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viernes, 5 de septiembre de 2014

La censura española del GCI (Informe de Competitividad) del World Economic Forum




Cada año, desde 2004, el World Economic Forum, una institución independiente, realiza un informe conocido como el Global Competitiveness Index, en el que se analizan más de cien indicadores comparativos en variables políticas, económicas, sociales y evolutivas,  entre los distintos países del mundo, en esta ocasión los analizados han sido 144, el año pasado fueron 148


Los medios de comunicación españoles nos han contado exclusivamente el resultado global, es decir, el puesto que España ocupa en competitividad, pero no han sido capaces de mostrarnos de dónde surge ese resultado. A continuación, se presentan los resultados completos de este informe para que los españoles, en su derecho a la información siempre menoscabado por censuras y desviado por intoxicaciones, conozcan la auténtica realidad que se vive en nuestro país en relación a otros países del mundo. El puesto que se ocupa determina en qué lugar de los países del mundo nos encontramos en el informe del año 2014


Aquí tienen ustedes los resultados para España, en los que se pueden evaluar los resultados COMPLETOS del Informe GCI, que los medios de comunicación españoles no han tenido la deferencia de mostrarnos. La interpretación es la siguiente, cuanto más próximos al 1 mejor resultado, cuanto más próximos al 144, peor resultado. En la (i) se puede saber a que se refiere cada item, para los que no sepan inglés, utilizar traductor de gogle

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Reseña en español del informe

Algunos datos interesantes

Confianza en los políticos : 117
Desvío de fondos públicos por políticos: 90
Sobornos por licencias y permisos: 90
Despilfarro gasto público: 113
Regulaciones legislativas no necesarias:  123
Tiempo para abrir un negocio: 99
Ayudas a la inversión: 130
Efecto IRPF en creación trabajo: 130
Endeudamiento público: 130
Pago del Talento y productividad: 117 
Atracción y mantenimiento de recursos humanos: 108
Facilidad para conseguir crédito bancario: 132


Según los datos del GCI del World Economic Forum la cosa está así:

En 2012 la renta per cápita de los españoles era de 32.360 $
En 2014 la renta per cápíta de los españoles es de 29.150 $


Lo que quiere decir que cada español ha perdido 3.210 $ de renta per cápita en los dos años que lleva gobernando Rajoy, lo que supone un 11 %, un 5,5 % por año.

GRACIAS RAJOY Y MONTORO POR HACERNOS MÁS POBRES

El último en salir que apague la luz

Enrique Suárez 

martes, 2 de septiembre de 2014

Alfonso Guerra, el fantasma del Guadalquivir

 
 EL TIEMPO YA TE HA ALCANZADO ALFONSO

  • ¡La corrupción de Andalucía y de toda España le debe tanto, como su hermano, familia, amigos, miembros de su partido y de otros!
  • LLamaba tahur del Mississippi a Adolfo Suárez
  • Asesino confeso de Montesquieu y de la independencia de la justicia
  • 35 años viviendo de la política y haciendo chascarrillos
  • Plagista de Fidel Velazquez, un sindicalista mexicano, en aquello de "el que se mueva no sale en la foto", y presumía de "intelectual".
  • Consentidor mayor del GAL y todas las corrupciones del PSOE. 
  • Organizó indirectamente una manipulación de los medios de comunicación para embaucar a los españoles.
  • Enemigo de cualquier libertad que no fuera la suya. 
  • Muñidor de los acuerdos con los sindicatos para expoliar a los españoles, y de todas las estrategias sectarias para que el PSOE se convirtiera en partido único.
  • Hermano putativo de Felipe González
  • Padre no reconocido de José Luis Rodríguez Zapatero
  • Abuelo desconocido de Podemos y Pablo Iglesias, de quien hoy reniega, cuando gracias a él, y el bodrio de democracia para la casta que hizo, hoy existe.
Una vez dijo que tras la llegada del PSOE a España no la conocería ni la madre que la parió, luego dijo que tras el paso de Zapatero al PSOE no lo conocería ni la mader que lo parió, sigue aferrado al poder , a pesar de tener 74 años y pretende dar lecciones a los españoles de como se debe pensar para ser demócrata, lleva casi tanto tiempo como Franco jodiendo este país, ya podía irse a la mierda de una puñetera vez, a ver si se lo traga el olvido.

Enrique Suárez

lunes, 1 de septiembre de 2014

Los Ceaucescu y los Pujol





Si algún día queremos alcanzar la normalidad tendremos que atrevernos a llamar a las cosas por su nombre, lo acontecido en Cataluña durante los últimos treinta años recuerda mucho lo ocurrido en Rumanía durante los años que gobernaron los Ceaucescu.

Los Ceaucescu gobernaron Rumanía durante 22 años creando un sistema corrupto del que se beneficiaron más que cualquier otro rumano, acumulando una deuda pública insólita gracias a sus excesos y los de sus seguidores. Durante los años 70, exportaron la mayoría de su producción agrícola a otros países llevando a sus ciudadanos al hambre, el paro y la miseria.

Al igual que los Ceaucescu, los Pujol han acumulado una inmensa fortuna valorada inicialmente en miles de millones de euros, buena parte de ella depositada en Suiza y en paraísos fiscales. Al igual que los Ceaucescu, los Pujol amasaron su fortuna a costa de venderle al pueblo la independencia de su nación. Al igual que los Ceaucescu, los Pujol crearon un entramado cultural intelectual que ha favorecido sus intereses, una estructura política que los ha llevado adelante y una ilusión en la gente que luchaba para ocultar su corrupción y latrocinio.

Los Ceaucescu dejaron este mundo al ser fusilados el  25 de diciembre de 1989 tras juicio militar sumarísimo, acusados de genocidio, daño a la economía nacional, y enriquecimiento injustificable, en el cuartel militar de Targoviste. Los Pujol siguen en sus fincas felices, disfrutando de sus privilegios y posiblemente sean aclamados el próximo 11 de septiembre por los catalanistas que celebren la Diada, como héroes nacionales. Vaya estropicio mental que tienen algunos.

Es necesario recordar que lo que robaron los Ceaucescu posiblemente no sea ni un 5 % de lo que han robado desde la trama mafiosa de los Pujol, como se va sabiendo por las declaraciones que se están produciendo en los últimos tiempos.
Familia Pujol

Familia Ceaucescu

¿Os habéis fijado en el extraordinario parecido de Marta Ferrusola y Elena Ceaucescu, de blanco inmaculado las dos, como si fueran vírgenes vestales?

 Elena Ceaucescu
 Marta Ferrusola

Enrique Suárez

jueves, 28 de agosto de 2014

La era de los simulacros


"Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad" Marco Aurelio

Ciertamente todo ha ido demasiado deprisa en los últimos 20 años, en el año 1995 adquirí mi primer PC, tenía un disco duro de 40 Mb, era de los buenos; hoy los ordenadores similares tienen discos duros de 1 Tb de serie, es decir 25 millones de veces más capacidad. Con internet ha ocurrido algo similar, las primeras conexiones de acceso público  provienen también del mismo año, los servicios eran limitados, lentos y restringidos. En el año 2000 no había más de un millón de usuarios en España, en 15 años, prácticamente todos los hogares españoles tienen varias formas de acceso a internet. Durante los últimos tres años se ha transferido la "internetización"  a los móviles, de tal forma que hoy en día, pasamos buena parte de nuestro tiempo de trabajo y ocio conectados a la red.

La generación que será mayor de edad en el próximo año ya no sabría vivir sin ordenador, móvil e internet, de esta forma el ideal del humanismo como conocimiento completo del ser humano ha concluido, nadie podría conocer hoy lo que concierne al ser humano en una sola vida, pero conocerá muchas cosas desconocidas que ampliarán su "humanidad" dependiente. 

Durante este tiempo el hardware como el software han experimentado un avance exponencial. Hay millones de aplicaciones, juegos, películas, textos, y usuarios de blogs, foros, redes sociales. Todo esto ha transformado la configuración de nuestra existencia, es difícil distinguir si la vida asociada a internet es vida real o no lo es,  transformando incluso nuestro concepto de realidad que se ha ampliado con un anexo inexistente hace veinte años que va camino de ser más importante que la propia realidad: la realidad virtual o hiperrealidad.

El abrazo de la sociedad global

El fenómeno de la globalización también ha transformado nuestra existencia creando una expansión mundial desconocida hace unas décadas. Las empresas se han deslocalizado, los trabajadores han perdido su trabajo, la producción se ha fragmentado y el consumo se ha internacionalizado. Hoy podemos consumir productos creados a miles de kilómetros por una empresa que tiene su sede en un país situado también a miles de kilómetros y que no está ubicado en el mismo lugar de la producción. La división del trabajo ha superado la especialización para introducirse en la fragmentación de la producción, lo que ha traído como consecuencia también la fragmentación del consumo y su sublimación, a veces esperpéntica.

Hoy la leche ya no es de vaca, cabra u oveja, puede ser de avellanas o almendras, soja, y otras alternativas. Dentro de poco tendremos quesos de soja y almendras, con sabor de arándanos y frambuesas, y disolución de chocolate en la base, y en unos pocos años más llegaremos al queso personalizado, posiblemente según un perfil de alergias establecido científicamente. Decía Aldoux Huxley con ironía que la medicina había avanzado tanto en su tiempo que ya nadie podía considerar que no estuviera enfermo, algo así ocurre con el mercado, ha avanzado tanto en sus ofertas como en sus productos que ya no hay nadie en este mundo que pueda prescindir de lo que le ofrece.

Creando la caverna

El avance de los soportes para la información, así como los distintos canales de comunicación que ha supuesto internet de forma  instantánea, prácticamente gratuita y universal, también contiene su lado oscuro, un paquete pernicioso con las viejas fórmulas de la manipulación, persuasión y demagogia que, con un nuevo disfraz apto para la hipocresía, sirve al enmascaramiento de la realidad que pretenden aquellos que viven de embaucarnos. La información se ha masificado de tal forma que cada día resulta más difícil encontrar datos rigurosos, consistentes, fundamentados en hechos o pruebas fehacientes. La comunicación se ha transformado en algo parecido a un espectáculo, donde ya no importa tanto lo que dice la gente, sino lo que representa o escenifica, la forma prevalece sobre el contenido, el significante sobre el significado.

Asistimos a  un procesamiento singular de la información por el que la simulación sustituye y desplaza a la realidad, en un propósito que remeda la confección de hamburguesas con carne picada, las chuletas tienden a la desaparición; al igual que los medios de comunicación tradicionales, masivos y compartidos; esto trae como consecuencia una nueva forma de limitación, porque sin duda el futuro está en las comunicaciones personalizadas, cada uno tendrá la información que desee, se comunicará con quien quiera y vivirá en el mundo que mejor le parezca, a la carta, desapreciando todo aquello que no le interesa, incluidos los seres humanos que tiene por vecinos. Será más fácil establecer una comunidad de jugadores de petanca virtual, que una nación de contribuyentes.

A fecha actual, la comunicación más  frecuente y posiblemente fundamental no es con las personas más próximas, sino con aquellas con las que se tiene mayor afinidad, independientemente del lugar del mundo en que se encuentren. Esto está creando graves problemas de comunicación entre las personas y sus relaciones, en las parejas, pero también en las familias, en los hijos con los padres, entre los hermanos y en las comunidades más próximas, los vecinos, los compañeros, los compatriotas

De esta forma, lo que ayer se consideraba más auténtico se vuelve cada día más inaccesible, por eso estamos abocados a vivir una era de los simulacros, la representación de la realidad que exactamente no es la realidad, en nuestros “reality shows” particulares, donde se mezcla lo virtual y lo genuino. Este mundo exige que nos representemos públicamente, no que seamos como somos, ni que pensemos, sintamos o hagamos como corresponde a nuestra condición, lo importante en la era de los simulacros es sin duda la representación: la imagen pública.

Y cuando ya no somos quienes somos sino nuestras representaciones públicas en el escenario mundo en el que todos se representan, nuestra identidad se confunde, se hace más anómica y anónima; trascendemos la realidad para habitar en una forma de ficción, que se entremezcla con las ficciones de todos los demás, con sus diversas representaciones.

Si la realidad pasa a ser hiperrealidad, es lógico que esta requiera que el ser humano pase a un ser  hiperhumano, que contenga lo humano más sus circunstancias, pero el grave problema es que esas circunstancias no están bajo su control, sino de otros. Paradoja sorprendente, en el momento en el que el ser humano alcanza su mayor grado de liberación en la historia, surge el ser hiperhumano que es el más dependiente de la técnica que jamás ha existido.

La verdad como epifenómeno de la realidad

En ese proceso similar a la fragmentación de los alimentos o de los seres humanos, la verdad que contiene la realidad también se va transformando hasta el punto de que lo que se dice puede contener más o menos porcentaje de verdad, pero en algunas ocasiones nada tiene que ver con la realidad, pues de tanta sustracción de su contenido y tantos aditivos que se añaden, una noticia puede ser una intoxicación muy bien elaborada que nada tiene que ver con la que realmente ha ocurrido y que ha sido creada para beneficiar de alguna forma el interés del procesador de la información y la comunicación que amablemente nos la regala. Avanzamos de esta forma hacia alguna forma de ceguera magníficamente urdida por aquellos que tratan de imponer un velo sobre nuestra propia conciencia y la de todos. Y al mismo tiempo a un nuevo mapeado de las relaciones que si por un lado se hacen universales, es al precio de hacerse controladas.

Volvemos de esta forma a la búsqueda de la verdad, haciendo válido el aforismo cristiano de la verdad nos hará libres, pero ¿cómo alcanzarla?. Estas cuestiones relativas a la información y la comunicación no son nada nuevo, provienen de la Grecia Antigua como tantas cosas, cuando los sofistas se propusieron demostrar que podrían, mediante artificios retóricos, demostrar una cosa y la contraria, algo que sin duda coincide con los comienzos del relativismo por parte de los escépticos, origen de la duda y la incertidumbre, pero también de la desinformación, la propaganda y las intoxicaciones y por supuesto, de la publicidad. La manipulación de la realidad por medio del verbo es algo muy antiguo sobre lo que nos advirtieron ilustres personajes como Aristóteles, Maquiavelo, Voltaire Schopenhauer,  Milosz o Chomsky.

Sin duda la hegemonía visual a la que nos enfrentamos, que ha desplazado los argumentos racionales por los memes ópticos, tiene algo que ver en este proceso. Algo que fue descrito en su día por Giovanni Sartori con su “homo videns” el ser humano como espectador que ve la realidad pero no reflexiona sobre ella, con sus puntos de coincidencia con el “homo sentiens” de Franco Ferrarotti,  sedicentes reproductores de aquello que no han comprendido pero de lo que consideran que entienden  porque lo han visto. No se alejan estos personajes de los “hombrecillos” descritos por Whilhem Reich, el hombre masa de Ortega y Gasset, o los “estúpidos” de Carlo María Cipolla. 

Si no se hace algo para evitarlo, pronto nos quedaremos sin realidad, sin autenticidad, y sin verdad. Y todo lo que llegará a nosotros será una maraña de datos imposible de procesar, un auténtico fiasco, una reproducción interesada del simulacro de la realidad, que sólo contiene de realidad lo que le interesa que contenga al mensajero.  El procedimiento es sencillo, cada día lo disfrutamos en la televisión con los “reality shows”, concepto no traducido al castellano, porque perdería su glamour, pero en realidad no son otra cosa que simulacros, pero también en las redes sociales, en cualquier escenario de comunicación, incluso en los que ayer eran reales. El problema es que la inmensa mayoría de la gente se cree que simulacros y realidad coinciden, de esa forma resultan dependientes de las intenciones del cocinero, se alimentarán con lo que le interese y cuando son estafados, antes de reconocer su ingenuidad, posiblemente recurran a la desconfianza, la neurosis y la paranoia.

El secuestro de la opinión pública 

El sociólogo Jean Baudrillard nos advirtió de que la hiperrealidad había envuelto a la realidad, que las representaciones al igual que los mapas habían desplazado a los territorios, que la información y la comunicación cada día se abrazaban más al simulacro de la realidad, a su representación, de aquí en adelante, decía el pensador francés, los simulacros precederán a cualquier acontecimiento, o más exactamente  a cualquier suceso que ocurra en la realidad. 

Michel Foucault nos advirtió antes de la llegada de internet que para alcanzar los conocimientos de la realidad sería necesario realizar algo parecido a la arqueología, rebuscando en el montón de escombros que la hiperrealidad, la realidad virtual creada y construida con intereses, hubiera dejado sobre ella.  El modelo que nos sirve para comprender el pasado desde la historiografía, también nos debe servir para comprender el futuro desde la hipocresía, al fin y al cabo, desde sus representaciones ficticias, que tanto recuerdan a la caverna de Platón.

Algo ha debido hacer bien el poder para lograr que tras un periplo de 2500 años hayamos regresado al mismo punto de partida, ver sombras proyectadas que sólo recuerdan a la realidad, pero que no coinciden con ella. Volveremos a depender de aquellos que encienden y apagan las luces según su conveniencia, como ha ocurrido siempre, pero algo hemos avanzado, antes lo hacíamos en una caverna creada por el poder y hoy podemos hacerlo relajadamente desde nuestras casas, sintiéndonos poderosos por ver todo aquello que otros han decidido mostrarnos y no acceder a todo aquello que han decidido ocultarnos. 

El problema se producirá cuando regresemos a la fase anterior como creo que acontecerá en los próximos años, abandonando el ámbito de la creación, la reflexión y el raciocinio que ha caracterizado a la civilización occidental, para abrazar la mitología de las creencias tan grata a otras civilizaciones y a algunas opciones dentro de la nuestra. Sin duda, creeremos aquello que les interese que creamos a los detentadores del poder que administran el curso de nuestras vidas. 

Los dioses que guiarán nuestra existencia ya no se denominarán Zeus, Minerva o Venus, sino Prima de Riesgo, Déficit Público e Indice de Precios al Consumo y sus sacerdotes formarán gobiernos, hata que algún émulo de Tales, en la puerta de algún mercado, vuelva a repetir aquello de "todo está lleno de dioses" y comencemos una nueva era de la razón, que haya abjurado para siempre de las trampas dialécticas del relativismo y de todos los simulacros que conlleva. Sólo entonces, volveremos a ser dueños de nuestra realidad, el homo mensura de Protágoras.

Enrique Suárez

viernes, 22 de agosto de 2014

El ocaso de los hipócritas



 

La lucha por el poder en la mitología griega

En épocas de triunfo espiritual del materialismo es necesario regresar a las interpretaciones simbólicas para comprender que acontece en este mundo, dentro de ellas la mitología griega, es, sin duda, el huerto egregio en el que ha brotado la cultura occidental. 

En el caos inicial, antes de la existencia de los dioses del Olimpo, la mitología griega consideraba que el titán Kronos, había castrado a su padre Urano con una hoz (“cortado el cielo”), para así destronarlo, surgiendo la Edad Dorada de la mitología griega, en la que todos hacían lo correcto y no existía la inmoralidad. Sin embargo, una profecía anunció a que uno de los hijos de Kronos le daría la misma muerte que él había dado a su padre, por lo que el tirano decidió comerse a sus hijos según iban naciendo, hasta que Gea decidió ocultar a su sexto hijo, Zeus, dándole a su padre una piedra, ónfalos, que se tragó como si fuera su hijo. 

Zeus, fue alimentado por la cabra Amaltea en la isla de Creta, mientras los Coribantes ocultaban sus llantos para que su padre no descubriera su existencia.  Cuando Zeus creció le dio a su padre un veneno para que regurgitara a sus hermanos, expulsando en primer lugar la piedra ónfalos, que dio lugar a la Pitia y el Oráculo de Delfos. Luego liberó a los titanes cíclopes y hecantóquiros que Kronos había  encerrado en el Tártaro y con su ayuda y la de sus hermanos lograron destronar a Kronos, creando la era olímpica de la mitología griega y el concepto de gobierno del mundo que hoy nos resulta más conocido.

Sin duda, el mito de la lucha por el poder entre los dioses griegos nos recuerda a cualquier lucha por el poder entre y dentro de los partidos políticos de cualquier país occidental, así ha sido y así seguirá siendo, con la sucesión correspondiente de unos por otros a lo largo de la historia de la democracia. Sin duda los partidos políticos están más adheridos a la mitología olímpica, que a la etapa lógica que vino después en la Antigua Grecia. Mientras los políticos continúen en su actitud despótica fundamentada en la creencia y el engaño, no abandonaremos la era mitológica de la política para dar paso a la era racional

La aventura del 18 brumario

El otro día denunciaba en este mismo lugar el Golpe de Estado de Luis Napoleón unido a la “sociedad de beneficencia”, en recuerdo del que había dado su antepasado Napoleón Bonaparte para acabar con las instituciones de la Revolución Francesa, precisamente el día 18 brumario (9 de noviembre), fecha de la convocatoria del referéndum catalán. Cualquier paralelismo con la actualidad es pura coincidencia.

La “sociedad de beneficencia o del 10 de diciembre” fue magníficamente descrita por Karl Marx:
“Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y en general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda es masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre, «Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora.

Este Bonaparte, que se erige en jefe del lumpemproletariado, que sólo en éste encuentra reproducidos en masa los intereses, que él personalmente persigue, que reconoce en esta hez, desecho y escoria de todas las clases, la única clase en la que puede apoyarse sin reservas, es el auténtico Bonaparte, el Bonaparte sans phrase. Viejo roué ladino, concibe la vida histórica de los pueblos y los grandes actos de Gobierno y de Estado como una comedia, en el sentido más vulgar de la palabra, como una mascarada, en que los grandes disfraces y los frases y gestos no son más que la careta para ocultar lo más mezquino y miserable”.


La alternativa de progresar hacia el caos

Nada nuevo bajo el sol, cambiemos algo para que todo siga igual como dijo el Príncipe de Salina, seguiremos retrocediendo por el sendero erróneo y fácil que nos brinda el despotismo, ahora por televisión, al haber reducido la democracia a su condición mitológica,  al acto ritual de acudir a las urnas cada cuatro años, y no seamos capaces, de comprender que eso nada tiene que ver con la democracia, que en realidad es el gobierno del pueblo, y no el gobierno de los dioses de la casta, representados en su forma actual de partidos políticos.

Pero si difícil resulta alcanzar una conciencia democrática en un mundo de creencias establecido desde el poder, aún más difícil resulta si los que propugnan un cambio (y se monopolizan como alternativa) se asemejan a las hordas de Jerjes.

En la memoria del rey espartano Leónidas y sus trescientos, que se dejaron la vida enfrentándose contra el imperio del misticismo y la tiranía persa, en el paso de las Termópilas, creo que es necesario recordar su hazaña.

Hoy los persas no vienen armados más que de un teclado y un ratón, dispuestos a invadir el espacio de la opinión pública de forma arrogante y zafia, defendiendo lo indefendible, en una campaña de “agit-prop” de todo a un euro, en el que con críticas absurdas y soflamas abstrusas, tratan de convencer a la gente de que son la única alternativa para enfrentarse al poder de la casta, eso sí, desde el totalitarismo, el dogmatismo, el fanatismo y la desmesura.

Las redes sociales como escenario

Hace escasos días las redes sociales se inundaron de una campaña organizada, todas lo son, de aquellos que protestaban contra el genocidio de Gaza, acusaban a Israel y defendían a Hamas, en lo que estaba ocurriendo. Me he fijado en una extraña coincidencia de propósitos entre los que siempre apoyan estas cosas en las redes sociales: lo mismo defienden la excarcelación de los presos de ETA, que la magnífica gestión de la economía Argentina, que la “democracia” existente en Cuba o Venezuela, que la teocracia de Irán, la independencia de Cataluña, la paz de Corea del Norte, que se olvidan de la existencia de Zapatero, los errores del pasado que nos han traído esta crisis y al mismo tiempo tratan de atrapar “corazones” mostrando las escenas más descarnadas de la guerra, la crisis o la miseria humana, sólo con el propósito de imponer su creencia y propaganda. Al mismo tiempo siempre son los mismos aquellos que están contra Israel, Estados Unidos, la libertad, “esta” democracia”, la Constitución, Rajoy, Merkel y el capitalismo. También resulta sorprendente que los mismos crímenes cuando vienen de alguno de sus patrocinados son luchas sociales y cuando viene de alguno de sus vilipendiados, actos execrables. Otra curiosidad es que no ocurren como hechos aislados, sino que provienen de consignas establecidas y por eso se presentan en oleadas, así cada día hay un tema que prevalece en las redes sociales agitado siempre por los mismos.

Recientemente, un periodista norteamericano ha sido asesinado por el ISIS, el califato islámico que con bandera de yihad se dedica a imponer su orden en Siria e Irak, patrocinado posiblemente por Irán, el mismo país que ha aupado desde hispantelevisión a Pablo Iglesias al estrellato político. Juan Carlos Monedero tendrá que enfrentarse el próximo 10 de septiembre a un juzgado por haber agredido a un periodista que le ha denunciado. En Podemos han comenzado a surgir voces discrepantes, denunciadas por Pablo Iglesias y Echenique, pidiendo democracia interna al igual que ha ocurrido en UPyD, en CDC, en el PSOE y hasta en el PP.

Está claro que tanto desde los partidos que conforman la casta como aquellos que a ella se oponen, tratan de vendernos, de nuevo, la esperanza de que con ellos alcanzaremos la era dorada de Cronos, en la que  en la que todos hacían lo correcto y no existía la inmoralidad, como si tal cosa fuera posible viviendo en el ritual de la democracia mitológica que se han inventado desde el poder.

No va quedando mucho tiempo para que todos estos aprendices de tiranos depongan su despotismo, más de un 80 % de los españoles estamos hartos de su representación teatral en el poder, más de un 58 % no apoyamos a ningún partido en las pasadas elecciones europeas, más de un 95 % queremos que se juzgue la corrupción existente en los partidos políticos de este país y que cambien de actitud o se vayan a la mierda, y que les acompañen también aquellos que tratan de sustituirles defendiendo el regreso al caos, el totalitarismo y la aniquilación de la libertad.

El problema de la casta y la plasta que aspira a sustituirla, es que no se dan cuenta de que Cronos, que es el dios del tiempo, se los ha tragado y se han convertido en una entelequia en el presente. Forman parte del olvido, exactamente igual que los dioses del Olimpo, que hoy ya nadie recuerda. Creo que cada día nos acercamos más a la sentencia de Jorge Luis Borges: habrá un día en que nos merezcamos vivir sin gobiernos. Que así sea.

Enrique Suárez

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