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viernes, 27 de julio de 2007

Gabriel Cisneros, un padre de la Constitución y un Español de bien

Ha muerto GABRIEL CISNEROS.

Su vida es un ejemplo de dignidad y de coherencia al servicio de la democracia y de la ley. No es casualidad si su último compromiso público fue con España, a través de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, que fue constituida en octubre de 2006.

Ciudadanos en la Red, en reconocimiento al hombre y a su trayectoria, reproduce aquí la entrevista que concedió al diario ABC el 30 de octubre de 2005, en la que afirmaba, fiel a sí mismo y al espíritu de la transición y de la Constitución de 1978, que "Zapatero, que es uno de los personajes más sectarios que ha circulado por la vida política española, ensaya construir un nuevo consenso que desplace al de 1977. Y sería el acuerdo entre una izquierda de ámbito nacional y los nacionalismos periféricos de todo signo, dejando fuera, con un papel testimonial o legitimador, a la derecha de ámbito nacional. A mí me parece una empresa imposible. En todo caso, sería un ejercicio de aquello que Ortega llamaba la hemiplejia moral. Es decir, condenar o excluir a un hemisferio de la vida española."

Entrevista de Ángel Collado (ABC) a Gabriel Cisneros, 30 de octubre de 2005

Gabriel Cisneros (Tarazona, 1940) suma siete de las ocho legislaturas de la democracia en el Congreso -sólo le gana Alfonso Guerra- y es el único de los siete ponentes de la Constitución de 1978 que sigue en la política activa. Participó en la fundación de UCD y en la del régimen democrático más largo y quizá único que ha tenido España. Sufrió un atentado de ETA y estuvo en la refundación del Partido Popular. Ahora se acaba de enfrentar al desafío del nuevo Estatuto catalán en la Mesa del Congreso, convencido de que el proyecto es un severo ataque a la Constitución, y sostiene que su partido, llegado el caso, tendrá que defender en comisión todas y cada una de las enmiendas que planteó en Cataluña, pero eso «sin mancharse las manos» con cualquier transacción.

-¿Estamos ante un cambio de régimen?

-Recurriendo a tecnicismos diríamos que estamos ante una mutación constitucional o un falseamiento de la Constitución, pero en términos políticos sí que cabe concluir que se trata de una mutación profunda de los supuestos del gran acuerdo nacional de reconciliación que se produjo en 1977.

-¿Da por muerto el llamado espíritu de consenso de la Transición?

-No. Lo que pasa es que Zapatero, que es uno de los personajes más sectarios que ha circulado por la vida política española, ensaya construir un nuevo consenso que desplace al de 1977. Y sería el acuerdo entre una izquierda de ámbito nacional y los nacionalismos periféricos de todo signo, dejando fuera, con un papel testimonial o legitimador, a la derecha de ámbito nacional. A mí me parece una empresa imposible. En todo caso, sería un ejercicio de aquello que Ortega llamaba la hemiplejia moral. Es decir, condenar o excluir a un hemisferio de la vida española.

- Como observador privilegiado de la etapa constitucional y todo lo que ha venido después, ¿cómo se explica el momento actual?

-Todo este proceso parte de un gigantesco equívoco. En las elecciones catalanas, salvo el PP, todos los partidos que concurrieron a las urnas entraron en una competencia desaforada por ver quién exalta más la voluntad de autogobierno. Pero todo ese debate partía del supuesto de que en 2004 el PP iba a repetir la victoria, y eso les venía muy bien para alimentar el permanente e insaciable discurso reivindicativo de los nacionalismos y de los sectores nacionalistas del PSC, que lo hegemonizan pese a que la realidad social de sus bases no es esa. Después ocurrió lo que ocurrió en las elecciones generales y se encontraron de frente con el ejercicio de una responsabilidad con la que no habían contado. Incluso después demoraron el trámite; parecían esperar que desde el poder central se marcara una línea roja, lo que no se produjo.

-¿Qué ha pasado en algunos protagonistas del pacto constitucional, como el PSOE?

-Al PSOE, francamente, no lo conozco. Un partido de izquierda que renuncia a la igualdad como idea fuerza, como valor predominante, y asume como suyo el discurso nacionalista sólo lo puedo entender como signo de confusión de la izquierda española, que se generaliza a toda la europea en cuestión de programas, con la excepción de Blair.

-Usted que mantiene buenas relaciones con dirigentes socialistas de la época de la Transición, como Guerra, ¿cree que las presiones internas en el PSOE pueden hacer cambiar de planes a Zapatero?

-He de decir que mis conversaciones con Alfonso Guerra, con quien tengo una excelente amistad, no dejan de ser desahogos de «outsiders».

-¿Por parte de ambos?

-Pues sí. Pero no me importa revelarle que Guerra estaba bastante esperanzado a partir del informe de los expertos del PSOE. Considera que contiene, si se quieren explotar, grandes potencialidades reformadoras del Estatuto.

-¿Está Zapatero revisando el papel del PSOE en la Transición?

-Sí, porque el funcionamiento de nuestro sistema político necesita imperiosamente el acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales en un elenco mínimo de cuestiones, y ese acuerdo, desde 1978, funcionó. Esos asuntos son la ley electoral, las reglas del juego, cuyas reformas se han hecho siempre por unanimidad o por pacto entre los dos grandes partidos, y el reglamento del Congreso. Y la otra gran cuestión es la ordenación territorial del poder, porque sólo en virtud de ese entendimiento se pueden compensar los riesgos implícitos en el Título octavo. Queda la política exterior, que funcionó bajo esos parámetros hasta Irak.

-Dicen los nacionalistas que lo del «Estado plurinacional» no pudo ser en la Transición por presiones de poderes «fácticos».

-El conocimiento del debate constituyente desmiente esa teoría. Se discutió abiertamente, por ejemplo, del derecho de autodeterminación. Lo defendieron Letamendía, Bandrés y Barrera y no lo secundaron los nacionalismos democráticos vasco y catalán. En el artículo segundo, que es el último que se redactó y fue aprobado por unanimidad -la clave de bóveda sobre la que descansa todo el ordenamiento jurídico-constitucional de nuestro Estado-, está la expresión «patria común indivisible de todos los españoles», que fue propuesta nada menos que por Jordi Solé Tura, representante del PSUC. Y la frase de Arzalluz de que las teorías sobre la autodeterminación eran «virguerías marxistas» está en los diarios de sesiones. Que no nos cuenten historias.

-Pero visto lo ocurrido, ¿cree que los constituyentes se quedaron cortos en el Título octavo o que se excedieron?

-Si entonces hubiéramos optado por la fórmula asimétrica y por acotar el reconocimiento de elementos de autonomía a Cataluña y al País Vasco, se podría haber sostenido con el respaldo de las dos principales fuerzas políticas. Pero apelo a la memoria, lo que no estaba en la voluntad de los constituyentes estuvo en el seno de la sociedad española. La demanda de igualdad era tanto o más fuerte que la de libertad. Un millón de andaluces salió a la calle para pedir autonomía plena. Aunque el proceso no fue espontáneo. El PSOE de la época se dio cuenta de que ese problema representaba la mayor vulnerabilidad de UCD y lo explotó con intensidad.

-¿Qué debe hacer su partido ante el desafío del texto en el trámite parlamentario?

-Sé que existen voces en el seno de mi partido que defienden posiciones de inhibición, pero yo creo que no se pueden dejar las instituciones, siempre hay que acabar por volver. Tienen el valor del gesto, que se acaba en sí mismo. Lo que defenderé dentro de los órganos de mi partido es que se enmienden todos y cada uno de los artículos en coherencia con lo sostenido por nuestros compañeros en el Parlamento de Cataluña, que se procure reintegrar a su vigencia el actual Estatuto en todo lo que sea posible y que aprovechemos al máximo para hacer un ejercicio de pedagogía política. Yo lo que pido siempre a todos los ciudadanos es que se lean el Estatuto. Ya sé que es un ejercicio arduo -comprendo lo de la urticaria que le da a Francisco Vázquez-, pero que se lo lean porque concierne a todos y cada uno de los españoles, que son afectados en sus derechos, en sus intereses y en su vocación de igualdad. Después de la lectura, sin mediaciones políticas y propagandísticas, que los funcionarios formen criterio sobre las expectativas que para su movilidad y su promoción representa la amputación de Cataluña del régimen administrativo común. Que lo lean los trabajadores, los contribuyentes; que lo lean los empresarios para que se den cuenta de que la unidad de mercado aparece absolutamente ignorada en todo el proyecto. Y no se trata de preservar a España como un mercado cautivo, que es lo que nos han venido a decir algunas voces empresariales catalanas; se trata de reivindicar una relación de pertenencia, de identidad.

-¿Y es partidario de ayudar al PSOE a enmendar el texto?

-Eso ya es casi una cuestión moral. Aquí hay que preservar las manos limpias. Me temo que el PSOE va a enmendar a fondo el sistema de financiación, pero el resto de los cambios serán más bien cosméticos, y condicionará a esa voluntad de reforma la decisión de mantener el acuerdo con los nacionalistas. Casi es un dilema moral que iremos solventando a medida que se presente. Los socialistas tampoco nos necesitarían.

-Pero algunos dirigentes del PSOE les piden ayuda...

-Zapatero nos cree aritmética, política e históricamente prescindibles. Insisto, con un sectarismo enfermizo que desmiente las posiciones retóricas del talante y la cordialidad gestual. No sólo considera que no nos necesita, es que no quiere el entendimiento entre los dos grandes partidos. Lo demostró en febrero de este año en la entrevista con Rajoy y no ha dejado de manifestarlo desde entonces.

-¿Y no espera cambio alguno después de las discrepancias planteadas por Ibarra, Bono, Guerra, González...?

-El respeto al consenso constitucional está muy asentado en las viejas guardias, en los cuadros históricos del Partido Socialista de la democracia, pero hay otro elemento que podemos llamar posmoderno, que parece dominante en el Grupo Parlamentario y que no es partidario del entendimiento.

-¿No espera, pues, que ninguno dé un paso al frente en el debate de admisión a trámite del Estatuto?

-La tradición del PSOE es de enorme disciplina. Además, el poderoso aparato de comunicación y propaganda del Gobierno y del PSOE presentará las reformas como un buen ejercicio de limpieza para poder justificar esa disciplina.

-¿Habrá un cambio de régimen sin consulta a los ciudadanos?

-Se va a producir una usurpación de una decisión que correspondía al pueblo, un desplazamiento del ejercicio de la soberanía. Ahora sí que sería necesario un cambio constitucional profundo para ensayar una reforma que intentara remediar estos vicios.

-¿De qué tipo?

-El Título octavo no tiene blindaje, puede cambiarse por una mayoría de tres quintos.

-¿Confía en que el Tribunal Constitucional frene el proceso?

-Al ser varias las instancias que pueden impulsar la reforma constitucional, no descarto que los gobiernos y los parlamentos de las comunidades autónomas que se van a sentir lesionadas, ni el propio Defensor del Pueblo, pongan en marcha este mecanismo.

-¿Autonomías gobernadas por el PP?

-O por Rodríguez Ibarra o Barreda. Ellos tienen más próxima la preocupación de sus bases sociales.

-¿Qué le parecen las fórmulas de Zapatero sobre comunidad, entidad o realidad nacional para Cataluña?

-Con esos términos, o quiere decir Nación o no quiere decir nada. Es un eufemismo. Ya lo tantearon en el proyecto del Estatuto y se quedó en nacionalidad. Lo que no había entonces era un presidente de Gobierno que dijera que Nación es un término polisémico. Cuando las palabras se inscriben en un contexto jurídico lo tienen, cuando la expresión Nación se emplea en el artículo 2 de la Constitución tiene un valor normativo pleno, como lo tiene en el proyecto de Estatuto. Y después lo desarrollan hasta configurar un cuasi Estado levemente vinculado en un régimen confederal que no existe en la realidad política vigente ni en la historia con ejemplos existosos. Ejemplos fracasados, sí.

Los españoles no somos nacionalistas, pero tampoco idiotas


Uno de los discursos preferidos de los “aberchalismos” catalán y vasco es precisamente el de la inversión del argumento sobre la cuestión nacional. Su discurso consiste en exponer que los nacionalismos son movimientos reactivos que luchan contra la opresión del nacionalismo español, auténtica raíz del problema irresoluble de la integración de las comunidades autonómicas reforzadas por el artículo 151 de la Constitución.

Tremenda falacia esperpéntica, porque los españoles nunca han sido nacionalistas, salvo cuando juega Nadal, corre Fernando Alonso, o la Selección Nacional sufre. El cuento de que los españoles han oprimido las culturas minoritarias de este país, sin embargo ha permitido que toda una legión de mediocres ocupen cargos políticos y económicos, que jamás les hubieran correspondido racionalmente si no hubiera mediado el nacionalismo en el asunto.

Una de las mayores barbaridades políticas que se ha cometido en este país, es la de integrar cultura y política en una misma variable. La cultura no es política, ni la política es cultura, pero los intereses de algunos avezados rentistas territoriales, se ha ocupado de entrecruzarlas para obtener pingües beneficios electorales y políticos.

El juego de poder ha funcionado, porque los grandes partidos políticos nacionales han participado del mismo, tanto el PP en sus acuerdos con CIU, como el PSOE en los suyos con ERC, han rentabilizado a nivel nacional, lo que se detraía a nivel autonómico. El mayor perjuicio en Cataluña ha sido para la lengua española

En el País Vasco, los acuerdos han sido de todos los tipos, con el fenómeno del terrorismo de ETA como telón de fondo, las negociaciones de Rodríguez Zapatero, el estado libre asociado de Ibarretxe, y alguna otra maravillosa floritura que socava cualquier proceso racional. El mayor perjuicio ha sido y sigue siendo la seguridad. En el País Vasco, la libertad de expresión está limitada en el caso de los que no apoyen la segregación, pagando algunos con su vida el haberse opuesto al nacionalismo “aberchale”.

España en marcha

Es hora de cambiar el discurso, de sustituir el ventajismo territorial que hace que nuestra Constitución se convierta en una tábula laxa de connotaciones feudales, por un discurso de unidad, como recientemente ha dicho Arcadi Espada.

Parece que las veleidades nacionalistas han superado el dintel de lo admisible, y la reacción de los españoles, que no la de los partidos políticos que los representan, está servida.

Numerosas plataformas ciudadanas están convergiendo en un proyecto singular, la creación de una alternativa a lo existente, que tendrá como elementos fundamentales el ciudadanismo, la transversalidad ideológica, el constitucionalismo, y la reafirmación de la condición española de los habitantes de este país, que se deben comunicar en su conjunto por medio de la lengua española, y en los lugares donde haya otras, también podrán hacerlo, en la que les parezca, siempre que no se imponga a nadie el que no pueda expresarse en lengua española.

Con un programa electoral tan sencillo se pueden obtener decenas de diputados en las próximas elecciones generales. El ciudadanismo creará un nuevo eje de poder, en el que los políticos que desean representar a los ciudadanos estarán en un extremo, y los ciudadanos que se representan a sí mismos, estarán en otro.

La transversalidad ideológica, permitirá afrontar los problemas sin el lastre habitual de primero lo que diga el partido. Un partido transversal buscará la mejor solución a los problemas de los ciudadanos, prescindiendo de si proviene de la izquierda o la derecha, exclusivamente con los criterios de posibilidad y eficacia.

El constitucionalismo no requiere interpretaciones, hay una constitución vigente y debe ser respetada, porque es la norma que se han concedido los habitantes de este país para armonizar su convivencia por encima de territorios, condiciones, costumbres, y cualquier otra circunstancia.

La reafirmación de la condición española en los habitantes de este país, si que resulta reactiva a los excesos de los nacionalismos, y es una simple consecuencia del desequilibrio interterritorial en el que estamos viviendo. Una lengua común es irrenunciable, por razones históricas, culturales, y humanas.

En cuanto a la oferta programática, pues la opción que permita mayor progreso en este país de la inmensa mayoría, con los menores costes posibles para las minorías. El margen de maniobra económica es más bien escaso, pero habrá de incluir una optimización de los servicios públicos: educación, sanidad, seguridad, justicia, bienestar social, y tendrá que abordar el tema de la especulación inmobiliaria y la integración plena de los inmigrantes tras un periodo determinado de residencia en nuestro país.

Aproximadamente, cuatro o cinco millones de españoles estarían dispuestos a votar por una opción política que les devolviera la confianza en las instituciones.

Para eso se necesita que la gente tenga confianza en la oferta que se presente, y por lo tanto es preciso que se produzca un movimiento de apoyo a esta alternativa, así como la presencia de algunas figuras relevantes de la sociedad española, que no tienen por que ser políticos exclusivamente, sino que pueden integrarse personajes conocidos precisamente por su honestidad, buen criterio, y espíritu crítico con lo existente.

Quedan ocho meses, en agosto el proyecto tendría que haber concluido, y comenzar con los programas y proseguir con las afiliaciones y recopilación de simpatías.

Los nacionalismos saben que los objetivos de este nuevo partido será reducir su poder en el Estado, los partidos nacionales convencionales sabrán que les ha surgido un competidor peligroso y se cerrarán en banda para fortalecer lo existente.

Pero solo hay una forma de que este proyecto salga adelante, y es la implicación masiva de ciudadanos en su desarrollo, se necesitan miles de personas comprometidas en todo el territorio nacional, para decirles a los nacionalistas que los habitantes de este país no hacemos nacionalismo español cuando nos consideramos españoles, y que estamos aquí, unidos, para demostrarles a los nacionalistas que tampoco somos idiotas, a pesar de que lo haya parecido durante las últimas décadas.


Biante de Priena

martes, 24 de julio de 2007

Un secuestro para que "la ciudadanía capte el mensaje"

Bermejo, ministro estalinista de la Injusticia , habla claro una vez más, en ese papel de doberman y de mamporrero que le ha sido dado por el gobierno pesoísta: "que la ciudadanía capte el mensaje" de que según un juez se ha producido "un exceso en la libertad de expresión".
No, no estamos en la Rusia de Putin, ni en la Venezuela de Chávez, ni en China, ni en Cuba. España 2007. Un país donde se secuestra una revista como en las dictaduras más rancias y analfabetas. Y no por un artículo cuyo contenido signifique un acto de resistencia a lo Solyenitsin, sino por... una viñeta pseudohumorística, bastante grosera y basurienta, por cierto, acerca de los príncipes herederos de la monarquía española.

Pero hay una buena noticia: las prácticas dictatoriales suelen desarrollar el sentido del humor y el ingenio de periodistas y ciudadanos, y la primera consecuencia del autoritarismo cuartelero de la España zapateril ha sido bastante inesperado: ¡la "rectificación" de el Jueves, exquisita demostración de humor disidente!

Jorge Harrison

Elogio de la tercera vía

En las últimas semanas, los esfuerzos de la Plataforma Pro por establecer un agregado heterogéneo de voluntades e ideas, en el tránsito hacia la creación de una nueva formación política, con Basta Ya como núcleo fundamental, está cobrando un inusitado vigor; con la presentación del proyecto en diversos lugares de España y la incorporación paulatina de simpatizantes al mismo, esta opción cada día cobra más fuerza y presencia.

Parece ser que concurrentemente, otras formaciones tradicionales en la lucha contra los desmanes nacionalistas de este país, como DENAES, Foro de Ermua, la Fundación Concordia de Alex Vidal Quadras, o la Convivencia Cívica de Caja, a las que se sumarán otras en las próximas semanas, han establecido un proyecto de acuerdo para unir sus fuerzas de cara a homogeneizar criterios y establecer propuestas compartidas en el futuro.


Ambos proyectos, se definen fundamentalmente por tres criterios :lucha radical contra los nacionalismos, defensa de la Constitución Española de 1979, y su transversalidad ideológica.

El motivo de su origen, es la influencia cada día más perniciosa de los nacionalismos en la convivencia de los españoles, que se ha visto agravada por la trayectoria del gobierno de Rodríguez Zapatero que lo mismo pacta con ETA en el País Vasco, que acuerda gobiernos con ERC en Cataluña, mientras que en contrapartida, recibe el apoyo de los nacionalismos a su política inverosímil y desbrujulada.

Ciutadans descolgado del futuro

Parece que al final, Ciutadans, se quedará definitivamente descolgado de cualquiera de las dos iniciativas mencionadas, fundamentalmente por su introyección hacia el catalanismo y su definición en el ámbito político del centro izquierda. Ciutadans, ya no es un partido político que busca la transversalidad, sino precisamente lo contrario, tras el último congreso ha abjurado de ese posicionamiento abierto, para cerrarse sobre sí mismo y tratar de influir en el PSC de Montilla, procurando que el PSC recupere el sentido nacional español que ha perdido desde que gobierna en el tripartit.

A este paso, Ciutadans, se convertirá en un partido político que vivirá de la nostalgia, como el carlismo, la falange, o los partidos comunistas, verdes, o transnacionales, sin representación parlamentaria. Que despilfarro han hecho los dirigentes con Ciutadans, y que falta de criterio de futuro en los que les han apoyado.

La creación de nuevas formaciones políticas tiene dos objetivos políticos bien definidos, en primer lugar, presentar una alternativa a lo existente para las próximas elecciones generales, el nivel de abstención política y la crispación de los dos grandes partidos, parece indicar que los electores españoles demandan algo diferente.

En segundo lugar, denunciar los extravagantes comportamientos de los nacionalismos, en su singular lucha por la deconstrucción de España, bien como Estado los primeros, o como Nación los segundos. Dos perspectivas diferentes, y posiblemente necesarias ambas, para aproximarse al mismo objetivo: el mantenimiento de la unidad nacional establecido en la Constitución, y fundamentalmente devolver la soberanía en su totalidad a los españoles en su conjunto, y no permitir su fragmentación en porcentajes autonómicos, de cara a constituir un “federalismo de facto” extraconstitucional, y con criterios de redistribución territoriales inicuos.

El objetivo fundamental ya se ha logrado

Sea lo que surja al final de todos estos movimientos ciudadanos, se puede decir que a partir de su desarrollo, las cosas ya no podrán ser como antes; esta penetración discreta de los ciudadanos en los asuntos políticos, es posiblemente el mayor logro de la democracia española en los últimos veinte años, y el canal ya está establecido.

Lástima que Ciutadans no haya estado a la altura de las expectativas que muchos nos habíamos forjado con esta iniciativa, patrocinada por unos cuantos intelectuales ilusionados y comprometidos con el objetivo de plantar cara a la exclusión progresiva de la ciudadanía de los asuntos políticos.

La mejor demostración de que Ciutadans ha perdido el tren del futuro, es que todos estos movimientos, han comenzado a desarrollarse con mayor fluidez y presencia, a partir de que en el Congreso de Ciutadans, con el cambio de ideario, el ombliguismo catalanista, y el triunfo del mismo Rivera, que fue reprobado por la asamblea por su gestión política durante el año de vida del partido, hayan defraudado a todos los que esperaban un liderazgo del proyecto por parte de Ciutadans, no podrá ser así.

La opción favorita, ahora deja paso a otras, lo que demuestra que la necesidad de esa tercera vía proviene de la demanda en la sociedad española de algo diferente a lo realmente existente; el gran problema en estos momentos para todas las opciones precursoras de esa tercera vía, precisamente es el de como convertir las voluntades convergentes en un auténtico partido político que defienda lo que el PSOE ha dejado de defender hace tiempo, y el PP se empeña en defender desde un exclusivismo racional, demasiado dogmático (aunque posiblemente reactivo a la deriva del PSOE en sus negociaciones con ETA)

Es hora de que los ciudadanos le digan a los políticos que el futuro se escribirá con una participación creciente de todos los españoles en los asuntos de la política, es hora de que los ciudadanos dejen de ser exclusivamente electores para convertirse en representantes de sí mismos, tras comprobar que los políticos representan más los intereses de sus partidos que los de aquellos que les conceden el poder.

La tercera vía será ciudadana, transversal, e hispanófila sin ambigüedades. Lo demás, importa mucho menos.



Erasmo de Salinas

sábado, 21 de julio de 2007

Ante el suicidio de Ciutadans

Actualmente no quedan muchas voces discrepantes en el partido Ciutadans, que ha derivado desde la promesa esperanzada al cicaterismo electoral más esperpéntico. Los órganos que dirigen actualmente el partido, conforman una unidad homogénea y unívoca, una unidad de destino en lo particular, que será la de estrellarse contra las urnas en las próximas elecciones generales, bien sea solos, o si encuentran algún compañero inocente, acompañados.

Transcurridas tres semanas desde el Congreso de Hospitalet que redefinió este proyecto político como una opción de centro-izquierda, preferentemente catalanista, y contra-nacionalista moderada, se está produciendo una evasión masiva e incoercible, de los militantes discrepantes con las nuevos postulados ideológicos del partido.


Los primeros en irse, fueron los más próximos a la izquierda política, los compañeros de Alternativa Ciudadana, adscritos a los planteamientos de uno de los fundadores del partido, precisamente el que fundó la mayoría de agrupaciones de Barcelona ciudad, y del cinturón industrial, Félix Pérez Romera.

Le han seguido los liberales, o mejor dicho, los transversales, adheridos al ideario original, el espíritu del Tívoli, las bendiciones de Albert Boadella, Arcadi Espada y Xavier Pericay, una clara vocación de expansión nacional y de encuentro con otros proyectos homogéneos como la plataforma pro, y la organización Basta Ya.

Esta grupo se presentó en el pasado congreso, liderado por Luis Bouza-Brey y Clemente Polo, en la candidatura de Regeneración Democrática. Esta opción reunía un arco suficientemente amplio de las distintas sensibilidades políticas presentes en el partido, y buscaba una organización plural y democrática

También se han desentendido del proyecto, algunos más de los precursores como Ivan Tubau, Félix de Azúa, Vázquez Rial, y Ana Nuño. Así como una cantidad indeterminada de militantes por motivos propios y diferentes.

¿Quién se queda en el partido?

Pues se queda Albert Rivera, los diputados José Domingo, y Antonio Robles, el ideólogo del asunto Françesc de Carreras, que ha recibido el apoyo de Félix Ovejero.

Entre los militanes, se quedan tres grupos bien definidos, los riveristas, un grupo organizado en torno al personalismo carismático del joven presidente Albert Rivera, con una ideología pragmática y electoralista, y también se queda una izquierda moderada, nostálgica de devolver al PSC a sus orígenes nacionales y no los filonacionalistas de los gobiernos del tripartit, liderada por los dos diputados que acompañan al presidente en el Parlament.

También se queda un grupo no adscrito a los anteriores, cuyo lema mejor es cualquier Ciutadans contra el nacionalismo que nada, y que consideran que destruir el proyecto, una vez conseguida su presencia pública, es una barbaridad. En este grupo, se encuentra otra de las intelectuales precursoras, Teresa Jiménez Barbat, pero mostrando abiertamente su discrepancia con lo existente, y concediendo los cien días de silencio preceptivo tras la nueva dirección iniciada por el partido, y que aboga por la convergencia inmediata con Basta Ya.

El futuro de Ciutadans

No se puede ser optimista ante la fractura que se está viviendo en ciutadans, y la hemorragia de militantes consecuente.

Sin embargo, la homogeneidad en la ejecutiva alcanza cotas de totalitarismo, tras la salida de Eva Climent, la única no riverista elegida para el gobierno del partido, y que ha renunciado a estar presente en una ejecutiva singular, prefiriendo abandonar, junto a otros 42 compañeros de las agrupaciones de Valencia-Murcia.

Las opciones de aproximación a la plataforma pro y Basta Ya, no parecen ni claras, ni definidas, lo que se desprende de la esquizofrenia de las declaraciones de Albert Rivera sobre esta cuestión, que tanto dice que ya se ha hablado con Díez y Savater, como que quizás se haga una convergencia para las elecciones, o que niega cualquier acercamiento.

Ante tal desquiciamiento, Gorriarán, el secretario de Basta Ya ha expresado que por ahora nada de nada, y que ni siquiera se han iniciado conversaciones, más allá de un par de llamadas telefónicas. En la página de la plataforma pro, se puede hacer un seguimiento de las relaciones prácticamente inexistentes entre Basta Ya y Ciutadans.

Hoy, el consejo general del partido, ha declarado que se ratifica en la presencia de la formación en las próximas elecciones generales, y que se tratará de expandir el proyecto a todo el territorio nacional. Se intentará pero no se logrará, porque la infraestructura nacional del partido se ha quebrado, con la excepción del grupo que apoya a Rivera en Madrid, pero en el resto de las comunidades, tras el giro catalanista de la formación política, las bajas han sido masivas.

Por otra parte, la definición parca del ideario, abocando el partido al espacio electoral del que el PSOE y el PSC se nutren, el centro izquierda, ha sido un solemne error, que rápidamente ha sido aprovechado por el PP de Cataluña, despejando el futuro hacia una opción contra el nacionalismo catalán mucho más sólida, encomendada a Daniel Sirera, con lo que el PP recuperará buena parte de los votos “cedidos” en las pasadas autonómicas en Cataluña, que se sumarán a los que ya han regresado a su ámbito, con Alberto Fernández en las pasadas municipales.

De esta forma, la tenaza electoral que se va a formar entre los dos grandes partidos nacionales, en un clima de tensión que ha alcanzado cotas de crispación durante la legislatura, va a descuartizar lo que queda de Ciutadans en las próximas elecciones generales.

En las circunstancias actuales, será un error presentarse a las mismas, el enésimo que se cometerá, con un partido escuálido, desleído y anérgico, en un ambiente de beligerancia extrema entre los dos grandes partidos nacionales, y en una convocatoria de elecciones generales, en las que se juega el modelo político de futuro de este país.

¿Hay alguna solución?

Sí, hay solo una, extraña, surrealista, incómoda, e imposible con la actual dirección del partido, machembrada como está exclusivamente con el poder. Pero la propondré, quizás sea lo último que haga como militante de este partido, sea por la memoria de lo que pudo haber sido y no fue, y por los buenos compañeros que he conocido en este partido, aunque la mayoría ya lo han abandonado.

No presentarse a las elecciones generales, esperar a las europeas, esa es la única opción imprescindible para la supervivencia de Ciutadans. Las elecciones europeas serán en el año 2009, y durante ese tiempo deberá configurarse un partido sólido, con expansión nacional, y que sea capaz de recuperar el ideario original y el espíritu del Tívoli, por una conferencia, convención o similar, y en un acto de humildad e inteligencia, reconocer el error cometido al haber enterrado, por ambiciones personales, el proyecto de muchos, por no decir, de todos.

Los militantes que han abandonado el partido, no lo han hecho porque no crean que este proyecto es necesario, sino porque piensan que en la situación actual, con las personas que lo van a dirigir que han perdido prácticamente toda la credibilidad durante el pasado año, no serán capaces de llevarlo a cabo, y menos en un ambiente de totalitarismo riverista.

Hay ex militantes dispuestos a tender un puente hacia el futuro y converger con lo que queda de Ciutadans en algún lugar, sea la plataforma pro, o la pre-pro.
Hay ex compañeros con credibilidad suficiente entre los discrepantes para intentarlo y posiblemente conseguirlo. En el bando de los opositores a lo existente actualmente en el partido, hay mucha más cohesión de la que se piensa, pero no con las personas, sino con los principios y los valores que este partido está llamado a defender: una ideología ciudadana, transversal, de ámbito claramente nacional, radicalmente antinacionalista, con una representación directa de todos y realmente dispuesta a regenerar la democracia en este partido y este país.

No hay mucho tiempo, para evitar el suicidio de Ciutadans, la opción de supervivencia ya ha superado la fecha de caducidad. La última oportunidad está servida. El partido no es capaz de contener la hemorragia de bajas, ni de recuperar la sangre que ha perdido, solo una transfusión puede salvarle y por eso la busca con desesperación en Basta Ya, pero esta opción no ve compatibilidad sanguínea con lo que queda de Ciutadans, lo ha expresado claramente su secretario, Martínez Gorriarán en su blog.

Rivera debe decidir si sigue haciéndole caso a de Carreras, o es capaz de ver el futuro por sí mismo, con los ojos de todos, aquí se mide realmente un liderazgo. Quedan diez días para que comience agosto, mal mes para cualquier cosa que no sean unas magníficas vacaciones, en las que el recuerdo no empañe la expectativa. La Gomera puede esperar, Ciutadans, no.


Biante de Priena

Ciudadanos en la Red: Gracias Plataforma Pro por publicar este artículo en vuestro blog.

Carlos Martínez Gorriarán, no se ha equivocado en sus apreciaciones ("Partido, partido") sobre Ciutadans.

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