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jueves, 28 de agosto de 2014

La era de los simulacros


"Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad" Marco Aurelio

Ciertamente todo ha ido demasiado deprisa en los últimos 20 años, en el año 1995 adquirí mi primer PC, tenía un disco duro de 40 Mb, era de los buenos; hoy los ordenadores similares tienen discos duros de 1 Tb de serie, es decir 25 millones de veces más capacidad. Con internet ha ocurrido algo similar, las primeras conexiones de acceso público  provienen también del mismo año, los servicios eran limitados, lentos y restringidos. En el año 2000 no había más de un millón de usuarios en España, en 15 años, prácticamente todos los hogares españoles tienen varias formas de acceso a internet. Durante los últimos tres años se ha transferido la "internetización"  a los móviles, de tal forma que hoy en día, pasamos buena parte de nuestro tiempo de trabajo y ocio conectados a la red.

La generación que será mayor de edad en el próximo año ya no sabría vivir sin ordenador, móvil e internet, de esta forma el ideal del humanismo como conocimiento completo del ser humano ha concluido, nadie podría conocer hoy lo que concierne al ser humano en una sola vida, pero conocerá muchas cosas desconocidas que ampliarán su "humanidad" dependiente. 

Durante este tiempo el hardware como el software han experimentado un avance exponencial. Hay millones de aplicaciones, juegos, películas, textos, y usuarios de blogs, foros, redes sociales. Todo esto ha transformado la configuración de nuestra existencia, es difícil distinguir si la vida asociada a internet es vida real o no lo es,  transformando incluso nuestro concepto de realidad que se ha ampliado con un anexo inexistente hace veinte años que va camino de ser más importante que la propia realidad: la realidad virtual o hiperrealidad.

El abrazo de la sociedad global

El fenómeno de la globalización también ha transformado nuestra existencia creando una expansión mundial desconocida hace unas décadas. Las empresas se han deslocalizado, los trabajadores han perdido su trabajo, la producción se ha fragmentado y el consumo se ha internacionalizado. Hoy podemos consumir productos creados a miles de kilómetros por una empresa que tiene su sede en un país situado también a miles de kilómetros y que no está ubicado en el mismo lugar de la producción. La división del trabajo ha superado la especialización para introducirse en la fragmentación de la producción, lo que ha traído como consecuencia también la fragmentación del consumo y su sublimación, a veces esperpéntica.

Hoy la leche ya no es de vaca, cabra u oveja, puede ser de avellanas o almendras, soja, y otras alternativas. Dentro de poco tendremos quesos de soja y almendras, con sabor de arándanos y frambuesas, y disolución de chocolate en la base, y en unos pocos años más llegaremos al queso personalizado, posiblemente según un perfil de alergias establecido científicamente. Decía Aldoux Huxley con ironía que la medicina había avanzado tanto en su tiempo que ya nadie podía considerar que no estuviera enfermo, algo así ocurre con el mercado, ha avanzado tanto en sus ofertas como en sus productos que ya no hay nadie en este mundo que pueda prescindir de lo que le ofrece.

Creando la caverna

El avance de los soportes para la información, así como los distintos canales de comunicación que ha supuesto internet de forma  instantánea, prácticamente gratuita y universal, también contiene su lado oscuro, un paquete pernicioso con las viejas fórmulas de la manipulación, persuasión y demagogia que, con un nuevo disfraz apto para la hipocresía, sirve al enmascaramiento de la realidad que pretenden aquellos que viven de embaucarnos. La información se ha masificado de tal forma que cada día resulta más difícil encontrar datos rigurosos, consistentes, fundamentados en hechos o pruebas fehacientes. La comunicación se ha transformado en algo parecido a un espectáculo, donde ya no importa tanto lo que dice la gente, sino lo que representa o escenifica, la forma prevalece sobre el contenido, el significante sobre el significado.

Asistimos a  un procesamiento singular de la información por el que la simulación sustituye y desplaza a la realidad, en un propósito que remeda la confección de hamburguesas con carne picada, las chuletas tienden a la desaparición; al igual que los medios de comunicación tradicionales, masivos y compartidos; esto trae como consecuencia una nueva forma de limitación, porque sin duda el futuro está en las comunicaciones personalizadas, cada uno tendrá la información que desee, se comunicará con quien quiera y vivirá en el mundo que mejor le parezca, a la carta, desapreciando todo aquello que no le interesa, incluidos los seres humanos que tiene por vecinos. Será más fácil establecer una comunidad de jugadores de petanca virtual, que una nación de contribuyentes.

A fecha actual, la comunicación más  frecuente y posiblemente fundamental no es con las personas más próximas, sino con aquellas con las que se tiene mayor afinidad, independientemente del lugar del mundo en que se encuentren. Esto está creando graves problemas de comunicación entre las personas y sus relaciones, en las parejas, pero también en las familias, en los hijos con los padres, entre los hermanos y en las comunidades más próximas, los vecinos, los compañeros, los compatriotas

De esta forma, lo que ayer se consideraba más auténtico se vuelve cada día más inaccesible, por eso estamos abocados a vivir una era de los simulacros, la representación de la realidad que exactamente no es la realidad, en nuestros “reality shows” particulares, donde se mezcla lo virtual y lo genuino. Este mundo exige que nos representemos públicamente, no que seamos como somos, ni que pensemos, sintamos o hagamos como corresponde a nuestra condición, lo importante en la era de los simulacros es sin duda la representación: la imagen pública.

Y cuando ya no somos quienes somos sino nuestras representaciones públicas en el escenario mundo en el que todos se representan, nuestra identidad se confunde, se hace más anómica y anónima; trascendemos la realidad para habitar en una forma de ficción, que se entremezcla con las ficciones de todos los demás, con sus diversas representaciones.

Si la realidad pasa a ser hiperrealidad, es lógico que esta requiera que el ser humano pase a un ser  hiperhumano, que contenga lo humano más sus circunstancias, pero el grave problema es que esas circunstancias no están bajo su control, sino de otros. Paradoja sorprendente, en el momento en el que el ser humano alcanza su mayor grado de liberación en la historia, surge el ser hiperhumano que es el más dependiente de la técnica que jamás ha existido.

La verdad como epifenómeno de la realidad

En ese proceso similar a la fragmentación de los alimentos o de los seres humanos, la verdad que contiene la realidad también se va transformando hasta el punto de que lo que se dice puede contener más o menos porcentaje de verdad, pero en algunas ocasiones nada tiene que ver con la realidad, pues de tanta sustracción de su contenido y tantos aditivos que se añaden, una noticia puede ser una intoxicación muy bien elaborada que nada tiene que ver con la que realmente ha ocurrido y que ha sido creada para beneficiar de alguna forma el interés del procesador de la información y la comunicación que amablemente nos la regala. Avanzamos de esta forma hacia alguna forma de ceguera magníficamente urdida por aquellos que tratan de imponer un velo sobre nuestra propia conciencia y la de todos. Y al mismo tiempo a un nuevo mapeado de las relaciones que si por un lado se hacen universales, es al precio de hacerse controladas.

Volvemos de esta forma a la búsqueda de la verdad, haciendo válido el aforismo cristiano de la verdad nos hará libres, pero ¿cómo alcanzarla?. Estas cuestiones relativas a la información y la comunicación no son nada nuevo, provienen de la Grecia Antigua como tantas cosas, cuando los sofistas se propusieron demostrar que podrían, mediante artificios retóricos, demostrar una cosa y la contraria, algo que sin duda coincide con los comienzos del relativismo por parte de los escépticos, origen de la duda y la incertidumbre, pero también de la desinformación, la propaganda y las intoxicaciones y por supuesto, de la publicidad. La manipulación de la realidad por medio del verbo es algo muy antiguo sobre lo que nos advirtieron ilustres personajes como Aristóteles, Maquiavelo, Voltaire Schopenhauer,  Milosz o Chomsky.

Sin duda la hegemonía visual a la que nos enfrentamos, que ha desplazado los argumentos racionales por los memes ópticos, tiene algo que ver en este proceso. Algo que fue descrito en su día por Giovanni Sartori con su “homo videns” el ser humano como espectador que ve la realidad pero no reflexiona sobre ella, con sus puntos de coincidencia con el “homo sentiens” de Franco Ferrarotti,  sedicentes reproductores de aquello que no han comprendido pero de lo que consideran que entienden  porque lo han visto. No se alejan estos personajes de los “hombrecillos” descritos por Whilhem Reich, el hombre masa de Ortega y Gasset, o los “estúpidos” de Carlo María Cipolla. 

Si no se hace algo para evitarlo, pronto nos quedaremos sin realidad, sin autenticidad, y sin verdad. Y todo lo que llegará a nosotros será una maraña de datos imposible de procesar, un auténtico fiasco, una reproducción interesada del simulacro de la realidad, que sólo contiene de realidad lo que le interesa que contenga al mensajero.  El procedimiento es sencillo, cada día lo disfrutamos en la televisión con los “reality shows”, concepto no traducido al castellano, porque perdería su glamour, pero en realidad no son otra cosa que simulacros, pero también en las redes sociales, en cualquier escenario de comunicación, incluso en los que ayer eran reales. El problema es que la inmensa mayoría de la gente se cree que simulacros y realidad coinciden, de esa forma resultan dependientes de las intenciones del cocinero, se alimentarán con lo que le interese y cuando son estafados, antes de reconocer su ingenuidad, posiblemente recurran a la desconfianza, la neurosis y la paranoia.

El secuestro de la opinión pública 

El sociólogo Jean Baudrillard nos advirtió de que la hiperrealidad había envuelto a la realidad, que las representaciones al igual que los mapas habían desplazado a los territorios, que la información y la comunicación cada día se abrazaban más al simulacro de la realidad, a su representación, de aquí en adelante, decía el pensador francés, los simulacros precederán a cualquier acontecimiento, o más exactamente  a cualquier suceso que ocurra en la realidad. 

Michel Foucault nos advirtió antes de la llegada de internet que para alcanzar los conocimientos de la realidad sería necesario realizar algo parecido a la arqueología, rebuscando en el montón de escombros que la hiperrealidad, la realidad virtual creada y construida con intereses, hubiera dejado sobre ella.  El modelo que nos sirve para comprender el pasado desde la historiografía, también nos debe servir para comprender el futuro desde la hipocresía, al fin y al cabo, desde sus representaciones ficticias, que tanto recuerdan a la caverna de Platón.

Algo ha debido hacer bien el poder para lograr que tras un periplo de 2500 años hayamos regresado al mismo punto de partida, ver sombras proyectadas que sólo recuerdan a la realidad, pero que no coinciden con ella. Volveremos a depender de aquellos que encienden y apagan las luces según su conveniencia, como ha ocurrido siempre, pero algo hemos avanzado, antes lo hacíamos en una caverna creada por el poder y hoy podemos hacerlo relajadamente desde nuestras casas, sintiéndonos poderosos por ver todo aquello que otros han decidido mostrarnos y no acceder a todo aquello que han decidido ocultarnos. 

El problema se producirá cuando regresemos a la fase anterior como creo que acontecerá en los próximos años, abandonando el ámbito de la creación, la reflexión y el raciocinio que ha caracterizado a la civilización occidental, para abrazar la mitología de las creencias tan grata a otras civilizaciones y a algunas opciones dentro de la nuestra. Sin duda, creeremos aquello que les interese que creamos a los detentadores del poder que administran el curso de nuestras vidas. 

Los dioses que guiarán nuestra existencia ya no se denominarán Zeus, Minerva o Venus, sino Prima de Riesgo, Déficit Público e Indice de Precios al Consumo y sus sacerdotes formarán gobiernos, hata que algún émulo de Tales, en la puerta de algún mercado, vuelva a repetir aquello de "todo está lleno de dioses" y comencemos una nueva era de la razón, que haya abjurado para siempre de las trampas dialécticas del relativismo y de todos los simulacros que conlleva. Sólo entonces, volveremos a ser dueños de nuestra realidad, el homo mensura de Protágoras.

Enrique Suárez

viernes, 14 de febrero de 2014

La revolución que viene: el declive de lo social



Todo progreso social, provoca ineludiblemente, regresión humana y pérdida de libertad en los seres humanos. Lo social extermina individuos, identidades, diversidades y diferencias, para homologarlos en una condición exclusiva: seres sociales. La propaganda de los defensores de lo social, habitualmente doctrinarios, considera que Aristóteles les da la razón en sus argumentos al definir al ser humano como zoon politikon, un animal social. 

La ignorancia o la malevolencia guía a los tarugos que hacen tal cosa, porque o no han leído en su vida a Aristóteles o lo han interpretado extravagantemente mal, Aristóteles, definió al ser humano como zoon logikon, animal racional, el único animal que tiene la capacidad de pensar, razonar y reflexionar, que una vez que se reune con otros se transforma en zoon politikon (animal social), pero sin dejar de ser zoon logikon cada uno de ellos; considerar que los seres humanos son exclusivamente animales sociales (olvidándose de su inherente condición racional) es convertir, por arte de magia, a los seres humanos en hormigas, abejas u ovejas, que es lo que realmente desean aquellos que pueden ser considerados como enemigos de la libertad del ser humano, habitualmente con el objetivo de tomar el poder para ejercer e implantar su dictadura moral y mental sobre los demás.

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jueves, 21 de febrero de 2013

¿Qué hora es?: la hora de despertar



«No tiene sentido decir que los hombres son iguales ante la ley, cuando es la ley mantenedora de su desigualdad»  Ramiro de Maeztu


Los materialismos simplifican demasiado al ser humano,  considero que el materialismo económico del capitalismo, el materialismo político del asociacionismo partidario y la lucha por el poder, el materialismo cultural que sustituye el arte por el diseño, y el materialismo tecnológico que convierte a los seres humanos en instrumentales a un propósito casi religioso de modernidad, no son más que formas de ahormar a los seres humanos a las condiciones que exige el poder para su perpetuación.  

Las masas humanas, que magníficamente describió Ortega y Gasset, necesitan ser conducidas hacia los rediles de la historia alejados de cualquier oportunidad de liberación, en un mundo perfecto para los intereses de los poderosos. Los cauces son establecidos y organizados, sino por los detentadores del poder, sí por el sistema organizativo que les acoge y al que sirven. La burocracia, el despotismo y el autoritarismo, cada día orientan más nuestro destino hacia la desposesión, en sus diversas formas: un pensamiento correcto, una economía sostenible, una cultura asequible, y una tecnología inmanente orientada al estar y no al ser. Que lejos estamos de aquella frase de Amado Nervo que decía: "el hombre es el arquitecto de su propio destino".

Recuerdo un relato breve de Cortazar, “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj”, que dice así:
“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj."
Relato que se continúa con otro: "Instrucciones para dar cuerda a un reloj"
"Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. 

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa."
Creo que Cortazar tiene razón, nosotros somos los regalados al sistema que vive de devorar nuestra existencia, poco a poco, mientras nos sentimos los reyes de la creación porque podemos cambiar de canal en la televisión con el mando a distancia o hablar con un ciudadano que está a diez mil kilómetros por internet. Lo importante ya no es que hacemos con nuestras vidas, sino a que propósitos sirven.

Creo que en este sistema es peligroso preguntarse cuantas de las cosas que creemos poseer nos pertenecen, porque muy pocas han sido procuradas por nosotros mismos. Mejor no preguntarlo. Sin duda hay algo de alienación, anomia y marasmo en este mundo “perfecto” en el que nos ha tocado vivir. Mejor será que no lo descubramos, así podremos seguir viviendo felices, mientras nos lo permita el tiempo en el que nos vayamos consumiendo.

Algun día descubriremos que nuestra representación útil para las necesidades del sistema es mucho más importante que nuestra condición humana; el sistema y no nosotros, es el que al fin y al cabo, determina quien es un parado, quien un trabajador, quien un rico heredero, quien un sindicalista liberado o quien un político corrupto.

Algunos decían hace años que la alienación provenía del trabajo, hoy en día las cosas han cambiado porque lo que conduce a la alienación es el paro, sin embargo los que deciden siguen impartiendo su doctrina como si nada hubiera cambiado. Tal vez sea hora de cambiarlos a ellos.
Enrique Suárez

martes, 4 de diciembre de 2012

La construcción de la perversión política



Este artículo fue publicado por primera vez en este blog, hace cinco años, el 17 de marzo de 2007, en él se puede observar con claridad lo que ha ocurrido en España, es un ensayo sociológico que nos descubre que la responsabilidad sobre lo acontecido no ha estado exclusivamente en la maldad, impostura e ineptitud de los políticos, sino también en la indiferencia de los ciudadanos españoles ante esa maldad, impostura e ineptitud. Se confirma por tanto la hipótesis establecida: ¿qué ocurre si se produce indiferencia de los ciudadanos hacia la política?, pues sencillamente, el abuso de poder que hemos vivido y estamos viviendo

"Nadie se hizo perverso súbitamente" Juvenal

En tiempos de globalización, el análisis exhaustivo es imprescindible. Los cambios que han experimentado, durante las últimas décadas, las sociedades reconocidas como más avanzadas, han sido extraordinariamente positivos, pero han arrastrado algunas cuestiones que se deberían erradicar por acuerdo de todos.

La democracia no se renueva espontáneamente, la libertad no se mantiene por sí misma, los derechos humanos no se sostienen por estar escritos; la justicia, la igualdad, la solidaridad, no se producen si no se siembran y se cultivan con esmero. La ausencia de atención a todas estas cuestiones conduce a una colección de distorsiones que pasamos a describir.

La sociedad realiza intercambios con sus representaciones, pero es incapaz de regularlas de forma racional, ocurriendo singulares mecanismos de refuerzo a posiciones que precisamente la perjudican. El conductismo debería analizarse con más detalle en el ámbito de la política


PERVERSIONES POLITICAS

En los momentos de amenaza, conflicto o peligro, la sociedad y sus representantes políticos, al igual que ocurre con los militares, establecen un proceso de convergencia de intereses comunes, que conduce a un estado de cohesión de sus propuestas. No hay diferencia entre las propuestas políticas y los deseos de la sociedad.

Sin embargo, en tiempos de paz y tranquilidad, la sociedad cuestiona sus representantes, promoviendo cambios que conciernen a las leyes y a la forma de gobernar. Sociedad y política solo alcanzan un auténtico proceso simbiótico en tiempos de guerra.

Al igual ocurre con otras semióticas; las expresiones simbólicas como la bandera, el himno, las instituciones, o los valores nacionales, cobran especial sentido para la sociedad en tiempos difíciles, y sin embargo, son desdeñadas, cuestionadas, o desposeídas en tiempo de paz.

Los políticos están condicionados por la sociedad que representan para recibir amor cuando hay problemas y críticas cuando no los hay. Numerosos conflictos son creados entre los políticos, que antes de resolver los problemas que ocurren en la sociedad que los elige, disfrutan de la conflictividad que generan al no resolverlos, lo que termina justificando su presencia hasta hacerlos imprescindibles. Es como si al único fabricante de ataúdes de una comunidad se le permitiera decidir sobre la necesidad de implantar la pena de muerte en su ámbito.

Pero este problema no afecta solo al ámbito de la política; en menor escala ocurre en todas las instituciones y estamentos del Estado: justicia, militares, religiosas, orden público, educación, sanidad, obras públicas, o medio ambiente, entre otras.

En cada decisión política, ocurra en el ámbito que ocurra, siempre se producen dos consecuencias; la primera es la que concierne propio asunto que la suscita, y la segunda, la que incide en la carrera personal del personaje político que ha de tomar las decisiones. Es imposible separar una de la otra, por lo que siempre habrá que pensar que influencia incidió más en su decisión, si el asunto común o el privado.

PERVERSIONES EN LOS MEDIOS DE COMINICACION

Con los medios de comunicación ocurre lo mismo de una forma aún más flagrante, habitualmente subvencionados por la política en forma de publicidad o subvenciones, se ven obligados a no dejar de emitir información política de forma regular, si quieren subsistir.

Los medios de comunicación viven de la información que comunican, por lo que además de su utilidad como instrumentos de divulgación de las cosas que ocurren, también fomentan que ocurran cosas, por que así tendrán mayor información que transmitir.

Es una pescadilla que se muerde la cola, y que tiene mucho que ver con la sociología del rumor, que va cobrando más importancia a medida que se aleja de la realidad y se aproxima a los temores compartidos de los receptores.

Cuanto más partidista es un medio de comunicación, más necesidad tiene de sobrevivir a costa de beneficiar a su mecenas, y menos de una forma independiente; por lo que cada día se va haciendo menos importante la defensa de la verdad y más importante la propaganda.

Lamentablemente, España es un ejemplo interesante del pesebrismo de los medios de comunicación sesgados políticamente, con periódicos de derechas e izquierdas, pero no independientes. También ocurre lo mismo con emisoras de radio y cadenas de televisión.

La magnificación de una noticia o su olvido absoluto no depende nunca del azar, sino del interés de alguien que desea implantar sus posiciones en la sociedad.

PERVERSIONES EN LA SOCIEDAD

Los ciudadanos también somos responsables de que las cosas permanezcan igual, pues con quejarnos de lo que ocurre no es suficiente; así aceptamos como bueno lo que hay, sea lo que sea, con tal de no hacer la reflexión y el esfuerzo de intentar cambiar las cosas. “Todo vale” en principio, aunque luego se comprueba que esta actitud es errónea, por que permite que se transforme en el “vale todo”.

Nuestra sociedad no es una organización bien estructurada, más bien es una acumulación de gente. La sociedad no puede organizarse por si misma, mientras la política se ocupe de dirigir sus pasos.

La sociedad debe emanciparse de la política, hemos entrado en una dinámica extravagante, en la que resulta extraordinario observar como la sociedad depende de las decisiones de los políticos, y no la política de las decisiones de los ciudadanos.

PROXIMOS ESCENARIOS

Critica de la democracia occidental: el caso español

Tras la alianza puntual de la segunda guerra mundial para derrotar al común enemigo fascista, el mundo occidental recupera su dicotomía en dos facciones opuestas y complementarias, que fueron determinados con acierto como bloques: la OTAN y el Pacto de Varsovia.

En los años sesenta se construye el muro de Berlín en Alemania, que representa el acmé de la segregación en bandos a ambos lados de la frontera (el telón de acero en Europa), pero también de la escalada armamentística de la “guerra fría” y la disminución de intercambios entre el bloque comunista y el capitalista.

Años de maniqueísmo, que permiten a los poderes fácticos de ambas agrupaciones utilizar los recursos económicos y sociales en la construcción de sus respectivas fortalezas políticas. La sociedad evoluciona en este ambiente como buenamente puede. Pero es en Occidente, por su diferente valoración de la libertad, donde mejor se aprecia la reacción social de grupos minoritarios que están llamados a defender otros valores alternativos a los oficiales.

Es la época de la oposición permanente, de la crítica sistemática de lo existente, del “antismo”, de la negación permanente de lo que hay. Brotan movimientos antinucleares, antibelicistas, anticapitalistas, antiautoritarios, antiracistas, antireligiosos, anticivilización, antimercado, etc.

Durante este tiempo era más importante decir que se estaba en contra de algo, que definirse directamente, pudiendo aceptarse que la gente se hace por lo que no es, más que por lo que realmente es. Un ecologista no defiende la naturaleza, está contra la civilización. Un pacifista no defiende la paz, está contra la guerra. Un comunista no defiende el socialismo, está contra el capitalismo.

Cuando el líder socialista, Felipe González, gana las primeras elecciones en España en 1982, se sabe que sus seguidores y compañeros de partido están más por la labor de destruir lo que se encuentran que por crear algo nuevo. El pueblo aplaude la intervención en Rumasa, por ejemplo, más tarde la persecución de Mario Conde, se anticipa el reparto de las fincas de la Duquesa de Alba en Andalucía.

Desaparecen los iconos del franquismo y reaparecen otros. La administración se socializa, y se aprovecha la politización del sistema funcionarial para colocar a los partidarios en los puestos de gestión y gobierno de las instituciones, pero no solo en los nivele superiores del escalafón, el nepotismo alcanza al personal de limpieza o a los proveedores. Se crea una mafia política, económica y social.

Las masas siempre han aprobado el ir contra lo que hay. El acertado lema del PSOE es por el cambio, tras varias décadas de inmutabilidad. Brotan por todas partes expresiones culturales nuevas: la movida, el reconocimiento de los perseguidos, las legislaciones más igualitarias y por supuesto la entrada en Europa en 1986, que define el comienzo de una nueva etapa. Ya no importa tanto ser antifranquista, sino lo que realmente hay que ser es europeo en plenitud de hechos y derechos.

España se alinea con el resto de países de su órbita política y económica. Acompasa su marcha a la de los otros, con sus peculiaridades. Se producen las grandes luchas políticas entre los partidos de izquierdas y derechas, hasta que su confrontación termina aburriendo a la ciudadanía. A la gente le importa más el paro o el terrorismo que las elecciones, lo que quiere decir que nuestro país ha superado la etapa infantil en política, comenzando la juvenil.

Nuestro país se parece cada día más a cualquier otro de Europa. Surgen las inversiones extranjeras y la cultura del pelotazo, y los grandes negocios de la corrupción. Con Aznar, la ciudadanía descubre que los políticos son un mal necesario, más que aquellos anhelados salvadores que se esperaban durante el franquismo.

Con la internacionalización de España, nuestro país alcanza la madurez política, y se descuenta de una vez por todas la deuda de la nación con los ciudadanos de izquierdas perseguidos durante el franquismo. Aquí concluye la etapa anti, en los últimos años del pasado siglo.

La indiferencia, como tránsito hacia la nada

Ahora los políticos importan menos que la subida del petróleo o los combates del Barça y el Madrid. España, recupera su pulso tranquilo después de la taquicardia que padecida tras la muerte del dictador.

Los políticos sin embargo siguen peleándose por que consideran que la lucha está en su sueldo, sin haberse adaptado a las circunstancias actuales. Así tenemos un ambiente trasnochado en el Parlamento, por que estos señores no se dan cuenta de que las cosas ya han cambiado, y los únicos que no cambian son ellos.

En el pensamiento filosófico o la ciencia ocurre lo mismo, se está viviendo el periodo adaptativo tras la revolución tecnologíca, mediática y comunicativa, a la que hemos asistido en las tres últimas décadas. Es un periodo de reflexión discreta, de digestión histórica, de metabolismo de lo adquirido. Pero también de preparación del futuro.

Cuando hoy se pregunta a los más jóvenes sobre la política y los políticos, o no saben nada o dicen que no les importa. Esto es un grave problema, porque nuestros jóvenes se están acostumbrando a vivir en su propio mundo tribal de piercing, movil y msn, sin percatarse que ese letargo les conduce poco a poco a la incapacitación civil para asumir responsabilidades propias o sociales.

La indiferencia, es el peor enemigo de la libertad, no hay nadie más atrapado que aquel que no se pregunta nada. La indiferencia, es el caldo de cultivo para que los mismos aprovechados de siempre se beneficien de la baja resistencia a sus propósitos de culminar su obra personal. La indiferencia de los ciudadanos hacia la política y los políticos, es el preámbulo de la dictadura política de los arribistas y la próxima asfixia económica de los más poderosos.

Cada día que pasa nos cuesta más vivir de la misma forma, o peor; parece que no somos capaces de zafarnos socialmente de la servidumbre y la dependencia. Esclavos en Grecia y Roma, siervos en la Edad media, y adictos al consumo de lo que nos ofrecen en el siglo XXI.

Hoy nadie quiere cambiar, pero sin embargo todo el mundo se queja de que nada cambie; nos da miedo perder lo conseguido, y nos da miedo conseguir lo que necesitamos. Nos han llevado entre todos los políticos al río revuelto de sus intereses, y ahora se disponen a divertirse con la pesca.

La libertad es elección, pero no se puede elegir entre blanco y blanco, no hay elección en el más de lo mismo. Solo queda aceptar lo que hay, o dedicarse a la miseria de criticar lo que existe para soportar el paso del tiempo, la impotencia absoluta de los individuos considerados libres, y el naufragio social en el océano que separa la duda de la nada.

Los jóvenes, en esta ocasión, más que dueños de su destino, van a ser esclavos de su impotencia, inermes de valores, dependientes económicos, apáticos en la política y absolutamente conformistas, porque el precio de su libertad les resulta demasiado alto, mejor continuar en la estela de los viejos, aunque sea sometidos.

Y si la juventud acepta lo que hay, hemos alcanzado por fin, la zona cero de la democracia y la libertad, a partir de ahora, la política se convierte en un solar, preparado para el negocio de cualquier oscuro constructor.

Biante de Priena

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