desde 2.006 en Internet

domingo, 1 de enero de 2012

La sociedad distraída

"El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y desapareció la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago" Woody Allen

Quizás el término distracción sea el que mejor define la sociedad española de comienzos del siglo XXI, realmente somos una sociedad distraída, en el amplio rango del concepto. Sin embargo, al mismo tiempo somos una sociedad excesivamente atenta a las circunstancias externas en las que se desarrolla nuestra vida, las condiciones en las que vivimos; mucho más que a nuestra propia vida y a las circunstancias internas que realmente la determinan, nuestras posibilidades, de las que habitualmente nos olvidamos.

Posiblemente, estemos viviendo una época que anuncia un cambio, un salto cualitativo, hacia delante o hacia atrás, eso no lo sabemos todavía. En estos momentos, en nuestro país, se está produciendo un combate entre dos modelos bien diferentes de sociedad, por una parte la sociedad que promueve más distracción y por otra parte la que promueve menos distracción. Parece que nos están obligando a decidir si nos hacemos definitivamente hedonistas o estoicos, de forma obligatoria; pero más bien, dadas las circunstancias, lo que se está produciendo es una fractura entre una juventud condenada al ocio y el hedonismo, aunque no sea por su voluntad, y una madurez y vejez condenadas al estoicismo, aunque tampoco sea por su decisión. Si utilizamos la variable trabajo, también podemos distinguir entre una sociedad que cada día trabaja más para vivir peor y una sociedad que no puede trabajar aunque lo desee, condenada a ocupar su tiempo en "distraerse" de su penosa situación.

En una sociedad con cinco millones de parados es importante que la gente esté distraída, porque esa es la mejor forma de que desatienda lo que realmente le concierne sobre su presente y futuro, pero también, esto le permite que pueda disfrutar del ocio obligado a que ha sido conducida, fundamentalmente por aquellos que consideraron unilateralmente, que nuestra sociedad era demasiado triste y aburrida, tratando de cambiar sus principios, valores y los criterios en la que estaba sustentada, para hacerla más alegre y divertida ("la defensa de la alegría" nos ha costado cinco millones de parados, un déficit del 8 %, una recesión, y una deuda galopante que amenaza nuesta permanencia en el euro), es decir, más distraída.

Aunque casualmente, esto ha permitido que algunos, quizás demasiados, hayan podido “distraer” buena parte de nuestros recursos públicos, además de socavar la moral compartida que pueda cuestionar su comportamiento.

Los seres humanos nos distraemos con facilidad, porque mantener la atención y alcanzar concentración requiere un considerable esfuerzo, tanto como actividad ordenada y disciplinada, como por la orientación a objetivos diferidos y no recompensas inmediata; pero también requiere un “sacrificio” al ocupar el tiempo en algo que realmente nos satisface menos que hacer otras cosas. El ocio prevalece como más atractivo frente al trabajo, el esfuerzo y la dedicación, en todas las sociedades

Aunque tal vez, la realidad no sea tampoco como la exponemos, porque posiblemente la distracción de nuestra sociedad no sea una consecuencia de los tiempos, sino una causa de los mismos. El impacto de las nuevas tecnologías en las sociedades avanzadas, la presión al consumo de ocio del mercado y la consolidación de un Estado Providencia (que algunos denominan “Estado del Bienestar), también han contribuido, sin duda, a crear esta configuración de la realidad.

Evidentemente, quien más se distrae, se habitúa a hacerlo, y al mismo tiempo pierde los hábitos relacionados con la responsabilidad y el esfuerzo que requieren actividades más penosas, como el estudio o el trabajo; así la capacidad de orientar nuestra actividad a objetivos de promoción personal o rendimiento laboral se va haciendo cada día más escuálida, en cierta forma nos hacemos más distraídos e inadaptados para los requerimientos que nos exigen las circunstancias, más perezosos y vagos. Esto se puede confirmar con la productividad de los inmigrantes en nuestro país que multiplica por dos o tres a la de los autóctonos, porque no se han dormido en los laureles y tampoco podrían hacerlo si quieren sobrevivir en mejores circunstancias.

Lo que realmente queda claro, es que desde las instancias que gobiernan el Estado en todos sus niveles no hay interés alguno por cambiar esta situación social que atravesamos, no se sabe si provocada de forma interesada o inercial con los tiempos, o tal vez ambas cosas. Y al mismo tiempo, estamos comprobando que correlaciona con unas circunstancias peores para todos, salvo para los políticos, que mantienen sus privilegios, al tiempo que en los ciudadanos se incrementan los perjuicios, tanto en los que trabajan como en los que no lo hacen, en los jóvenes y en los mayores, en las mujeres y en los hombres, en los habitantes de las ciudades o del campo, en los que más ganan y a los que viven de los subsidios, en los que trabajan y en los pensionistas.

No creo que debamos sentarnos a esperar a ver que ocurre, porque cuanto más tiempo sigamos con la misma hoja de ruta más nos costará regresar a la razón; ciertamente necesitamos una revolución, pero no con manifestaciones en las calles, sino en nuestro interior, en nuestra conciencia, tratando de mejorar nuestros recursos y buscando, personalmente, las vías que nos permitan salir del marasmo en el que estamos. Quizás lo único que necesitemos sea dejar de distraernos tanto, seleccionar correctamente los recursos de los que disponemos, abandonar para siempre la cultura de la dependencia y recobrar la cultura de la responsabilidad; y trabajar, aunque sea para encontrar trabajo.

Distraerse mucho y bien, hoy es prácticamente gratis, pero lo que resulta realmente injusto es que cada día muchos se puedan distraer menos de lo que necesitan, para que otros se puedan distraer más de lo que desean. De seguir así, los que trabajan cada día rendirán menos, porque no es justo que tengan que reducir sus distracciones hasta la inanición, para que otros vivan en la distracción hasta la saciedad, que posiblemente ni desean, ni han elegido.

El problema es que quien tiene que decidir como se resuelven estas circunstancias en las que vivimos los ciudadanos, es decir, los políticos, no las están atravesando, porque a ellos para nada les afecta la crisis en sus vidas. Así que mientras los políticos puedan vivir sin cambiar su sistema de vida, con crisis o sin crisis, no creo que hagan nada para resolver los problemas de los ciudadanos que no han sabido ser tan listos como ellos para librarse de la quema que se avecinaba, y por último, quiero añadir algo más, tal vez no sea que no quieran, sino que no sepan, porque dada la selección negativa en la que se ha desarrollado la evolución de la vida política en España en la última década, dudo que la cohorte del cejado o del barbado, de la talla para afrontar los graves problemas que tenemos en este país.

Así que ciudadanos, a moverse por lo nuestro, a controlar los gastos públicos y a tratar de limitar las nimiedades y las equivocaciones de los políticos que se han convertido en una casta de parásitos sociales a costa de la distracción “inocente” de los ciudadanos. Al final, pase lo que pase, de lo que estoy seguro es que cuanto más tardemos en hacerlo más cara nos saldrá la factura, que la vamos a pagar entre todos, menos los políticos, porque a ellos no les afectan los tiempos, ni las evaluaciones, ni los resultados, ni las consecuencias de sus errores y estupideces, porque son la nueva aristocracia y nosotros estamos condenados a servirles, como si fueran nuestros amos.

Enrique Suárez

sábado, 31 de diciembre de 2011

El vampiro Rajoy


Queridas víctimas:

He pasado muchos años viviendo en el confortable armario que me ha brindado mi amigo José Luis sin hacer nada, dejando que pase el tiempo. Entre los dos hemos urdido un plan para hacernos más poderosos y poder vivir para siempre del erario público, es decir, de vuestros impuestos (la sangre del pueblo). José Luis se ha encargado durante los últimos ocho años de recortar los derechos civiles, sociales y laborales de los españoles, bajando los sueldos, congelando las pensiones, reduciendo el bienestar de todos, e incrementando los gastos del Estado de forma extravagante pero sin subir excesivamente los impuestos, porque esa es la parte que a mí me corresponde y tened bien seguro que cumpliré con ella. Vais a pagar por todo, hasta por respirar y por vivir, ¿acaso os pensábais que podéis disfrutar de unos amos tan magníficos como nosotros sin pagar por ello?. Esto solo acaba de comenzar, cuando termine la legislatura no habré creado un puesto de trabajo, habrán cerrado muchas más empresas, tendréis peores servicios públicos, pero estad seguros de que vosotros viviréis mucho peor, seréis más pobres y estaréis aplastados, con menos recursos y más impuestos. No lo olvidéis, para que nosotros, los políticos del PSOE, PP y nacionalistas, podamos vivir cada vez mejor, vosotros estáis condenados a vivir cada vez peor, por el bien de España, claro. Es la ley del más fuerte, el que tiene el poder lo administra para su propio interés y beneficio. Sed felices con lo que os quede este año que comienza, porque el año que viene las cosas serán aún mucho peores.

Pidamos la dimisión de Rajoy, por tomarnos el pelo

"En una situación de crisis, donde todo el mundo lo está pasando mal, donde todo el mundo tiene dificultades, donde mucha gente ve como no le paga ni siquiera la administración, es un disparate quitarle recursos a los particulares y subir los impuestos. Y eso va contra el empleo. Eso va contra el bienestar y eso va contra la riqueza, y desde luego este partido se opondrá a cualquier nueva subida de impuestos que demagógicamente plantee el gobierno de España". - Mariano Rajoy, Julio de 2009

Cada día que pasa, estoy más convencido de que la causa de la mayoría de los problemas de los españoles, tanto individuales como colectivos, tienen como origen a los políticos que tenemos en este país. Mira que Rajoy aseguró que no iba a subir los impuestos, antes de las elecciones.

Llevo estudiando la política española en su evolución a lo largo de los últimos ocho años, tras el 11-M, desde entonces he contemplado las mayores barbaridades que nadie pudiera imaginarse. He visto auténticos tarugos, inanes y depravados, convertirse en una casta infame a lo largo de estos años, una casta que se ha convertido en una aristocracia en un régimen que sobre el papel, parece ser una democracia.

La corrupción política en España resulta insostenible, los españoles ven la política como el tercer problema más grave de este país tras la crisis económica y el paro, la justicia es dependiente de la política, estando a su servicio y los medios de comunicación hacen la ola, sin una crítica siquiera a la depravación del sistema institucional en el que estamos viviendo. En la política española se han ido reuniendo los más aprovechados ciudadanos alrededor de un inmenso duerno (el dinero público no es de nadie), sin rendir cuentas a nadie, se han dedicado a explotarnos y expoliarnos de forma miserable a los ciudadanos. Y lo más terrible, es que si un ciudadano le causa un daño a una empresa le despiden sin contemplaciones, pero si un político le causa un daño de millones de euros a los españoles, sigue presentándose a las elecciones y formando parte de la casta como si no hubiera pasado nada.

Llegadas las elecciones cambiamos a los que están por los que vengan, comenzamos a pagar los errores de los que se han ido y comenzamos a sumar los errores de los que han llegado, para pagarlos en el futuro. Realmente no creo que el sistema aguante mucho en estas condiciones, no se puede permitir que una aristocracia de 50.000 afortunados, sigan viviendo sin ninguna dificultad, mientras 47 millones de españoles cada día lo pasan peor. Me parece que este régimen está dando sus últimos coletazos, porque no se puede vivir en esta depravación por mucho tiempo, no se puede vivir en una dictadura oligárquica disfrazada de democracia en pleno siglo XXI. ¿Para qué sirve acudir a las urnas si los que son elegidos para resolver los problemas de los que son echados, no mueven ni un dedo por cambiar la realidad para que quien cometa errores los pague, de alguna forma? Todavía se permiten darse homenajes y rendirse honores y condecoraciones entre los miembros de la casta, riéndose en la cara de los damnificados ciudadanos.

Creo que no hay posibilidad alguna de acuerdo entre ciudadanos y políticos, por la misma razón que no la había entre los esclavos y los amos. No se puede seguir soportando tanta mendacidad, tanta tomadura de pelo, y a tantos sinvergüenzas organizados deshaciéndonos la vida a quienes les pagamos el sueldo. Va siendo hora de que las cosas cambien, la sociedad está abocada cada día más a formar frente común ante los ladrones con corbata y gastos de representación. Realmente no queda mucho tiempo para encauzar un cambio tranquilo, porque el grado de malestar de los españoles va creciendo por momentos.

Estoy convencido de que los políticos no resolverán nuestros problemas, fundamentalmente uno, la credibilidad que nos merece su representación. Basta ya de seguir embaucando a la gente, mientras la política española no abandone los hábitos autoritarios, antidemocráticos y totalitarios en los que se ha consolidado durante los últimos treinta años, estamos sentados sobre un volcán, que entrará en erupción con seguridad. Cuanto más se encastillen los políticos ejerciendo su violencia económica y política sobre los ciudadanos, más energía tendrá el movimiento que se prepara para derrocar el régimen de incompetencia y molicie en el que nos hacen vivir.

Enrique Suárez

martes, 27 de diciembre de 2011

Otra desaceleración


Cuando en mayo de 2008, el candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero nos habló de una palabra que desconocíamos los españoles en nuestro lenguaje cotidiano, muchos nos preguntamos si esa era la forma de denominar a la recesión en la que estábamos viviendo, para permitirle triunfar en las elecciones engañando a los electores. Pero la realidad, que es necia, transformó “la desaceleración transitoria” de Zapatero en la mayor crisis económica que España ha atravesado desde la guerra civil. Tanto progresismo nos ha llevado, al menos, veinte años atrás; como sigamos con la memoria histórica como hoja de ruta, es posible que volvamos a contemplar a las dos Españas enfrentadas de nuevo, si acaso no han dejado de estarlo desde entonces.

Sorprende, por tanto, que el recientemente nombrado ministro de Economía del PP, Luis de Guindos, vuelva a utilizar la palabra desaceleración, pero en esta ocasión para .gifanunciarnos que el crecimiento del PIB será negativo en el último trimestre del 2011 y el primero de 2012, lo que en términos económicos se corresponde con una recesión, que si va acompañada de un ascenso de precios (algo que ha ocurrido con la reducción de salarios y la congelación de las pensiones, de forma encubierta, pues a pesar de haber subido los precios menos de un 3 %, de forma enmascarada y a dictado de decretos, los ingresos disponibles de los españoles han sido paulatinamente menores ), se conoce con el nombre de estanflación, que es la situación en la que llevamos más de tres años, sin ser reconocida por el partido del Gobierno pasado.

Llama poderosamente la atención que el nuevo Gobierno, siga utilizando los mismos recursos propagandísticos que el anterior, pero en esta ocasión para confirmar que estamos en una de las situaciones económicas más escabrosas de nuestra historia. Sin duda, es una primera impresión, porque todavía queda saber cuanto nos han dejado sin contar sobre la realidad, los que se han ido con la ayuda de nuestros votos, porque si han mentido en todo es de esperar que también lo hayan hecho en el colofón de su obra como legado.

Pero también llama la atención la escasa inteligencia de los nuevos gobernantes del PP, que con tal de alcanzar el poder, no fueron capaces de liderar a los españoles en su enfrentamiento con un Gobierno desquiciado y desnortado, mientras practicaba una perversa política de tierra quemada. Atrapados en el Síndrome de Casandra, secuestrados los españoles por un Gobierno desquiciado y una oposición ausente, hemos visto como se han alejado las posibilidades de solución a nuestros problemas.

Algunas de las características de una estanflación, para aquellos que las desconozcan, son las siguientes:
  1. La consecuencia inmediata es el incremento del desempleo, por debajo del 3 % de crecimiento del PIB se pierde empleo, fundamentalmente en los sectores más frágiles del mercado laboral que afectan especialmente a mujeres, jóvenes e inmigrantes.
  2. Se cierran empresas por quiebra, porque no pueden resistir las condiciones crediticias sin demanda de sus productos, las más vulnerables, las que estén con una elevada presión crediticia cerrarán en primer lugar. Más desempleo.
  3. Incremento de precios considerable, incremento descontrolado de la inflación, con grandes elevaciones de precios en productos básicos y de uso necesario.
  4. Disminución galopante del consumo, porque el desempleo influye en la cuestión, pero también el flujo económico que se reduce, enfriamiento de la economía, reducción de las importaciones, saldo en nuestros productos en venta al exterior con apenas beneficios, economía de supervivencia en las empresas.
  5. Conflictos en el mercado laboral, abaratamiento de la mano de obra, huelgas sectoriales ininterrumpidas. En consecuencia, dificultades crecientes en los servicios públicos.
  6. Incremento considerable del desempleo, que posiblemente llegue a alcanzar los seis millones, haciendo inviable la asignación de subsidios de desempleo prolongados.
  7. Disminución de la recaudación por parte del Estado con lo que se incrementará la presión fiscal con subida de impuestos, directos e indirectos.
  8. Ascenso de los tipos de interés para frenar el consumo. Esta medida al pertenecer nuestro sistema al euro, se compensará con exigencias extraordinarias por parte de la Unión Europea
  9. Desinversión extranjera, huida del capital a lugares menos tormentosos. Entrada de capitales especulativos en nuestro mercado, lo que incrementará los problemas financieros de nuestras empresas a medio y largo plazo.
  10. Paralización - estancamiento de la obra pública, el Estado reduce su participación en el mercado porque no tiene recursos más que para mantener su funcionamiento. Reducción de funcionarios, congelación de sueldos, exclusión de eventuales.
¡Que no falte la salud!

Enrique Suárez

lunes, 26 de diciembre de 2011

La verdad nos hará libres, las mentiras que nos cuentan, sus esclavos


Si por algo se caracteriza la crisis en la que estamos inmersos es por su magnificación por los medios de comunicación. Hace muchos años que en este blog hemos denunciado las ocultas intenciones del poder de atosigar hasta la asfixia a los ciudadanos, otra vuelta de tuerca, para ocultar los errores que se han cometido y para enmascarar las pifias irresponsables de los que han detentado el poder con donosura y descaro.

Nadie me ha convencido todavía de que si en este país ha ocurrido el desastre que ha organizado el PSOE de Zapatero, no podría haberse dado nunca sin la connivencia cómplice de la oposición ausente del PP de Mariano Rajoy y la colaboración interesada de los partidos nacionalistas. Creo que es un error atribuir al PSOE, exclusivamente, la responsabilidad de esta crisis, no por haber hecho bien las cosas, sino por haberlas hecho extraordinariamente mal y no ser respondido, ni detenido en su locura por quienes tenían que haberlo hecho: los partidos de la oposición.

Tampoco podría haber acontecido tal desmadre sin la colaboración permanente de los medios de comunicación, que han participado en la instrucción de la opinión pública, en los más apoteósicos brindis al sol que se recuerdan. El rodillo del pensamiento políticamente correcto del talante, ha destrozado cualquier brillo o simple destello en la opinión publicada en España. Los periodistas de este país han perdido cualquier atisbo de ecuanimidad e independencia, al igual que los intelectuales, que han caído en las redes del maniqueísmo más deplorable. Hoy es fácil escuchar ante cualquier opinión publicada, ¿en qué medio se ha dicho?, ¿quién lo ha dicho?, para decir a continuación: ese está más comprado que un mercenario en Somalia.

Nos hemos quedado sin intelectuales que expresen su pensamiento independiente ante las circunstancias que acontecen, esto recuerda a las etapas que nos describía Czeslaw Milosz en el adoctrinamiento a que eran sometidos los “pensadores más reflexivos” de la Polonia invadida por la Unión Soviética. En realidad, no creo que este país se haya vaciado de reflexiones, sino que más bien, el espacio público ha sido ocupado por las opiniones conniventes con la inercia del poder. El precio de decir hoy algo que contravenga la opinión mayoritaria de que los problemas que ha creado el PSOE los debe resolver el PP, en una situación que atenaza a los españoles, entre el miedo y la esperanza, es muy elevado.

No nos damos cuenta de lo que ocurre, y es que nunca hemos tenido tanta gente viviendo de la mentira en este país, algo que denunció en su día Jean François Revel en las democracias occidentales y ese es nuestro mayor problema. Si la gente se acostumbra a vivir bien de la mentira es difícil resolver el problema, porque harán todo lo posible porque la verdad no resplandezca, además sabiendo que no hay ninguna penalización a su conducta en caso de ser descubiertos, como ha ocurrido recientemente con el PSOE de Rodríguez Zapatero.

Además de la corrupción política y la manipulación medíatica, tenemos una tercera raíz de nuestros problemas: una justicia incompetente, politizada, dependiente del poder ejecutivo y que amenaza, en su estulticia, con acabar con cualquier posiblidad de que la democracia sea algo más que demagogia en este país.

Mientras en este país no se construya una opinión racional, reflexiva, constatable en los hechos e independiente del poder creo que vamos a tener muy difícil resolver nuestros problemas. Lanzo una pregunta a nuestros lectores, a ver si son capaces de responderla: ¿díganme un periodista objetivo de este país que pueda exponer su opinión libremente en un medio de comunicación objetivo?, a mí, personalmente, no se me ocurre ninguno.

Enrique Suárez

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...