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miércoles, 16 de enero de 2013

La representación política en la España actual




"Desde la aparición del Estado constitucional y más completamente desde la instauración de la democracia, el demagogo es la figura típica del líder político en Occidente." Max Weber

Jorge Santayana, ha sido el único catedrático de filosofía en la Universidad de Harvard nacido en España, vino al mundo en Madrid, educado en Ávila y en Boston, su nacionalidad fue hispano-norteamericana, su padre era español y su madre norteamericana. El filósofo discreto,  nos mostró con claridad que la democracia no era lo mismo para los elegidos que para los electores. Para los elegidos, es una ocasión para legitimar su poder ante el pueblo, para formar un gobierno democrático, por tanto es un medio; para los electores, sin embargo, es un proceso que permite elegir a aquellos que van a representarles, sería por tanto un fin, que tendría por objetivo último representar a la sociedad, aunque en realidad, esto es una ilusión.

Como podemos comprobar en la democracia española actual, las elección de representantes políticos, tras el voto emitido en las urnas, ya no tiene deuda con los electores, sino con los partidos que han impuesto los candidatos y estos candidatos deben pleitesía a quienes les han elegido, las cúpulas de los partidos políticos en listas cerradas; por lo tanto no hay elección, sino un proceso de selección realizado por los partidos políticos y de aceptación por parte de los electores de la oferta de los partidos políticos.

Mejor se denominaría a nuestro sistema de selección y reclutamiento de representantes políticos como behetría, una figura jurídica e histórica en la que los vasallos de algunas comunidades tenían derecho a elegir amo. En España no hay una auténtica democracia, sino una mezquina behetría, una forma de vasallaje.

Se conculca de esta forma, mediante artificio arbitrario, la voluntad del pueblo soberano, gracias a un principio de autoridad subyacente que limita y enajena la voluntad de los ciudadanos. El pueblo sólo puede elegir entre aquellas alternativas que les ofrecen los partidos políticos, por tanto en España vivimos en una auténtica democracia para los partidos políticos, pero en una behetría para los ciudadanos. En realidad vivimos en una forma de aristocracia política, puesto que no todos los ciudadanos pueden ser elegibles, no hay isocracia, sólo pueden serlo aquellos que deciden los líderes de los partidos políticos.  Una vez seleccionados los representantes políticos, pierden todo vínculo con sus electores y se deben exclusivamente a los designios de las cúpulas de sus partidos, algo que se puede comprobar cuando en 35 años de democracia, no han sido más de tres ocasiones en la que algún diputado o senador se ha atrevido a romper la disciplina que le imponen en su partido.

El poder sigue siendo un intangible, la democracia una entelequia. El pueblo no transfiere su autoridad –no tiene autoridad alguna, nadie se la ha procurado- tan solo su beneplácito o no, a las propuestas que se hacen desde los partidos políticos. La autoridad ha pasado del monarca soberano a una entidad anónima, desconocida por los ciudadanos, que seguimos siendo tratados como súbditos. Vasallaje es la relación actual de los españoles con los representantes políticos, con los partidos políticos.

Por eso no es extraño que ante los desmanes que se producen actualmente en la política española haya consentimiento, porque en realidad vivimos en dos mundos paralelos, uno el del poder en el que se imponen las pautas democráticas, y otro el de los desposeídos, en el que se imponen las reglas del vasallaje. La democracia en España es una farsa que a una minoría aristocrática le permite quedarse con todo el poder, mientras que a una mayoría democrática es desposeída y dominada. La democracia en España es una estrategia de dominio, enmascarada de legitimidad, que permite a unos tener poder y a otros ser desposeídos.

No es extraño por tanto que cuando un representante político alcance su acta de diputado o senador, considere que ya forma parte del Olimpo y se crea que la democracia le ha convertido en un nuevo dios, y como tal, desprecia a todos aquellos pobres humanos que le alzaron al poder. ¿Acaso esto es una injusticia?, por supuesto, una farsa, demagógica e injusta urdida por unos depravados que se han apropiado de la democracia, para convertir a sus electores en vasallos, en nombre de la democracia y a su pesar.
Se equivocan los elegidos para la gloria y el privilegio, porque en realidad la democracia no puede ser secuestrada por el poder político como lo está siendo. La democracia es, en realidad, una forma cívica de elegir a los representantes en los asuntos públicos. No es el dedo del líder que señala a los candidatos lo más importante, eso es sencillamente una usurpación, lo que convierte a un candidato en un representante político es la confianza que depositan en él sus electores.

Aquellos  políticos que olvidan que su condición de representante público se la debe a la confianza que sus electores han depositado en él, es un profanador de la democracia. Aquellos políticos que defraudan la confianza de sus electores son, además de unos inmorales, unos detentadores, que hacen de la usurpación su paradigma de vida. Aquellos políticos que embaucan a sus electores para acceder al poder para luego desentenderse de sus circunstancias, son unos bastardos delincuentes. 

Los españoles se preguntan por qué tenemos en España una casta política tan impresentable, como para llevar a pensar al 95 % de los encuestados por el diario de mayor tirada en este país, que los partidos no sólo denuncian, sino que tapan y apoyan a aquellos de sus miembros que se han corrompido, mientras que un 92 % piensa que la justicia española es inútil para acabar con la corrupción política en España.

La confianza de los españoles en la casta política, que forma una aristocracia, cada día se está perdiendo a mayor velocidad, llegará el día, ya próximo, en que haya más españoles que desconfíen de los políticos que aquellos que confíen en ellos. 

Será el momento de crear entonces un partido de la desconfianza política en España en cuyos estatutos se establezca que los políticos deben rendir cuentas por mandato imperativo de sus actos, habiendo firmado su renuncia al cargo previamente a asumirlo, que se dejará ante notario, con unas cláusulas establecidas de antemano, que de ser incumplidas,  se activará de forma inmediata el proceso de destitución y será apartado del poder. El mayor problema que tienen los políticos en España es perder la confianza de los ciudadanos, nunca volverán a tener la que tuvieron en el pasado y eso es malo para la democracia, pero mucho peor para ellos.

En la Grecia clásica aquellos representantes políticos que incumplían con el mandato de la asamblea, no sólo eran destituidos de forma inmediata, sino desposeídos de sus bienes y en la mayoría de los ocasiones condenados a muerte, a prisión o a ostracismo. Es hora de que recobremos el auténtico sentido común de la democracia, para ello es imprescindible que en este país exista una justicia independiente del poder político, como establece nuestra Constitución.

Enrique Suárez

jueves, 6 de diciembre de 2012

Los que se representan a sí mismos (la casta), quieren cambiar la Constitución



"El deber de un patriota es proteger a su país de los ataques del gobierno.”
 Thomas Paine

Ni Max Estrella podría describir mejor lo que ocurre actualmente en España que un telediario cualquiera de un día cualquiera. Hoy se han reunido dos mil sobrealzados o más, para celebrar la onomástica de La Nicolasa, aquella Constitución que un 6 de diciembre de 1978 fue aprobada en referéndum por los españoles con derecho a voto.

En días como estos, a los que se representan a sí mismos (la casta) les gusta hacer declaraciones para mostrarle al pueblo español que dan la talla política y que tienen alguna idea sobre el futuro, que no están en blanco, como aquel hijo tan honesto del PSOE que terminó siendo un campeón de la corrupción.

Mariano Rajoy se ha permitido decir, sin sonrojo alguno y con la que está cayendo, que: “para cambiar la Constitución es necesario un objetivo claro y consenso”. Maria Dolores de Cospedal no se ha quedado atrás y ha reclamado un cambio constitucional para evitar pragmáticas sanciones en las leyes sucesorias de la Corona. Rubalcaba ,quiere reformar la Carta Magna para que la sanidad sea un derecho (y de paso a ver si cuela lo de convertirnos en una República Federal), los nacionalistas pasan directamente de la Constitución, se la pasan por el forro en las comunidades en las que gobiernan. 

¿Pero se dan cuenta ustedes de la desfachatez de estos prójimos? ¿A todos se les ha olvidado que si son algo en sus miserables vidas es gracias a que un pueblo soberano, el español (el único pueblo legítimamente soberano de esta nación) les ha sobrealzado al poder que detentan? ¿Cambiar la Constitución para qué?, ¿no se dan cuenta, los miembros de esta aristocrática secta del Ancienne Regime, que los españoles no quieren cambios constitucionales, sino que se cumplan los artículos de la actual Constitución?. Lo que los españoles queremos, mayoritariamente, es librarnos de esta casta inmunda de degenerados representantes públicos que sólo representan sus propios intereses, contra los del pueblo español, en una usurpación e impostura que clama justicia, detentando un poder que les ha sido conferido por mandato (cumplir la Constitución) y que no incluye una renuncia a su soberanía. ¿Pero de qué van estos chorizos?

En la última encuesta del CIS, estos han sido los resultados más relevantes:
  • -         Los problemas con los políticos son la primera causa de nuestras dificultades para casi un tercio de los españoles (30,6 %), mientras que en el mes de agosto –hace tres meses- solo lo era para un 24,3 %, es decir ha crecido la desconfianza política en un 25 % en el último trimestre.
  • -         Los españoles que no están satisfechos del funcionamiento de la democracia en España son más de 2/3 del total, un 67,9 %, que están nada o poco satisfechos
  • -         Tan solo un 21,2 % de los españoles consideran que la Constitución Española de 1978 es respetada y cumplida por los políticos.


Con estas cifras, deberían estar pidiendo disculpas a los españoles de la mañana a la noche los que se representan a sí mismos, porque las siguientes van a ser, sin duda, la lápida del epitafio de la casta.

¿Pero de qué legitimidad se intitulan estos mequetrefes para cambiar la Constitución Española? ¿Pero acaso no saben que esa es potestad intransferible del soberano pueblo español que ahora las está pasando putas gracias a la barbarie que han impuesto estos impresentables? Antes de cambiar nada en esta Constitución, es necesario que todos los que la han transgredido sean sancionados como corresponde por haberla incumplido, que restituyan lo que han robado y que sean condenados a las penas que correspondan a su execrable impunidad.

¿Pero qué quieren cambiar ahora la Constitución para crearse más inmunidad de la que tienen, para ser más irresponsables y poder expoliar con mayor facilidad a los españoles? Lo lamento, pero esta vez no va a ser así, nada de que nos prefabriquen una Constitución a la medida de los privilegios de los políticos, exclusivamente orientada a su interés y beneficio. Primero vamos a utilizar esta para enterrar a la casta en la fosa más profunda del olvido, no vamos a corromper una nueva con sus miserias y mezquindades.

La próxima Constitución que haya en España será hecha por todos los españoles representándose a sí mismos;  la aristocracia política de la casta tiene los días contados, si quieren participar en su elaboración como cualquier otro ciudadano, pero nada de privilegios heredados del pasado. La Nicolasa ha servido para algo magnífico a los españoles, para saber que la próxima Constitución que se haga en este país, no será de exclusividad política, sino ciudadana, cívica, democrática y no autoritaria, compartida y no impuesta por los que se representan a sí mismos.  Los españoles ya no somos los pardillos que salían de una dictadura hace 34 años y querían abrazar la democracia como fuera, ahora sabemos lo que queremos y quienes son los enemigos de nuestro bienestar, progreso y futuro. Los que se representan a sí mismos aún no lo saben, pero lo sabrán, de eso no tengo la menor duda.

Enrique Suárez

sábado, 31 de marzo de 2012

Gobierno limitado en Asturias



"La meditación fortifica a los fuertes y debilita a los débiles" Benjamin Constant de Rebecque

Las elecciones del pasado 25 de marzo, han dejado en Asturias una situación paradójica, sin precedentes. Si bien el origen de estas elecciones provenía de una extraña deriva del PP de Mariano Rajoy apoyando las propuestas del PSOE e IU para impedir que gobernara el FORO de Francisco Alvarez Cascos; ahora, nos encontramos con una situación todavía más extraña, con un empate técnico entre las formaciones de la izquierda: PSOE +IU y las que tuvieron en su mano gobernar, opción que fue impedida por la cerrilidad de los que con menos votos quisieron destruir a quien más votos había obtenido, por todos los medios, incluidos la difamación, la mentira y el boicot sin fin, contra Foro y contra Alvarez Cascos. 

Ahora el papel de juez de los desatinos le corresponde a Ignacio Prendes, el diputado de UPyD que tiene en su mano salomónica otorgar razón a los que forjaron la corrupción de Riopedre o a los que fueron incapaces de entenderse. Creo que en esas condiciones lo mejor es que no elija a ninguno, porque la decisión última perjudicaría extraordinariamente a su partido.

Como decía Lord Acton, los problemas de la democracia se resuelven con más democracia, así que Francisco Alvarez Cascos decidió convocar nuevas elecciones, pensando que los asturianos responderían a su llamada a la razón, tras haber visto lo que adversarios y medios habían hecho con la opción política a la que habían concedido el triunfo en mayo del año pasado. No fue así, más de 50.000 votantes de Foro en mayo del año pasado decidieron quedarse en casa en esta ocasión. No obstante los que acudieron a las urnas decidieron concederle 12 diputados (a la espera del recurso sobre el voto rogado de los emigrantes que podría darle el número 13), consolidando su presencia en el Principado, como segunda fuerza, tras el PSOE.

Descartado por ahora y por ambas partes, el gobierno de concentración entre PSOE y PP que ha propuesto el candidato de UPyD, no queda otra que la consolidación de la opción promovida por el PP hasta ahora, en el “pacto del duerno”, un gobierno del PSOE en solitario, apoyado por IU (sin entrar en el gobierno) y que salga adelante con la abstención del PP (si IU entra en el gobierno con el PSOE,  el PP no apoyará esta opción) y la abstención o apoyo de UPyD. Hay que darle la enhorabuena al PP porque al fin va a decidir, que era lo que quería, pero decidirá que gobierne el PSOE, que era lo que no quería. Foro se quedará en la oposición, que es el mejor lugar para ver los estropicios que se avecinan.  

La democracia no se equivoca, sea la opción que sea, los políticos que representan Asturias están condenados a gobernar en minoría, en cualquiera de las circunstancias. La mayoría sólo se puede establecer entre el PSOE y el PP o Foro, así que tendremos caballito del PSOE y jinete de Foro o PP, o bien con el acuerdo de tres partidos, en los que la relación no es mejor que entre Foro y el PP, porque IU y UPyD están en las antípodas y el PSOE con UPyD, tiene la misma relación que Foro con el PP.

Cada decisión va a necesitar una negociación y un acuerdo, cada medida va a requerir consenso, cada jugada va a exigir que todos pierdan, ninguna opción que ocupe poder va a salir beneficiada de esta historia. Así que ahora veremos realmente lo que han cambiado las cosas en Asturias, desde que Foro está presente en el Principado. Sin Foro no se puede entender la política en Asturias, que era lo que pretendía Francisco Álvarez Cascos y ha conseguido. Todavía veremos a la gente quejarse de que no esté Cascos en la Presidencia del Gobierno de Asturias.

Alguien dijo que el Presidente de Foro actuaba mucho mejor con la política de hechos sobrevenidos que con la promoción de su alternativa, algo que se ha podido comprobar y se comprobará en el futuro. De todos los presentes en la escena, sin duda saldrá más beneficiado el que haga de la debilidad virtud, de la inteligencia camino y de la renuncia a la ambición personal un destino. 

De lo que estoy seguro es de que Foro no saldrá perjudicado de este nuevo asalto, segunda vuelta, de la política asturiana; el que mejor sepa negociar se llevará el gato al agua, dentro de unos meses veremos a Foro gobernar desde la oposición. Si UPyD tienen la clave para otorgar el poder en estas elecciones a unos u otros, Foro tiene la clave para que ese poder nunca sea suficiente, para poder hacer la política de un solo programa de un determinado partido. En la mayor parte de las ocasiones gobernar es mucho más difícil que hacer oposición, pero una buena oposición, ante un gobierno tan débil como va a formarse en Asturias, quizás sea más beneficioso a la larga, para Foro y para Asturias, que un gobierno de Foro, en minoría, acosado y asediado sin interrupción. 

Enrique Suárez

miércoles, 18 de enero de 2012

Cien libros para el siglo XXI (017)


"Principios de Política aplicables a todos los gobiernos representativos" (1815) - Benjamín Constant de Rebecque (017)

"Tiende a reconocerse que la actual Constitución, aun después de haber sido aceptada por el pueblo francés, podría ser mejorada en algunas de sus disposiciones. Creo que, si se estudia bien, se podrá comprobar que casi todos sus artículos se ajustan a los principios preservadores de las asociaciones humanas y favorecen la libertad. Pero no es menos útil y razonable dejar a los poderes constituidos la facultad de perfeccionar el acto que determina sus atribuciones y fija sus relaciones recíprocas.

Sostuve en alguna ocasión que, en la medida en que toda Constitución es la garantía de la libertad de un pueblo, todo lo que está implicito a la libertad es constitucional, y no lo es cuanto la ignora; que extender una Constitución a todo implica multiplicar los peligros que la acechan, cercándola de obstáculos; que en la Constitución existen ciertos principios fundamentales que ninguna autoridad nacional puede alterar, pero que el consenso de todas ellas puede hacer todo aquello que no se oponga a dichos principios.

No será, pues, superfluo examinar nuestra Constitución, tanto en su conjunto como en sus detalles, puesto que, refrendada por el sufragio nacional, es susceptible de perfeccionamiento.

En este libro se hallarán con frecuencia, no solo las mismas ideas, sino las mismas palabras que en mis escritos precedentes. Pronto serán ya veinte años que me ocupo de temas políticos y siempre he profesado las mismas opiniones y he enunciado los mismos principios. Lo que pedía entonces era la libertad individual, la libertad de prensa, el fin de la arbitrariedad, el respeto de los derechos de todos. Eso mismo es lo que reclamo hoy, con no menos celo y más esperanza.

Si nos limitamos a un examen superficial de la situación de Francia, aparecen en primer plano los peligros que la amenazan. Poderosos ejércitos se levantan contra nosotros. Tanto los pueblos como sus jefes, parecen cegados por el recuerdo. El resto del espíritu nacionalista que los animaba hace dos años, tiñe todavía, con cierto aspecto nacional, el esfuerzo que de ellos se exige. Pero si analizamos con detenimiento, esos alarmantes síntomas pierden mucho de su gravedad. Hoy ya no es su propia patria lo que esos pueblos defienden; atacan a una nación encerrada en sus fronteras y que no quiere franquearlas, una nación que solo reclama su independencia interior y el derecho a darse su propio gobierno, como Alemania lo ha hecho al elegir a Rodolfo de Habsburgo, Inglaterra al llamar a la Casa de Brunswick, Portugal al dar la corona al duque de Braganza, Suecia al elegir a Gustavo Vasa; en otras palabras, del mismo modo que todas las naciones europeas lo han ejercido en una determinada época, generalmente la más gloriosa de su historia.

Hay en las personas una razón natural que acaba siempre por reconocer la evidencia, y los pueblos se cansarán pronto de entregar su sangre por una causa que no es la suya. Respecto a nosotros, hay dos sentimientos en que participa la inmensa mayoría de los franceses: el ansia de libertad y el odio a la dominación extranjera. Todos nosotros sabemos también que la libertad no puede venirnos del extranjero, sabemos también que cualquier gobierno que se reinstaurara bajo sus banderas, se opondría a nuestros intereses y a nuestros derechos.

A esta convicción que impregna nuestros espíritus se suman todos los recuerdos capaces de despertar el orgullo nacional, nuestra gloria eclipsada, nuestras provincias invadidas, los bárbaros a las puertas de París, por no hablar de esa insolencia mal disimulada de los vencedores, que sublevaba a los franceses cuando veían flotar sobre nuestras torres los colores extranjeros, y cuando, para cruzar nuestras calles, o entrar a nuestros espectáculos, o regresar a nuestros hogares, había que implorar la indulgencia de un ruso o la moderación de un prusiano. Hoy no cabría esperar ni indulgencia ni moderación. No hablan ya de Constitución ni de libertad. Es a la nación a la que se acusa: son los atentados del ejército los que se quieren castigar.

Nuestros enemigos tienen poca memoria. El lenguaje que de nuevo emplean derrocó sus tronos hace veintitrés años. Entonces, como ahora, nos atacaban porque queríamos tener un gobierno nuestro, porque habíamos liberado del diezmo al campesino, de la intolerancia al protestante, de la censura al pensamiento, de la detención y del destierro arbitrarios al ciudadano, de los ultrajes de los privilegiados al plebeyo. Mas entre las dos épocas hay una diferencia: ayer nuestros enemigos sólo hacían la guerra a nuestros principios, y hoy la hacen a nuestros intereses, a los que el tiempo, la costumbre e innumerables hechos han identificado con nuestros principios. Lo que en nosotros era entonces presentimiento, ahora es experiencia. Hemos ensayado la contrarrevolución. Hemos intentado conciliarla con las garantías por las que luchamos. Nos hemos obstinado, y yo más que nadie, en creer en la buena fe, porque su necesidad era evidente. Al fin se ha comprobado que el odio a la libertad era más fuerte que el amor a la propia sobrevivencia. No inculpamos a la desgracia; respetamos la edad y el infortunio. Pero la experiencia se ha realizado, los principios son opuestos, los intereses son contrarios, los lazos se han roto."

Benjamin Constant

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