confíen en él. Nos vemos y continuamos con la épica batalla de cómo podemos ser sociales sin dejar de ser nosotros mismos, lo que se explica muy fácil si en vez de un conglomerado de individuos informe, una masa, que es lo que le interesa al poder, consideramos que la sociedad debe ser un agregado de ciudadanos, con identidad propia, que saben que no pueden ser enajenados declarándolos partidarios de un poder único con muchas caras.

Ahí está la clave, en dejar de ser partidarios de todo lo que existe en la política actual, algo que nos enajena, para ser dueños de nuestro destino creando algo nuevo que se oponga a todo lo existente. Ahora depende de todos y cada uno de nosotros. Manos a la obra, porque la unión hace la fuerza.

Biante de Priena

Creando un antipartido político (03)

"Dejemos de ser partidarios, derribando el muro de los partidos políticos que nos separa artificialmente, porque las cosas que nos unen son muchas más que las que separan a los ciudadanos. Los partidos políticos son exclusivamente una representación del poder que nos asfixia, no de los electores que han votado por ellos, salgamos de la hipnosis".

Maldito gobierno

Quizás no sea bueno organizar las cosas con urgencia, pero es extraordinariamente absurdo mantener una paciencia infinita con los impresentables que se han acantonado en la fortaleza del poder para vivir magníficamente a costa de nuestros impuestos. La situación política que atravesamos en España es penosa, como decíamos ayer, con un 78,9 % de ciudadanos que desconfían de su Presidente de Gobierno, juicio en la que una mayoría de militantes socialistas coinciden. Aunque no lo creamos estamos viviendo una situación histórica, sin precedentes en la democracia española.

Porque el pueblo está siendo “malgobernado” contra su voluntad en una "democracia", sometido, acallado, oprimido, pero nada puede hacer para eludir la coerción del poder, más que esperar hasta la próxima convocatoria electoral para manifestar su descontento. Esta coyuntura es un anacronismo propio del Antiguo Régimen en el que había un poder absoluto con súbditos y siervos. Hoy, sin embargo, somos ciudadanos libres y soberanos y para poco nos sirve, gracias a que la oligarquía de facciones que son los partidos políticos, forman el entramado de poder que nos aherroja a su voluntad. La voluntad del pueblo no debería restringirse exclusivamente a los periodos electorales, a la conveniencia de los representantes políticos que se han convertido en señores feudales, pasándose la Constitución por el forro, administrando el poder de forma tiránica, para mantener sus privilegios en contra de los intereses generales.

Vivimos en un régimen de perversión de la democracia, una degeneración del “contrato social” que estableció Jean Jacques Rousseau en su día. En España ya no hay democracia, sólo oclocracia y behetría. La oclocracia es el gobierno de los tiranos que se apoyan en las muchedumbres a las que alimentan para permanecer en el poder. Las muchedumbres son instruidas y amaestradas por los sindicatos (alter ego del PSOE) para que hagan lo que le conviene a los gobernantes, y anestesiadas en la confusión por los medios de comunicación con propaganda de forma permanente. La behetría de forma resumida es la elección de amo a que tenían derecho los siervos en algunos lugares y en otros tiempos.


Maldita oposición

¿Y qué hace la oposición mientras tanto?, esperar a ver como su enemigo cae derribado sobre los españoles, sin hacer nada, porque en realidad lo único que les interesa es la conquista del poder y no la penosa situación que estamos atravesando y a la que nos han condenado entre todos lo políticos que se han elegido en las urnas. La oposición tampoco representa los intereses de los ciudadanos, sino los suyos propios.

La clave está en el poder y su apropiación indebida, el poder permite repartir los recursos públicos entre aquellos que a los que mandan bien les parezca, algo más propio de un régimen trasnochado que de una democracia avanzada. Los gobiernos se corrompen, pero para eludir el dedo acusador de la justicia, establecen una política clientelar entre los afines para que acallen cualquier crítica o reacción a la detentación y la usurpación. El pueblo español, formado por soberanos y ciudadanos, se ve entonces postergado de las decisiones porque los que viven a la sombra del poder han ocupado todos los espacios de resistencia y dirigen las críticas, que siempre serán amortiguadas en beneficio exclusivo de su supervivencia. Un ejemplo son los sindicatos, otro las asociaciones y colectivos, pero quizas el más paradigmático sea la creación de nuevos partidos políticos, como Ciutadans y UPyD que en realidad sirven de cinturón de hierro para proteger a los que administran el poder, con sus críticas para desahogo de los creyentes en que un cambio de partido por una convocatoria electoral sería suficiente para que cambiaran las cosas. Algo realmente imposible, porque el régimen oclocrático español, la behetría en la que vivimos está putrefacto y agotado. Cambiar los collares a los perros no impedirá que nos sigan mordiendo.

La hora de la verdad

Por eso es necesaria y urgente la creación de un antipartido político en España, que con los rastrojos en los que se ha quedado la Constitución Española tras las agresiones a que ha sido sometida por los políticos exija un cambio de régimen, desde una democracia autoritaria y limitada hasta una democracia real y definitiva. Aunque la gente se piense que estamos muy mal, realmente estamos muy bien, debemos dar las gracias a José Luis Rodríguez Zapatero por haberse cargado la gallina de los huevos de oro de la partitocracia española, tanto como a Fernando VII por sus felonías que permitieron que la realidad para los ciudadanos diera un salto cualitativo hacia la democracia y la libertad. Hoy los españoles estamos siendo testigos de primera fila de lo que es la política y sus miserias como nunca antes lo habíamos sido, ni en el franquismo, ni en el GAL, ni en el 11-M. Ahora es la ocasión para que las cosas cambien de forma definitiva en España y para siempre.

Un antipartido político tendrá siempre como objetivo eliminar la representación indirecta de los ciudadanos y la concentración de poder en manos de los nuevos señores feudales de las distintas siglas. Mostrar a los ciudadanos la auténtica realidad mafiosa de la política. Promover el abandono de los modelos autoritarios de poder, para fomentar la autoridad desde el respeto de los ciudadanos y no desde la imposición de los privilegiados. Y si es necesario, organizar la resistencia y la desobediencia civil ante la tiranía y opresión de los partidos políticos. Quizás no sea la única solución, porque un antipartido político exige a los ciudadanos un criterio propio y libre en sus decisiones, una responsabilidad política de la que hoy carecen, porque son tratados como niños pequeños por un poder paternal que les ofrece la solución a todos sus problemas, cuando en realidad es la fuente fundamental de todos ellos.

Un antipartido político exige que los ciudadanos renieguen de los partidos políticos para hacer política sin abandonar su condición de ciudadanos, es un reto a nuestra inteligencia, porque conquistar la democracia y la libertad siempre ha sido, es y será un producto de la lucha de los ciudadanos contra el poder que trata de oprimirlos y neutralizar todas sus aspiraciones. El gran engaño al que nos someten los partidos políticos es simular que defieneden cosas diferentes, haciéndonos PARTIDARIOSde sus opciones, por eso para crear un ANTIPARTIDO POLÍTICO hay que prescindir de los engaños a los que nos someten: el PP defendiendo la libertad y la buena administración, el PSOE defendiendo la igualdad y el equilibrio social, los Nacionalisas defendiendo su diferencia, y todos ellos acusando a los demás de los males de sus electores. Salgamos de esa patraña y embuste que nos enfrenta permanentemente, los ciudadanos españoles tenemos muchas más cosas en común de las que nos separan, pero los partidos políticos convencionales nos hacen vivir en la ilusión de que no es así.

Ahora o nunca

Debemos hacernos antipartidarios de todos ellos, esa es la esencia de un Antipartido Político, para podernos hacer partidarios de nosotros mismos y defender nuestros intereses directamente, sin representación. ¿Acaso no hay nada que nos interese a todos los españoles?, por supuesto que lo hay, todos queremos justicia, libertad, igualdad, democracia, transparencia y bienestar, y que dejen de engañarnos los aprovechados, pues es hora de ponerse de acuerdo.

Madison, el cuarto presidente de los Estados Unidos, lo expresó diciendo que si bien las facciones podrían operar en el detrimento de la sociedad, la solución no fue la prohibición de los grupos organizados ni la subordinación de éstos al Estado, sino el fomento de su proliferación. Cuando una facción se enfrenta a otras, según Madison, la pluralidad de los grupos ayudaría a asegurar que ningún sector de la sociedad domine al resto. Este concepto Madisoniano del pluralismo constituye un principio fundamental de la vida política estadounidense. Pero la realidad es que todos los partidos políticos y sus partidarios se han quedado sin oposición, por eso la necesidad de crear un antipartido político que se oponga a todos ellos para que la democracia vuelva a funcionar, en el supuesto de que algún día hubiera habido una democracia en España.

En España no hay diversos partidos políticos, ese es el engaño, todos forman un partido único con distintas caretas que representan un único interés, ellos, los políticos, arriba, como los nuevos señores, la nueva aristocracia política, y los ciudadanos abajo, como siervos, manteniéndoles, para que sigan viviendo a nuestra costa y además jodiéndonos la vida. Un antipartido político debe enfrentarse a todos ellos, para que haya al menos dos facciones, una que represente los intereses del poder y otra que represente los intereses de los ciudadanos que soportan los desmanes del poder.

Un antipartido político exige de antemano que cada ciudadano ocupe su puesto en la defensa de la libertad, la democracia y la justicia, que el pueblo español deje de ser un adolescente distraido para convertirse en un adulto con responsabilidad política. Dejemos de culpar a los demás de nuestros males de una puñetera vez, porque si los políticos hacen con nosotros lo que les da la gana, sin duda es por qué se lo consentimos.

No hay excusa, ni disculpa, ha llegado la hora de la verdad: acabamos con los partidos políticos convencionales o ellos acabarán con nuestro bienestar, más tarde con nuestro destino y el de nuestros hijos, y por último con nuestra vida. A los partidos políticos sólo les importa lograr el poder para disfrutar de sus privilegios, igual que ayer a los señores feudales, los ciudadanos somos una molesta circunstancia en su hoja de ruta.

Biante de Priena

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Elogio de la diversidad


¿Sómos iguales o diferentes?, esa pregunta tan sencilla ha cruzado la Cultura Occidental a lo largo de la historia, consolidándose con el tiempo dos posiciones diferenciadas: la liberal y la socialista. Los liberales defienden la diversidad sin negar la igualdad, consideran que la justicia debe ofrecer equidad de partida y privilegio en destino a quien se lo merezca, porque sería injusto que quien nada hace ni por si mismo, ni por los demás, sin causa que lo justifique, recibiera lo mismo que los que se esfuerzan, trabajan y luchan por salir adelante, y al mismo tiempo, hacer que su sociedad avance con ellos.

El socialismo parte de un principio de justicia opuesto, fundamentado en el marxismo, que favorece la dependencia y la victimización de la sociedad: de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad. En realidad, procura el privilegio en origen para aquellos que expresan su perjuicio (unos con razón, otros sin ella; unos de forma injusta y otros justa) y la equidad en destino para todo el mundo. Un mal control en los criterios de dependencia o victimismo por parte de los evaluadores, puede acabar derivando en una sociedad parasitaria, en la que los que no hacen nada ni por sí mismos, ni por los demás (muchos de ellos sin otro motivo que la pereza, la ignorancia, o la soberbia contemplativa) resulten privilegiados, a costa de que los que se esfuerzan, trabajan y luchan sean cada día más perjudicados.

La diversidad también incluye la igualdad como una de sus opciones, la diversidad no es una fuente de privilegio, sino una conquista de la libertad. Ser libre es poder distinguirse o asemejarse a los demás, también saber hacerlo. Sin embargo las ideologías que atentan contra la diversidad realmente existente en nuestra sociedad buscan desde una tendencia totalitaria homologar y etiquetar a los seres humanos en categorías espúreas y artificiosas, por ejemplo mujeres y hombres, como si todas las mujeres, por ser mujeres tuvieran la obligación de pensar, decir y comportarse según el estereotipo esperado por los que administran el poder, y todos los hombres encajar en la clasificación prevista por los que diseñan como debe ser la sociedad en sus proyectos.

Lo digo con claridad y contundencia, el socialismo ejerce una violencia extraordinaria sobre los seres humanos, forzando a la homogeneidad singular la diversidad y la pluralidad realmente existente en los seres humanos, siempre favorable a sus pretensiones; por el contrario el liberalismo respeta la diversidad existente y fundamenta el desarrollo de la sociedad en que los seres humanos alcancen plenitud en sus diferencias. Sin embargo, al contrario de lo que establece la propaganda socialista, el liberalismo no fomenta la diferencia, ni los privilegios, ni las ventajas por haber nacido bajo las estrellas o las lámparas de cristal de roca; es al contrario, precisamente, el liberalismo pone un límite a la desigualdad, que no es otro que la justicia, que debe equilibrar las posiciones de partida, pero nunca las de destino, pues eso sería asfixiar la libertad de los seres humanos y su desarrollo en plenitud, y por lo tanto una injusticia para los que destacan en alguna particularidad, concediéndoles lo mismo que aquellos que no destacan en ninguna.

Quizás se comprenda mejor entendiendo el concepto de justicia que distingue al socialismo del liberalismo, los socialistas tratan de recortar las posibilidades de desarrollo de los seres humanos acorralándolos como gallinas en un gallinero, en esa tendencia totalitaria de organizar la existencia de los individuos y someterla a su interpretación de lo que debe ser su utopía social, las gallinas deben estar en un recinto que permita a los granjeros recoger sus huevos con facilidad (por el bien del Estado). Al contrario, la justicia liberal entiende que las gallinas son libres de poner los huevos donde quieran y es el granjero el que debe descubrir sus nidales y recogerlos. El liberalismo considera que los tres elementos fundamentales para la existencia humana en plenitud son la libertad, la igualdad y la justicia (así se inscribía en la bandera liberal  de aquellos que dotaron al pueblo español de soberanía en 1812), sin embargo el socialismo considera que la libertad es un lujo que debe someterse a la conquista de la igualdad, y la justicia consiste en hacerlo posible, transformándose en justicia social, que es una extraordinaria forma de injusticia, pues los seres humanos dejan de existir como individuos, para existir como elementos idénticos, casi clónicos, del conglomerado social.

El socialismo tiene un grave problema que nunca se ha resuelto, al asfixiar la libertad de los individuos, debe ofrecer una alternativa, lo que hace sometiendo la realidad a su ideología, estableciendo planes y diseños, que terminan convirtiéndose en utopías e ingentes legiones de burócratas empeñados en lograr la cuadratura del círculo. Esto conduce al fracaso económico de las políticas que buscan transformar la sociedad en un paraiso, porque el socialismo, es heredero de la religión cristiana a la que tiene pretensión de sustituir y está empeñado en que regresemos al mundo de Adan y Eva, cueste lo que cueste, al precio de demostrar a la historia su hegomonía ideológica. Lo cierto es que todos los experimentos han concluido en fracaso, tanto en los regímenes autoritarios como la extinta Unión Soviética, Corea del Norte o Cuba, y actualmente Venezuela, pero también en las democracias, con la excepción de las democracias nórdicas imbuidas de calvinismo y responsabilidad, allí donde el socialismo ha gobernado a lo largo de la historia, ha logrado reducir la riqueza sin resolver nunca los poblemas de la pobreza, por ejemplo, actualmente en España sigue habiendo un 20 % de pobres (por debajo de la línea de pobreza) igual que los había en 1978 cuando la democracia comenzaba, sin embargo lo que si ha conseguido el socialismo es que haya menos ricos, y la gente aún teniendo más recursos viva en peores circunstancias, salvo los que se han beneficiado del Estado Providencia patrocinado por el socialismo, no siempre de forma justa, sino favorecida de forma clientelar.

Cierto es que una sociedad avanzada económicamente del siglo XXI, aunque políticamente se halle más próxima al siglo XIX debe exigir al Estado que procure un mínimo de bienestar y los logros sociales alcanzados a lo largo de la historia por los partidos de izquierdas son hoy patrimonio de las democracias, aunque los partidos de izquierdas, que se han apropiado de lo público como si les perteneciera en exclusiva y solamente desde el socialismo pudiera patrocinarse, han logrado que se cuestione si lo público no es sólo un pesebre para los partidos de izquierda y afines. No es cierto que todas los avances sociales se hayan hecho gracias al socialismo, algo que resulta esperpéntico, porque hasta en época de la dictadura se hicieron hospitales, escuelas, juzgados, carreteras y se creo la Seguridad Social (que hoy tratan de fragmentar para salvar los presupuestos).

El socialismo tiene la pretensión de establecer la hegemonía de lo público sobre lo privado, y para alcanzar sus objetivos no duda en sacrificar la libertad de los individuos: diciéndoles que deben hacer, como deben hacerlo, y cuándo, dónde y por qué. Se resume en la frase prepotente de "no podemos conducir por ti", como si los accidentes de tráfico fueran exclusiva responsabilidad de los conductores y el Estado no tuviera nada que ver por tener una red viaria inadecuada, obsoleta y peligrosa. Esa actitud de criminalización de los ciudadanos en su vida privada es una característica singular del socialismo, porque atribuye todos los males de nuestr sociedad a los errores y equivocaciones de los seres humanos no suficientemente instruidos en el camino de su verdad, por eso cuando la realidad señala con el dedo a un gobierno socialista por haber cometido graves errores y no saber resolverlos, los socialistas sonrien y nos recuerdan que ellos son los buenos, porque los malos siempre son los de la derecha... Verán ustedes, yo soy liberal, ni socialista ni conservador, y para mí ambas ideologías son opresoras, maniqueas, arcaicas e inadecuadas para resolver los problemas que tenemos los ciudadanos.

Al final, y no se dan cuenta, da igual que nos muramos porque nos atropelle un camión o una moto, habremos dejado esta vida por un accidente. Lo que quiere decir que si alguien nos acaba distorsionando la existencia a la mayoría de los españoles, nos da exactamente lo mismo que sea por los mejores motivos que por los peores, nos ha jodido y vamos a tener que ser nosotros, en nuetra diversidad natural, los que acabemos pagando los platos rotos de su bacanal de poder.

Definitivamente somos diferentes de forma natural y la igualdad es una pretensión de la cultura. Cuanto más avanzadas son las sociedades más se homologan en equidad las condiciones de cultivo de la especie, pero nunca hasta el punto de quebrar el desarrollo posible de los individuos, para que no le acabe jodiendo los planes al diseñador (aprendiz de Dios). Esa filosofía política es regresiva y nos conducirá más temparano que tarde al retroceso cultural, político, social y humano, de regreso a las cavernas, aunque algunos ecologistas estarán francamente satisfechos de los resultados y lo denominarán progreso.

Muchas gracias de todas formas, la próxima vez les ruego que no se les ocurra salvarnos de nosotros mismos, esto va dirigido a los socialistas y a los conservadores, indistintamente, y a todo aquel aprendiz de brujo que quiera jugar a Dios en sus delirios de grandeza.

Biante de Priena

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