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sábado, 7 de diciembre de 2013

El estúpido necesario


Cuando la casta política española comienza a perder el respeto por sí misma, no importándole ni las leyes, ni las instituciones, ni la Constitución,  ni la soberanía de los ciudadanos a los que, enfáticamente, trata de representar, surge un interlocutor genérico al que dirigen su discurso: el estúpido necesario.

De esta forma se reducen todas las diversidades existentes en un proceso de homogeneidad que permite la construcción de borregos electorales, que acudirán a las urnas para apoyar a aquellos que les salvan cada día de sí mismos, o a aquellos, que al contrario, pretenden "librarles" de los supuestos salvadores. El estúpido necesario, representado en la mayoría silenciosa que demanda lo que la casta le ofrece, representa en sí mismo al cuerpo electoral decapitado de todos los regímenes totalitarios.

La propaganda comienza por considerar culpables a los ciudadanos de la desmesura de los políticos: “verán ustedes si nosotros nos equivocamos es que ustedes se han equivocado, porque nosotros somos infalibles”;  de su propia situación: “si ha perdido su casa, si se ha quedado en el paro, si no tiene que comer, es problema suyo, algo habrá hecho mal”; de los desmanes consecuentes: “si hemos salvado las Cajas de Ahorros de las que todos los de la casta hemos trincado, es para que no nos echen del euro, al fin y al cabo, este sistema está hecho así, con una casta que vive de los demás y un sufrido pueblo que sufraga sus excesos”; y por supuesto, de su vulneración permanente de las leyes que imponen a los demás: “es normal que en este país hayan desaparecido miles de millones de euros de dinero público, se haya traficado con influencias, se haya cometido prevaricaciones y cohechos, todo eso es normal, y es la razón que justifica que, en un futuro incierto, haya que modificar la Constitución, es inconcebible que todavía algún miembro de la casta siga por los tribunales, la dictadura no funciona”.

El estúpido necesario, habitualmente no dice nada, pero observa como un búho como va desapareciendo de la farsa representada cualquier atisbo de democracia que hubiera podido existir en el pasado, acumula información sobre la lacra que supone la casta política representativa para su existencia, y por supuesto, va estableciendo un criterio de decisión para el futuro desde el razonamiento que le asiste, en el que dirimirá sobre un escabroso dilema: ¿a quién elegiré para que me robe, me maltrate, me considere idiota y me expolie con impuestos sin fin. ¿A los que me dicen que la austeridad debe prevalecer mientras ellos despilfarran? ¿A los que me dicen que lo social y lo público debe crecer para que tengan más de dónde trincar? ¿A los que me dicen que hay que cambiarlo todo porque tal como están las cosas, ellos no pueden robar, trincar, prevaricar y adquirir privilegios como aquellos a los que aspiran a sustituir, incluidos los que abogan por independencias?

Creo que la casta se equivoca en esta ocasión, porque los estúpidos necesarios están en vías de extinción en este país, exactamente igual que aquellos que consideran necesario que existan ciudadanos estúpidos para poder continuar ejerciendo su tiranía, mientras acumulan privilegios para sí mismos y reparten perjuicios para todos los demás. El tiempo de los depravados ha concluido, y se aproxima, sin duda,  la ocasión para exigir responsabilidades por su desmadre a todos los miembros de la casta. 


Enrique Suárez 

lunes, 2 de diciembre de 2013

España no aguanta más y los españoles, tampoco




Durante los últimos siete años he seguido la deriva de la política en España, de partidos y partidarios, de todos los partidos que conforman el elenco representativo español en las instituciones públicas. Ha sido una tarea cotidiana que he añadido a las que me corresponden como ciudadano de este país que paga sus impuestos y recibe a cambio una pequeña parte de lo que procura, porque lo demás se queda por el camino en la cuenta de algún sinvergüenza.


Durante estos largos años, he constatado que la política en este país no es otra cosa que una forma acabada y singular de estafar a los ciudadanos con falsas promesas, demagogia, y propaganda, con el único objetivo de crear una casta de impresentables que viven en el privilegio inmerecido, algo que han logrado, con la inestimable contribución de la justicia española que les ha servido de cómplice, lo que les ha permitido convertir este país en una casa de putas en la que ejercen su proxenetismo, de forma inmune e impune.


Para alcanzar su propósito, no han dudado en hundir la economía de este país con despilfarros, robos y miserias, insoportables para cualquiera que no pertenezca a la casta, pero asumidas por todos los que pertenecen como una condición de pertenencia: su complicidad en todo lo que ocurre. Ni les ha impedido dejar en el paro y al borde de la supervivencia a millones de españoles. Ni cargarse todo lo que haya sido necesario para imponer su despotismo.


En nombre de la democracia, y a su pesar, hemos ido comprobando que no hay nadie que se salve de la quema, en todas las organizaciones de representación pública hay motivos suficientes para encerrar en la cárcel a sus ejecutivas de inmediato. Sin embargo, no ocurre nada, porque el poder está en sus manos, exclusivamente en sus manos, ellos han nombrado al policía que debería detenerlos y al juez que debería juzgarlos –con honrosas excepciones-, también han comprado a los medios de comunicación que deberían denunciarlos –con honrosas excepciones- y por supuesto, se han encargado de ocupar también los espacios de protesta, para dirigir estas según les convenga, los de opinión pública en la red con sicarios a sueldo para que confundan a la gente, y por si fuera poco, ahora están creando leyes inconstitucionales para acotar más su poder de cualquier protesta, que no fuera controlada por los de siempre.


En estas circunstancias la única solución pasa por el abandono definitivo de toda confianza en los representantes públicos que utilizan el poder conferido por los ciudadanos en su propio beneficio, como ocurrió recientemente cuando en una manifestación de estudiantes de Madrid contra la LOMCE, los estudiantes se volvieron contra los organizadores políticos y sindicales del acto de protesta.


Sólo nos puede salvar de la opresión infame que se avecina el sentido común, pero no como una mínima expresión de racionalidad compartida, sino como agregado de voluntades en unión contra los adversarios que detentan el poder, la unión libre del pueblo español, sin manipulaciones de nadie, sin partidos políticos que dirijan la protesta para defender sus propios intereses contra sus adversarios políticos, que dejemos de ser carne de cañón de todos ellos. Al fin y al cabo, ellos son sólo un 1 % que ejercen la tiranía contra el 99 % restante, sin cumplir la Constitución, ni las leyes, ni siquiera las mínimas normas de convivencia.


Hasta que los españoles, en ejercicio de nuestra soberanía, no nos demos cuenta de que debemos abandonar la representación política que nos convierte en ganado electoral para volver a ser ciudadanos que exijan respeto a quienes les representan, contra sus propios intereses y necesidades, no habrá nada que hacer. 

La batalla que está por venir está definida, los condenados a obedecer y a callar, contra aquellos que les mandan por la Gracia de Dios, o sus antípodas, el motivo al igual que la ideología, es lo que menos importa, porque no hay motivo, ni ideología que permita asumir este régimen de corrupción como una democracia.


Enrique Suárez

viernes, 29 de noviembre de 2013

La desaceleración del decrecimiento



Cuando se escuchan las explicaciones que se ofrecen de la evolución de la economía española desde los aledaños del Gobierno, lo primero que llama la atención es los esfuerzos que se toman por adornar la decadencia de nuestra estructura económica, laboral, social y política. Los responsables del Ministerio de Economía español viven entre el delirio y la disquisición, pero están absolutamente seguros de que la economía española está mejorando. Por supuesto, el papel lo resiste todo, y unos medios de comunicación sometidos repiten como loros la intoxicación en la que se cultiva en el despropósito a este aturdido y sonado pueblo, después de haberse peleado contra el destino con dos puños volviéndose contra él: primero el de Zapatero (PSOE) y ahora el de Rajoy (PP).


Zapatero quedará inmortalizado para siempre cuando engañó a los españoles negando la existencia de una crisis económica para triunfar en unas elecciones; sin embargo es curioso que todavía ande promoviendo su libro por los sanedrines y no esté en la cárcel, como máximo responsable de lo que nos está ocurriendo. Lugar al que debería acompañarle Mariano Rajoy, por haber engañado a los españoles, plasmático icono de la estupidez, al haber decidido continuar con las políticas socialdemócratas de su predecesor, haciendo pagar a los españoles por la crisis que había creado la patulea descamisada del PSOE, IU, UGT y CCOO. 

De Mariano Rajoy se esperaba algo más de inteligencia cuando se pasó ocho años sin hacer absolutamente nada en la oposición, para evitar la catástrofe en la que nos encontramos; algunos pensamos que había reflexionado sobre lo que acontecía y que ya tenía un plan para que saliéramos de la crisis que nunca existió para Zapatero cuando llegó al Gobierno, pero desgraciadamente no ha sido así, improvisación tras improvisación estamos peor que estábamos.


Estamos peor que estábamos, porque tras dos años de Gobierno del PP, todavía no sabemos quiénes han sido los autores intelectuales de la crisis, aunque sabemos que autores materiales hay muchos dispersos por partidos políticos y sindicatos, con muchos miles de millones de euros desaparecidos. Todavía hay más confusión, pues si pensábamos que la crisis se debía al despilfarro de tierra quemada que cometió el PSOE para seguir ganando elecciones aunque fuera endeudando este país para siempre, ahora, cuando Rajoy ha acelerado nuestra velocidad de endeudamiento para dejar todo como está, es decir, hecho una mierda, nos damos cuenta de que endeudar un país es la única cosa que se les ocurre a los mequetrefes para salir de una crisis que nunca existió.

Por no decir nada de la reducción del déficit público, que si en el años 2012, con el 10,6 %, fue el mayor de Europa, y que en realidad hubiera sido de un 6,9 % si Mariano Rajoy no hubiera decidido empufarnos en un 3,7 % más para tapar el desfalco de las Cajas de Ahorros cometido por los partidos políticos y sindicatos; pero poco hemos avanzado, pues este año el déficit público se estima que será del 6,8 %, una décima de reducción en todo un año subiendo más de un 20 % los impuestos y habiendo reducido en un 20 % el poder adquisitivo de los españoles. Es decir, un 40 % de pérdida de poder adquisitivo total. Las pensiones se han congelado, es posible que lleguen a subir 10 euros en el año, el 0,25 %, si las cosas salen bien. Y tenemos 50 impuestos más que cuando estaba Zapateero gobernando.


Sin embargo, debemos ser optimistas porque aunque la actividad económica se ha reducido en un 7,5 % y se han perdido 3,7 millones de empleos, que tardaremos décadas en volver a recuperar, elevándose los parados hasta los 6 millones y reduciéndose la actividad económica hasta los 16,2 millones, la economía está repuntando, según los charlatanes de turno del Ministerio de Economía. Y el paro seguro que disminuye, cuando emigren un par de millones de españoles para poder comer, a otros países, y entonces dirán que la política de reducción del paro del PP ha sido un éxito.

Se muestran eufóricos porque si con algo ha podido este Gobierno ha sido con la lucha contra la recesión y la deflación que viene pisando fuerte, el PIB ha crecido un 0,1 % en el tercer trimestre de 2013 y el IPC ha subido hasta el 0,2 en noviembre, fundamentalmente porque se esquilma aún más a los españoles con impuestos, fundamentalmente en el sector de carburantes y energía, que no se han reducido como debieran a precio de mercado, subiendo aún más la carga impositiva que soportábamos hace un año.


Se sienten orgullosos en el Ministerio de Economía, porque el paciente en coma de la economía española ha movido un dedo durante un segundo y eso indica que hay posibilidades de que regrese a la vida normal y además un signo evidente de que no está muerto, y como todo el mundo sabe mientras hay vida hay esperanza, aunque siga con respirador artificial, alimentación parenteral y cuidados intensivos en la UCI de todos los despropósitos cometidos por la casta política española contra él.


Sin duda, el pueblo español sigue en coma, a pesar de la movilidad digital,  pero creo que nunca volverán a ser igual las cosas para la casta política e institucional que lo llevó a tal estado, porque si recobra la vida que le han hurtado por el accidente electoral que lo atropelló con Zapatero y lo remató con Rajoy, no creo que vuelva a exponerse nunca más a que los criminales que lo inmolaron para salvar sus culos, puedan volver a hacerlo. Una cosa es que los españoles hayamos llegado al coma por la paliza a que nos han sometido los de la casta, pero otra muy diferente es que porque ahora nos saquen de él hechos una mierda, les agradezcamos que nos hayan salvado, cuando ellos han sido precisamente los que nos dejaron en tal estado.


Pero en este mundo al revés en el que vivimos en España, donde se hacen homenajes a los asesinos y se oculta bajo un burka de indignidad a sus víctimas, imponiéndoles una mordaza de buenos sentimientos solidarios, todo puede ser posible. 


El dilema de Zapatero y el problema de Rajoy son envés y revés de la misma moneda de Judas, crucificando el destino de los españoles en el aspa de la pobreza y la miseria que nos espera durante las próximas décadas, en la que algunos ya han perdido todo y sólo les queda la vida para entregársela a la esclavitud a que quiere someterlos la casta, porque para poder seguir viviendo en sus privilegios inmutables y aristocráticos, tienen la pretensión de que buena parte de los españoles se conviertan en "intocables". 

No está mal el invento, lo que dudo mucho es que les dure.


Enrique Suárez

domingo, 24 de noviembre de 2013

La obscenidad de Mariano Rajoy



Voy a ofrecerles, en un breve resumen, las razones económicas por las que España no está saliendo de la crisis, la triple D, de desgracia con el Gobierno de Mariano Rajoy que nos ha tocado a los españoles en suerte después del viaje a ninguna parte de su predecesor, el contador de nubes. La triple D, DDD, es la causa de nuestros males presentes y futuros: Desempleo, Deuda y Déficit.

Sobre la Deuda Pública pocos españoles conocen que España es el segundo país que se está endeudando más deprisa de Europa, tras Grecia, sobre la deuda pública que teníamos en 2012

% DEUDA PÚBLICA / PIB
DICIEMBRE 2012
JUNIO 2013
INCREMENTO
ANUAL
ESTIMADO
SOBRE 2012
ESPAÑA
86,0
92,3
6,3
12,6
14,65
ALEMANIA
81,0
79,8
-0,2
-0,4
- 0,004
ITALIA
127,0
133,3
6,3
12,6
9,92
FRANCIA
90,2
93,5
3,3
6,6
7,31
REINO UNIDO
88,7
89,6
0,9
1,8
0,2
PORTUGAL
124,1
131,3
7,2
14,4
11,6
GRECIA
156,9
169,1
12,2
24,4
15,51
IRLANDA
117,4
125,7
8,3
16,6
14,1








A pesar de ello, el Déficit Público no se reduce, aunque fue el más elevado de Europa en 2012, con el 10,6 % gracias a la ayuda a los bancos que se ha terminado convirtiendo en deuda pública; pero sin esta "bufanda" el déficit de 2012 quedaría en 6,9 %, pues según las estimaciones de FMI y diversos bancos el déficit público de España será del 6,8 % en 2013. Lejos, por cierto, del 6,5 % que se había concertado con Europa, lo que impondra a los españoles nuevos ajustes y posiblemente, subida de impuestos.

En cuanto al desempleo, los datos son más halagüeños, porque desde 2011 a 2012, ha disminuido un 0,15 % anual, lo que quiere decir que para alcanzar pleno empleo en España sólo tendrán que pasar, a este ritmo,  tan sólo 280 años

España no está saliendo de la crisis con el Gobierno del PP de Mariano Rajoy, sino que se está hundiendo definitivamente en ella para siempre, si además contamos que estamos en recesión con un PIB que se va reduciendo y al borde de la deflación con un IPC negativo.

Como en Economía no existen los milagros, por mucho que se empeñen los propagandistas del Gobierno de Mariano Rajoy de que estamos saliendo de la crisis, este país no saldrá de la crisis hasta que se reduzca considerablemente el gasto del Estado, se despida empleados públicos innecesarios, se cierre el grifo al despilfarro de las autonomías, se reduzca lo público, se dejen de hacer prestamos a los bancos a fondo perdido (para tapar el desfalco de las Cajas de Ahorros), y en este país haya un gobierno que sepa gobernar y además, tomar las decisiones correctas. Al ritmo que plantea el Gobierno de Mariano Rajoy la salida de la crisis, nuestros nietos todavía estarán preguntando que para cuándo, cuando hayan alcanzado nuestra edad.

No se puede seguir engañando a los españoles gratuitamente, como hizo Zapatero en su día para mantenerse en el poder a costa de enviarnos directamente a la mierda, de la que este gobierno no nos sacará ni en veinte años, con la de descerebrados aleccionadores e inmorales que contiene. Si no saben cumplir con su responsabilidad, váyanse para su casa, y dejen de seguir jodiendo a los españoles con más embaucamientos. Esto no es austeridad, es simplemente obscenidad.


Enrique Suárez

jueves, 21 de noviembre de 2013

La casta se desnuda



"El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad." Fenelón

El público español cada día está más abrumado con la farsa que representa el elenco político de este país, no hay aplausos, no puede haberlos; los actores mediocres, la trama desoladora, el guión burdo, anuncian que el desenlace no puede ser amable. No habrá aplausos, ni votos, ni sonrisas. No habrá fotos, ni más triunfos de la demagogia que presume de democracia.


Los españoles tenemos un grave problema con la casta de este país, que sólo se resolverá si la casta de este país tiene un problema aún más grave con los españoles. Cuestión de soberanía. No se puede permitir que el poder del Estado del que somos ciudadanos, triunfe sobre el poder del pueblo, de los españoles, es decir, la nación. Será como españoles, y no como ciudadanos, como acabaremos resolviendo este desmadre, esta pantomima, este esperpento.


Hay pocos españoles que se hayan dado cuenta de lo que ocurre, una lucha despiadada del poder, no por el poder entre los partidos, sino de la casta de todos los partidos contra sus súbditos que ayer se creyeron ciudadanos, una guerra encubierta y discreta que consiste en debilitar al adversario con impuestos, recortes, leyes impropias de un Estado de derecho, e incumplimiento de numerosos derechos fundamentales, hasta someterlo a la tiranía en nombre de la democracia inexistente.


A la casta se les está cayendo el disfraz, esto permite a los españoles ver su ampuloso vestuario avejentado de Antiguo Régimen, adornado por la gracia de Dios de todos los despotismos. La opresión del poderoso, la ley del más fuerte, la violencia extrema de los mezquinos contra aquellos que les alzaron a donde están.


La casta se desnuda, españoles, está en pelotas ante el pueblo y ya no puede ocultar por más tiempo su desmesura, su hibrys, su desfalco, su apropiación indebida de recursos públicos, privados, instituciones, poderes, leyes e intermediarios de la intoxicación, tras haber utilizado la Constitución Española como retrete.


No es el reparto del CGPJ, ni la excarcelación de los etarras, ni los seis millones de parados, ni el billón de euros de deuda, ni el déficit público del 10 %, ni las ayudas a las Cajas de Ahorros para que no se descubriera su vaciamiento por partidos políticos o sindicatos, ni tampoco lo es la independencia de Cataluña o la ópera bufa de Gibraltar o Melilla. No es que Zapatero fuera peor que Rajoy o Rajoy peor que Zapatero. Tampoco que nadie desde el poder haya pedido disculpas a los españoles, no es que el PSOE haya iniciado la agonía por incapacidad manifiesta de presentar una propuesta creíble, ni que el PP viva en el enfrentamiento permanente entre sus miembros a pesar de tener una mayoría absoluta. No es que los sindicatos de clase estén al borde de la disolución por descubrirse que eran bandas mafiosas. No es que los españoles hayamos perdido en los últimos diez años un 50 % de nuestra capacidad adquisitiva, mientras nos fríen a impuestos y las compañías eléctricas nos cobran más que a los franceses por lo mismo, gracias a la política de las energías renovables y su codicia consentida por el Estado. Ni tampoco es que haya españoles que ya estén pasando hambre cada día.


Aunque parezca mentira nada de eso puede acabar con la casta, que soporta todo mientras usurpa el poder en su interés, prueba de ello es que con miles de casos de corrupción manifiesta apenas haya una docena de políticos en la cárcel. 


Con la casta acabará lo que siempre acaba con las castas, la falta de fe y credibilidad, los políticos de este país ya no tienen capacidad para devolverle a los ciudadanos españoles la confianza en la política, de ahí se deriva que cada día se le vean más las vergüenzas a la casta afortunadamente, porque el velo que ocultaba sus miserias estaba hecho del mismo tejido que la venda con la que habían impedido que los españoles supieran la verdad.


Sólo queda esperar el desenlace, posiblemente será una pequeña chispa la que comience un incendio, una injusticia más cometida con un ciudadano que se haya enfrentado a un político de la casta, una violación de un derecho más por parte de algún poderoso, o simplemente el último de los errores de la tiranía, tratando de someter a los españoles a una nueva ley injusta, será suficiente para que se inicie el apogeo del destronamiento de la casta.  


Roma no cayó porque Odoacro la invadiera, eso ocurrió después de que el último emperador, Rómulo Augústulo, fuera abandonado a su infausta suerte por los romanos.

Enrique Suárez

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