desde 2.006 en Internet

Mostrando entradas con la etiqueta Identidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Identidad. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de abril de 2010

Esclavos del progreso



"La miseria es el síntoma; la enfermedad es la esclavitud."
Bertrand Russell


La postmodernidad no acaba de morir, su paradigma sucesor no acaba de nacer, mientras tanto vivimos en un tránsito hacia destinos ignorados que, conociendo la deriva de la historia occidental, conducirán posiblemente a tiempos mejores. La inmediatez de la época en que vivimos, dirige el análisis de la realidad cotidiana (económica, política, cultural) a la mirada que un profano puede tener sobre la Bolsa de Valores, con esa ingenuidad amateur y esperanzada de obtener pingües beneficios con un poco de fortuna. Craso error, a los ojos de un “bróker”, que se guía por las tendencias generales del Mercado y el análisis fundamental, eso es una soberana estupidez, puesto que un jugador de bolsa profesional sólo cuenta beneficios o perjuicios a final de la temporada, que puede durar un ciclo de varios años.

La prisa nos atenaza, parece que el mundo está obligado a cambiar de inmediato porque nos desagrada como es, algo que no ha hecho nunca, ni posiblemente hará jamás, porque el mundo no cambia de repente, ni siquiera en las revoluciones. El Imperio Romano tardó siglos en descomponerse; el Renacimiento necesitó mil años de oscuridad previos; las revoluciones, inglesa, francesa, española, rusa, china o americana tardaron décadas en ofrecer los primeros frutos sociales; para que surgiera la Unión Europea, tal y como hoy la conocemos, se tuvieron que producir dos guerras mundiales y el largo declive de la Unión Soviética durante la mayor parte del siglo XX.

Los tiempos actuales se rigen por el imperativo del deseo y no el de la realidad, estamos embriagados por los logros de la tecnología de consumo, hasta hacernos pensar que todo está al alcance de nuestra mano cuando es un simple espejismo de la imaginación; los poderes públicos y privados nos han invitado a que nos creamos los nuevos dioses del Universo, porque han tenido la magnífica idea de reducir la realidad a lo que se puede hacer ante la pantalla de un ordenador o una videoconsola, parece que estamos al borde de un cambio de era, cuando en realidad, estamos pudriéndonos en el más de lo mismo.

La globalización está ejerciendo un efecto pernicioso sobre nuestra forma de pensar, sentir y hacer. Cuando hablamos con un amigo que está a diez mil kilómetros se nos olvida que está a diez mil kilómetros, porque hemos resuelto la distancia psicológica que nos separa de él por medio de la comunicación inmediata que nos proporciona internet, se nos olvida que él vive en una realidad diferente a la nuestra, que mañana amanecerá siete horas después o antes que en nuestra ciudad o pueblo y que nuestra realidad es completamente diferente. Sin embargo, la comunicación inmediata hace que pensemos que no existen las distancias, que nuestro amigo está al otro lado del tabique de la habitación desde la que escribimos cuando en realidad no es así. La conquista de la comunicación, fenomenal invento del que somos voraces consumidores, nos hace perder la configuración real de nuestra existencia, está trastocando las relaciones humanas y la propia identidad de la inmensa mayoría de los ciudadanos del mundo.

La fantasía está servida, lista para consumir, el acceso directo a la información existente en la red nos ha deslumbrado, haciéndonos olvidar que para comprender las cosas es necesario un criterio, y el criterio no proviene exclusivamente del acceso a la información, sino de la disciplina, el estudio, el análisis y la experiencia de conocimiento. Hoy, los más jóvenes piensan que es una pérdida de tiempo aprender declinaciones del latín o resolver integrales, porque todo eso está en internet, a golpe de click de ratón en el Google. Consideran que los adultos somos unos inadaptados, incapaces de adaptarse al estallido de las nuevas tecnologías y prescinden de nuestros consejos para guiarse por la vida y el mundo, porque los consideran anticuados y desfasados con la nueva realidad. El epigonismo ha sido desplazado por el adanismo.

No se dan cuenta nuestros vástagos del hundimiento personal que supone para las personalidades no desarrolladas, inmaduras e inexpertas, el acceso expedito a todo lo que abarcan sus sentidos.

En realidad lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, globalizada y enriquecida, es algo que remeda a la venta de la primogenitura de Esaú a Jacob por un plato de lentejas; los jóvenes actuales están entrando discretamente en el último cautiverio siguiendo las fascinantes melodías del flautista de Hamelín convertido en Twitter o Facebook, Google o Yahoo, Windows o Linux, en la alienación de una disolución de su yo en un entramado colectivo, que recuerda el de las colmenas o los termiteros. Están siendo homologados como consumidores, para extraerles el valor añadido durante su miserable existencia, despojados de su identidad propia por medio de un Nick y un avatar, convertidos en ganado estabulado, que considera prioritario el ser para los demás antes que el ser para sí mismos, en sí mismos, sobre sí mismos. La individualidad no existe si no es reconocida por otros.

Es un regreso al pensamiento mágico por medio de la técnica, en que los mitos sustituirán de nuevo al logos, para convertir en vulgares creyentes a seres racionales capaces de transformar su realidad a su antojo, con esfuerzo e inteligencia. En esta labor deshumanizadora y esclavizadora todos los poderes conforman alianza: los políticos porque les interesa tener anestesiada a la población para reproducir sin fin su miseria expoliadora; los económicos porque sólo tienen interés en los seres humanos por lo que puedan consumir mientras tres mil millones de chinos, indios y otros ciudadanos empobrecidos del planeta, en fuerte crecimiento, puedan comprarse un automóvil, una vivienda y salir de vacaciones; los culturales, porque la cultura de masas es altamente rentable y escasamente exigente; los religiosos, porque en un mundo de creyentes es más fácil hacer proselitismo; los mediáticos y tecnológicos, porque esperan vivir su época más dorada.

Tras la pantalla de aparente libertad de un ordenador se oculta la mayor cárcel de todos los tiempos; cautiva y desarmada, la humanidad espera órdenes para configurarse en su próxima esclavitud: la renuncia a cualquier libertad que no sea la estar conectados (vivos) o desconectados (muertos).

Biante de Priena

martes, 6 de abril de 2010

La ideología puede esperar


Va siendo hora de que los españoles nos vayamos poniendo las pilas y hagamos los deberes, porque no va a venir nadie a resolvernos los problemas desde fuera, y creo que desde dentro, con un gobierno agotado y una oposición ejerciendo de buitre hambriento, negro futuro nos espera. El problema que se dirime en España es bien sencillo, por una parte estamos los españoles, al menos los que nos definimos y declaramos como tales, que somos la inmensa mayoría, y por otra parte están los que pretenden que no nos definamos o que nos definamos como a ellos les parezca bien, es decir, los que pretenden aprovecharse de nosotros, fundamentalmente los políticos.

Por una parte estamos los ciudadanos que vivimos una vida normal en decadencia y por otra parte están los políticos que viven una vida extraordinaria, gracias a que nuestra vida cada día está más perjudicada. Es decir, si ellos se equivocan, nosotros pagamos los errores, si ellos aciertan, nosotros pagamos los aciertos. Nosotros pagamos siempre, para que ellos jueguen a lo que les salga de las narices, que habitualmente es con las cosas que ocurren en nuestras vidas. Esta claro que hay un ellos, los que viven de representarnos, y un nosotros, los que somos representados por ellos.

En España hay aproximadamente medio millón de personas que viven de la representación pública y 46 millones que vivimos de nuestro trabajo y les mantenemos. Lo de los políticos que sufrimos en España actualmente, es como si mantuviéramos un ejército que disparara contra nosotros y nosotros les pagáramos las armas y las municiones. No tiene sentido.


La cuestión de la ideología resulta anacrónica, porque la diferencia entre un parado que vota al PP y un parado que vota al PSOE, es la misma que un trabajador que vota al PP y un trabajador que vota al PSOE, es decir, los parados y los trabajadores, que voten al PSOE o al PP, están mucho más unidos por sus problemas que separados por su ideología, aunque los partidos generen tensión permanente para que sus acólitos no se disipen y sigan apoyándoles en las elecciones. Primero tenemos que resolver un problema de identidad común y compartida, antes de pasar a declararnos de una ideología u otra.

Mis adversarios no son mis enemigos

Creo que este país necesita un gran frente ciudadano que sea antimaniqueo y claramente se posicione contra los políticos, sean del PP, del PSOE, nacionalistas o alternativos. No podemos continuara así, porque da igual que los que se lleven la pasta sean los del Gürtell que los del Pretoria, porque al final, la única conclusión es que se llevan nuestro dinero, el dinero que todos los ciudadanos, votemos a quien votemos o no votemos, aportamos al Estado.


Ese frente común de ciudadanos debe fundamentarse en dos principios la honestidad y la justicia, porque al fin y al cabo, son criterios que pueden ser apoyados por la inmensa mayoría, a mí me da igual que Leire Pajín diga que el PP nos roba, que Cospedal diga que es el PSOE el que nos roba, lo que me importa es que me roben, y me da igual que lo haga el PP, que el PSOE. Si tuvieran dignidad los políticos que tenemos, presentarían una carta de dimisión inmediata, para que se convocaran nuevas elecciones, porque si ha habido políticos que han robado, también ha habido políticos que han mirado para otro lado o no se han enterado, o no han querido enterarse, por lo tanto son cómplices del robo, porque no han hecho nada para evitarlo, nada para controlarlo, nada para denunciarlo, simplemente se han aprovechado, unos de lo que han robado, y otros de cobrar un sueldo y no enterarse de que sus compañeros nos estaban robando.

En fin, lanzo una propuesta, que es la organizar un gran frente ciudadano que exija a los políticos que presenten sus disculpas y expíen sus culpas, además de que restituyan lo que se han llevado sin corresponderles. Para eso me da igual aliarme con cualquiera que comparta el objetivo, sea de la ideología que sea, porque como ciudadano sólo me queda aliarme con otros que pretendan acabar con la mezquindad política a la que estamos asistiendo, o seguir sufriéndola eternamente.

Es hora de que los españoles compartamos percepción y nos enfrentemos a la realidad, porque mis adversarios no son mis enemigos, mis adversarios son los que piensan de forma diferente, mis enemigos son los que se aprovechan de que mis adversarios y mis aliados piensen de forma diferente, es decir, los políticos que se aprovechan de su detentación del poder. La democracia, en ningún caso puede ser una tiranía de imposiciones y mendacidades, porque deja de ser una democracia para convertirse en pura demagogia. Los enemigos de mis aliados y mis adversarios son los mismos, los políticos que defienden sus privilegios a costa del malestar de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Salvemos la democracia, exigiendo la destitución de todos los políticos que han participado en la hecatombe que estamos viviendo, por activa y por pasiva, los del gobierno, pero también los de la oposición. Es hora de que los ciudadanos hablemos y dejemos claro lo que queremos, fuera de la mordaza y la extorsión que suponen las urnas en esta pantomima demagógica a la que los políticos siguen denominando democracia. Es hora de avanzar y dejar atrás las no soluciones a todos nuestros problemas.

Biante de Priena

lunes, 4 de enero de 2010

El hombre imbuido: identidad, mezcla y libertad


El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, conocido por sus teorías sobre el holocausto –fue una consecuencia evolutiva de la civilización occidental y la ingeniería social practicada por el poder sobre los seres humanos-, no se limitó exclusivamente a criticar el genocidio nazi, también consideró que la política antisemita de los países del telón de acero continuaba de alguna forma el exterminio de la pluralidad, la discrepancia y la libertad.

En su obra Vidas desperdiciadas: la modernidad y sus parias, nos habla de los “residuos humanos”, el excedente del progreso, la acumulación de miserables que se produce en una sociedad dual, en la que unos disfrutan de todo, mientras otros sufren de todo. Los ricos y los pobres de toda la vida, pero segregados de una forma extrema.

Una de las preocupaciones permanentes de Bauman son las formas que tiene el poder de proseguir su ascenso hacia la hegemonía, destacando la segregación del otro y su exclusión (estrategia émica), la asimilación del otro, despojándoles de su identidad (estrategia fágica) y la invisibilidad u oscurecimiento de la realidad (amaurosis). Un ejemplo de las tres se puede observar con lo que ha hecho y hace la Generalitat con la cultura española en Cataluña.

Para el sociólogo polaco, profesor de la Universidad de Leeds, el problema básico de nuestros tiempos es la búsqueda de identidad propia que cada ser humano está obligado a realizar, siendo responsable de sí mismo, pues sólo con seres humanos autoidentificados se evitará la “indexización” que les reservan todas las formas de poder, económico, social, político, religioso, y cultural, al tiempo que liberándose a sí mismo y zahiriéndose del encapsulamiento que le ofrecen, contribuirá a la liberación de todos los demás. En esto recuerda la estrategia ofrecida por Camus, cuando decía: “si soy, somos”

La identidad propia es la última frontera del ser humano, porque el poder –aprovechando la postmodernidad- ha procurado la desidentificación de los seres humanos, cosificándolos, convirtiéndolos en materia política desde el socialismo y materia económica desde el capitalismo. La materia política y económica que necesita transformar en energía el poder para autoperpetuarse. Así los seres humanos se transforman en “combustible” para el sistema, condenados a ser consumidos, mientras se consumen consumiendo.

En su obra Modernidad y Ambivalencia, Bauman se aproxima a la Teoría de la Complejidad de Edgar Morin, la modernidad líquida es precisamente la dilución de lo existente, el ser humano individual se transforma en miembro de una sociedad extraordinariamente organizada, ocupando el nicho existencial previsto por el poder en sus distintas formas. El ser humano deja de ser para sí mismo para ser materia social, en compañía de otros seres humanos deshumanizados, desarraigados, desvinculados. Las relaciones que antaño definían a los individuos ahora se hacen efímeras y transitorias (facebook), no importa la calidad, sino sólo la cantidad, no importa el ser, sólo el estar. Ortega y Gasset nos habló en La Rebelión de las Masas del mismo problema, al igual que lo hicieron Foucault, Marcuse, Derrida o Camus desde otras perspectivas.

El hombre imbuido (palabra que tiene su origen compartido con embudo) sólo puede liberarse de una forma: con una identidad propia no definida, ni establecida, por las distintas formas de poder, para disponerse a una acción colectiva de mestizaje y mezcla con otros que hayan hecho lo mismo, en plena libertad. Identidad Propia y Mezcla Elegida son los elementos del binomio personal de los seres libres.

Sólo se puede dejar de ser líquido siendo sólido, sólo se puede dejar de ser ambiguo posicionándose, sólo se puede ser libre, rebelándose. No hay más, ni menos. Una cultura mestiza de seres humanos auténticos es la única forma de afrontar el futuro en libertad y la mejor forma de defenderse contra los terribles acosos de todos los poderes.

Enrique Suárez Retuerta

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...