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martes, 15 de julio de 2014

Preparando el golpe de Estado del 9 de noviembre de 2014

«Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora>> Karl Marx

Napoleón acabó con las instituciones revolucionarias francesas en el año 1799, un 18 brumario (9 de noviembre, precisamente el día que coincide con la convocatoria de referendum en Cataluña) para dar lugar al imperio y la invasión de Europa. 

Menos conocido fue el Golpe de Estado que aconteció en Francia cincuenta años después, perfectamente urdido y diseñado por Luis Bonaparte, reuniendo al lumpen proletariado de la  política de una Francia nostálgica e imperial, en un simulacro de revolución inexistente, utilizando una parodia para convencer a los franceses del apoyo que no tenía, mediante círculos organizados, en el que se reunía a los enemigos del orden vigente, en un proyecto de asalto al poder. 

Parece que en España se está forjando una convergencia intercoletaria para tomarnos el pelo a todos los españoles, entre las aspiraciones de un instruido en las artes del embaucamiento revolucionario de pacotilla, que emula al descendiente de Napoleón, junto a la ambición de un Catilina catalán que abusa de nuestra paciencia, y con un Nerón en el poder que disfruta pacientemente viendo como arde España, tocando la lira y leyendo El Marca.

 La fecha para la convergencia entre las aspiraciones secesionistas de Artur Mas y Oriol Junqueras, y las revolucionarias de Pablo Iglesias y su troupe, posiblemente sea una fecha tan señalada como el 18 brumario, 9 de noviembre de 2014, día del referendum de Cataluña y también aniversario de la noche de los critales rotos de los nazis y también de la caída del Muro de Berlín, y dejándolo en su datación anglosajona, 9/11, sería el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York, pero el 9 de septiembre también se celebra la Diada en Cataluña. Lo que acontezca en España entre el 11/9 y el 9/11 va a ser un episodio histórico con toda seguridad.

En la historia de este mundo hay casualidades y causalidades, yo no creo en las casualidades en política, ni que Pablo Iglesias naciera el mismo día que el socialista que fundó el PSOE me parece una casualidad. 

Alguien tan poco sospechoso de conversión como Karl Marx lo describe así en el capítulo V de "El 18 brumario de Luis Bonaparte", dado su interés para comprender lo que está aconteciendo en España se reproduce a continuación un párrafo en el que se relata lo acontecido:

"Cuando la Asamblea Nacional volvió a reunirse en noviembre de 1850, parecía inevitable que estallase, en vez de sus escaramuzas anteriores con el presidente, una gran lucha implacable, una lucha a vida o muerte entre dos poderes. 

Lo mismo que en 1849, durante las vacaciones parlamentarias de este año, el partido del orden se había dispersado en sus distintas fracciones, cada cual ocupada con sus propias intrigas restauradoras, a los que la muerte de Luis Felipe daba nuevo pábulo. El rey de los legitimistas, Enrique V, había llegado incluso a nombrar un ministerio formal, que residía en París y del que formaban parte miembros de la comisión permanente, Bonaparte quedaba, pues, autorizado para emprender a su vez giras por los departamentos franceses y dejar escapar, recatada o abiertamente, según el estado de ánimo de la ciudad a la que regalaba con su presencia, sus propios planes de restauración, reclutando votos para sí. En estas giras, que el gran Moniteur oficial y los pequeños «monitores» privados de Bonaparte, tenían, naturalmente, que celebrar como cruzadas triunfales, le acompañaban constantemente afiliados de la Sociedad del 10 de Diciembre. 

Esta sociedad data del año 1849. Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y en general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda es masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre, «Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora.

 Este Bonaparte, que se erige en jefe del lumpemproletariado, que sólo en éste encuentra reproducidos en masa los intereses, que él personalmente persigue, que reconoce en esta hez, desecho y escoria de todas las clases, la única clase en la que puede apoyarse sin reservas, es el auténtico Bonaparte, el Bonaparte sans phrase. Viejo roué ladino, concibe la vida histórica de los pueblos y los grandes actos de Gobierno y de Estado como una comedia, en el sentido más vulgar de la palabra, como una mascarada, en que los grandes disfraces y los frases y gestos no son más que la careta para ocultar lo más mezquino y miserable. Así, en su expedición a Estrasburgo, el buitre suizo amaestrado desempeñó el papel de águila napoleónica. Para su incursión en Boulogne, embute a unos cuantos lacayos de Londres en uniformes franceses. Ellos representan el ejército. En su Sociedad del 10 de Diciembre, reunió a 10.000 miserables del lumpen, que habían de representar al pueblo, como Nick Bottom representaba el león. En un momento en que la misma burguesía representaba la comedia más completa, pero con la mayor seriedad del mundo, sin faltar a ninguna de las pedantescas condiciones de la etiqueta dramática francesa, y ella misma obraba a medias engañada y a medias convencida de la solemnidad de sus acciones y representaciones dramáticas, tenía que vencer por fuerza el aventurero que tomase lisa y llanamente la comedia como tal comedia. Sólo después de eliminar a su solemne adversario, cuando él mismo toma en serio su papel imperial y cree representar, con su careta napoleónica, al auténtico Napoleón, sólo entonces es víctima de su propia concepción del mundo, el payaso serio que ya no toma a la historia universal por una comedia, sino su comedia por la historia universal.

 Lo que para los obreros socialistas habían sido los talleres nacionales y para los republicanos burgueses los gardes mobiles, era para Bonaparte la Sociedad del 10 de Diciembre: la fuerza combativa de partido propia de él. Las secciones de esa sociedad, enviadas por grupos a las estaciones debían improvisarle en sus viajes un público, representar el entusiasmo popular, gritar Vive l'Empereur!, insultar y apalear a los republicanos, naturalmente bajo la protección de la policía. En sus viajes de regreso a París, debían formar la vanguardia, adelantarse a las contramanifestaciones o dispersarlas. La Sociedad del 10 de Diciembre le pertenecía a él, era su obra, su idea más primitiva. Todo lo demás de que se apropia se lo da la fuerza de las circunstancias, en todos sus hechos actúan por él las circunstancias o se limita a copiarlo de los hechos de otros; pero Bonaparte que se presenta en público, ante los ciudadanos, con las frases oficiales del orden, la religión, la familia, la propiedad, y detrás de él la sociedad secreta de los Schuftele y los Spielberg, la sociedad del desorden, la prostitución y el robo, es el propio Bonaparte como autor original, y la historia de la Sociedad del 10 de Diciembre es su propia historia. 

Se había dado el caso de que representantes del pueblo pertenecientes al partido del orden habían sido apaleados por los decembristas. Más aún. El comisario de policía, Yon, adscrito a la Asamblea Nacional y encargado de la vigilancia de su seguridad, denunció a la comisión permanente, basándose en el testimonio de un tal Alais, que una sección de decembristas había acordado asesinar al general Changarnier y a Dupin, presidente de la Asamblea Nacional, estando ya elegidos los individuos encargados de ejecutar este acuerdo. Se comprenderá el terror del señor Dupin. Parecía inevitable una investigación parlamentaria sobre la Sociedad del 10 de Diciembre, es decir, la profanación del mundo secreto bonapartista. Por eso, precisamente, Bonaparte disolvió prudentemente su sociedad, claro está que sólo sobre el papel, pues todavía a fines de 1851, el prefecto de policía Carlier, en una extensa memoria, intentaba en vano moverle a disolver realmente a los decembristas. 

La Sociedad del 10 de Diciembre había de seguir siendo el ejército privado de Bonaparte mientras éste no consigue convertir el ejército público en una Sociedad del 10 de Diciembre. Bonaparte hizo la primera tentativa encaminada a esto poco después de suspenderse las sesiones de la Asamblea Nacional, y la hizo con el dinero que acababa de arrancarle a ésta. Como fatalista que es, abriga la convicción de que hay ciertos poderes superiores, a los que el hombre y sobre todo el soldado no se puede resistir. Entre estos poderes incluye, en primer término, los cigarros y el champagne, las aves frías y el salchichón adobado con ajo. 

Por eso, en los salones del Elíseo, empieza obsequiando a los oficiales y suboficiales con cigarros y champagne, aves frías y salchichón adobado con ajo. El 3 de octubre repite esta maniobra con las masas de tropa en la revista de St. Maur, y el 10 de octubre vuelve a repetirla en una escala todavía mayor en la revista militar de Story. El tío se acordaba de las campañas de Alejandro en Asia, el sobrino se acuerda de las cruzadas triunfales de Baco en las mismas tierras. Alejandro era, ciertamente, un semidiós, pero Baco un dios completo. Y, además, el dios tutelar de la Sociedad del 10 de Diciembre."


Pobre nación trabajadora, como decía Karl Marx, caer en manos de unos desaprensivos ambiciosos que tratan de asaltar el poder engañando a la gente.

Enrique Suárez




martes, 2 de octubre de 2012

Artur Mas, el pararrayos catalán




"Una nación es un RESULTADO, no un propósito" Max Weber    

Las dotes de gran estadista del President del Govern catalán, junto al asesoramiento de sus más ilustres colaboradores, no han impedido que cometa el mayor error político de la historia de las relaciones de la comunidad que preside con el resto de España. Viaje delirante a ninguna parte se podría titular la aventura del sucesor de Companys, aquel personaje que dio un golpe de Estado contra la República Española y acabó en el penal del Puerto de Santa María.

Hay varias razones que inducen a pensar que la farsa del independentismo catalán, tiene segundas y terceras lecturas, y que es una huida hacia delante sin mucho sentido ni razón. La situación debe ser grave cuando han decidido acelerar el esperpento.  Las razones que van a impedir que Cataluña sea una nación independiente están establecidas de antemano y además no resultan baladís.

En primer lugar, está la cuestión política, legal y legítima,  a pesar del Golpe de Estado encubierto que protagonizaron al alimón los del PSOE con los nacionalistas catalanes, con aquella aprobación del Estatut (incluso en el Parlamento Español, manda narices), es de recorrido limitado, aunque para probar su fuerza y poder, se sigue aplicando en Cataluña como si el Tribunal Constitucional no hubiera revocado 14 de sus artículos, en un prodigio de ilegitimidad con la Constitución Española (aprobada en su día por el 90 % de los catalanes), mientras el Gobierno de España sigue mirando hacia Portugal. No obstante la Constitución Española establece con claridad lo que es una nacionalidad y sus limitaciones y la imposibilidad de que ninguna comunidad española se haga independiente, sino es con la concurrencia del pueblo español favorable en referéndum. Por cierto, el Estatut Catalán sólo fue votado por el 49,4 % de los catalanes y aprobado por un 79 % de los que acudieron a votar –en total menos del 36 % de todos los catalanes con derecho a voto)

En segundo lugar, tenemos la apurada situación económica de Cataluña, la comunidad más endeudada de España, con uno de los mayores déficits públicos y unas responsabilidades con la  deuda que se acercan al 40  % de su presupuesto. La deuda catalana hace tiempo que está considerada por las agencias de calificación como bonos basura. Ciertamente ahora se percibe el exceso de gasto que ha supuesto crear el escenario de una nación para los catalanes y que no ha sido menor del 25 % delos ingresos totales de la Generalitat a fecha actual, al haberse reducido los recursos ingresados. Crear una nueva nación sale por un ojo de la cara, algo que tiene que mermar los servicios que reciben los catalanes con seguridad, y además, no se caracterizan precisamente en esta tierra por aplaudir los despilfarros. Una Cataluña independiente es inviable desde una perspectiva económica, porque los delirios no cotizan, y las alucinaciones no sirven para pagar sueldos. Precisamente entre un 20 y 25 % de caída del PIB se estima que le costaría a Cataluña la independencia, algo de lo que no se recuperaría durante décadas.

En tercer lugar está la cuestión demográfica, una condición que suele olvidarse en Cataluña habitualmente y que oculta la xenofobia catalanista con los ciudadanos de origen español. Poca gente conoce en Cataluña que los treinta primeros apellidos en las cuatro provincias catalanas son de origen español, pero sin embargo esto no se ve representado en los políticos y gobernantes catalanes, que gozan todos de ilustres apellidos rimbonbantes con muchas íes internodales. El Apartheid catalán es discreto, no como el sudafricano, pero por mucho que se empeñen los catalanistas, de los 7,5 millones de habitantes que tiene Cataluña, los ciudadanos de origen catalán apenas llegan a los 3 millones (menos de un 40 %, posiblemente muchos de los que aprobaron el Estatut). En una Cataluña independiente, los ciudadanos de origen español, como no decidan cambiarles los apellidos, estarían estigmatizados de antemano, ellos, sus hijos y sus nietos.

Podría continuar con otras cuestiones, pero por ahora, estas son suficientes, las posibilidades de que Cataluña se declare independiente de España son absolutamente nulas. Por eso no se comprende como Artur Mas ha tenido la ocurrencia, precisamente en una época de crisis como la que atravesamos, cuando en tiempos de crisis no se aconsejan lisis, sino todo lo contrario. 

Lo que va a lograr el President de aquí al 25 de noviembre es que todos los desmanes de Cataluña salgan a la luz, todas las injusticias que se han cometido con los ciudadanos de origen español en Cataluña, todas las xenofobias paletas y todas las barbaridades reunidas, porque está claro que aunque el Gobierno mire para otro lado –exactamente igual que hizo Felipe V- los españoles no vamos a hacerlo, y Artur Mas no se ha dado cuenta de que el 80 % de la actividad económica de Cataluña proviene de su relación comercial con el resto de España. El señor Lara ha lanzado un aviso, pero me parece que el PIB catalán va a comenzar a descender de forma desapercibida en los próximos meses, algo que hará que su deuda siga creciendo sin interrupción. En una España civilizada no hacen falta armas para detener las barbaridades (¿pero de qué va este tío?), sencillamente hay que hacer un consumo diferencial (en correspondencia con el hecho diferencial catalán)



¿De verdad hay algún catalán con la cabeza sobre los hombros, que no se dé cuenta de que esta aventura es absolutamente imposible? ¿Cuánto les va a costar a los catalanes que el President Artur Mas se convierta en el pararrayos de la ira de los españoles en una situación de crisis como la que estamos viviendo? Y encima, perdonándonos la vida, desde su magnanimidad inefable (pero ¿con cuántas toneladas de soberbia se alimentó este personaje?). Creo que alguien se ha lanzado a la piscina sin mirar cuanto cubría el agua. 

Me parece que lo de Artur Mas es la única alegría que ha tenido Mariano Rajoy desde que ha llegado al gobierno, la verdad que hay que ser un poco torpe para convertirse en  un pararrayos providencial en medio de una tormenta como la que estamos viviendo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Constitución o Zapatero: ambas cosas, imposible

Con este artículo, hago mi particular homenaje a la

Constitución Española de 1978,

cuando se cumplen 31 años de su aprobación por el único soberano de este país, el pueblo español, y su posterior sanción por el Rey, un súbdito más de la Nación española y en recuerdo de los Padres de nuestra patria que trajeron la libertad, la democracia y la erradicación de la desigualdad a nuestro pueblo, desde 1812 hasta ahora.

El Golpe de Estado encubierto e ilegal de Rodríguez Zapatero


Seguiré insistiendo, por lo menos hasta el día que juzguen a Rodríguez Zapatero por el delito que suponga incumplir el artículo 9 de la Constitución Española de 1978

Artículo 9.

1. Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.
2. Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.
3. La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos.

Es hora de que los españoles seamos conscientes de que una democracia exclusivamente electoral no es compatible con nuestro ordenamiento jurídico. El Gobierno no puede legislar, ni gobernar, ni ejercer sus funciones institucionales o administrativas fuera del marco de la Constitución Española de 1978

Hay cosas que no pueden admitir discusión porque están perfectamente establecidas, y tan sólo pueden crear dudas interpretativas en iletrados o analfabetos funcionales. Tan sencilla de entender es la cuestión, que paso una vez más a exponerla, porque cualquier estudiante de bachiller podrá comprenderla sin problemas.

Con la Constitución vigente, los españoles somos, soberanos y ciudadanos, no exclusivamente ciudadanos –quede claro-. Algo que tienden a olvidar partidos políticos como el PSOE o los nacionalistas, tratando de confundir ambos términos de una forma interesada para subvertir el orden constitucional de forma taimada y repugnante.

La soberanía de los españoles proviene de su condición de miembros de la Nación española, por nacimiento o adscripción, para que se entienda es como si todos los españoles hubiéramos recibido una herencia en usufructo. El conjunto de todos los españoles –el pueblo español- es el sujeto de la soberanía nacional, que es una condición intransferible de cada español, no susceptible de transacciones, nadie tiene potestad para representar la soberanía de cada español en el conjunto denominado pueblo español, que por cierto es el único con capacidad constituyente.

La condición de ciudadanos proviene la pertenencia de los españoles a un Estado Social y Democrático de Derecho (artículo 1.1 CE 1978), la ciudadanía se adquiere de igual forma, por nacimiento o adscripción, pero sí es sujeto de transacción, porque puede ser representada democráticamente, aunque también es intransferible.

La confusión interesada, urdida por los nacionalistas y los socialistas, y obviada por el resto de partidos políticos, instituciones jurídicas, y medios de comunicación, proviene de la reducción de la soberanía de los miembros del “pueblo español” a una condición derivada de la mala interpretación. Porque del binomio PUEBLO ESPAÑOL, se olvidan del segundo término y hacen prevalecer el primero, por lo que traducen la soberanía nacional (artículo 1.2 CE 1978) –pueblo español- por soberanía popular –pueblo- olvidándose del término relevante que en este caso es fundamental: español, porque los españoles formamos parte del pueblo español, no de un pueblo a secas.

Grave error cometen los iletrados, porque la soberanía popular se adscribe a regímenes republicanos, mientras que la soberanía nacional se adscribe a regímenes monárquicos parlamentarios como el establecido en nuestra Constitución (artículo 1.3 CE 1978). Los españoles somos en conjunto completo soberanos de la Nación española, esto es una condición absoluta, cualitativa y unitaria.

Pero si aún no quedara clara la cuestión, el artículo 2 de la CE 1978, lo asevera de contundente forma

Artículo 2.

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.
Y pueden observar ustedes como queda claro, aunque ya lo estaba, que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de “todos los españoles” (ni algunos, ni ciudadanos en este caso, sino españoles, es decir: SOBERANOS), y reconoce y garantiza el derecho de autonomía y regiones que la integran –algo que concierne a la organización administrativa del ESTADO (no de la Nación), porque una AUTONOMÍA nada tiene que ver con la SOBERANÍA, sino con la CIUDADANÍA, puesto que es una cuestión derivada de la soberanía, que NUNCA PUEDE DESPLAZARLA, NI SUSTITUIRLA, NI SUPLANTARLA.

Existen las autonomías en España porque existe la NACIÓN ESPAÑOLA, porque sin existir la nación española no podrían existir, por lo que queda claro que las autonomías no pueden procurar condición de soberanía, porque la única soberanís compatible con nuestra Constitución es la soberanía española.

La Constitución garantiza el derecho a la organización administrativa en autonomías, siempre que se fundamente en la unidad de la Nación española, y en ningún otro caso.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero está dando un Golpe de Estado encubierto e ilegal al subvertir el orden constitucional vigente y malinterpretar con insidia e insania nuestra Constitución. Porque una democracia no se soporta exclusivamente sobre los resultados de las urnas, sino sobre el respeto a las reglas establecidas por las leyes que son de obligado cumplimiento para todos los españoles, sean ciudadanos de a pie, o representantes públicos de a caballo.

El Presidente del Gobierno prometió por su conciencia y honor cumplir y hacer cumplir la Constitución Española, y está faltando a su palabra, privando a los españoles de su condición soberana y tratándonos exclusivamente como ciudadanos, a su conveniencia electoral, con la intención de perpetuarse en el poder gracias a las subvenciones que concede a sus pesebres electorales, y que están poniendo en peligro el bienestar presente y futuro de este país, para las próximas generaciones.

Por algo parecido, destituyeron a Zelaya en Honduras, Chavez ha convertido Venezuela en una dictadura encubierta, Evo Morales a depauperado aún más Bolivia, forzando la división de su país, y los diputados nicaragüenses, acaban de votar una resolución que impide que Daniel Ortega vuelva a presentarse a la presidencia del gobierno.

Y ahora presten mucha atención, si el Estatut no es revocado por el Tribunal Constitucional y sale adelante, Rodríguez Zapatero habrá dado un Golpe de Estado en España, porque nuestra Constitución quedará invalidada y habrá perdido toda vigencia.

Un presidente de Gobierno que pretende dar un Golpe de Estado encubierto e ilegal, puede y debe ser acusado de traición, sin menoscabo de otros delitos, porque se puede aplicar el artículo 588 del código penal, puesto que quiere firmar la paz con una región sediciosa de nuestro país por medio de un tratado encubierto que es el Estatut y que vulnera nuestra Constitución en numerosos apartados, la soberanía nacional de los españoles y el Estado de Derecho que nos corresponde, potestad que no le compete, pues sólo el Rey, con autorización de las Cortes Generales, puede hacerlo por ley.

La sedición existe cuando la autonomía catalana se está rigiendo por una norma extraconstitucional que priva a los españoles de sus derechos constitucionales, con la connivencia del Gobierno y el Parlamento españoles, que sólo pueden representar nuestra ciudadanía, pero nunca, jamás, nunca, la soberanía de los españoles, que en ningún caso, repito, en ningún caso, puede ser representada porque es intransferible.

Cuando Ibarretxe quiso proponer un referéndum para crear su Estado Libre Asociado en Euskadi fue inmediatamente revocado por el Tribunal Constitucional. ¿Por qué ahora que el Estatut pretende crear un Estado Libre Asociado encubierto en status de confederación –cosoberanía-, el Tribunal Constitucional no responde con la misma contundencia?. ¿Será porque los votos del PSE no conceden perpetuidad a Zapatero en el gobierno, y los del PSC son imprescindibles?.

Un Presidente de Gobierno que hace prevalecer sus intereses particulares o personales, sobre los que está obligado a representar por ley y palabra, ha hecho méritos suficientes para que el artículo 102 CE 1978 se aplique de inmediato y se le releve legítimamente de sus funciones, porque una Nación sin Zapatero prevalece legítimamente sin duda alguna sobre un Zapatero sin Nación, sin Constitución y sin Estado de Derecho, que es de lo que quiere privarnos a los españoles, no por ciudadanos, sino por soberanos, algo que excede extraordinariamente sus funciones institucionales.

Mejor aplicar el artículo 102 CE 1978 ahora:

Artículo 102.

1. La responsabilidad criminal del Presidente y los demás miembros del Gobierno será exigible, en su caso, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.
2. Si la acusación fuere por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones, sólo podrá ser planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo.
3. La prerrogativa real de gracia no será aplicable a ninguno de los supuestos del presente artículo.
que el artículo 8 CE 1978 después.

Artículo 8.

1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
2. Una Ley Orgánica regulará las bases de la organización militar conforme a los principios de la presente Constitución.

Queda expuesto a la opinión pública, a fecha 4 de diciembre de 2009.

Enrique Suárez Retuerta,
un ciudadano que no renuncia a su soberanía

miércoles, 1 de julio de 2009

La Comunidad Internacional apoyando Golpes de Estado

Realmente lo que ha ocurrido en Honduras, está sobre la mesa, requiere seguir analizando la situación; el Presidente Zelaya quería cambiar la Constitución siguiendo las indicaciones de Hugo Chávez y Evo Morales, para facilitar la perpetuación en el poder del socialismo revolucionario bolivariano. Eso es una acción ilegal, que se ha cometido en Venezuela, en Bolivia, en Cuba, y se intentará en Nicaragua y Ecuador.

La legalidad Constitucional de Honduras no permite que un presidente se postule a perpetuidad, arguya lo que arguya, mente lo que mente. No hay democracia posible si no se puede elegir, y no se puede elegir, cuando no se puede elegir todo lo elegible políticamente. Estas cosas suelen ocurrir en países que salen del colonialismo tardío y en partidos como el PP, la UPyD o Ciutadans, donde es la dirección la que elige el futuro de los militantes y no los militantes los que eligen el futuro de la dirección.

En fin, la OEA, la ONU, la UE y USA se han apresurado a calificar de Golpe de Estado lo ocurrido en Honduras, sin tener todos los datos, gracias a la manipulación de la información que han hecho los pupilos del ALBA, pilotado por Hugo Chávez y sus correligionarios.

Las autoridades que representan las instituciones hondureñas, incluso los miembros del propio partido de Zelaya, han dejado bien claro que no ha habido Golpe de Estado, sino que precisamente es lo que se ha evitado, un Golpe de Estado “democrático” como los que se han hecho en Venezuela y Bolivia, cambiando la Constitución, para imponer regímenes en los que la libertad esta subyugada a la ideología de los caciques “democráticos” que tienen por presidentes.

Ciertamente, estamos en un interludio, la mayoría de las instituciones plurinacionales y USA, han abogado por que se recobre la legalidad constitucional, pero precisamente es lo que se ha hecho, tras el intento de Zelaya de conculcarla. No obstante, las informaciones manejadas y manipuladas por los socialistas revolucionarios bolivarianos, están ofreciendo una impresión muy diferente.

Esta bien que los organismos internacionales intervengan en la cuestión para que se recobre la legalidad vigente, pero no para que se procure una nueva legalidad favorable a la decisión de una persona, aunque sea el Presidente, un estrambote político que legitime lo que han hecho Hugo Chávez, Evo Morales, y si me apuran, Fidel Castro. Esto es una auténtica vergüenza. La ONU, la OEA, la UE y USA, legitimando los Golpes de Estado que están convirtiendo las naciones americanas en una secuela postrera de la dictadura cubana que lleva 50 años con Fidel Castro en el púlpito, ese gran defensor de la democracia. Que tremenda hipocresía y además elaborada con la urgencia y alevosía de los delitos, antes de que se sepa siquiera realmente lo que ha ocurrido. Sin embargo en el Irán de la Alianza de las Civilizaciones, o en la China de Tiananmen y el Tibet, el ejército asesina a los demócratas que protestan y nadie dice nada.

¿Qué legitimidad tendrá la Comunidad Internacional a partir de ahora?.


Erasmo de Salinas

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