desde 2.006 en Internet

jueves, 24 de octubre de 2013

El Partido Pandereta



Quizás para los votantes despistados, el partido que hoy gobierna en España siga siendo, en su ingenua imaginación, un partido de derechas, o de centro-derecha, que aglutina a conservadores, liberales, centristas, respetuoso con las leyes y el orden, y que tiene entre sus máximos objetivos defender la unidad nacional, reducir el intervencionismo económico estatal, público, y social sobre el mercado español, y buscar la eficacia y la eficiencia de recursos, tanto materiales como humanos, en el avance hacia la salida de la crisis total que sufrimos en este país.

Nada más lejos de la realidad, el partido popular se ha convertido a la socialdemocracia en la estela del predecesor gubernamental de Mariano Rajoy. Ni es conservadora la política que realiza, ni es liberal la economía que patrocina, ni es unitario su criterio institucional. El PP ya no es lo que era, ha degenerado en una agregación de jóvenes castores, dispuestos a crear una presa-corralito en este país, que segregue a aquellos que viven de rentas de aquellos que viven de su trabajo.

Desafortunadamente, el PP que fundó Manuel Fraga, hoy defiende el Estado igual que lo hace el PSOE, frente a los españoles. El poder contra la libertad. La desigualdad creciente entre los españoles tanto por motivos económicos, políticos o territoriales será uno de sus legados. El PP de Mariano Rajoy no gobierna desde la razón o la coherencia histórica, sino desde el relativismo insustancial de sus predecesores.

La idea de España que tienen los actuales dirigentes del PP, nada tiene que ver con la idea de España que tienen sus votantes. La economía española está más intervenida y tutelada por el Estado que en la época de Zapatero, el café para todos autonómico de Alfonso Guerra, ahora es con azúcar y gratis. Ante la organizada redención política de ETA promovida desde instancias internacionales con el dinero de los españoles que han administrado los partidos secesionistas, incluido el PSOE, ha mostrado una rendición insólita. El PP no ha tratado de desparasitar la justicia española de elementos perniciosos y sectarios, ni de su partido, ni de los demás, al contrario ha enterrado a Montesquieu definitivamente. 

Con el PP estamos asistiendo a la segunda entrega de la política desquiciada de los que no tienen criterio alguno de los horizontes de su destino. Sin duda, sigue manteniendo las políticas más perjudiciales para los ciudadanos españoles, para no reducir el paro, para no sanear la economía doméstica que es el motor del país, pero se ha tomado muchas molestias para ocultar el desfalco de las Cajas de Ahorros y seguir manteniendo al millón de empleados públicos, en su mayoría colocados por su carnet o afinidad política, que nos sobran en este país, en igualdad de ratio con otros países europeos. No se puede comprender como para realizar la misma tarea en Alemania se necesita un empleado público y en España se necesitan dos.

El PP no apuesta por la juventud española, por eso en este país hay un millón de licenciados que están haciendo las maletas, para pagar las pensiones de aquellos países que les den trabajo; sigue aceptando los códigos socialistas en educación, sanidad, justicia y bienestar. Con el PP, la Constitución Española de 1978 se ha convertido en papel aún más mojado que con el PSOE, prevaleciendo como una doctrina la Ley de la Casta, que privilegia a los que mandan sobre los condenados a obedecer. 

Con el PP nos hemos seguido endeudando públicamente todavía más deprisa que con el PSOE, el déficit público va a superar el 9 o 10 % a final de año, cuando se había acordado el 6,5 % con la Unión Europea, y en esta ocasión sin tener en cuenta el 3,4 % del déficit que el año pasado nos colaron con los bancos-cajas de ahorros, de los que todos los de la casta trincaron. Con el PP, hemos descubierto miles de casos de corrupción cometidos por todos los partidos, pero en la cárcel sólo está Bárcenas, por haberse enfrentado al PP.

La tasa de paro ha descendido en un 0,15 % durante el último año, las trabas para las empresas son mayores aún que con los socialistas y los “agentes ensuciados”, los sindicatos y las organizaciones empresariales siguen dictando sus chorradas y siendo escuchadas por el Gobierno, sabiendo que estas organizaciones, las más sectarias de este país, tienen por único objetivo que nada funcione, porque de eso viven. 

Pero quizás el detalle que nos demuestra que el PP es un sucesor natural del progresismo del PSOE, es que apenas se ha hecho nada por mostrar a los españoles el descalabro que organizó el Forrest Gump que se iba a dedicar a contar nubes. En otro país, que fuera normal, y con un Gobierno que fuera decente, el señor Zapatero habría sido convocado al Parlamento para dar explicaciones a los españoles de todo lo que aconteció durante su mandato, del dinero público que desapareció, de la corrupción que se organizó, de las patadas a la Constitución que metió y de todos los delitos que se cometieron en este país en nombre del socialismo; pero como va a hacer tal cosa el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, si dentro de poco podrá ser reconocido como el mejor socialista de la democracia española por su defensa del Estado frente a los esquilmados ciudadanos españoles. Seguramente, si se presenta a las primarias del PSOE, obtiene más votos que Rubalcaba. La cuestión es seguir viviendo del cuento, ese es el único objetivo de La Casta de este país, de los socialistas de todos los partidos como tan acertadamente definió en su día Friedrich A. Hayek.


Enrique Suárez

viernes, 18 de octubre de 2013

La representación pública es un negocio como otro cualquiera



Lástima, los españoles pensando que vivíamos en una democracia, pero ahora se enteran de que en realidad es un negocio, extraordinariamente rentable para los representantes y extremadamente oneroso para los representados.


Usted le concede su representación a alguien y le convierte en privilegiado para toda su vida, porque en su nombre podrá cobrar sin hacer nada, sin estudios, sin haber demostrado esfuerzo alguno, sin mérito que le acompañe, puede usted convertir con su voto a un tarugo en ministro o a un cenutrio en Presidente del Gobierno, eso sí que es poder, alegría de los demócratas que transforman el plomo en oro, eso sí, siempre para otros, que luego se quedan con lo suyo y lo de los demás, para defender el país de la crisis, del paro, de la deuda pública, de la pobreza y la miseria, de la depredación y la corrupción. Sólo hay que ver España, como está, como ha prosperado en los últimos diez años, ni un problema tenemos los españoles, gracias a nuestros representantes políticos, elegidos democráticamente en las urnas, aunque designados por sus jefes de partido, pero tampoco hay que quejarse, nada es perfecto.


Los españoles nos quejamos de todo, en vez de agradecer a nuestros amos que nos dejen vivir con lo que quede después de limpiarnos más de un 50 % de nuestros ingresos para mantener a la casta, bien podíamos pensar que peor sería estar en el paro. Unos privilegiados somos los que trabajamos en este país y podemos seguir pagando impuestos para mantener la corrupción de los poderosos. Y todavía hay gente que se atreve a quejarse, ¡que ingratitud!


Cierto es que hay gente que prefiere ser robada por el PSOE, otros por el PP y otros por los nacionalistas, incluso hay algunos que prefieren que sean los sindicatos o la SGAE, en este país, al menos, tenemos la libertad de elegir aquellos que van a robarnos, que nos van a oprimir y esquilmar, y los que van a hacer negocio con nuestras vidas como si fuéramos ganado electoral. 


Para tamaña hazaña no hay que dudar un momento en mentir, embaucar a diestra y siniestra, para eso están las ideologías, porque si los ciudadanos estamos jodidos importa poco, lo único que importa es que los políticos que nos representan puedan seguir manteniendo el mismo tren de vida a nuestra costa, conservando todos sus privilegios mientras los demás nos llenamos de perjuicios, y aceptar humildemente sus opresiones, porque para eso nos representan, aunque algunos sería difícil que pudieran representarse a sí mismos.


Personalmente, cada día me siento más satisfecho de la perfección del sistema que convierte la voluntad popular en recursos para nuestros amos de la casta. Díganme ustedes sino es para estar orgullosos de que a pesar de lo que se ha robado en este país desde la política, no haya ni media docena de políticos en la cárcel. Eso se lo debemos al buen funcionamiento de la justicia, a la complacencia de los medios de comunicación con la corrupción, sería injusto que un representante político vaya a la cárcel, porque para eso son nuestros representantes para mantener inmunidad, impunidad y seguir haciendo negocios.


No comprendo cómo la gente puede seguir quejándose del  funcionamiento de las cosas. ¿Acaso ha habido algún estallido social?, todo está perfectamente controlado. ¿Y qué aburrimiento tendríamos los españoles si no tuviéramos cada día cinco o seis casos de corrupción sobre la mesa? Ciertamente, me parece una afrenta para los políticos las quejas injustas que están recibiendo por parte de los ciudadanos de este país, pueblo más histérico no lo hay. Como si robar en la política no fuera una actividad normal que genera numerosos puestos de trabajo entre los familiares y amigos de los políticos, ¿y cuántos negocios sucios se hacen con nuestro dinero, transfiriéndolo directamente a las cuentas de los testaferros para recobrarlo tras abandonar la política?.


Gracias le deberíamos dar a Zapatero, ese Forrest Gump contador de nubes, o a Mariano Rajoy, el plasmático tancredo  que vemos a través de una pantalla de televisión informándonos de que estamos saliendo de la crisis todas las semanas. No comprendo a los españoles, que además no se creen que todo lo que se dice desde La Moncloa es cierto de toda certidumbre.


Deberían hacer un decreto ley que condenara a todos los mal pensados de este país a trabajos forzados y a pagar el doble de impuestos de lo que pagan, por desafectos e insurgentes. Es que hay cosas que no se pueden consentir ni un minuto más ¿cómo se puede cuestionar que nuestros queridos representantes políticos no puedan hacer lo que les dé la gana si han salido elegidos en las urnas con nuestros votos? 

Menudo negocio que han hecho los pobres, por un mísero sueldo de 7.000 euros, más unas dietas de 3.000 euros y lo que vaya cayendo, tener que someterse día sí y día también al juicio de la opinión pública. Por Dios bendito, ¡ni que estuviéramos viviendo en una dictadura! Cárcel para los que protestan, sin juicio, es lo que se merecen los fascistas que están contra esta democracia ejemplar. Y si no les gusta, pues métanse a políticos, y ya verán lo que es sufrir, pero claro, es muy fácil ver los toros desde la barrera y criticar a los demás, honestos trabajadores de las urnas.


Enrique Suárez

jueves, 17 de octubre de 2013

Nacionalelismo catalanista




Si no fueran tan lelos los catalanistas, se darían cuenta de que sus motivos no son más prevalentes que los de los madrileñistas, asturianistas, andalucistas, galleguistas, castellanistas o murcianistas. Tan extravagante es su simplismo racional que consideran que los deseos se pueden convertir en hechos por la magia de las subjetividades diferenciales, sin saber aquello que dijo Max Weber: "una nación siempre es un resultado, nunca un propósito."

Se les llena la boca con algo que han denominado “derecho a decidir”, que en realidad es el derecho a decidir por todos los demás, sin haberles consultado siquiera. Se intitulan de demócratas para ejercer una tiranía camboyana que remeda al kmer rojo sobre los sufridos contribuyentes españoles de la comunidad catalana. Dicen que defienden la libertad, y es cierto, la libertad de hacer lo que le salga de las narices, sin respetar una Constitución que fue aprobada por el 90 % de los catalanes, sin respetar la libertad de aquellos que no piensan como ellos. Consideran justas sus reivindicaciones, cuando en realidad suponen la injusticia soberbia de aquellos que deciden contar lo que les deben los demás, sin pagar a sus acreedores.

Cataluña o Catalunya, si lo prefieren, está quebrada, gracias a los nacionalsocialistas del 3 % que gobernaron en la época del PSC-ERC-ICV, y gracias a los nacionalelistas de CIU-ERC que gobiernan actualmente. La deuda pública catalana se ha disparado en 2012 hasta los 50.000 millones de euros, el 25 % de su PIB autonómico, a la que hay que sumar 200.000 millones de euros que le corresponden de la deuda pública española. El negocio está claro, consiste en hacerse independientes y dejar sin pagar los 200.000 millones de deuda pública española que les corresponden, porque todo el mundo sabe que Espanya ens roba, sobre todo entre los nacionalsocialistas de PSC-ERC-ICV del pasado y los nacionalelistas de CIU-ERC del presente. Cataluña tiene 3.660.000 trabajadores activos, un 22,4 % de los trabajadores españoles. En una hipotética independencia cada uno tendría que pagar antes de irse a los demás españoles, solamente 54.664 euros. Como evidentemente una cosa es votar y otra pagar, algo que en Cataluña se dirime con esmero, seguramente no estarían por la labor de soltar la pasta de la soberanía emancipatoria, por lo tanto el pufo iría a deuda catalana. 

Ahora bien, 250.000 millones de euros de deuda para Cataluña suponen aproximadamente el 125 % de su PIB, si ahora tienen dificultades con una deuda del 25 %, imagínense ustedes con cinco veces más, y sin el Espanya ens roba.

Supongo que al salir del euro y la Unión Europea, esta deuda tendría que ser adquirida por otros países, pues imagínense ustedes que tras la independencia, España comprara la deuda catalana íntegramente. ¿Qué ocurriría entonces?, pues sencillamente que Cataluña habría alcanzado una independencia política sin una independencia económica, y su dependencia económica de España sería extrema, tanto que la metrópolis podría decidir embargar las instituciones de la colonia económica con el apoyo del FMI y el BCE, eso sin considerar quien iba a pagar las pensiones de los catalanes, así como todas las ayudas y subvenciones a más de un millón de parados que existen en la comunidad secesionista.

Fíjense ustedes hasta donde llega el nacionalelismo que los garrulos de los partidos políticos catalanistas no le han contado a los catalanes en que va a consistir el negocio del derecho a decidir con pelos y señales, ni siquiera les han dicho que para lograr la independencia tendrían que pagar durante muchas décadas el doble de impuestos que pagan ahora.

Estoy deseando que pongan fecha al referéndum, menudo negocio que vamos a hacer los demás españoles con la independencia de Cataluña, cuando les dejen peor que a Grecia sus representantes políticos, ya no podrán decir lo de Espanya ens roba, entonces dirán, Espanya ens mata de fam, pero entonces no tendrá remedio y además será verdad.

Enrique Suárez

martes, 15 de octubre de 2013

El despotismo de los partidos políticos y la disociación cívica de los españoles



En la partitocracia española se producen crueles paradojas rayanas en la impertinencia, una de las más interesantes es que todos los partidos políticos españoles son doctrinarios y excluyentes, otra es que son extraordinariamente dogmáticos (y también fanáticos) y por último,  que comparten el  patrón vertical de los  partidos socialistas en el proceso de decisión, con un aparato en la cúpula, unos cargos intermedios y unas bases, en todo aquello relacionado con la administración de sus recursos materiales y humanos. En otras democracias más avanzadas no todos los partidos políticos son así, ni siquiera los partidos socialistas mucho más abiertos a los ciudadanos, a la libertad y a la democracia, que los ejemplares patrios. 

Otra paradoja de las formaciones políticas españolas, es que en más de 35 años de democracia, no han sido capaces de evolucionar, sino más bien de involucionar. Sin duda en España no se produce la isocracia de los griegos, que hacía iguales a gobernantes y gobernados, ni tampoco una independencia de la justicia, tutelada por los gobiernos de turno, ni tampoco una isonomia, porque los políticos tienen códigos propios ajenos a la legislación común, ni por supuesto una isegoría, que es la oportunidad que tenían los ciudadanos griegos de expresarse en la asamblea. En realidad, la democracia en España es más bien una opción tutelada que representativa y recuerda más al despotismo que a un sistema equitativo y justo, en la relación entre gobernantes y gobernados. 

Sin duda este engendro al que denominan democracia los que mandan, fue pergeñado por los mandatarios del franquismo que realizaron la transición, para mantener atado y bien atado el poder, concediendo permiso a los ciudadanos para que acudan a las urnas cada cuatro años y así muestren su complacencia con el sistema han diseñado aquellos que  mandan  sobre ellos, ejerciendo de nuevos amos. No hay que olvidarse que las elecciones no hacen una democracia, en Cuba, en la Unión Soviética, en la Alemania nazi e incluso en el franquismo, el pueblo acudía a las urnas con cierta frecuencia, para elegir entre aquello que le ofrecían, exactamente igual que en la supuesta democracia española.


Como los que regulan la condición y calidad de nuestra democracia, son los representantes de los partidos políticos, será difícil que algún día renuncien a sus intereses, beneficios y privilegios, por eso los españoles estamos obligados a elegir entre toda esta fanfarria de partidos no democráticos, porque ninguno lo es, que nos ofrecen una democracia tutelada, en la que no se puede elegir más que a los que han escogido en las cúpulas de los partidos. La ignorancia política de los españoles cultivada durante cuarenta años de franquismo y treinta y cinco de “supuesta” democracia por aquellos que viven del engaño, ha hecho el resto. La pereza intelectual de los españoles, tradicionalmente ahormada por los medios de comunicación más vendidos al poder de Occidente, ha sido imprescindible para envolver la realidad como le interesa al poder de turno.

Parece que las cosas están cambiando, porque no somos pocos los españoles que denunciamos sin descanso que todo esto tiene que ver tanto con la democracia como un balón de fútbol con la luna, pero todavía son muy escasas las manifestaciones efectivas al respecto, por parte de una casta periodística que en vez de denunciar que el sistema es insostenible por incumplir los criterios democráticos, prefiere ejercer la política del chisme, contándonos las vicisitudes del elenco cuando tiene la magnanimidad de dejarse ver por sus súbditos.

Hoy, precisamente, el expresidente Aznar ha hablado de soberanía en relación a la cuestión de la independencia catalana y su discurso ha resultado políticamente incorrecto, porque en este país desde el socialismo de todos los partidos (Hayek), los españoles hace mucho tiempo que no tenemos reconocida por nuestros representantes políticos la condición soberana que nos asigna la Constitución Española.

Una de las mayores barbaridades que he observado es decir a la expresidenta María Teresa Fernández de la Vega que el Parlamento era el representante de “la soberanía popular”, siendo España una nación, cuya Jefatura de Estado es una monarquía, cuando la soberanía popular es propia de las Repúblicas, pero no se quedó atrás la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, cuando dijo que el Parlamento era el representante de la soberanía del pueblo, cuando la soberanía es una condición intransferible e indelegable, que pertenece a cada español desde 1812 hasta ahora. Estos pequeños detalles, a los que se pueden añadir otras barbaridades como la de “nación discutida y discutible” de Zapatero, en la estulticia que le caracterizaba, porque eso le convertía en Presidente del Gobierno de “una nación discutida y discutible” (?), que haría reir a cualquiera de sus homólogos europeos; hasta las operaciones del PP de convertir España en una “nación de ciudadanos”, cuando la nación no admite otra condición que la de soberanos, siendo el Estado el que ofrece la condición de ciudadanos.

Pues que quieren ustedes, si la ignorancia política extrema es el paradigma en el que se desenvuelve la vida democrática en España, tanto de representantes como de representados, aderezado por adoctrinamiento, dogmatismo y socialismo para tapar las carencias, ¿cómo quieren que nos vayan las cosas en la política de este país?, si nos fueran bien, sería inmerecidamente y desde luego, tremendamente injusto. 

Seguramente nos irá aún mucho peor, que es lo que nos corresponde, dada nuestra tremenda insensatez, irracionalidad y estupidez.

Enrique Suárez  

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...