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miércoles, 13 de marzo de 2013

El acabose



Durante el franquismo se puso de moda “el colmo”, había colmos para todo, mostrando que los extremos y los excesos nunca eran buenos, “¡esto es el colmo!”, decía la gente cuando pillaban a alguien robando mil pesetas, ya no se puede vivir tranquilo en este país. Durante el franquismo la gente consideraba extraño cualquier cosa que se salía de la estricta normalidad, también en la política, claro. Los políticos de los tercios –¡que recuerdos!- tenían siempre  un comportamiento público encomiable, aunque luego todo el mundo sabía que lo que no se sabía era otra cosa, porque durante el franquismo había cosas que se podían saber y otras que no se podían saber y así se vivieron cuarenta años en este país “protegidos” de los asoladores vientos democráticos que devastaban Europa, cuarenta años en un armario.

Hoy, afortunadamente, las cosas han cambiado, sabemos que la política está llena de sinvergüenzas, de adeptos al “pamímismo” movimiento político que está haciendo estragos en las arcas públicas españolas, de corruptos e indeseables, de getas y cenutrios, de partidos vampiros y licántropos sindicatos que hacen de la depredación del bienestar de los españoles su modus vivendi y operandi. ¡Que se le va a hacer!, con Franco no vivíamos mejor, como dijeron algunos, vivimos mejor ahora, por supuesto, pero gracias a lo que hemos hecho los españoles, mucho más que a lo que han hecho los políticos, los periodistas vendidos, los sindicatos y empresarios que cultivan el paro como un negocio, los banqueros públicos del desfalco y los privados de la estafa, los jueces puestos a dedo por el partido correspondiente.

El problema de los españoles sigue siendo el mismo, la brutal ignorancia, ayer promovida desde la censura y hoy, desde la intoxicación y la propaganda. Pero los españoles seguimos sin saber lo que no se puede saber, parece que sabemos, pero no sabemos nada, ni creo que lleguemos a saberlo; bueno, sí sabemos algo: esto no es una democracia, ni nada que se le parezca, en este país no hay libertad efectiva ni conquistada, sólo es una libertad de movernos en la jaula mediática que nos impone el poder. De palito a palito, como los canarios, de partido a partido, en las elecciones.

Y la cosa seguirá así, salvo que la cambiemos, porque los que han organizado el tinglado y la farsa, maldita la voluntad que tienen de perder ni uno solo de sus privilegios aunque sea un tarugo como José Blanco o un mendrugo como Luis Bárcenas. Esto es lo que hay, los españoles al servicio de sus amos, como en la Edad Media, pudiendo elegir señor a quien servir,  como mucho, como en una behetría. Y la corona sin cabeza, como siempre, porque en este país no llegamos a decapitar a ningún rey, no ha habido cabeza que cortar desde Carlos III, los borbones ya venían decapitados de fábrica.

Sí, amigos, esto es el acabose, claro, pero sigue nevando en marzo y dentro de poco será primavera y florecerán las margaritas y los margaritos. Todo seguirá igual, España vive en el acabose desde los Reyes Católicos y al final nunca pasa nada, que nos expolian los de la tiranía, pero eso ya estaba descontado. Siempre nos pasa lo mismo en este país, llegamos al abismo y luego damos la vuelta y alguien o algo nos acaba salvando en el último momento... de nosotros mismos. Ruido, furia... y después, nada.

Sed felices con lo que os quede, y procurad que no os arrebaten más que se ha levantado la veda de los pardillos.

Enrique Suárez

miércoles, 6 de marzo de 2013

Abducidos por la estupidez




"España, el bello país del vino y las canciones".  J.W. Goethe

El origen de todos males que acontecen  en España no es otro que la ignorancia. De la ignorancia proviene la estupidez humana, como nos relató el historiador y economista italiano Carlo María Cipolla en su  inolvidable obra “Allegro Ma Non Troppo”, pero también lo hace de la ineptitud, la irracionalidad, la inconsecuencia y la memez.

España está llena de idiotas, los hay por todas partes, atravesamos una auténtica epidemia de imbecilidad y la cosa tiene mal remedio, el mayor peligro para nuestro porvenir es que buena parte de los más imbéciles se han hecho con alguna cota de poder que defenderán con su propia vida, aunque sea haciendo trizas el futuro de las próximas generaciones de españoles, como han destrozado el de sus padres y abuelos.

El origen de la estupidez en España enlaza las proezas de Felipe II y su empecinamiento en convertir al mundo al catolicismo con todo el oro proveniente de las Indias, hasta dejar al reino en quiebra por cuatrocientos años, endeudado con los banqueros de Flandes;  hasta ese prodigio del espanto intelectual que fue José Luis Rodríguez Zapatero que trató de corregir los desmanes del rey que fue “más papista que el Papa” creando una Alianza de Civilizaciones para unir a musulmanes y cristianos, inmortalizándose de paso, a expensas de los 300.000 millones de euros de deuda pública que nos colocó a los españoles. Ser memo es muy español.

Cenutrios, lerdos, inanes, tenemos en España en todos los partidos políticos y judiciales, hay majaderos ricos y pobres, mequetrefes ilustrados e iletrados, cretinos que maldicen y que aplauden, y a veces, al mismo tiempo. La imbecilidad, posiblemente sea la característica social que más iguala a los españoles, hay idiotas en Murcia y tontos en Asturias, zoquetes en Andalucía y papanatas en Extremadura, garrulos en Madrid, zopencos en Cataluña y simples en Euskadi, al igual que en las demás comunidades; lo extraño en este país es no ser idiota, yo también lo soy, por supuesto, pues durante varios años me he dedicado a analizar, gastando mi tiempo libre en balde, los porqués de esta maldición bíblica que nos convierte a los españoles en tarugos incorregibles.

¿Cuánto tiempo malgastamos los españoles en hacer cosas que no sirven más que para amargarnos la vida?. ¿Cuánta vida nos dejamos en la melancolía de desear lo imposible mientras aceptamos lo deleznable?. Nadie en el mundo ha llegado tan alto para, poco después, caer tan bajo. Gloria y miseria en partes proporcionales, a lo largo de nuestra historia.  En ningún país del mundo hay tanta gente que se queja de su triste condición natural por la mañana y por la tarde se convierte en patriota de lo contrario. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha hubiera conquistado el mundo, sino fuera porque se lo desaconsejó su escudero de burro, Sancho Panza, que a su vez estaba empeñado en asegurar su porvenir. 

En un último intento, ya cansado de bregar con la inopia nacional, trataré de exponer algunas cuestiones que durante los últimos siete años me han parecido dignas de reseña.
España es el único país del mundo en que cualquiera sabe más de lo que sea que el interlocutor que se expone a sus soflamas y proclamas. En un prodigio de soberbia insostenible, sólo hay que ver cualquier discusión en la barra de un bar o el Parlamento para comprobar que esto no tiene remedio, porque en España la razón, la fe, y la certeza no son una, sino tantas como españoles. Aquí no hay relativismo, ¡qué más quisiéramos!, lo que hay es atomismo, pero en el sentido de prescindir de las enseñanzas escolásticas de Santo Tomás de Aquino, nos hemos quedado en las verdades reveladas por San Agustín. 

En los últimos años hemos vivido en la revelación permanente, en prodigio milagroso de “adanismo”, descubriendo que la crisis económica no era tal cosa sino una desaceleración, que los problemas financieros eran de los demás; que los asesinos de ETA eran, en el fondo, hombres de paz; que el presidente del Gobierno español, hombre de gran talante y escaso talento, defendía el inconstitucional Estatut de Cataluña ¡en el Parlamento español! como algo "suyo"; que no había jóvenes, sino jóvenes y jóvenas, para llegar a descubrir con su sucesor, que la mejor forma de salir de la crisis no es otra que empobrecernos con alegría a mayor gloria de los petardos que ocupan actualmente La Moncloa, mientras el actual Presidente del Gobierno se siente muy orgulloso de no haber cumplido con su programa –es decir, de haber mentido para ganar las elecciones- pero sin embargo cumpliendo con su deber (que no debe tener nada que ver con su programa, por lo que se ve) –ni el mismo Franco se hubiera atrevido a semejante prodigio de despotismo reaccionario-, que prodigiosa desfachatez. En este país los que mandan (no gobiernan), esperan que los españoles les aplaudamos, y no se crean, todavía hay muchos que lo hacen, pensando, como el Cándido de Voltaire, la suerte que tienen de que les amarguen la vida precisamente los que están, porque seguramente otros, todavía se la podrían amargar más.

España cuenta sin duda con la opinión pública más lerda del planeta, en este país si alguien dice que los extraterrestres han sido los culpables de la crisis que atravesamos, seguramente, al día siguiente, muchos mirarán al cielo a ver si ven los platillos volantes... y los verán, no lo duden.

Sólo hay que observar lo que ha ocurrido con la corrupción, es decir que desde todos los partidos políticos se ha trincado lo que no está contabilizado en el Tribunal de Cuentas; sin embargo, los españoles discutimos si lo han hecho más unos que otros, antes de ponernos a dirimir sobre el auténtico sexo de los ángeles, la superioridad del Madrid o el Barsa, la bondad de Zapatero o Rajoy; o los devaneos de los esperpentos coronados o blasonados; lo hacemos obsesivamente, sin interrupción, durante semanas, meses o años, hasta que aparece otra barbaridad,  que desplaza a la anterior del foco opinático,  como si eso resolviera alguno de nuestros problemas o sirviera para algo útil o provechoso.

Inútil es, claro, cualquier intento de regreso a la normalidad, porque en España un taxista sabe más de economía  que un premio nóbel, y un premio nóbel de economía sabe más de conducir que un taxista. Los españoles sabemos de todo, pero no nos sirve para nada, que pérdida de energías y recursos, mientras la prima de riesgo nos asfixia, lo que nos preocupa es si Bárcenas o Blanco se llevaron más, con lo fácil que sería concluir que entre Bárcenas y Blanco se llevaron mucho y es necesario juzgarlos a ambos, de forma abreviada, con la celeridad que un rayo visita un pararrayos.

En ningún otro país del mundo, el conocimiento es más inútil que en España, menos valorado y reconocido, no sirve para nada, porque como dijo en su día Jean François Revel: “la primera de las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira” y en España, la mentira está mejor valorada que la verdad, la verdad nos molesta, nos incomoda, no estamos acostumbrados a escucharla y admitirla, por eso preferimos seguir viviendo permanentemente en la farsa que se representa, entre el embaucamiento y la patraña.

La doxología es un término polisémico, que si bien significa la propiedad de dar gloria a Dios que debe tener el lenguaje teológico para ser auténtico, por otra parte también se refiere a la ciencia que se ocupa del estudio de la opinión pública.

En la Grecia clásica, la doxa era el conocimiento vulgar u ordinario del hombre, no sometido a una rigurosa reflexión crítica (venía a ser el sentido común), que se oponía a la episteme, que es el conocimiento reflexivo elaborado con rigor y criterio. En este país atormentado, vivimos desde hace siglos en la doxología (las opiniones), pudiendo residir plácidamente en la epistemología (los juicios), porque la incultura de nuestros gobernantes y sus gobernados, que somos todos, trata ininterrumpidamente de hacer el mundo a la medida de sus desconocimientos, sin impedir aguerridas opiniones sobre todo lo opinable, aunque sea por prodigio milagroso, ciencia infusa o posesión de carnet de un partido político o sindicato. Si lo ha dicho.... algo habrá.

Por eso en España no es extraño que aquellos que muestren saber algo más que los otros sean chivos expiatorios de sus inquinas (y envidias);  así hemos logrado tener en el elenco de la representaciones, políticas y no políticas, a los más incapaces personajes de la historia de este país, por una suerte de evolución y empoderamiento antinatural, dispuestos a enseñarnos que saben hacer la o con un canuto, siempre que les demos tiempo suficiente, porque para eso ocupan un cargo, aunque no hayan demostrado en su atribulada existencia tener condición alguna para detentarlo, más que su geta extrema. 

¿Cómo se va a poder volar con alas de plomo?, se preguntará cualquier niño que todavía no haya pasado por la escuela del estropicio intelectual de los telediarios, o cualquier extranjero que haya acudido a visitarnos, antes de salir  corriendo del espanto. Con alas de plomo, no se puede volar, que de eso se trata,  para que los de arriba puedan seguir donde están y los de abajo, también. 

La única forma de que sigamos como estamos, en el más de lo mismo, es asesinar la razón, la verdad, la libertad, la honestidad, la tolerancia, la transparencia, la inteligencia, el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad, la competencia, para seguir conquistando el mundo, mientras nos morimos de hambre, al tiempo que otros se forran por decirnos lo que debemos pensar, sentir y hacer para que ellos sigan en el Nirvana, mientras nosotros nos acostumbramos al Infierno.

Mientras no civilicemos al poder político, al económico, al judicial, y desparasitemos las instituciones de mentecatos, no hay nada que hacer. La Santa Inquisición de la estupidez seguirá guíando nuestras vidas.

Enrique Suárez



miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un Gobierno que mande bien


La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos. George Bernard Shaw

Definitivamente, ¡que se le va a hacer!, este país no está maduro para otra cosa que un Gobierno que le mande y hay que rogar que lo haga bien. Un pueblo soberano ha de dar la talla en las circunstancias difíciles, y nosotros, ¡maldita sea!, no la damos.

Nos quejamos de la casta política, pero no es otra cosa que un fiel reflejo de las hordas ciudadanas, lo que podríamos denominar la costra ciudadana; quise pensar que no era así, pero lamentablemente, es. Nos quejamos de la casta económica, pero tampoco es otra cosa que un paralelismo con los ciudadanos que viven a costa de los demás. Todo lo que se ve en la política, se engrandece aún más en la ciudadanía, porque la política sólo es un reflejo de lo que hay en la ciudadanía, vean algunos programas de televisión y podrán comprenderlo.

En estas condiciones, a lo máximo que podemos aspirar es a un gobierno o unos gobiernos (no demasiados ¡por Dios!) que manden bien, que no roben mucho y que se corten un poco a la hora de cometer injusticias, no porque la justicia que tienen adherida sirva para detenerlos, sino por algo parecido a la decencia. También que algún periodista denuncie de vez en cuando sus perrerías y no escriba al dictado de la voz de sus amos. No damos para más.

Verán ustedes, en este país hay auténticos talibanes que presumen de demócratas, fascistas que dan lecciones morales y estalinistas que tratan de llevarnos al horizonte. No solo los hay en la representación política, sino en cualquier sector de la ciudadanía. Somos un país de envidiosos y soberbios, mezquino y cutre, donde la estupidez proclama su imperio. Aquí, al que destaca por algo que se debe a si mismo, se le aplica de inmediato la Santa Inquisición del todos iguales, por aquellos que no han levantado un palmo de país en su vida, pero han destrozado todo lo que ha estado a su alcance. Y lo peor es que vale lo mismo, la opinión de un tarugo parásito, que la de un experto que se lo ha currado. ¿Acaso la democracia no es la igualdad de opiniones, independientemente de que unos voten por lo que les dicten y otros por haber descubierto que todo es una farsa? Y cuidado con los talibanes, que te pueden asediar sin fin, como les expongas que eso no es democracia, sino la más depravada tiranía del despotismo más delustrado: la oclocracia de los caciques y las muchedumbres.

En este país, se vive de quejarse de los demás, pero la inmensa mayoría somos incapaces de hacer una autocrítica. Pondré mi ejemplo, llevo seis años tratando de conseguir que este país avance hacia la democracia, dando mi opinión, exponiendo mi criterio, luchando por mi libertad de expresión, que al fin y al cabo es luchar por la de todos los demás, y por cada apoyo espontáneo que he recibido han surgido varias críticas, habitualmente urdidas con la mala baba del anonimato, porque de cobardes también está este país lleno. Pues me sigo empeñando en que las piedras hablen, díganme ustedes si no es contumacia.

Recientemente he leído un libro sobre la injusticia cometida por este país con una de sus glorias nacionales: el general Riego, el libro se titulaba: “Riego, proceso a un liberal” del magistrado del supremo Tuero Bertrand, en él se relata magistralmente toda la miseria y mezquindad de este país, casta y costra, con una de las figuras más relevantes de su Historia, personaje con luces y sombras, pero honesto y entregado a la causa del común. Al fin y al cabo, las mismas hordas que tres años antes salían a recibirlo por los pueblos de Andalucía y toda España, tras su pronunciamiento, que trajo la libertad a España y las colonias hispanoamericanas, eran las mismas que vitoreaban tres años después su ejecución en la Plaza de la Cebada de Madrid, tras un proceso inquisitorial, del que tan solo doce años después, fue rehabilitado por la regente Maria Cristina, por suponer una ignominia de difícil digestión por un país normal.

España es un parasitorium natural, en el que se cultiva la estupidez y la villanía, con la torpeza de los pueblos que no avanzan, porque los reaccionarios, de todas las latitudes, forman legión conjunta en nombre de cualquier sinrazón, para que los de la casta y la costra, puedan vivir magníficamente, mientras los demás, una inmensa mayoría, les sufragamos la existencia con nuestro votos y euros salidos del trabajo honesto. Triste, muy triste, pero es así.

Ahora comprendo, y mira que me resistí, a los primeros liberales que pagaron con su vida o cárcel el haber luchado por su pueblo, a los que vinieron después, a Unamuno, Ortega o Marañón, a Baroja, Fernando de los Ríos, Giner de los Ríos, e incluso, si me apuran, al último Adolfo Suárez. No hay nada que hacer, los españoles somos incompatibles con la democracia, porque utilizamos la libertad para reclamar al árbitro cuando pita contra nuestro equipo, que se habrá creído el muy imbécil, como se atreve a cometer una injusticia flagrante pitando un penalti a los nuestros, cuando es un incapaz, que alguien habrá colocado ahí para jodernos. Esa paranoia española de todos vienen contra mí, posiblemente sea la raíz más profunda de nuestros males: la demolición del otro, como sea; paranoia, envidia, soberbia, estupidez, mezquindad, odio y miseria, son ingredientes culturales indispensables para cultivar españoles, como anunció hace muchos años Fernando Díaz Plaja, en su obra: "el español y los siete pecados capitales".

Así que lo mejor es dedicarse a la filosofía de lo cotidiano, excluyendo la política y la macroeconomía de nuestras vidas, como el turco le dijo al Cándido de Voltaire al final del libro: cuida tu jardín, deja que el mundo se haga a si mismo. Pues eso.

Me voy a dormir la siesta españoles, y que os salve Zapatero o Rajoy, y si no Llamazares, igual me da. Algún día comprenderéis que vosotros tendríais que ser los que os salvarais de Zapatero, Rajoy y Llamazares, pero para que eso ocurra tienen que pasar décadas.

A ver si nos rescatan de una puñetera vez y alguien es capaz de poner orden en este desquiciado manicomio. Me da igual que sean hombres de negro que vestidos de faralaes o lagarterana.

Que tengáis una buena estancia en el infierno, yo me voy a buscar paraísos por ahí, que alguno quedará. Creo que estoy comenzando a comprender a los políticos españoles, los de la casta, y eso me está dando vértigo. Mejor me retiro por una temporada, antes de acabar dándole la razón al que mande, no porque la tenga, sino precisamente porque todos los demás no son capaces de alcanzar la razón, ninguna razón que sirva para la democracia y la libertad, sino todas aquellas que sirven exclusivamente a sus mezquinos intereses egoistas.

Enrique Suárez

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Zejomán y la alianza de los aprovechados

ZEJOMÁN

Los españoles hemos tenido la desgracia de que nos ha tocado en las urnas un tio que se cree un héroe como Presidente de Gobierno, que ha intentado fraguarse una leyenda a nuestra costa, acompañado de la mayor legión de ineptos que se recuerda, que por cierto, nos han cobrado el servicio como si fueran lumbreras extraordinarias. Hace más de dos añoe que en este blog se presentó un manifiesto por la destitución de Zapatero que pasó sin pena ni gloria, hoy, tras su lectura, me he dado cuenta de que el Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero es el principal responsable del descalabro que sufrimos, pero hay muchos más de los que no debemos olvidarnos nunca, porque sin su ayuda, Zapatero no podría haber hecho todo el daño que nos ha hecho a los españoles. Aquí les dejo una relación de todos ellos, si alguno se me ha olvidado, por favor añádanlo en los comentarios.

¿A quién debemos exigir responsabilidades?

Evidentemente a Zapatero, el primero, que ha torpedeado las esperanzas de los españoles y ha hipotecado, con sus chorradas y memeces insoportables, el porvenir de nuestros nietos.

A todos los que le han acompañado en el Gobierno sin decirle que estaba absolutamente chiflado, que no se puede joder a tanta gente en tan poco tiempo, que eso es pecado y crimen.

A los asesores contratados por Moncloa, más de 600, que han aplaudido con las orejas las chuminadas del jefe, sin decirle que se estaba equivocando.

A su partido, el PSOE, que no ha impedido desde su Comité Ejecutivo que hundiera el país que les da de comer a todos ellos. Ahora viene Guerra diciendo que no se han hecho las cosas bien, ¿y hasta ahora, Alfonso, comiendo la sopa boba, verdad?. Mientras los compañeros y las compañeras tuvieran trabajo, con sueldos muy inmerecidos, había que guardar silencio.

A los votantes del PSOE, auténticos culpables por absoluta ignorancia de lo ocurrido, por confiar en un mequetrefe que les ha tomado el pelo, dejando a muchos de ellos sin trabajo, sin casa y sin futuro. Ahora guardan silencio, se quejan por lo bajo, todavía no ha salido ninguno siquiera que diga: Yo voté a Zapatero, me ha estafado y exijo responsabilidades.

A los nacionalistas, que se han aprovechado como nadie de la destrucción de España para sacar tajada, a costa de que la inmensa mayoría de los españoles nos jodiéramos, ellos encantados. Ahora habrá que rectificar los enormes errores que se han cometido y tendremos que lidiar con las concesiones que les brindó el cejado.

A la oposición del PP, que no ha sabido ejercer su oficio, impidiendo, aunque fuera con la ausencia del Parlamento, que la locura continuara, con tal de que el rival perdiera votos, sin importarles que con ello estaba arruinando el país y a millones de españoles. Esa irresponsabilidad tendrá sus consecuencias en las urnas, con seguridad.

A los artistas de la ceja, que defendían la alegría y engañaron a los españoles concediéndole un halo de modernidad a un auténtico esperpento humanoa, para que ahora hagan mutis por el foro y decidan apoyar a Izquierda Unida, porque les han defraudado con lo del Sáhara, sin importarles que ellos nos han fastidiado a todos. A todos los intelectuales de pesebre, que han establecido "una cultura falaz" para beneficiarse de premios, ayudas y conferencias pagadas por todos y concedidas por el Gobierno.

A todos los que han cobrado por ser del PSOE, feministas, ecologistas, pacifistas, miembros de ONGs, activistas del PSOE, en la calle y en la red, y no por tener realmente méritos para recibir los sueldos que se han trincado.

A los sindicatos de clase, CCOO y UGT, que durante estos años han recibido todo el dinero del mundo para que guadaran silencio, aprovechándose de los españoles, además de haberse financiado cursos con los parados creando trabajo de forma artificial, sin ninguna utilidad.

A todos los funcionarios que han favorecido al régimen, que lo han aplaudido, que lo han apuntalado, contribuyendo al engaño desde su puesto laboral, con la intención de no complicarse la vida u obtener una promoción.

A todos aquellos que han dicho en alguna ocasión algo a favor de Zejomán y de sus genialidades, y a todos aquellos que no han dicho nada en contra en su vida, porque han contribuido a generar la confusión necesaria para evitar que la gente se enterara de lo que estaba ocurriendo.

A todos los medios de comunicación que se han limitado a transmitir la propaganda del gobierno durante años, sin crear información contrastada, sin hacer crítica, sin presentar resistencia, porque gracias a ellos el Gobierno ha podido ejercer su opresión y coerción cultural, entre ellos destaco El País, Público, El Plural, El Periódico, la cuatro, la sexta, TVE, telecinco, CNN+ y la cadena SER, así como todas las cadenas autonómicas de gobiernos socialistas. Los españoles deberíamos hacerles un boicot a todos ellos, hasta hundirlos en la miseria, como gracias a ellos el Gobierno lo ha conseguido con nosotros.

A los fiscales y jueces que han trabajado al servicio del régimen, más que al servicio de la justicia, al igual que todos los profesionales que se han beneficiado de que el PSOE haya destrozado el país, importándoles exclusivamente su promoción personal. Hay gente que debería ser expulsada de su trabajo por connivencia con el régimen y desprestigio para su profesión.

Y por supuesto a todos los que se han callado, a los que han mirado para otro lado o han pasado de la política, porque han contribuido con su silencio a la construcción de un régimen prácticamente totalitario.

España es lo que queda tras descontar a toda este elenco de “demócratas” que han impuesto sus dogmas a todos los demás y ahora cuando han conseguido que nos vayamos a la mierda, son los primeros en mostrar preocupación. Ahora ya es tarde, cada palo que aguante su vela.

Por mi parte, me alegro profundamente, de poder mostrarle a mis hijos y mis nietos que yo me opuse a toda esta cochambre desde hace años sin interrupción, enfrentándome a todos los que me reconvenían y tildaban de facha o impresentable. Nadie ha logrado que me callara, por eso tengo la conciencia tranquila, y puedo decir bien alto que este país está repleto de sinvergüenzas, y hasta que no los erradiquemos de todas las instituciones que ocupan, España no tendrá remedio, queda mucho trabajo por delante...y no creo que lo consigamos. Pero es beno señalarlos a partir de ahora, para pasarles la factura correspondiente.

Zejomán tenía una idea en su cabeza, o convertía España en el país de las maravillas socialistas de sus delirios o la hundía para siempre, y lo que más me jode, es que al final va a salirse con la suya.

Biante de Priena

domingo, 19 de septiembre de 2010

Intrépida Ignorancia


“No hay oscuridad, sólo ignorancia”. William Shakespeare

Si me apuran en el diagnóstico, reduciría el origen de todos los males de nuestro país a uno solo: la intrépida ignorancia, en ella se resumen y congregan todos nuestros conflictos. Claro que en otras épocas también existió la ignorancia, pero en la que nos ha tocado vivir, resplandece como un sol. Miremos a donde miremos, todo se ilumina (u oscurece) por la ignorancia.

El despotismo iletrado se ha hecho con el poder, imponiendo su doctrina de inopias e ineptitudes, de pensamientos correctos y buenos talantes, para obviar la ausencia de talentos y criterios. Nos ha colonizado la estupidez como una epidemia. La peste que atenaza pasado, presente y futuro es sin duda el analfabetismo, el olvido inducido, la alharaca, el fiasco, el papanatismo, la desidia y el desdén.

España ha perdido la urdimbre plural de su cultura, para configurarse como congregación de ignorantes rampantes y aguerridos que, en alarde de contumacia, se han propuesto des-civilizar a nuestro pueblo, renunciando a la historia de lo que somos, hemos sido y seremos. El fenómeno está expandido en un auténtico apoderamiento, porque los que no saben determinan la realidad, así vivimos en un panorama desolador, embrutecidos, desbordados, anegados de incertidumbres. No hay inteligencia en las acciones políticas, ni está, ni se la espera. Tanto en el gobierno como en la oposición, se vive en fuga, a la deriva, sin saber hacia donde nos empujará la inercia del destino.

Pero no es menor la ignorancia en los ciudadanos, una auténtica religión que proclama la estupidez como patrimonio de su libertad. La tiranía de la inepcia es ejercida por cualquiera, desde los vendedores de milagros hasta los recaudadores de ingratitudes, desde los espectadores de los “realitys” hasta los creadores de ignominias. Estamos atrapados en una jaula, presos de nosotros mismos, inundados de información sobre la realidad que no podemos digerir, bien por qué es tóxica, bien por qué es demasiada, o por ambas cosas. Mientras van pasando los días, sin concluir la obra del nihilismo desolador.

Vivir es esto, no hay más. Ver en los telediarios como los políticos nos muestran su incapacidad para acometer los problemas que deterioran cada día más nuestras vidas, mirar a los vecinos que pierden sus trabajos y sus casas por no pagar las hipotecas, a sus hijos que no van a emanciparse “en la puta vida”, observar a los pontífices sindicales imponiendo su yugo a los trabajadores para asegurarse el porvenir, y escuchando cada día el diagnóstico del desastre a todo el mundo, en mil versiones y lugares. Hasta los niños empiezan a decir primero crisis que papá o mamá.

Sin duda estamos asistiendo a la crónica de la muerte anunciada de un sistema, de una forma de vivir, de una pasividad acomodaticia, de un recreo que nos hemos tomado para contemplarnos desnudados, abatidos, amorfos y abúlicos. Es desidia, pero también es algo más, es desidia inducida por el poder. A los que mandan les conviene nuestra ignorancia, por qué viven de ella, a nuestra costa.

Este fenómeno que vivimos actualmente en España no es un hecho singular, la cadencia durante el franquismo fue similar, la gente vivía en la impotencia de ver como el poder se enseñoraba de nuestro destino, sin poder hacer nada para evitarlo. La reflexión compartida por entonces era la misma que ahora: ésto tiene cambiar, no podemos seguir así. Pero el dictador se murió en la cama y ahora resulta que estamos en una democracia, según parece.

Una democracia que se restringe a un hecho: el voto, y yo me pregunto ¿para qué sirve votar cuando no se puede elegir? En Cuba se vota todo, hasta el orden para defecar, pero siempre terminan acudiendo primero al servicio los que mandan, mientras que los mandados se ensucian en su ropa interior. ¿Cómo convencer a un pueblo ignorante de que la democracia es algo más que votar?

La democracia sin libertad no es democracia, sino tiranía. La democracia requiere de libertad, de respeto a las reglas compartidas. La gente piensa que la libertad es escoger entre lo que nos ofrecen desde el poder, y no que es elegir lo que nos hurta el poder. La ignorancia nos ha convertido en súbditos cuando éramos soberanos, en siervos cuando éramos ciudadanos. La ignorancia es el origen de todos los yugos. Sólo hay una forma de resolverla, denunciándola sin descanso, para que la gente se libere de su dominio. El estoicismo de Séneca nos aconsejaba prudencia: “las reprehensiones injustas de la ignorancia, no merecen más satisfacción que los prudentes desprecios de la paciencia”.

Pero no se puede seguir siendo prudente con una ignorancia intrépida dispuesta a ejercer su dominio sobre nuestra vida y obra, sobre la de nuestros hijos y nietos. Es hora de civilizar a los políticos, antes de que politicen definitivamente al pueblo, haciéndonos fieles obligados de la iglesia de la Ignorancia. Basta de payasadas, si no queremos vivir en un circo, tendremos que exigir rigor, honestidad y respeto a los que nos representan, y si no saben hacerlo que se vayan a sus casas, que hay mucha gente en el paro con toda su capacidad intacta para levantar este país.

¿Pero cómo van a resolver nuestros problemas los políticos o los sindicalistas, si de hacerlo se quedarían sin trabajo y buen vivir?. Los parásitos hacen lo que deben, lo que se espera, parasitar nuestra existencia, los que no hacemos lo que debemos somos los ciudadanos, que los asumimos sin hacer nada, mientras nos sacan la sangre. Que nadie se quede sin saberlo, disfrutando de su ignorancia mientras se muere de asco.

Biante de Priena

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