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domingo, 7 de septiembre de 2014

La casta defiende los intereses de partido contra los de los ciudadanos



Mucho se ha hablado de la casta en este país, pero poco se ha dicho sobre lo que define su interés. Es cierto que los privilegios para sus miembros, los beneficios para sus seguidores, los intereses para sus líderes y por tanto, para que sus partidos sean los elegidos en la lucha por el poder, en sus preferencias por los ciudadanos.

Durante muchos años he analizado el fenómeno de la casta en el poder, al menos desde hace siete años, cuando se publicaron los primeros libros en Italia y en España sobre el tema, en este blog ya se publicaron artículos al respecto en numerosas ocasiones a lo largo de estos años.

Sin duda la casta representa su farsa en un escenario creado ex profeso, cuando en este país quien elige a los elegibles, no son los ciudadanos, sino los líderes de los distintos partidos y sus consejos ejecutivos. Esa usurpación, hace que los elegidos en las urnas le deban su elección en mayor medida a quien los propuso desde el poder, que a quien los dispuso desde las urnas.

Las claves ideológicas serían inútiles al tratar de definir a la casta, pues todos los partidos políticos siguen el mismo sistema de usurpación e impostura, por eso hay que buscar un elemento común a todos ellos, una clave que permita distinguir con claridad quienes son casta de quienes no lo son.

Los partidos políticos con representación política son casta, porque sólo ellos pueden serlo, pues es necesaria la representación política para acceder al poder. La representación política es causa necesaria, por tanto, para poder ser casta, pero esto convertiría a todos los representantes políticos en usurpadores y posiblemente no sea así.

Debemos profundizar en el criterio: ¿Qué define a la casta?, pues sencillamente el sectarismo, que se determina en la defensa de los intereses de partido, por encima o en contra de los intereses comunes de los ciudadanos. Quien defiende los intereses de sus partidarios o seguidores, por encima de los intereses de los demás ciudadanos, forma parte de la casta.

Si conocen ustedes algún caso de seguidor o representante de un partido, que defienda por encima de los intereses de su formación los intereses de los ciudadanos, incluso en contra de los intereses de su partido, ese miembro de la formación política se puede decir que no es casta, mientras que todos los demás sí lo son.

Quien defiende los intereses de parte, contra los intereses de todos, no es más que un partidario de una determinada opción y rival de todas las demás. Nada que ver con un demócrata, en la Antigua Grecia los partidos políticos se habían  prohibido, por ser enemigos de la democracia.

Es hora de que en este país surjan políticos que defiendan los intereses de la mayoría de los ciudadanos, incluso contra los intereses de su partido, es hora de tener políticos que sean responsables ante los ciudadanos que les votan y no ante el líder o consejo ejecutivo de su partido que los selecciona por su sometimiento al poder.

Esa es la única opción posible que le queda a la casta para regenerarse, la independencia personal de los políticos de sus partidos y que muestren como defienden los intereses de los ciudadanos, mientras eso no ocurra, todos los representantes políticos de este país formarán parte de la casta, aunque hayan sido elegidos en las urnas, eso no les convierte en demócratas, ni a ellos, ni a los que les votan. La democracia no está por debajo de los partidos políticos, sino por encima, mientras los partidos políticos la sigan utilizando en su propio interés y el de sus beneficiados, no se podrá decir que en este país vivimos en una democracia, sino en una farsa democrática en la que se ejerce el despotismo, la opresión y la tiranía.

Enrique Suárez

sábado, 23 de marzo de 2013

Si la violencia estalla, el poder justificará sus acciones



"El Estado llama ley a su propia violencia, y crimen a la del individuo." Max Stirner

Llevamos siete  años advirtiendo a nuestros lectores de que la política en este país se había convertido en un grave problema para los españoles. Hoy se confirma que no estábamos desacertados.

El mayor problema que tenemos los españoles es que la casta política forjada alrededor del dinero público se ha acantonado en la fortaleza del poder para imponer su voluntad mezquina a los ciudadanos que, inocentemente, consideraron que Mariano Rajoy iba a ser mejor que Zapatero, pues iba a resolver los problemas heredados por la política de tierra quemada ejercida por el PSOE, desde el año 2004 contra las instituciones y los vínculos que cohesionaban a los españoles,  desde el año 2008, contra la sostenibilidad económica del sistema, conduciendo este país a la quiebra técnica. También advertimos en su día que estos despropósitos acabarían con el PSOE y posteriormente con el PP.

No podía salir bien la farsa representada por el socialismo español que mientras aventuraba que en este país no había crisis, se permitía gastar más de 350.000 millones que no teníamos y que se convirtieron en deuda pública, en un país que acumula actualmente 4,2 billones de euros de deuda total.  Tampoco los maquillajes del déficit público que llegaron a superar el 11 % en los últimos años de gobierno de Zapatero.

No podía salir bien el fraude cometido con los trabajadores españoles por el PSOE, amparado y fomentado por los sindicatos UGT y CCOO, e IU, que incrementaba el paro hasta los seis millones de trabajadores (de los que un millón son licenciados sin posibilidad alguna de trabajar), un 25 % de la población activa, mientras al mismo tiempo durante los últimos diez años incrementaba un 25 % los empleados públicos, buena parte de ellos colocados por motivos políticos o corrupciones.

No podía salir bien la desquiciada política de ignorancia irredenta  que nos brindaron desde la izquierda española, que dedicaba recursos a causas sectarias y peregrinas mientras abandonaba los auténticos problemas de los ciudadanos.  No podía salir bien, tampoco, la politización de la justicia, ni la absorción de los medios de comunicación por las subvenciones partidarias. Eso nos condujo a una regresión suicida en nombre del progreso.

Ni por supuesto podía quedar impune la corrupción cometida por numerosos miembros de los partidos políticos más votados, que han conducido la credibilidad en la política a las cotas más bajas de la historia democrática reciente de este país. No puede permitirse, bajo ningún concepto, que los consejos de administración formados por PSOE, PP, IU, sindicatos y empresarios de la CEOE, quebraran las cajas de ahorros por sus desmanes y vayan a quedar impunes después del desfalco y la estafa pública cometida. Sólo en este tema se han desvanecido más de 300.000 millones de euros que han ido a parar a cuentas privadas relacionadas con gerifaltes del poder, auténticos caciques mafiosos. El señor Blesa debe dar explicaciones de su compra de edificios a Martinsa-Fadesa por ejemplo, hoy que Bankia ha sido intervenida por el Estado.

Pero llegó Mariano Rajoy, ganando las elecciones por agotamiento del contrario y mintiendo con la no subida de impuestos que realizó el primer día de Gobierno, desde la llegada del PP al Gobierno los españoles nos hemos empobrecido en un 20 %, para seguir teniendo un déficit público del 10 %, después de haber pagado las quiebras bancarias. España tiene actualmente la segunda presión fiscal más elevada de la zona euro, tras Bélgica, pero sin duda es la primera si se consideran los ingresos medios de los españoles en comparación con los de los belgas.

 Las acciones políticas contra el pueblo son  despotismo

Pero hay algo que realmente me preocupa de forma extraordinaria y no es otra cosa que el pacto de no agresión –pacto del duerno- establecido por el PP-PSOE, con la participación de nacionalistas e IU en algunas comunidades. Un gran pacto que ha permitido que todavía no haya ingresado en la cárcel durante mucho tiempo ningún político relevante de ningún partido político. Esto muestra que la justicia española está conchabada con el poder político, al igual que los medios de comunicación que ocultan el contubernio formado por los partidarios de cualquier opción de poder, contra los ciudadanos que les han elevado a los altares del privilegio y la extorsión.

Parece una broma pesada, ver cada día como surgen cuatro o cinco casos de corrupción que afectan a todos los partidos y que a la semana ya se ha olvidado, cuando han sido miles de millones de euros los que han desaparecido y nadie habla de su recuperación. Todavía no se le han incautado los bienes a ningún político, a ningún partido, a ningún sindicato.

La prevaricación es el clima en el que se desenvuelve la justicia española, ajena a la democracia, la gente ya no cree en los políticos ni en las instituciones, pero está comenzando a desconfiar de la justicia y eso es un grave problema, porque si no hay justicia, terminará habiendo violencia. ¿Acaso es lo que buscan los déspotas que imponen su voluntad a los ciudadanos en una tiranía sin precedentes para un país europeo en pleno siglo XXI? ¿Acaso es lo que desean los políticos españoles, que estalle la violencia, para justificar de esa forma acciones que de otra forma serían injustificables? Hay precedentes en la historia de este país, desde la década ominosa, hasta la era isabelina, las diversas dictaduras militares, las guerras y recientemente con algunas intervenciones como el GAL, el 23-F o el 11-M, de los que nunca se supo todo lo que tenía que saberse.

¿Pueden ser tan mezquinos los déspotas políticos españoles para no hacer nada más que esperar hasta que la gente se tire a la calle desesperada para forma justificar así que son imprescindibles para mantener un mínimo orden en este país aunque sea un orden corrupto y depravado?

Si quieren saber mi opinión, son capaces de eso, de mucho más y de lo siguiente, saben que si cae el telón que oculta sus miserias se van a quedar con el culo al aire y los españoles vivos nunca van a volver a confiar en ellos, por eso necesitan un milagro: que haya algo peor que su propia presencia, y según las enseñanzas de Maquiavelo, ya saben ustedes que si no existe se puede crear fácilmente, sólo se necesita una potencial amenaza, un muerto en una manifestación, o un episodio inexplicable y en este país ya no habrá quien detenga la reacción de loa ciudadanos y al mismo tiempo,  la represión del poder, hasta construir la enésima espiral de la violencia. 

Después todo se apaciguará y los de la casta seguirán arriba con todos sus privilegios y todos los demás abajo con todos los perjuicios. Y a aquellos que se atrevan a denunciarlo se les acusará de sediciosos, conspiradores o fascistas. Se ha escrito tantas veces esta misma historia a lo largo del tiempo, que es imposible que la opinión pública no se dé cuenta de lo que se está preparando.

Enrique Suárez

jueves, 21 de junio de 2012

¿Y si prescindimos de lo público?

"A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas" Marcel Proust

A grandes males, grandes remedios. Desde mi perspectiva de ciudadano hastiado por el devenir político de este país, quiero destacar varias cosas que no está haciendo bien el Gobierno de Mariano Rajoy.


En primer lugar, señalar con claridad quiénes han sido los autores del desastre en el que nos encontramos, al mismo tiempo que se les exige responsabilidades por el mismo, porque aquí parece que la crisis ocurrió y no tuvo autores intelectuales. El pueblo español, y posiblemente los mercados internacionales, necesitan escuchar de voz del Presidente de Gobierno, que su predecesor ha llevado esta nación discutida y discutible a la misma ruina. Si el contador de nubes no hubiera multiplicado por dos la deuda pública española hoy no estaríamos como estamos, pagando 435 millones de euros diarios por amortización e intereses de la misma. El PP debería convocar en el Parlamento al expresidente Rodríguez Zapatero para que rindiera cuentas del estropicio y ser sometido a una batería de preguntas en el pleno del Congreso sobre las decisiones erróneas que ha tomado, gracias a las que hoy estamos como estamos. El pueblo español se merece esa comparecencia, pues va a pagar sus despropósitos.

En segundo lugar, el Gobierno de Mariano Rajoy está inundando de pesimismo este país, sin hablarnos a los españoles de la ventaja que va a suponer para nuestro futuro esta crisis económica, a la que deberíamos estar agradecidos, pues gracias a ella vamos a poder librarnos de numerosas empresas públicas inútiles, cargos políticos innecesarios, y numerosas gilipolleces que se crearon en la égida del ilustre cejado. No en vano, su intención era crecer el Estado hasta proporciones descomunales para poder situar en su estructura a todos los veneradores del colectivismo, para que los ciudadanos pagaran la Gran Obra. Al quedarnos económicamente en chasis, vamos a poder prescindir de todo lo superfluo, inane e innecesario, algo que permitirá demoler el escenario ilusorio en el que hemos residido los últimos ocho años.

En tercer lugar, la única forma de resolver esta crisis pasa por la reducción de lo público, porque lo público, en realidad es la fortaleza en la que los parásitos sociales anidan y desarrollan toda su estrategia y propaganda para demoler cualquier alternativa que no puedan controlar. Creo que los españoles estamos suficientemente maduros para comprender que si los servicios ofrecidos desde lo público, resultan más onerosos e ineficaces que desde otros ámbitos, es hora de prescindir de ellos, o en su defecto, condenarnos eternamente a pagar muchos más impuestos para que auténticas legiones parasitarias que se han acantonado en las estructuras de poder, las instituciones y los servicios públicos sigan viviendo magníficamente mientras el resto de los españoles estamos condenados a trabajar el doble o el triple para mantenerlos.

Al fin y al cabo, la función del Estado no es proveer de servicios, sino velar porque su gestión sea eficiente, eficaz y asequible a nuestros recursos para sostenerlo. ¿De qué sirven unos servicios públicos que no podemos sostener más que deteriorando nuestra existencia sin fin para poder pagarlos, mientras unos no trabajan porque no pueden y otros trabajan el doble de lo que lo hacían y por la mitad de lo que recibían?

Por último, echo de menos creatividad en este Gobierno, no vamos a pedir genialidad en este país, pero cuando se ha visto que un modelo de gestión ha fracasado no se puede seguir insistiendo. La deriva descafeinada entre una socialdemocracia residual y un paternalismo tutelar, no creo que sea la mejor vía para resolver nuestros problemas. También pienso que le faltan agallas a este Gobierno para reducir de forma inmediata la parafernalia delirante que nos ofrecen los estertores del zapaterismo, con sindicatos que se inmolan cuando ven los garbanzos de sus miembros en peligro, y partidos de izquierda que de forma histérica amenazan y coaccionan al pueblo español con la madre de todas las revoluciones si al Gobierno se le ocurre salirse de la trayectoria trazada por ellos para mantenerse en las poltronas y seguir promoviéndose para el futuro desde el boicot permanente a toda acción de gobierno, la falta de respeto por las instituciones, y la estridente protesta contra la pérdida de sus condiciones de vida, cuando el resto de los españoles ya la hemos perdido gracias a ellos y su gestión delirante de la realidad.

Cuanto más tiempo tardemos en abandonar la farsa en la que nos han hecho vivir los del PSOE durante los últimos ocho años, más nos va a costar recobrarnos de sus desmadres. Creo que estos oclócratas le tienen tomada la medida a Mariano Rajoy, saben que de mantener a este país amenazado pueden salvarse del naufragio hasta las próximas elecciones, y el Presidente del Gobierno se ha creído el cuento. De hecho, todas las políticas económicas que ha puesto en marcha hasta ahora, podrían haber sido firmadas por Rodríguez Zapatero sin que le temblara el pulso.

Tengo ganas de escucharle a Mariano Rajoy diciéndole a los españoles que tenemos dos formas de salir de la crisis, una demoliendo buena parte del Estado que han creado los de la izquierda española para atecharse mientras los demás soportamos la tormenta, o bien, pagando los impuestos que nos va a costar mantener un sector público que no podemos permitirnos. Si quieren, les propongo un simple ejercicio de análisis de la propaganda, busquen las noticias sobre "lo público" en España y verán que no hay ni una siquiera que se oponga a su existencia y crecimiento. ¿No es extraño que todas coincidan en el mismo lavado de cerebro?. Hay muchos países avanzados en el mundo y en Europa que no tienen un sector público tan descomunal y sus ciudadanos gozan de mejores servicios que en España.

Mayor sector público no se asocia a mayor bienestar, si descartamos a aquellos que viven magníficamente de defenderlo y a su costa. ¿Y si prescindiéramos de lo público, al menos de lo más innecesario?, tal vez esa sea la única solución a nuestros problemas, por una parte la deuda se reduciría a una velocidad impresionante y por otra, nos libraríamos de una casta parasitaria apalancada en el buen vivir a costa de que los demás cada día vivamos peor.

Va siendo hora de que despertemos de la hipnosis a que nos han sometido la legión de aprovechados que ha arruinado nuestras vidas.

Enrique Suárez

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Los políticos tienen muchos más privilegios que los controladores aéreos


Cuando el pasado sábado día 4 de diciembre escuché a Rubalcaba en la tele advirtiendo que se había declarado en España el Estado de Alarma, comprendí inmediatamente que habíamos avanzado un poco más hacia la dictadura social y oclocrática que tratan de implantar en nuestro país desde el PSOE y los abrevaderos afines.

El linchamiento que ha sufrido el colectivo de controladores aéreos en nuestro país con su militarización tras la declaración del Estado de Alarma por el Gobierno, pasará a los anales de nuestra historia como una de las mayores infamias que se ha cometido por un Gobierno contra unos ciudadanos. No hay excusa posible, esto ha sido un prodigio de desmesura e insidia, porque no ha sido algo casual, sino provocado por el Gobierno con la intención de someter a los controladores aéreos a su voluntad, como en cualquier dictadura que se precie.

Los representantes parlamentarios de los españoles deben exigir la destitución inmediata del Ministro de Fomento y la convocatoria de Elecciones Generales anticipadas, porque ningún Gobierno puede vulnerar la Constitución del país que administra y en este caso se ha hecho, sin paliativos, ni justificación posible. Utilizar la crispación de 600.000 ciudadanos de forma instrumental a un propósito político del Gobierno para salirse con la suya, es algo inconcebible en una democracia.

Los argumentos que se esgrimen desde el Gobierno no son otros que los elevados sueldos que perciben los controladores aéreos, evidentemente si los comparamos con los ciudadanos de a pie es cierto, pero si los comparamos con los sueldos que reciben los representantes políticos de los españoles, con los fondos públicos que gestionan como les da la gana, hasta llevarnos a la ruina, con lo que realmente nos cuesta su boato, y medimos el perjuicio que nos ocasionan, creo que los controladores aéreos son poco menos que aspirantes a la beatitud y la santidad, tras el martirio a que han sido sometidos.

Nos han dicho que los controladores aéreos cobran cifras astronómicas, con una media de 200.000 euros anuales. Bien, en este país hay políticos que cobran más, Leire Pajín hasta ser nombrada ministra pasaba de esa cantidad al igual que Maria Dolores de Cospedal. Sin embargo, donde los emolumentos superan lo extravagante es en los asesores de los partidos políticos, recientemente un medio nos ofrecía que el asesor principal del Partido Popular, Pedro Arriola, cobraba 2 millones de euros al año (cifra que no cobra ningún controlador aéreo, y los del PSOE no cobrarán mucho menos. Cuando el señor Montilla era Presidente de la Generalitat y su mujer vicepresidenta de la diputación de Barcelona, encargada de urbanismo se levantaban entre ambos más de 320.000 euros al año de sueldos. Así que la cuestión económica no es precisamente algo que distinga en desmesura a los políticos españoles de los controladores aéreos.

¿Y cuánto cobran los consejeros de empresas públicas por designación política?. ¿O aquellos qué representan al Gobierno en empresas privadas internacionales en las que participa el Estado Español?. ¿Cuánto nos van a costar a los españoles las Cajas de Ahorros gestionadas por servidores políticos de los distintos partidos?. La de Castilla La Mancha ya nos ha costado 4.000 millones de euros, gracias a la construcción de un aeropuerto en Ciudad Real para que los jeques árabes vayan a cazar perdices y los políticos les acompañen, para establecer relaciones que les permitan asegurarse un mejor futuro.

Se ha argüido que los controladores aéreos forman un colectivo singular que se autodefine a sí mismo, no menos hacen los políticos, que además regulan sus sueldos sin dar explicaciones a nadie, al contrario que los controladores aéreos. Mientras los controladores aéreos tienen que cotizar los mismos años que los demás trabajadores para poder jubilarse, los políticos con siete años de ejercicio ya pueden recibir la pensión más elevada, sin tener que llegar a los 67 años como todos los demás.

Los controladores aéreos no suponen muchos más gastos a los españoles que sus sueldos, mientras que los políticos tienen dietas, escoltas, vehículos, casas, prestaciones y privilegios abonados por el Estado, inaccesibles para cualquier español.

Pero quizás el privilegio más extravagante del que disponen los políticos es su relación con la justicia, ni siquiera son juzgados por los tribunales ordinarios como los demás ciudadanos, pues se necesita la autorización por ellos mismos para poder juzgarlos y en caso de que se conceda el laudatorio, el proceso será celebrado en el Tribunal Supremo directamente, en una sala especial declarada a tal propósito, en condiciones singulares.

En cuanto a los impuestos que ellos deciden para todos los españoles, incluidos los controladores aéreos a ellos no les afectan, porque no están sujetos a la declaración del IRPF como los demás ciudadanos, además tienen exenciones fiscales especiales, y en cuanto a sus propiedades no computan de la misma forma que el currito de turno.

Y por supuesto, en ningún caso pueden ser militarizados como los controladores aéreos, porque tal cosa supondría un Golpe de Estado, penado por la justicia. Tampoco pueden ser coaccionados, ni presionados, ni manipulados porque se considerará un atentado a su libertad sacrosanta.

Además los políticos son irresponsables de sus errores mientras ejercen su profesión, si un político se equivoca o un Gobierno se equivoca y eso nos cuesta a los españoles miles de millones de euros, no se les pueden exigir ni responsabilidades civiles ni penales, porque su potestad les permite hacer prácticamente lo que les dé la gana y sólo son responsables ante las urnas. Imagínense ustedes una barbaridad como la acontecida con la cuestión de los controladores aéreos por una nefasta gestión y coacción posterior del Gobierno para imponer su voluntad, y nadie será responsable, ni un euro le costará a ninguno de ellos lo ocurrido, porque si hay que pagar indemnizaciones, que habrá que pagarlas, las pagaremos entre todos los contribuyentes de forma solidaria.

Los controladores aéreos regulan sus procesos laborales por el Estatuto de los trabajadores, como cualquier ciudadano y están sometidos a las mismas leyes laborales, mientras que los políticos lo regulan como les da la gana.

En fin, juzguen ustedes mismos que colectivo laboral tiene más privilegios, si los controladores aéreos o los representantes políticos españoles. Y la próxima vez que José Blanco les diga lo de esta casta de privilegiados le preguntan por el examen de idoneidad que superó para poder decir lo que dice y hacer lo que ha hecho. Si consideramos el concepto de casta como fuente de privilegios y prebendas y autoregulación de las mismas, sin duda los políticos cumplen mejor los criterios que los controladores aéreos.

La distancia entre lo que nos han manifestado desde el Gobierno que han sido las causas del problema y lo que realmente han hecho es proporcional a la que separa la demagogia en la que vivimos de la democracia en la que deberíamos vivir. Si miramos el interés en la privatización de AENA y sus miles de millones de pérdidas, entenderemos mucho mejor lo que está ocurriendo.

Y que a nadie se le olvide que Adolf Hitler también comenzó el exterminio de los judíos atribuyéndoles a éstos los privilegios de los que no gozaba ningún alemán, menos los nazis, claro. Aquello acabó muy mal, a ver como acaba ésto.

Biante de Priena

martes, 5 de octubre de 2010

País de Siervos

La condición hispana es un hecho singular anclado en la servidumbre. En España no hay libertad política, prácticamente a lo largo de la historia nunca la ha habido, tiene razón Bono cuando dice que como mucho dieciseis años en los últimos doscientos. Escuchar a un socialista hacer una elegía a la libertad, aunque sea el Presidente del Congreso de Diputados y la circunstancia haya sido la conmemoración de la apertura de Las Cortes constituyentes en 1810, resulta cuando menos insólito. Pero Bono es así, un personaje de contrastes, como el país en el que vivimos.

El ancilaje al poder es una condición peculiar de los españoles, capaces de enfrentarse con la opresión en situaciones extremas, pero absolutamente inútiles cuando se trata de corregir los errores de los distintos Gobiernos. Realmente el origen no está solo en los ciudadanos, sino también en los políticos, que han tratado siempre de acotar y limitar la libertad de los ciudadanos. En los últimos tiempos hemos comprobado como la injerencia extrema del gobierno socialista en la vida privada de los españoles ha cruzado el límite de lo soportable, más que por su nefasta gestión de la cuestión económica, el Presidente Rodríguez Zapatero ha perdido su carisma porque se ha convertido en un tirano discreto, que trata de corregir la realidad de forma imperativa, según su criterio, algo intolerable por los ciudadanos de este país. No le ha hecho caso a Franco que estuvo cuarenta años y que cuando le preguntaban que como podía mantenerse en el poder durante tanto tiempo sin grandes protestas, le gustaba recordar su condición de gallego para añadir: “es fácil, no metiéndome en política”.

Es cierto, la mejor forma de sobrevivir en el poder es no meterse en política, algo detestado por los españoles. Participar en la vida política es siempre una osadía, para el español medio, quien entra en la política es por ser un ambicioso o un acomplejado. Los españoles nos sentimos por encima de la participación política, muchos todavía se creen que en realidad los políticos son servidores públicos, y no los nuevos amos, disfrazados de servidores públicos. Hay mucha inocencia e ignorancia no redimidas en este país, porque al poder le gusta tener el país atado y bien atado.

Quejas y maldiciones de los más sesudos analistas de nuestra historia nos acompañan desde hace siglos. La leyenda negra en la época de Felipe II, los siglos de decadencia paulatina de los Austrias, la impotencia integradora de los Borbones, las felonías del nacimiento de la nación española, la deriva incierta del siglo XIX pletórico de levantamientos militares y Constituciones, el desastre del 98, la dictadura de Primo de Rivera, la República imposible, la guerra civil, la dictadura franquista, y desde hace casi cuatro décadas esta democracia con minúsculas, entrecomillada y con cursivas, de la que nos hemos dotado, insatisfactoria y agotada.

José María Blanco-White, un liberal hispano inglés lo expresaba con contundencia, no desde el odio a España, sino como un amante desdeñado por un amor imposible, porque el primer crítico consagrado de nuestra condición amaba una nación libre o prefería su muerte:
«Es imposible, que España produzca nunca ningún grande hombre. Y esta íntima convicción mía nace del conocimiento del país... La Iglesia y la Inquisición han consolidado un sistema de disimulo que echa a perder los mejores caracteres nacionales. No espero que llegue jamás el día en que España y sus antiguas colonias lleguen a curarse de su presente desprecio de los principios morales, de su incredulidad en cuanto a la existencia de la virtud.»
Ortega y Gasset atribuía lo penoso de nuestra condición a que los godos llegaron a España medio latinizados, sin fuerza ni brío y establecieron una organización de poder insuficiente, alejada del pueblo y próxima al poder. Pero en realidad atribuía al poder y a las fuerzas disgregadoras en su particularismo, el que la condición española nunca se hubiera cerrado de forma definitiva: “empezando por la Monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo”. Por último, atribuye a las fuerzas particularistas la perversión más profunda del alma de nuestro pueblo: el odio a los mejores, que ha llevado a la carencia de fuerzas directoras y al imperio de las masas.

George Santayana, hispano-norteamericano, que escribió su obra en inglés y que llegó a ser catedrático de filosofía en Harvard, quizás lo explicó con contundencia en su frase: “amo España porque no me gusta”, para añadir posterioremente: “mi españolismo podría consistir en mi individualismo, que no quiere atarse a ninguna nación determinada” , o reconocer que a medida de que avanzaba en edad se daba cuenta de su ineludible condición de español, a la que no renuncia en ninguna ocasión “España es un gran país para la imaginación con un gran poder sobre el espíritu”.

Fernando Díaz Plaja un analista de nuestras costumbres consideraba que la envidia, no sin razón, era el pecado capital de los españoles.

Josep Pla, entrevistado por Salvador Pániker (que también escribió una obra sobre nuestras contradicciones) sobre el futuro de España decía: España es un país que está todavía en formación. Probablemente nos encontramos en el comienzo de su historia. Cuando yo nací éramos 16 millones a comer diariamente de la olla; hoy somos 31 millones y como no hay más cera que la que se quema, la cosa ha cambiado. Por eso abrigo la esperanza de que las revoluciones que hemos visto en este siglo se hayan acabado ya, por aquello que decía Goethe, que de la cantidad sale la calidad.

Ángel Ganivet decía en su Idearium Español con contundencia lo que pensaba: “"en presencia de la ruina espiritual de España hay que ponerse una piedra en el sitio donde está el corazón y hay que arrojar aunque sea un millón de españoles a los lobos, si no queremos arrojarnos todos a los puercos".

Unamuno respondía a Ganivet: “Siempre he creído que la historia, que da razón de los cuatro que gritan y nada dice de los cuarenta mil que callan, ha hecho el papel de enorme lente de aumento en lo que se refiere al cruce de raza en el suelo español. Las crónicas nos hablan de la invasión de los iberos, de los celtas, de los fenicios, de los romanos, de los godos, de los árabes, etc, y esto nos hace creer que se ha formado aquí una mezcolanza de pueblos diversos, cuando estoy persuadido de que todos esos elementos advenedizos representan junto al fondo primitivo, prehistórico, una proporción mucho menor de lo que nos figuramos, débiles capas de aluvión sobre densa roca viva.”

Y al fondo de este retrato con distintos coloridos, un país con ciudadanos que aborrecían su condición de seres libres y que gritaron “vivan las caenas” para recibir al Rey felón en Madrid a su llegada del destierro en Francia en 1813 quitando de su carroza a los caballos para tirar de ella, celebrando su servidumbre con gran regocijo, por renunciar a sus derechos soberanos que habían conseguido con gran esfuerzo los liberales españoles.

Hoy hemos cambiado a Fernando VII por José Luis Rodríguez Zapatero, al que como una momia arrastran las muchedumbres que le apoyan desde la ignorancia y la irracionalidad como si fuera un faraón de otra época gritando de nuevo “vivan las caenas”. Hay una porción de españoles que no quieren ni saben ser libres. No hay libertad cuando se elige la esclavitud.

Mi pregunta es cruel e intencionada: ¿cómo se puede hacer una democracia con esclavos mentales?, y la respuesta clara: de ninguna forma, por que la democracia solo se puede hacer con seres humanos libres y en España no todos lo pueden ser, ni tampoco quieren serlo, y cada vez menos, porque desde el Estado se crean más y más dependencias.

Mala cosa, cuando el pueblo teme a la libertad no puede aspirar a la democracia, está condenado a la demagogia de sus gobernantes sin remedio. En España no hay una auténtica democracia, sino su degeneración entre la oclocracia, tiranía que se apoya en la muchedumbre contra el pueblo y la behetría, que es la libertad de poder escoger amo.

Biante de Priena

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