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domingo, 7 de diciembre de 2014

Proyecto Némesis

 


En la antigua Grecia, cuando los representantes políticos cometían Hybris, desmesura de poder, Némesis les pasaba factura. También Némesis era la encargada de reclamar a Zeus las vindicaciones de los excesos de los dioses y los hombres con el poder conferido por otros. La justicia democrática era implacable e ineludible.

Algunos consideraban que Némesis era la diosa de la venganza, pero más bien era el agente democrático ante los dioses y los hombres poderosos, que exigía que no se pasaran un pelo en sus cometidos. Némesis exigía y Diké (la justicia) ejecutaba

Los griegos antiguos desconocían el concepto de pecado cristiano, pero tenían dos crímenes públicos reconocidos, uno el de Hybris la desmesura del poder inadmisible en una democracia y otro la asebeia, el intento de cambiar las creencias en los hombres adorando a nuevos dioses o nuevas costumbres, de este último fue acusado Sócrates e invitado a suicidarse. Pablo Iglesias habría sido acusado de este último crimen en la Grecia clásica, porque no se trata de cambiar los dioses en el poder, sino de cambiar las creencias en ellos y en su poder, lo que realmente nos conduce hasta la era de la razón.

Tales de Mileto, considerado por algunos el primer sabio de Grecia, en cierta ocasión pronunció una enigmática frase en las puertas del mercado de su ciudad jonia: “Todo está lleno de dioses”, frase que nunca se ha sabido muy bien que quería expresar, pero sin duda algo relacionado con el paso del mythos al logos, de las creencias a la razón. Poco después los griegos consideraron que rezar a los dioses para que lloviera estaba muy bien, pero mejor era hacer presas para acumular el agua en tiempos de sequía.

Platón ideó el mito de la caverna para contarnos a las generaciones venideras lo que sería la televisión y Aristóteles, su discípulo, consideró que el ser humano era un animal social o político, zoon politikon, pero siempre después de haber llegado a reflexionar y razonar, zoon logikon, y dejar de creer en lo increíble, zoon mythikon.

Protágoras de Abdera, por último nos dejó un magnífico legado, que Leonardo de Vinci plasmó en su hombre de Vitruvio: “el hombre es la medida de todas las cosas, tanto de las que son, como de las que no son”

A pesar de lo que algunos piensen, inducidos por los propagandistas de los partidos políticos, la democracia no consiste en tener leyes que no favorezcan a los privilegiados o concedan voz a los menos poderosos, el cometido inicial y final de la democracia griega y de todas las democracias que la han sucedido es reducir, limitar y controlar el poder de los que lo detentan, por parte de los ciudadanos.

La casta ha demostrado que quiere vivir en la tiranía o la timocracia, pero Podemos, con sus empoderamientos y reivindicaciones no resuelve ninguno de los problemas que tenemos los españoles con la política, porque la vía para resolver nuestros problemas con el poder no pasa por politizar a los ciudadanos, como ha dicho Pablo Iglesias, en un discurso artero para alguien que sabe de lo que habla al ser politólogo, sino precisamente de lo contrario, de civilizar a los políticos, limitando su poder para que nunca vuelvan a cometer crímenes contra la democracia y los demócratas.

La vía que ofrece Pablo Iglesias y sus seguidores para resolver los problemas que tenemos con la casta no nos conduce a ninguna solución, sino a la consolidación de la tiranía ejercida desde el poder. No se trata de que los representantes políticos acumulen más poder, de que haya más estado, más funcionarios o más recursos públicos, sino precisamente de lo contrario, Pablo Iglesias no nos habla de libertad, nos habla precisamente de lo contrario, como hacía Lenin hace 100 años, libertad ¿para qué?

Ahora mismo estamos en una fase curiosa de la democracia, la que transcurrió entre las constituciones de Solón, aquel que concedió a los mejores la representación del poder desde la timocracia, y la de Clístenes, aquel que concedió al pueblo ateniense el control del poder y lo convirtió en soberano de su destino, inventando la genuina democracia.

La izquierda en este país es una representación de la oclocracia griega, la muchedumbre que apuesta por la tiranía, mientras la derecha es una representación del despotismo, el poder para el pueblo pero sin el pueblo. Los nacionalistas y los demás deambulan entre oclocracia y despotismo según conviene a sus intereses.

Los españoles nos vamos convirtiendo poco a poco en no representados, en las últimas europeas el 58 % de los posibles electores no fue representado por ninguno de los que se presentaba, en el referéndum catalán 2/3 de los catalanes no acudieron felices a la pantomima de Artur Mas y Oriol Junqueras para ocultar la debacle de la gestión económica catalana, que incluye un expresident que ha reconocido que lleva treinta años trincando.

Y los no representados adoramos a Némesis, ahora sí convertida en diosa de la venganza, que pasará factura a todos estos sátrapas y trileros de la democracia, sean de la casta o de podemos, que algún día, sin duda más próximo, rendirán cuentas por sus crímenes ante los demócratas de este país. 

A Némesis la acompaña siempre Diké en su cometido, la diosa de la justicia, porque una venganza justa de los poderosos que se han aprovechado del pueblo y la democracia, es posiblemente lo único que puede devolvernos a la normalidad. Sólo es cuestión de información, tiempo, paciencia y conciencia.



Enrique Suárez

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Dilemas democraticos: cuando la mayoría es sometida a la decisión de la minoría






Sobre la democracia se pueden decir muchas cosas, pero sin duda la regla de la mayoría debe ser insoslayable, la mayoría de electores tiene derecho a que se adopte la posición que defiende cuando hay varias alternativas de elección.

Entre las alternativas de elección hay una que es ninguna alternativa, aquellos que no acuden a las urnas la eligen, como en las pasadas elecciones europeas hicieron el 58 % de los electores posibles, o más recientemente, casi dos tercios de los catalanes convocados a la consulta por la independencia de Cataluña.

Sin embargo el poder sólo cuenta las decisiones que favorecen a su perpetuación descontando las demás, es decir, el latrocinio de la voluntad general de la mayoría que decide no apoyar a nadie en las urnas.

Si la democracia debe regirse por la decisión de la mayoría y la mayoría decide no apoyar a nadie en unas elecciones ¿cómo se puede considerar un resultado democrático y válido si no representa más que a una minoría que ha decidido participar en un juego rechazado por la mayoría?

Aristóteles y Polibio lo establecieron hace 2.000 años, oclocracia, cuando las muchedumbres apoyan a las tiranías, porque no se puede considerar representación de un pueblo a la porción minoritaria que acude a votar en las urnas. Aunque es legal gracias a los artificios de los partidos políticos, no puede considerarse democráticamente legítimo.

Otra cosa sería que los representantes elegidos en un parlamento fueran exclusivamente los que han recibido el apoyo directo de sus seguidores, en las últimas elecciones europeas, España elegía 54 candidatos, votaron a todos los partidos un 42 % de los electores, mientras que un 58 % no acudieron a votar, no implicándose en la representación teatral que se conceden los elegidos. Rigurosamente tendríamos que tener 23 representantes en el Parlamento Europeo y no 54 a los que pagamos todos los meses, por representar a quien no representan.

Es decir, 31 candidatos son ilegítimos, representan a sus partidos, pero no representan a los españoles que no les han votado. Esta inflación de poder debe concluir de inmediato si queremos que la democracia sea representativa, porque no puede aceptarse de ninguna forma que haya más representantes elegidos por los que no votamos a nadie, que por los que votaron a alguno. 

La mayoría puede ser silenciosa, pero no es idiota, no puede elegir aquello que resulta nocivo para su existencia. Sin embargo, la minoría ignorante puede alzar a cualquier tirano que niegue su estupidez y halague su espíritu cívico, ante la perplejidad de los demócratas que han decidido no apoyar un sistema que sólo ofrece farsantes y chorizos para regir su destino.

Enrique Suárez

lunes, 1 de diciembre de 2014

Hablando claro: ni casta, ni podemos


Si la casta es la representación inícua y desquiciada del poder, en su plena magnitud y su voraz profundidad, que ha secuestrado las instituciones españolas, hasta ser responsable de toda la corrupción, fraude y menosprecio cívico que nos concede, la derecha de la casta formada por todos los partidos con poder y representación, por dejarlo claro; Podemos es la izquierda de la casta, que sin cambiar instituciones, ni hábitos, ni perseguir delitos cometidos pretende imponernos como alternativa un programa comunista estrafalario, absolutamente incompatible con la idiosincrasia española, los problemas que tenemos y nuestra condición europea. 

Si la casta de derechas en la que se reúnen todos los partidos con representación y poder está formada por ilusionistas, la de izquierdas, que aspira a desplazarlos del poder, está formada por iluminados. Es hora de que dejemos de jugarnos nuestro porvenir entre ilusionistas e iluminados y alcancemos definitivamente la realidad

La inmensa mayoría de los españoles sabemos que tenemos un grave problema con la representación política afincada de forma sectaria en los partidos políticos de todos los colores, como se ha podido comprobar en las pasadas elecciones europeas, en la que los apoyos a todos los partidos –incluido Podemos- recibieron un 42 % de apoyo electoral, porque el 58 % de los españoles con derecho a voto no avaló a ninguno. Más recientemente en el simulacro independentista de Cataluña, sólo un tercio de los catalanes acudió a la convocatoria de todos los partidos que gobiernan la comunidad en simulacro de secesionismo ininterrumpido.

La representación política española tiene un grave problema de legitimidad, que la casta trata de resolver con un simulacro de regeneración desde el poder y un simulacro de amenaza a la coherencia representado por Podemos. Pero en este país ya no estamos para simulacros, porque como no se inicie el camino sustancial de devolver este país a la democracia real, tras el secuestro desde el poder que se ha venido cometiendo durante las últimas décadas,  cualquier día nos despertaremos con un simulacro de revolución y violencia, que vamos a terminar pagando todos.

Es hora de dejar atrás todos los simulacros que sólo sirven para ocultar todas las mentiras y corrupciones del poder y dan alas a las hordas de coletaris y posiblemente, en breve, a las de los nazis sin cuartel que esperan una oportunidad para romper con cualquier recuerdo de orden,  normalidad y tranquilidad. Es hora de devolver al congelador de la historia el huevo de la serpiente, porque de otra forma el precio del descalabro cometido desde el poder no lo van a pagar exclusivamente los criminales que lo han cometido, sino todos los españoles. 

Es hora de que rindan cuentas y se dejen de cuentos, este país no soporta más el burka que tratan de imponerle, los de la casta y los de Podemos. Ni Ormuz, ni Ahriman, el maniqueísmo es tan arcaico como la soberbia, desmesura, osadía y miseria de los representantes del poder a lo largo de la historia, contra hibrys, no queda otra que Némesis, cuando Até, la diosa de la fatalidad anda suelta. 

La hora de la verdad se aproxima y va a dejar en pelotas a todos lo que representan el simulacro de democracia en que han convertido nuestra existencia, tras habernos dejado despojados, devastados y demolidos a quienes un día, crédulos, ingénuos e inocentes,  les alzamos al poder. La nación española tiene un poder supremo y soberano, el pueblo español, todos los demás, rey, partidos, instituciones y poderes fácticos son prescindibles. El pueblo español hablará y decidirá cuando le salga de las narices, no cuando se lo permitan y consientan los tiranos, para ser lo que se es, no hace falta permiso, ni concesiones.

Enrique Suárez

Libertad para los españoles


Hace 40 años la gente estaba en las calles pidiendo libertad, para este país y para sus ciudadanos, la libertad por entonces tenía como destino acudir a las urnas  en democracia y poder elegir entre las distintas opciones que se presentaban para representarnos políticamente.

Hace 40 años un pueblo daba su salto definitivo a la democracia, después de 40 años de dictadura tras una guerra civil, había ilusión y esperanza en la gente, confianza en la política y en los políticos, y una magnífica agregación colectiva para construir nuestros sueños.

¿Qué hemos hecho? ¿Qué han hecho aquellos a los que les hemos concedido nuestra representación para encontrarnos actualmente políticamente devastados, cívicamente desmoralizados, perdidos y desvalidos? ¿Qué se ha hecho mal?

Estas preguntas merecen una reflexión, el próximo 6 de diciembre se cumplirán 36 años de la Constitución vigente, que es el nexo común entre todos los españoles, mejor dicho, entre casi todos, porque algunos españoles no quieren saber nada de ella, mientras el Gobierno del Estado se equivoca al permitir los juegos malabares que algunos se conceden impunemente, en Cataluña, Andalucía o Madrid.

Sin duda todo esto tiene una explicación, aunque sea compleja, por mi parte daré referencia de los tres elementos que constituyen el origen de la catástrofe: 

El primero sin duda alguna fue el Golpe de Estado dado por José Luis Rodríguez Zapatero al votar en el Parlamento Español un Estatut de Cataluña que luego resultó inconstitucional en sus aspectos fundamentales, sin que nadie exigiera el regreso a la legalidad en tierras catalanas. ¿Por qué Zapatero cometió prevaricación que nadie se atreverá a reclamarle?. Por mi parte lo tengo claro, para ocultar la tierra quemada que iba a dejar como legado a los españoles tras su penoso discurrir por la historia de este país como Presidente del Gobierno

El segundo la desmesurada corrupción existente en este país, que interesa a todas las formaciones políticas, en mayor o menor medida, incluido el Gobierno nacional y la casi totalidad de los Gobiernos autonómicos. Vivimos en un Fallo de Estado y un fracaso institucional, que incluye a la justicia y todos los órganos de control, incluida la prensa al servicio del poder político, para ocultar la impune conducta de los políticos de este país que han desvalijado instituciones y recursos públicos a su voluntad, sin recibir la sanción correspondiente y las inhabilitaciones oportunas. Que nadie se olvide que si dentro de los partidos políticos hay autores materiales de los delitos cometidos, todos los demás que les han acompañado en las siglas son cómplices o en su defecto unos negligentes que lo han permitido.

En tercer y último lugar, la soberana incapacidad de los españoles de poner orden en el caos existente, ejerciendo sus libertades y derechos cívicos hasta acorralar a los depredadores de su bienestar, por el contrario, la mayoría de los españoles esperan soluciones milagrosas o mesías que les salven del destino seguro de quiebra democrática que les espera, además de la continuidad en el despojo que se cometerá desde la política sobre ellos. Absortos en la ceremonia de la confusión que se ha organizado desde el poder para ocultar sus crímenes, mientras nos cuentan cuentos y no rinden cuentas.
Sólo hay una forma de resolver nuestros problemas con la forma de gobernarnos y pasa ineludiblemente por desalojar del poder a todos los crápulas que lo ocupan e impedir que otros similares, disfrazados de diferentes, puedan ocuparlo. Si queremos que cambien las cosas, no queda otra, es hora de que cambiemos nuestras actitudes hacia el poder, mientras la calaña que nos representa nos siga considerando sus siervos y no sus soberanos, nada cambiará en este país.

Enrique Suárez

jueves, 27 de noviembre de 2014

Los cien del poder




Se nos está llenando el país de caínes y abeles,  era algo de esperar  desde que el dios de las urnas hizo que Zapatero se convirtiera en Adán, para que de su costilla saliera Rajoy; creo que en la alegoría del Paraíso que se han montado los de la casta, Pujol debía ser la serpiente y el árbol del bien y del mal, la corrupción. 

Mirando atrás, que bien estaba este país, limpito de roña y mugre sin todos ellos; pero que se le va a hacer, la dicha de los ilusos puede ser inagotable, por eso ahora tenemos la segunda generación de castosos, con sus Iglesias, Sánchez, y garzones por la izquierda y sus a ver quién se lo dice a Rajoy, al otro lado. Los catalanes jugando a su Juego de Tronos para ocultar la corrupción y los demás de comparsa

Con este elenco a lo máximo que podemos aspirar es a hacer el ridículo más espantoso, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. La degradación de la casta no da para más, se ha producido una selección invertida en la que los mejores han sido desplazados por los peores hasta formar una magnífica kakistocracia, que viene a ser los peores gobiernos, con las peores oposiciones y las más pésimas políticas, en las peores circunstancias.

Pero creo que lo más importante es que este país que vive en un sinvivir por una coleta, entre los defensores, los atacantes, los detractores y los aplaudidores de Podemos y nadie se ha dado cuenta de que si hace poco hemos sabido que 20 fortunas  acumulan más riqueza que 14 millones de españoles, nadie se ha dado cuenta que otros 20 españoles deciden desde el poder político todo lo que le ocurre a 46 millones de españoles, porque los demás que dicen nos representan van de comparsa de la casta;  20 españoles deciden lo que se puede juzgar, aplazar o sobreseer; otros 20 españoles lo que puede salir en los medios de comunicación o no y otros 20 españoles deciden la economía de este país, con austeridades, paros y deudas públicas.  Esos cien españoles son los que cuentan y los demás contamos una mierda soberana.

Es decir, todo el poder de este país está en manos de 100 personas y se atreven a llamarlo democracia, menos mal que nos hemos salvado de vivir en una oligarquía desde que nos concedieron el derecho a votar, para que siempre sigan los mismos arriba del todo y los mismos sosteniéndolos. 

Lamentablemente, Pablo Iglesias se ha convertido en uno más de esas cien personas que deciden por todos los demás sobre su vida, obra y miserias, algo que por otra parte era esperado, desde que decidió convertirse en el mesías coyuntural para que el poder siga en las mismas manos de los cien despojadores que viven a costa de los 46 millones que los sostienen en su inocencia e ingenuidad, en este simulacro de democracia. Para las próximas elecciones se recomienda votar por Santa Rita, que es la única demócrata que se presenta.

Enrique Suárez

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