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sábado, 7 de enero de 2012

La nación indignada



"Las revoluciones se producen en los callejones sin salida" Bertolt Brecht

España es un país de indignados diversos, que recorre en su diversidad el amplio espectro de la indignación. La indignación en este país es transversal y homogénea. En todos los lugares, situaciones y condiciones hay indignados, desde campistas urbanos hasta impositores de cajas desfalcadas, desde amas de casa que miran como sube el pan sin subir los salarios, hasta conductores que se preguntan por que la gasolina sube más que el petróleo. Los hay que se manifiestan públicamente en el bar, en las redes sociales, en sus casas; los hay que callan, acumulan inquina y se preparan para lo que pueda acontecer.

No creo que los políticos puedan resolver la indignación de este país por los medios habituales, fundamentalmente porque son su principal causa, pero también por la impunidad en la que viven su historia particular a costa del esquilmado pueblo que les mantiene, con la inmunidad que caracteriza su causa y obra. Parece que estamos a punto de que alguien se asome al balcón de cualquier casa para gritar aquello de la película “Network, un mundo implacable” (1976): "Estoy más que harto, y no pienso seguir soportándolo”.

Mientras tanto seguimos esperando que la chispa más inesperada encienda la mecha de la rebelión cívica que se anticipa, porque cuando un país acumula tanta desazón en sus habitantes, a pesar de la ingente obra de los medios de comunicación por apartar la atención de lo que está ocurriendo y los destellos justicieros de abrir causa penal contra algunos personajes célebres, el grado de malestar no disminuye en los españoles, al contrario, se acrecienta cada día cuando se contempla a un Presidente del Gobierno entrante mintiendo tanto como el saliente, cuando se ve a un PSOE tapando al PP sus errores para, que a su vez, el PP tape los suyos del pasado. En el mismo duerno comen todos.

Estamos como hace doscientos años, invadidos por los de fuera (los mercados) y aplastados por los de dentro (el Estado), y es bueno recordar que en esas penosas circunstancias, ocurrió precisamente el milagro de la fundación de la nación política española, con la primera constitución que se proclamó el 19 de marzo de 1812, aunque no estuvo en vigencia hasta que el General Riego, obligó a que Fernando VII la sancionara en 1820. Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, parece que a muchos se les ha olvidado que en condiciones más extremas que las actuales, el pueblo español fue capaz de constituirse políticamente en una nación.

Los políticos que representan a los españoles no se están dando cuenta de las auténticas dimensiones del problema en el que estamos que es mucho más humano que material y tiene mucho más que ver con el estado de ánimo que con la pobreza creciente, el desempleo y la estafa pública a que nos someten los que deciden los problemas y las no soluciones. Realmente estamos sobre un polvorín jugando con fuego. Un pueblo sólo soporta lo que puede, no más, antes de levantarse contra los opresores, y en ese momento, de nada servirán las buenas palabras, las falsas promesas o la Alianza de Civilizaciones. Hay razones suficientes para que se arme gorda, como no se decida cambiar de rumbo y se haga deprisa.

Las lamentaciones serán el día después, no obstante, quizás sea mejor que los políticos sigan equivocándose, no estamos a más de seis meses de saltar a la calle, creo que ya no hay margen para descontar un error más. El siguiente paso será el mismo de siempre, alguien será sometido a una injusticia por el Estado, alguien con el que buena parte de los españoles nos identificaremos, su historia será propagada por las redes sociales, los ciudadanos tomaremos partido por su causa y entonces exigiremos responsabilidades por todos los agravios que nos han causado, que ya forman una larga lista; pediremos reparación por el daño infligido y cambio del sistema con un control riguroso del poder político, una justicia independiente y unos medios de comunicación decentes, y ahí sabremos si ceden o se mantienen, y si no ceden, entonces sí que se puede armár muy gorda; porque 46 millones de personas no pueden estar equivocadas, para que cincuenta mil afortunados sigan teniendo razón y viviendo de los cuentos que nos cuentan. Eso no se corresponde con el siglo XXI. Esto no lo arregla ni el fútbol gratis por la televisión.

Biante de Priena

El Estado soy yo, y también tú, que lo pagamos

"Quienquiera que ponga su mano sobre mí para gobernarme es un usurpador y un tirano y le declaro mi enemigo." Pierre Joseph Proudhon

A los ciudadanos se nos olvida con frecuencia que todo lo que se hace desde la política lo pagamos nosotros. Cuando se abren más de 4.000 empresas públicas, de las que ni siquiera hay relación fidedigna, muchas de ellas con la indispensable colaboración de los amigos del inaugurador, el apoyo a las empresas afines al partido y la contratación de los hijos, sobrinos y primos segundos del familiar que se lo recuerda al inaugurador, todo eso lo pagamos los españoles, cada español, todos juntos.

No hay nada que iguale más a los españoles que pagar impuestos, pagamos las chorradas de los que se han ido y pagaremos las chorradas de los que han venido, incluso pagaremos las de los que vendrán. Este es el artículo más importante de la Constitución Española, el que más se respeta por todos los políticos, conservadores, socialistas y nacionalistas están de acuerdo en una cosa: los españoles, sea cual sea su condición, están obligados a pagar nuestras ocurrencias. Tanto en Cataluña, como en Canarias, Galicia o Murcia, no hay diferencias territoriales, ni históricas, ni culturales.

Pagar impuestos es un factor de cohesión en España. ¿Pero por qué pagamos?, pues pagamos porque hay costumbre, para eso luego nos lo devuelven en servicios públicos, en infraestructuras, en estados de bienestar, y en alguna tontería que se les ocurra por improvisación. No hay problema alguno desde la autopista última hasta la propaganda del tabaco, todo absolutamente todo, es pagado por este digno y civilizado pueblo español.

Sea la economía sostenible o insostenible, la única ley que funciona con todos los Gobiernos es la de que cada día pagamos más impuestos –parece que somos ya el primer país de Europa por cargas fiscales- y cada vez tenemos menos recursos propios. Los socialistas se han encargado de hacer el Estado enorme a la medida de las ocurrencias del ingeniero de la Alianza de Civilizaciones, y los populares no han mostrado ninguna intención clara de reducirlo, porque saben que cuanto más Estado haya, más poder acumulan, más dinero se reparten y más ocurrencias pueden hacer. Los nacionalistas, como siempre, con tal de que sea para casa, y eso pueda diferenciar sus territorios con los demás, embajadas y conciertos, lo que sea necesario para mostrar que a pesar de todo, España les sigue robando.

Lo que más me sorprende es que el Estado lo pagamos los ciudadanos, cada uno y todos juntos, y no somos capaces de decirles basta a tanta estupidez, usura y estafa pública a los políticos, esos bienhechores que dicen representarnos, con las neuronas tocadas por el cetro del poder que les concedemos en las urnas, deciden si nos tenemos que apretar más el cinturón para que ellos cada día vivan mejor a costa nuestra. Y si nos quejamos, entonces es que no somos demócratas, verán ustedes, lo que no somos es idiotas, al menos tan idiotas como ustedes que pretenden seguir disfrutando de sus privilegios a costa de nuestros perjuicios, que nos quedemos callados y encima aplaudamos sus ocurrencias.

Tal vez haya llegado el momento de decirles, de uno en uno o todos juntos: "oiga no, se están equivocando ustedes, el Estado soy yo que lo pago, y ustedes unos empleados contratados para hacer bien las cosas y si las hacen mal a la puta calle, como los cinco millones de españoles que ya no pueden pagar impuestos al Estado, porque a ustedes les ha dado la gana de que se queden sin trabajo por su negligencia y estupidez."

Enrique Suárez

jueves, 5 de enero de 2012

El diario El País: la voz de la mentira

"Las sociedades avanzadas han progresado considerablemente, hemos pasado de dejar atrás la ignorancia a instalarnos confortablemente en la mentira" Jean François Revel

En la encuesta que se viene realizando desde comienzos de año en este blog ya se apuntan algunas cuestiones interesantes sobre la manipulación que los medios de comunicación nacionales realizan sobre la opinión pública española.


De las 42 respuestas emitidas hasta ahora, 31 (78 %) han considerado que la manipulación de los diarios nacionales es muy alta y 10 (22 %) alta. Ninguna opinión ha dicho que haya sido media, baja o muy baja. Cuando la pregunta es sobre que diario manipula más a la información pública española, El País con 17 (37 %) opiniones comienza a destacarse. ¿Realmente nos manipula tanto El País a los españoles?

Evidentemente sí, a continuación les dejo un ejemplo de como manipula la información el diario emblemático de la izquierda española y el más leído y vendido en este país, algo que lleva haciendo a lo largo de su historia, embaucando a millones de españoles en su configuración particular de la realidad.

Una de las formas mas arteras de manipulación es la de mostrar lo que se quiere que se vea y ocultar lo que no se quiere que se vea. Esta práctica es habitual en el diario El País, el ejemplo que mostraremos surge de una noticia aparecida en este diario el 4 de noviembre de 2010, cuyo titular dice textualmente: “España escala un puesto en el IDH de la ONU”, el artículo está firmado por Sandro Pozzi desde New York. El subtitulo dice así: “Ocupa el lugar número 20 en una lista que lidera Noruega.- Supera a socios europeos como Italia, Reino Unido o Portugal.- El IDH subió un 18% de media a nivel mundial en los últimos 20 años, aunque creció la desigualdad entre países y dentro de ellos”. Esta noticia, rápidamente fue expandida por todos los periódicos y por algunos líderes del PSOE en sus blogs, creando una corriente de opinión pública favorable al PSOE.

Esta noticia está orientada a crear una “buena” opinión pública de la trayectoria del gobierno del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero en tiempos en que todos los indicadores de la realidad nos advertían a los españoles de todo lo contrario. ¿Pero dónde está realmente el truco? ¿Qué es lo que no se ve en esta noticia?

Evidentemente, para la inmensa mayoría de la opinión pública pasará desapercibida la manipulación que consiste en realizar una comparación que está sesgada por los países menos avanzados que son la inmensa mayoría de los que aparecen en los estudios de IDH. Evidentemente si nos comparamos con países como Rwanda o Cambodia nuestros resultados serán sorprendentemente buenos, ¿pero que ocurre si nos comparamos con nuestros socios de la UE o con los países de la OCDE?, pues que evidentemente los resultados no son tan buenos, o más bien son bastante peores. ¿Y cómo se puede hacer?.

Pues desde hace años la ONU ha sacado unos indicadores para países avanzados, que permite medir la varianza existente entre los países más afortunados, estos indicadores se conocen como IDH-2 y IDHAM (Índice de desarrollo humano en comunidades avanzadas), estos elementos se vienen utilizando desde hace más de cinco años y cualquier experto tiene que conocerlos.

Las variables en el IDH-2 y el IDHAM cambian y se orientan a cuestiones que miden con mayor precisión el bienestar humano en los países avanzados, así la esperanza de vida se desecha prefiriéndose el potencial de vida, y los índices de escolaridad se transforman en los indicadores de estudios no obligatorios. Con datos del año 2007, la realidad de España cambia por completo, fundamentalmente en materia educativa.

Los datos nos llevan a que España pase del puesto número 8 de la UE-15 al número 13, es decir, sólo teniendo Portugal por debajo, y situándonos por debajo de Grecia. Nuestro IDH-2 en el 2007 era de 0,62.

Hay muchas formas de manipular la información, una de ellas es la desinformación, haciendo invisibles los datos relevantes para los intereses de los ciudadanos y mostrando los que interesan a los que están en el Gobierno, que es una forma de promocionar las mentiras al servicio del poder como acostumbra a hacer el diario El País.

Enrique Suárez

martes, 3 de enero de 2012

¿Qué va a pasar con la crisis en España?


"En las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte" Honoré de Balzac

Pues está cada día más claro: los políticos no tienen recursos para resolverla y necesitan de la colaboración del pueblo español para salir adelante, pero al mismo tiempo han perdido, gracias al gobierno que se ha ido y que se ha dedicado a hacer las mayores barbaridades de nuestra historia y al que ha llegado, que no supo impedirlas en su día, siendo elegido exclusivamente para quitarnos a Zapatero de encima; como digo, han perdido la mayor parte de su credibilidad, y los españoles estamos planteándonos que no necesitamos tantos representantes que lo único que hacen es aprovecharse de su posición y defender sus propios intereses personales y los de sus partidos, por encima de los intereses generales de todos los españoles.

Rajoy no tiene lo que se necesita para reconducir la situación, como Zapatero tampoco tuvo agallas para convertirnos en una república socialista, que eran sus auténticas intenciones. Lo que está claro es que huele a cambio de régimen, o al menos, a cambio “dentro del régimen”, no se puede soportar tanta memez en pleno siglo XXI, mucho menos cuando las decisiones de unos ineptos deciden el curso de nuestras vidas. Si lo que está aconteciendo no le cuesta la existencia a la partitocracia española, connivente en su alianza de intereses compartidos frente a los ciudadanos, al menos la va a dejar muy maltrecha. ¿Y cómo será el cambió dentro del régimen?

Pues como decía Charles Tilly en su libro sobre las revoluciones europeas, lo que realmente define la modernidad de Europa es la civilización de los militares, es decir, el sometimiento del poder militar al poder civil, o mejor dicho, político. En eso nos distinguimos del resto del mundo, en que en Europa ya no se dan golpes de Estado, pues posiblemente ahora venga una segunda vuelta de tuerca que consistirá en civilizar al poder político y posiblemente también, a sus aliados: el poder económico, el poder judicial y el poder mediático. Es decir, someter el poder político al poder civil. Esta crisis va a conducir a la civilización de todos los poderes, porque es hora de derrocar las últimas tiranías que nos quedan y ya no nos corresponden, una de ellas, quizás de las más perniciosas, es la tiranía de la ignorancia, representada en la ineptitud y la incapacidad de los que nos representan para corregir el rumbo de la nave en la que vamos todos. Pero cuando la ignorancia no sabe defenderse ante la razón entonces se transforma en mentira, difamación, censura y demagogia, que va destruyendo la democracia paulatinamente, quedando sólo la libertad como línea de resistencia.

Los hechos se desarrollarán de dos formas posibles, una pasando por la reforma prudente del régimen, con acuerdos que llevarán implícita la cesión de poder y privilegios por las castas gobernantes, establecimiento de un nuevo contrato cívico (no social como el de Rousseau) entre políticos y ciudadanos, reformas constitucionales para que los políticos cumplan con las leyes y en su defecto, sean sancionados, y por supuesto mucha mayor transparencia en los asuntos públicos en relación a lo que estamos acostumbrados, junto con la creación de una justicia independiente del poder político. La otra alternativa es la revolucionaria, aunque siempre con mucho talante, que tratará de ser dominada por los partidos de izquierda, que no lo lograrán porque tampoco son ya representativos del malestar ciudadano y que adoptará caminos más relacionados con la desobediencia civil y el anarquismo. Posiblemente al final sea un intercambio de ambas opciones lo que termine determinando el cambio político en España dentro del régimen, para no cambiar de régimen, porque hasta a los más liberales nos gusta la existencia de un Estado que funcione y garantice determinadas conquistas cívicas.

Así que entre las enseñanzas de Thomas S. Khun en los cambios de paradigma en la ciencia, siempre adheridos al cambio de poder, pasando por las enseñanzas de Gaetano Mosca en lo relativo a la sucesión de las élites y los principios del anarquismo de Bakunin, Proudhon y Koprotkin, junto con algo de lo relativo a la desobediencia civil de Thoreau y las enseñanzas de Chomsky y Revel sobre la manipulación de la información, ya tenemos los ingredientes necesarios para dar un salto cualitativo en las sociedades avanzadas, dejando atrás estos tiempos de cochambre y desenfreno depredador que se les ha ocurrido a los que deciden el curso de nuestras vidas tratándonos como siervos de su aristocracia, que ni les corresponde, ni se merecen, ni aceptaremos de ninguna forma.

Mientras los hechos se suceden podemos seguir jugando al parchís, pensando que si gana un color determinado la partida de la historia, las cosas cambiarán por completo, cuando en realidad, lo único que está claro es que lo del parchís se ha acabado, aquí jugamos todos o no juega nadie, y mucho menos con nuestras vidas. Y es que nos vamos dando cuenta de que si ganan ellos, la aristocracia política que rige nuestro destino, siempre perdemos nosotros y eso, una vez visto y constatado, lleva mal regreso a la invisibilidad.

Enrique Suárez

lunes, 2 de enero de 2012

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