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miércoles, 28 de marzo de 2007

Ecoteología

Dedicado a Albert Boadella,
¡va por tí, maestro!.


Tras la decadencia de los pensamientos únicos, camino que conduce al olvido de todos los dogmatismos, (religiosos, sociales, ideológicos o políticos), brotan opciones compensatorias de forma continua, antes de la perentoria extinción.

Ideas de cambio, de transformación de la sociedad, de erradicación de la maldad, de "buenismo", de respeto puritano al medio ambiente y a los demás, de acciones no violentas a medio camino entre las propuestas de Buda y las de Gandhi, de orgullo zen de aquí no pasa nada aunque pase, y otros maravillosos sueños fundamentados en la resolución de la culpa irredenta de haber sido expulsados del paraíso por nuestros pecados.

Todo este compendio de deseos e ilusiones, fundamenta un retorno del poder divino en forma de sucedáneo, no solo el Islam remonta el vuelo. En Occidente, tras la decadencia del Imperio Romano, algunos avezados y persuasivos filósofos estoicos, mutados al cristianismo, implantaron la fe de Cristo, que tras la Teoría de la Evolución de Darwin, quedó desinflada y destronada.

Cuando la idea de Dios no se puede mantener ante la crueldad que el hombre manifiesta por instinto, entonces se sustiye por una forma menor de representación del orden divino: la Naturaleza, que representa la fuerza de la vida, que contiene ese halo de misterio que conduce de nuevo a la creencia, aún en esta epoca de descifrado del genoma.

La vida tiene mucha mitología. Al parecer, de la vida que ha existido en la Tierra desde los orígenes, han desaparecido más del 99 % de las especies que alguna vez habitaron el planeta. La muerte, también tiene mucha mitología, y además da miedo, lo que le concede un gran poder simbólico para persuadir de otras cosas.

El laberinto sin minotauro

Cuando se compran filetes en el supermercado (lo que en cierta forma recuerda por extensión a una representación del "maná"), se hace desde la pérdida de todo conocimiento de su origen, de su proceso de producción. Se consumen sin pensar a que ternera pertenecen. Ese olvido inducido forma parte de nuestra civilización, porque si supiéramos que era de la "Lucera", esa vaca feliz que vimos en aquel prado pastando y nos da leche, posiblemente no nos la comeríamos.

Después de visitar un matadero, uno puede imaginarse como fue Auschwitz. La vida se elimina de forma mecánica. Desde hace muy pocos años, en los pueblos se ha prohibido acabar con la vida de las vacas, también se llevan al matadero.

No sé por que la vida de la pobre vaca que pasta alegre por los prados, tiene menos derecho a ser elogiada e incluso defendida ante el inusitado poder depredador de la especie más violenta y carnívora. Hablando del derecho a la vida creo que debemos ser igualitarios. Tanto monta el toro de lidia como la vaca de prado o ¿tal vez no?.

En Asturias y otras tierras del norte de España hay una costumbre que es el San Martín o la matanza, se coge un cerdo, se le cuelga boca abajo, se clava un cuchillo en la arteria correspondiente, por el aficionado matarife de turno y se espera a que se desangre entre chillidos insoportables. ¡Pobre bicho!. Luego se celebra invitando a los comensales. Los cerdos también sirven en otras culturas para los ágapes, por ejemplo en los lejanos mares del sur en una ceremonia de despilfarro.

La morcilla se hace de sangre, también los chorizos. Todavía no he oído a ninguna comunidad espiritual- ecológica que haya manifestado algo al respecto, y eso que la costumbre está muy extendida, tal vez sea por eso por lo que no dicen nada. No sé por qué los cerdos, al igual que las vacas, no pueden tener defensores aguerridos de su derecho a la vida. Pero como no es fiesta nacional, sino costumbre tradicional, se respeta porque no tiene interés político ir contra ella.

La cultura, a pesar de todo, y de todos, incluye la muerte; y también la crueldad, porque toda muerte producida es una muerte violenta. Recordemos lo que decía Voltaire, que la civilización es la forma más desarrollada de barbarie. Se considera que los primeros actos culturales conocidos fueron enterramientos, además de la producción de algunas toscas herramientas. Somos seres mortales, y todos los seres vivos nos caracterizamos, entre otras cosas, por que alguna vez habremos de morirnos. La muerte es inherente a la vida.

La Cultura es una elaboración humana, al menos nadie se ha atrevido a decir que provenga de la Divina Providencia. Los seres humanos somos carnívoros por tradición y conveniencia proteica, aunque también podamos ser vegetarianos, lo que es muy respetable; pero en ese caso, deberíamos preocuparnos también por la vida de los guisantes, porque también es vida, y cabe preguntarse ¿qué derecho tenemos a acabar con ella?. Y qué decir de la vida embrionaria que impedimos cuando nos comemos un huevo frito.

Volviendo al arte de Cúchares, insisto, forma parte de la tradición, de nuestra cultura española. A mi no me gustan, particularmente, he acudido en una ocasión a ver al bombero-torero con mi hija y me divertí, no había muerte, pero si un montón de enanos que hacían de bufones, también me pareció cruel, pero es una forma de ganarse la vida, no he vuelto.

Yo no contribuyo a que sobreviva la fiesta nacional, pero está ahí, y la respeto, por que no me considero con criterio para proponer la abolición de ninguna tradición cultual, porque supongo que quienes las crearon en su momento por algo lo harían y por qué representan elementos valiosos para nuestra existencia, aunque sean arquetípicos o simbólicos. Conservar las tradiciones, también es una forma de hacer ecología, y de luchar por la libertad, lo que no significa ninguna suerte de fijismo o inmovilismo, que no se malentienda.

Los nuevos profetas

Pero estoy en contra de la ECOTEOLOGIA, esa creencia proselitista que viene a ocupar el espacio dejado por las religiones tradicionales; estoy en contra de sus dogmas, fruto de una doctrina panfletaria, organizada al socaire de consignas políticas que pretenden objetivos ajenos a lo que proponen, mientras las mejor intencionadas buscan una vez más la redención del pecado original, estoy en contra de los "paraprogres", esa secta infame que vive de las rentas producidas por la veneración a la estupidez.

Sin embargo, no estoy en contra de la ecología, por que es una ciencia humana, que por cierto, según Hawley y otros, también alcanza a nuestra especie. Aunque tampoco es para dramatizar, y hay muchos intereses creados sobre el tema, que rentabilizan el desconocimiento de muchas cosas.

La ecología debe ser humana, y debe ocuparse de respetar también las tradiciones y los ecosistemas culturales. Los políticos ecologistas más serios, como Al Gore, aquel candidato que disputó el poder a Bush, hablan de cuestiones como el protocolo de Kioto, el efecto invernadero o la capa de ozono, pero también de las crueles guerras que devastan el planeta, del hambre y del sufrimiento humano. La ecología tiene cosas mucho más importantes a las que dedicarse, para ocuparse de los toros.

Del tema de la tauromaquia se ocupan diversos grupos “anti-establishment”, los nacionalistas, los ecologistas de izquierdas, los arribistas, y un grupo menor de gente bien intencionada y sensible que realmente no sabe a quien sirve con sus propuestas.

Por supuesto que la ecología deber ocuparse de recordarnos que hay que respetar la vida, pero no la vida de laboratorio, la vida simulada, sino la vida tal como es, la vida en un mundo habitado por seres humanos y otros seres vivos. Resultando que como el ser humano se concede una cultura desde hace muchos milenios, pues también debe defender la vida cultural del ser humano.

Al respecto de las intenciones humanas hay cuatro posiciones bien diferenciadas: una que propone que el ser humano es malo, representada por el Leviatán de Hobbes; otra que considera que el ser humano es bueno, expuesta en la parábola del buen salvaje de Rousseau; otra, con la que coincido, que dice que el hombre es bueno y malo, y que puede representarse con las obras de Locke o Voltaire, en su tratado sobre la tolerancia, y por último, la que niega que el hombre sea bueno o malo, que forma parte del radicalismo anti-sistema.

Yo creo en la cultura humana, que por supuesto integra el hecho religioso, porque soy de los que piensa que en estas cosas de la creación, como decía el Rig Veda hace 35 siglos: “lo mortal ha hecho lo inmortal" y no al revés; lo que quiere decir que no hay nada vivo que pueda ser inmortal.

Una de dos, o la ciencia se equivoca por completo o de Dios sólo existe su idea, como diría Gustavo Bueno, y por lo tanto no nos ha creado, sino que hemos sido nosotros quienes le hemos creado en forma de idea. Pero ese tema da para un largo debate y no lo vamos a desaprovechar ahora.

A pesar de ser laico, defiendo que la gente pueda tener creencias religiosas, no soy beligerante al respecto, no practico el laicismo. Solo considero necesario que la gente asuma en libertad los principios morales que le parezca, pero siempre que se ubiquen en su espacio, que es el mundo de la fe, los rituales y los mitos, que considero muy interesantes, incluso imprescindibles para configurar nuestra forma de pensar y hacer, pero irrelevantes a la hora de razonar, o de entender las cosas desde la ciencia o la filosofía, y por supuesto, evitando todo adoctrinamiento, cada uno tiene la libertad a creer en lo que le dé la gana y nadie tiene derecho a imponer su creencia a los demás.

Las enseñanzas críticas: de Marx a Darwin.

Es curioso, como hablando de la fiesta de los toros se puede llegar a interpretar la creación del Universo. Tal vez, los toros sirvan para eso, para estimularnos a que hablemos de otra cosa; al igual que el futbol es una representación simbólica y desinflada de la guerra, la tauromaquia representa simbólicamente nuestra relación cruel con el medio, por qué somos seres salvajes, carnívoros, agresivos y violentos, que jamás podremos ser domesticados, de lo que me alegro.

Somos animales con un insano instinto de crueldad, por eso hemos dominado el planeta, por instinto de supervivencia y dominación del resto de las formas vivientes; la cultura, la civilización, la educación, la tolerancia, los buenos propósitos, sólo son redenciones y compensaciones de nuestra naturaleza hostil, solo necesitamos sentirnos amenazados y el despliegue de sevicia puede ser inagotable.

La civilización occidental está organizada por el capitalismo que es una forma de depredación incomensurable, y sin embargo nos ha procurado las cotas de bienestar material más elevadas del planeta, pero también nos ha convertido en consumidores esclavos de muchas cosas innecesarias, que la propaganda interesada ha convertido en imprescindibles. Creo que habría que volver a leer a Marx, olvidando el marxismo.

Sobre la crueldad humana hay numerosos ejemplos: campos de concentración nazis, vuelos de la muerte en Argentina, exterminio del 95 % de otras formas de cultura, explotación de niños en diversos países, guerras permanentes en todo el planeta, hambre que podría resolverse con los excedentes alimenticios, negación de los derechos fundamentales al 80 % de los pobladores del planeta.

Esto ocurre hoy, ahora, y seguirá ocurriendo, porque forma parte del juego tonto de que los filetes lleguen al supermercado, y los comamos todos los días, aunque en la vida hayamos visto una vaca. La alternativa sería volver a la prehistoria y salir a cazar animales salvajes para poder comer carne.

Es el precio que debemos pagar por que nuestra civilización sobreviva, el de reconocer que somos autores por colaboración y consentimiento de todos los desaguisados humanos que ocurren en el mundo, y nadie va a hacer nada por cambiarlo en muchos, muchos años; más bien al contrario, haremos lo posible porque no cambie nada, aunque nos redimamos de la culpa haciendo manifestaciones contra la guerra y la globalización.

La cultura se ha creado para que no nos asesinemos y nos comamos unos a otros, el fuerte dominará al débil, sea humano o animal. Y que lo diga y lo reconozca, no significa que lo apruebe, pero negarlo es ponerse una venda en los ojos. Los paraprogres pretenden ser los gurús de la civilización occidental, que ocurrió sin su participación, pero con coche y televisión.

Yo puedo escribir lo que me dé la gana por qué tengo la fortuna de ser occidental, la suerte de habar nacido en la cultura que domina el mundo, y tengo tiempo, dinero y ordenador conectado a internet para poder comunicarme, y una sociedad con sistemas de protección, de distribución de alimentos, de seguridad, y de ventajas adquiridas por las generaciones que nos precedieron y que sufrieron e hicieron sufrir a otros para llegar aquí.

Pero que nadie me culpe de no cambiar las cosas, quizás sea más sincero que otros, porque llegado el momento, no me imagino a los "revolucionarios oportunistas" renunciando a nada, más bien lo que desean es liderar el proceso de cambio para beneficiarse, aunque sea perjudicándonos.

No pienso renunciar a nada de todo ésto, incluidos los toros, por qué es mi cultura, que está hecha sobre océanos de sangre, asesinatos de inocentes y riqueza inmerecida, y claro que habrá que cambiar poco a poco, y espero que cada vez seamos mejores y hagamos las cosas mejor, pero eso no quiere decir que seamos buenos, siempre, en cualquier condición o circunstancia, por que no lo somos, ni lo vamos a ser, y quien diga o proponga lo contrario miente como un bellaco, y busca su propia ventaja, posiblemente.

Erradicar a los paraprogres, me quedo con los toros

A mucha gente se le llena la boca con palabras como solidaridad, justicia universal, equidad, erradicación de la crueldad y la violencia, defensa a ultranza de la vida, derechos, responsabilidad, crecimiento sostenible, ahorro energético, paz, democracia, que sólo son palabras piadosas y nada más. Los que tenemos la fortuna o desgracia de vivir en el mundo occidental estamos condenados a mantenerlo como sea, y al precio que sea. De lo contrario, nos veremos mirando a La Meca cinco veces al día o trabajando como los chinos por 50 euros al mes, muchas más horas que las que aquí trabaja cualquiera.

La solidaridad, hermosa palabra, es un sucedáneo de la caridad cristiana, que les gusta pronunciar más a los paraprogres. Pero tambien ellos, seguro que antes de renunciar a lo que son y a lo que tienen, que es lo que realmente les hace, se dejarán la vida en el empeño, por qué renunciar a lo que uno es para que otro sea, no es solidaridad, es idiocía. Ya veremos cuando tengan que abandonar el poder como nos muestran a todos su generosidad magnánima.

Recordemos que la democracia se fundamenta en la competición, no en la cooperación. El sistema económico que nos acoge es la representación de la selección natural, y la ley de la oferta y la demanda, es más poderosa que cualquier forma de justicia.

Pero yo también quiero un mundo mejor, un mundo Disney, una arcadia feliz, una utopía global en la que todos seamos muy buenos; yo no necesito ser malo o cruel para ganarme la vida, pero sé que otros si lo van a ser, por eso la utopía forma parte de mis sueños y no de mi realidad. Aunque luche cada día por intentar que el mundo mejore.

Como Freud decía en "El porvenir de una ilusión", soy pesimista sobre los auténticos cambios en la condición humana que se requieren para transformar la sociedad, de forma que pueda cambiar la forma de vida de nuestros hijos, y que esos cambios permanezcan transformando el mundo del mañana; no sobre los aparentes, que son muchos, y demasiado cacareados por los funestos miembros de la clase política y sus aparatos propagandísticos.

Decía Wallon, que con la educación se puede convertir a los niños en asesinos o santos, no estoy de acuerdo. La santidad es un propósito inalcanzable, y si no leánse Las confesiones de San Agustín, pero se puede mejorar y a eso dedicamos nuestro esfuerzo algunos.

Esto no quiere decir que no haya habido seres humanos buenos, claro que los hay, los hubo y los habrá, como no iba a haberlos. Sócrates, Jesucristo, Abraham Lincoln, Che Guevara, Martín Luther King, Robert Fitcherald Kennedy, Gandhi, Isaac Rabin, Miguel Angel Blanco, Ernest LLuch, o Tomás y Valiente, pero resulta patético que todos hayan muerto asesinados. Esto no lleva remedio. Somos crueles hasta con nuestros mejores semejantes.

Hay que tener mucho cuidado con lo que se propone, cuando a una civilización se le quitan sus tradiciones, sus mitos, sus dioses, sus ritos, y su vida organizada desde las costumbres consecuentes, habitualmente se extingue o se autodestruye.

Por la sencilla razón de que otra con otras violencias nuevas y más inteligentes e intrasigentes, vienen a ocupar el nicho ecosistémico vacío. La civilización occidental es al menos conocida y mejorable, respeta más principios políticos que cualquier otra, y procura defender los derechos humanos, tanto en su seno, como fuera de él, por eso hay que ser prudentes en las propuestas de cambio. La Alianza de Civilizaciones es un invento pueril, porque no puede detener el choque de civilizaciones descrito por Hungtington.

Antes de abrir la caja de Pandora de la justicia universal por ser simplemente buenos, pensemos lo que puede ocurrir si realmente somos malos, o si otros lo son. En realidad, somos buenos y malos, es la conjunción de ambas características la que nos hace humanos, criminales y santos a la vez, como decía Voltaire. Quizás sean las circunstancias las que nos condicionen en la bondad y la maldad, o tal vez las relaciones entre nosotros.

Concluyo recomendando un libro clarificador sobre la cuestión: "El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr. Hide" de Robert Louis Stevenson, en el que se puede observar la lucha interna del hombre por resolver su dualidad moral.

Si se ponen pesaditos los muchachos antitaurinos, quizás este verano me decida a acudir a ver mi primera corrida de toros, me han dicho unos amigos que José Tomás vuelve a los ruedos el 17 de junio en Barcelona, hasta ahora no le conocía de nada, pero voy a empezar a interesarme por la vida y obra de este diestro.

Los toros es España, a muchos no les gusta nuestro país, y lo de los toros lo usan para sus propósitos secesionistas e interesados, o será que les molesta el valor del torero ante la bestia, que al final representa el valor de los españoles contra grupos nacionalistas, como ETA-Batasuna o ERC.

Claro, ahora me explico por qué los de izquierdas están contra la guerra de Irak, ¡porque no les gustan los toros!.


Biante de Priena

domingo, 25 de marzo de 2007

La realidad y los enemigos de la libertad

Desde que estudio antropología, he ido descubriendo algunas cosas interesantes. Creo que la complejidad del ser humano, es un buen punto de partida para hablar de la realidad. Las dificultades del cambio de paradigma y la trampa viscosa del relativismo en la que permanece atrapado el pensamiento occidental, requieren que elijamos bien el comienzo

El ser humano es un prodigio de complejidades y complejos, que se autodesarrolla en un medio hostil, natural y cultural, por un singular proceso de autopoiesis. Esa es la realidad humana, independiente de los perceptores, ajena a los intereses, eximida de juicio, indeterminable.


La realidad también es relativa, por supuesto. Pero del propio relativismo de la realidad surgen algunos fenómenos interesantes, que han recobrado especial interés en la época que vivimos, gracias a la eclosión de la tecnología. La realidad se ha ampliado, con términos como hiperrealismo, realidad virtual, mundo aparente, falsedad auténtica (Umberto Eco).

En un mundo tan interconectado y comunicado como el nuestro, la realidad ha dejado de ser individual, para convertirse en algo social, una creación colectiva; se considera por tanto, que la construcción de la realidad se hace desde la sociedad (constructivismo social), desde el conjunto de seres humanos agrupados que definen lo que hay, o lo que hubo, o lo que habrá. Es la perspectiva compartida la que permite crear planteamientos comunes y válidos.

Esa mirada de dos o más, nos separa de la perspectiva emocional del yo de cada uno. Aunque no se debe descartar que dos enamorados vivan la experiencia de la contemplación de una puesta de sol en el Cabo Sounión, con las sensaciones que provienen de sus neurotransmisores (realidad interna) y no del astro rey que observan desde ese lugar (realidad externa), pero esto forma parte de otro debate.

En general se acepta, que cuando dos miran algo al mismo tiempo, las cosas se aprecian mejor que cuando lo hacen por separado, en cuestión de tiempo o espacio, pero tampoco es algo que pueda demostrarse. “Cuatro ojos ven más que dos”, dice el refrán castellano.

Es el mirar lo que define

El perspectivismo, fue estudiado por la Teoría de la Gestalt hace muchos años, pero también por filósofos como Ortega y Gasset. Es el mirar lo que define. Yo no soy yo, yo soy yo y mis circunstancias. Y esas circunstancias, que son culturales, educativas, históricas o personales, ofrecen la plataforma desde la que se mira la realidad.

El microscopio, el telescopio o el calidoscopio desde el que interpretamos lo que estamos viendo con nuestro criterio más adecuado. No son nuestros ojos los que definen lo que vemos, sino el color de los cristales de nuestras gafas.

El criterio es importante, y se establece sobre lo aprendido, que es lo conocido, y lo conocido es lo que se ha visto de la realidad, porque hay muchas cosas que nos pasan desapercibidas por que nuestro criterio no es suficiente para apreciarlas. Un paciente ve fiebre en la fiebre, un médico, sin embargo, anticipa su origen y prevé su resolución.

Criterio y percepción se retroalimentan, la percepción depende del criterio y el criterio de la percepción. Por esto la perspectiva de las cosas es individual, única, e intransferible y depende de la percepción posible y del criterio suficiente.

La realidad se construye socialmente desde una determinada perspectiva compartida, que a su vez es una solución dialéctica establecida desde los criterios (opiniones, juicios, definiciones) y percepciones, más o menos afortunadas, de los que realizan su evaluación en unas determinadas circunstancias.

Pero con la llegada a nuestra existencia de los elementos virtuales, fabricados sobre soportes cibernéticos, las cosas han cambiado. La realidad se ha ampliado.

La expansión de la realidad

Ocurrió lo mismo con la llegada de las emisoras de radio y televisión a mediados del siglo pasado, y primero había sucedido con el telégrafo y el teléfono. Todos ellos son medios de comunicación pasiva, activa o interactiva.

Añadimos un nuevo elemento al problema. La realidad de la que se informa y que se conforma, no es exactamente la realidad que se comunica. La realidad que se transmite no tiene por que coincidir con la realidad auténtica, es decir, lo que nos dicen sobre la realidad puede ser erróneo, porque depende del juicio o criterio de aquellos que nos informan, y no solamente puede ser erróneo por azar o equivocación, sino que puede ser erróneo a conciencia y voluntad, porque hay un interés particular en que nos creamos lo que nos cuentan.

Como cada día nos cuentan más cosas y nuestro acervo cultural se fundamenta mucho más en la información que nos hacen llegar que en la que percibimos directamente por nosotros mismos, con nuestra propia experiencia, debemos estar atentos para advertir que si no ponemos remedio a la cuestión, llegará el día en que sabremos sólo lo que algunos quieren que sepamos y poco más. Es decir, sabremos lo que interesa a algunos que sepamos y no sabremos lo que no interesa que sepamos. Esta es la tendencia actual.

Nuestros hijos ya no podría prescindir de internet en sus vidas, como nosotros no podríamos prescindir por mucho tiempo de los medios de comunicación anteriores a la red. Nos hemos educado con demasiados elementos ajenos y eso nos hace cada día más dependientes de lo externo, y posiblemente, menos seguros de nosotros mismos, y también más desconfiados.

Sin embargo, creo que hay un proceso de autenticidad en todo este juego de influencias, y es que la complejidad que nos define se está trasladando por primera vez, sin cortapisas, al mundo en que vivimos, y por eso nos parece cada día más complejo esto del arte de vivir.

La realidad virtual

A mi hijo de doce años, le acaban de hacer alcalde de un pueblo imaginario en un país imaginario pero que imita y simula los países reales, el está muy orgulloso de su proeza. Baudrillard, recientemente fallecido, nos habló de los simulacros con profusión. Nuestra vida cada día es más simulada, pero esto no quiere decir que sea menos real.

Por una parte veo bien que mi hijo sea alcalde imaginario, porque es una forma de retornar a la mitología y la leyenda que hemos perdido con tanta tecnología y precisión, pero por otra parte me preocupa que se espete contra las frustraciones de esa forma de vida irreal de forma precoz y esto pueda afectarle en su vida real. Lo mismo ocurre con otros videojuegos, en este mundo paralelo que se construye en las consolas y ordenadores.

Es cierto que ahora podemos ser caballeros en la Edad Media, o pilotos de aeronaves, o navegantes oceánicos sin salir de nuestra propia casa. Está bien, la virtualidad de los juegos nos permite experimentar cosas que de otra manera quedarían fuera de nuestro alcance, todo esto hace crecer nuestra experiencia, pero de forma limitada y encerrada, diferente del contacto físico con el mundo real.

Perdemos buena parte de las sensaciones que acontecen en un encuentro con la realidad, que en su conjunto conforman una plataforma privilegiada de captación de sensaciones, que construyen nuestra peculiar sensibilidad, de la que surgen las emociones, los sentimientos, el dolor, el placer, el frío y el calor, entre otras muchas cosas.

Tal vez estemos huyendo de ese mundo sensible y natural, porque no podemos controlarlo, porque conecta nuestras neuronas más primitivas con el miedo a la realidad no controlada, y como de esa relación se pueden producir problemas de interacción, eludimos por comodidad, el contacto directo con lo que puede ocasionarnos frustración o conflicto.

Sin embargo, de la mezcla con el mundo real surge buena parte del aprendizaje, y cuando se producen problemas, se aprende a afrontarlos y superarlos, lo que nos convierte en seres más independientes, asertivos y determinados, y nos hace sentirnos más seguros y tranquilos en la vida.

Pero también las experiencias virtuales nos hacen resolver miedos, frustraciones o complejos, que de otra forma, resultaría más complicado y costoso resolver en un escenario real. La simulación no sustituye a la realidad, solo nos ofrece un ensayo controlado, sobre la misma.

Solo hay una realidad

Desde mi criterio, considero que
ambas realidades son necesarias, la auténtica y la virtual, al contrario de lo que muchos piensan, la realidad sustancial no puede ni debe sustituirse con una realidad virtual, pero tampoco debe ocurrir lo contrario, que se integren, y es precisamente lo que está aconteciendo en nuestras vidas.

La realidad cotidiana más humana y natural, va perdiendo importancia e influencia sobre la formación de nuestro criterio en relación a la realidad virtual. El concepto que tenemos sobre nosotros mismos y el mundo en que vivimos, cada día depende más de algo ajeno y externo a nosotros, que proviene de la tecnología.

Ssupongo que llegara el día que su influencia se equilibre en nuestro beneficio, hay que ser optimista al respecto, pero no hay que bajar la guardia. Mientras tanto habrá que seguir observando con prudencia como se va construyendo socialmente –y tecnológicamente- la realidad, con espacios y tiempos dedicados a lo existente y lo inexistente.

Cuando era niño, la realidad virtual era muy primitiva y tenía poca importancia, en la definición del criterio; eso me permitía leer libros, ver películas, e imaginar. Hoy los niños siguen imaginando, pero con imágenes virtualizadas que otros diseñan y que son elegidas por criterios determinados, y en muchas ocasiones, interesados.

Estos avances culturales contribuirán a crear una fantasía homogénea y compartida. Los sueños serán más parecidos cada día. Las princesas se parecerán a una nieta de la Barbie y los príncipes a un biznieto de Robin Hood. Los malos se parecerán a Osama Ben Laden y los buenos a Gandhi. Todo con el fin de hacer homogéneos nuestros criterios.

Es el precio que pagamos por el progreso: la identificación indexada. Nos están preparando para la clasificación última, para catalogarnos con algo más complicado que una serie de cifras. Están dibujando nuestra silueta del futuro y una vez que se haya desarrollado el proceso será irreversible. Llegaremos a algo parecido a un mundo feliz, como el descrito por Aldoux Huxley. Estaremos clasificados exhaustivamente y por lo tanto, quedaremos determinados.

Si no hacemos algo y lo hacemos pronto, creo que la libertad dejará de asociarse a nuestra existencia, porque a alguien con suficiente poder, se le ocurrirá que si se conocen las cualidades positivas para ser algo determinado, no se deberá (por el criterio moral de turno) ser otra cosa, por razones de eficacia y ese principio de autoridad dogmática, definido como bien común. Esto me recuerda a la realidad esclava de otros tiempos, en la época de los egipcios, griegos o romanos. Cierto es que no nos legaron la esclavitud exclusivamente.

La construcción socializada de la realidad

La construcción social de la realidad, dejará paso a la construcción socializada de la realidad, pero lo socializado es algo de origen político, no social. Es algo determinado por alguien que detenta el poder, según un criterio ajustado a las necesidades del sistema clasificador, sea persona o grupo.

Seremos lo que algunos con poder suficiente para determina nuestro destino nos permitirán ser. Seremos solamente juguetes para su juego. Esto resulta muy peligroso y debemos estar atentos para rechazarlo e impedirlo.

Debemos establecer criterios, ahora que aún podemos, para defendernos de la determinación que se nos viene encima con la globalización. El mundo ya se ha dividido en dos categorías: mayoritariamente productores (los países menos avanzados) y mayoritariamente consumidores (los países más avanzados), este proceso que ha comenzado es irreversible, y estamos solo al comienzo.

El siguiente paso en la globalización es determinar quienes van a ser mayoritariamente más beneficiados (cada vez menos) y quienes mayoritariamente perjudicados (cada vez más). Esto conduce a diversas formas avanzadas de oligarquía, con oligopolios de consumo exclusivistas.

El mundo está entrando en una dicotomía imparable, que conduce a una realidad dual, jerárquica, impermeable, cerrada, y extraña. Estamos asistiendo a una revolución que bien podría denominarse feudalismo económico en un sistema de aparente democracia política. Esta es la auténtica realidad de nuestra cultura, sobre la que asienta la civilización occidental en la actualidad.

Decía Rapapport, un antropólogo muy interesante, que el ser humano crea la cultura en la que vive para tratar de dar significado a un mundo que no lo tiene. Estoy de acuerdo con él. Somos arañas que tejemos con la tecnología de la que disponemos, una cultura en forma de red virtual en la que estamos quedando atrapados.

La realidad que estamos construyendo será la realidad que acabará destruyéndonos. Y perdón por la redundancia, esta es la auténtica realidad. No en vano, siempre hemos sido seres efímeros con pretensiones, nihilistas, acomplejados, y susceptibles para el adoctrinamiento y la propaganda.

Las termitas o las abejas son seres más avanzados desde una perspectiva ecológica y global, construyen sus propios espacios, pero no destruyen el mundo con sus creaciones como nosotros. El mundo, a la larga, será de los insectos, nosotros somos demasiado soberbios como para permanecer en la cresta de la ola evolutiva.

Esa será la realidad que algún día verán nuestros descendientes, cuando la incoherencia y la incongruencia de nuestros actos, de nuestra construcción irracional e inhumana de la realidad, acabe con la especie.

Superar el hiperrealismo

Hoy estamos asistiendo a una nueva forma de canibalismo, una antropofagia existencial, ochocientosmil años después de que el Homo Antecessor poblara la sierra de Atapuerca. Nos estamos comiendo el futuro de generaciones venideras, con la exención ecológica y antropológica que nos concedemos.

Esa es la realidad que no cambia, la de nuestro enfrentamiento permanente, por que este mundo se ha construido siempre sobre los conflictos, reales o irreales, inventados o consecuentes, pero al fin y al cabo, evitables con un poco de cordura y algo menos de orgullo y prepotencia.

El peligro no se encuentra en el hiperrealismo que han denunciado Baudrillard, Eco o Boorstin, no, ese no es el problema. El auténtico conflicto se establece con el precio que debemos pagar para evolucionar, negar la realidad más auténtica, y aceptar la realidad más virtual que nos ofrecen, cada día un poco más.

La hiperrealidad es un envoltorio de la realidad, establecido desde el exterior (fetichismo de la mercancía que diría Marx) para transformar la realidad en un bien apto para el consumo y el negocio.

Es el precio que nos exige nuestra civilización occidental para seguir avanzando, que nos deshagamos de nuestra realidad propia y auténtica para poder comprar y consumir la que nos ofrecen. Es decir, para incrementar el negocio y la producción que convierte en ricos a los mismos de siempre.

Ante esta agresión inhumana, recomiendo clavar los dedos en la tierra, darse un baño en el mar, abrazar un árbol, recoger el aroma de una flor o contemplar las estrellas en una noche de luna llena, si es posible en compañía de otros. Sentir, es la mejor forma de vacunarse contra la locura de los usurpadores.

La globalización es la puerta del futuro, del camino de esperanza que conduce a un mundo mejor, en el que nuestros deseos puedan hacerse realidad; como decía Bachelard, reivindiquemos el derecho a soñar; no permitamos nos fabriquen sueños a la medida para luego vendérnoslos, aunque cada día sean más asequibles, son extraordinariamente perjudiciales para nuestra libertad.


Biante de Priena

sábado, 24 de marzo de 2007

La burla y el sarcasmo, armas irrisorias contra el fanatismo



"Se garantizó la libertad de prensa en el país de Dreyfus, de Clémenceau y de l’Aurore. Es bueno. Mi pregunta, sin embargo, es acerca de la Libertad: aceptando que la risa sea liberadora, y probablemente lo es, ¿qué puede la sátira contra el fanatismo?" ...

"Quien se ríe de todo ya no se indigna por nada, pues no admira nada ni sabe de nada. Es como el soldado renano y su carcajada frente a la pipa de Magritte o al Ubu Imperator de Max Ernst. La servidumbre ha invadido su conciencia, como un cáncer terminal. Escribía el poeta Louis Aragon: Riez gens sans amour qu’à rire tout incline." "

Esta semana, tal y como se sabía por adelantado, la justicia francesa ha dejado libre y sin cargos al responsable de la revista satírica Charlie Hebdo, denunciada por asociaciones musulmanas, con el apoyo de alguna asociación antirracista, por haber publicado las viñetas danesas de Mahoma.


Charlie Hebdo fue defendida y apoyada por testigos de excepción: hombres políticos de derecha, centro e izquierda, dura y regularmente ridiculizados y vilipendidados por los feroces e iconoclastas humoristas de esa redacción. Nicolas Sarkozy envió una carta, pues estaba en le extranjero durante el proceso; François Bayrou y François Hollande se presentaron y declararon. Los tres dijeron lo mismo, que la libertad de prensa es uno de los bienes más valiosos de la República, y hay que conservarlo. Miles de ciudadanos, entre los que me encuentro, también dirigimos cartas de apoyo a la revista.

En Francia existen leyes parecidas a las nuestras, que consideran delito injuriar, ridiculizar o humillar al prójimo por cuestiones de creencias. Los jueces debían pues pronunciarse sobre ese supuesto en particular. Las viñetas, tanto las danesas como las que Cabú y otros crearon para la publicación, denunciaban de forma mordaz el islamismo y sus abusos contra la libertad individual de las personas, así como el terrorismo. Es cierto que no había, en ninguna de ellas, ofensas contra el islam en sí o quienes profesan esa gran religión (al contrario, una de las viñetas más criticadas, en la que Mahoma trata de imbéciles a algunos de sus seguidores, que llevan bombas en las manos, se puede entender como un reconocimiento de la religión musulmana).

Se garantizó la libertad de prensa en el país de Dreyfus, de Clémenceau y de l’Aurore. Es bueno. Mi pregunta, sin embargo, es acerca de la Libertad: aceptando que la risa sea liberadora, y probablemente lo es, ¿qué puede la sátira contra el fanatismo?

No leo Charlie Hebdo, ni me gusta. Cuando lo compro, un par de veces al año, me desagrada el sarcasmo convencional y omnipresente. El conformismo de su burla. No denuncia los prejuicios, más bien los explota y los refuerza en la mirada del contrario lector. Cuando la risa es colectiva, cuando todos se ríen de lo mismo (en Charlie Hebdo, se trata de satirizar, esencialmente, las religiones como instituciones y los partidos políticos, con excepción de la extrema izquierda), una mayoría -en este caso, los lectores- termina riéndose de una minoría, censurando sin querer cualquier tipo de singularidad o de diferencia.

Kierkegaard expresaba la idea de que la ironía es cosa de solitarios. Si se convierte en uso colectivo, es algo distinto, parecido a la grosería de la turbamulta que sanciona lo que le incomoda.
En una conferencia reciente, Alain Finkielkraut aludía a multitud de testimonios sobre los soldados alemanes durante la ocupación nazi en Europa: reían y se reían de todo y de todos, permanentemente.
A la inversa, me viene en memoria el resistente Jean Moulin, torturado hasta la muerte por la Gestapo sin conseguir que denunciase a sus compañeros: cuando ya no podía hablar porque ni tenía labios, ni dientes, ni boca, le entregaron un lápiz y un papel, para que escribiera los nombres de sus amigos. Si lo hubiera hecho, se lo habrían agradecido satisfaciendo el mayor deseo del torturado: matándolo inmediatamente, abreviando así el sufrimiento. Pues bien, ¿qué hizo Jean Moulin? Un dibujito, una caricatura de su verdugo. No había público para reirse, nadie se rió, y nadie se ríe.

A veces pensamos que la risa es la expresión de la indignación, porque se denuncian en clave de humor las injusticias y los abusos. Puede ser, en algunas circunstancias, no lo excluyo. Sin embargo, recordemos a Bergson: la risa precede la insensibilidad, y no es compatible con la ira. Su eficacia contra el tirano es nula, y mientras el pueblo oprimido ríe, pasa el tiempo y la rebelión espera.

También está la puesta en ridículo del mal, eso significan las viñetas danesas. Sin embargo, cuando el mal es violencia fanática, ¿cómo combatirlo? ¿con la risa?

Charlie Hebdo es una eterna adolescente, como sus redactores y dibujantes, la mayoría con barba blanquecina y pelo gris, rebeldes del 68 (y los más jóvenes, émulos de los ancianos) que jamás aceptaron rendirse. Sus amigos de antaño son ahora ministros, diputados, altos funcionarios, escritores, universitarios, admirados periodistas. Charlie Hebdo es el Fort Álamo de quienes siguen buscando la playa debajo de los adoquines. Como esos quinceañeros que se ríen de todo, porque no quieren ser distintos, ni dejar que la emoción aflore en público.

Quien se ríe de todo ya no se indigna por nada, pues no admira nada ni sabe de nada. Es como el soldado renano y su carcajada frente a la pipa de Magritte o al Ubu Imperator de Max Ernst. La servidumbre ha invadido su conciencia, como un cáncer terminal. Escribía el poeta Louis Aragon: Riez gens sans amour qu’à rire tout incline.

Siempre defenderé Charlie Hebdo, tan opuesto estética y espiritualmente a muchas de mis convicciones. Porque Zola se lo merece, y porque estos envejecidos muchachos atrincherados en su arcadia juvenil nunca han pretendido ofender a la gente por sus orígenes, su condición, el color de su piel o sus creencias (a diferencia de los repugnantes y despreciables dibujos de Montoya, cuyo objetivo es insultar una religión e indignar a los católicos). Y porque, a pesar de su convencimiento antisistema, siempre han denunciado la violencia terrorista de oriente y de occidente.

Debemos sin embargo buscar la verdad detrás de la burla, e interrogarnos sobre nuestra cultura del escarnio público y su capacidad para extenuar las libertades.
Contra el fanatismo no pueden nada las caricaturas ni los sarcasmos. Porque al fanático se le secó el corazón. Sigamos buscando.

Dante Pombo de Alvear, Crónicas de Calypso

jueves, 22 de marzo de 2007

La conjura de los necios


Tengo un amigo que ejerce de misántropo, ahora anda por tierras de la Bretaña, en no sé que bosque, buscando la tumba del mago Merlín. También es misógamo, y sería misógino si no fuera por que el instinto le puede. Entre unas cosas y otras, avatares de la vida, se ha desterrado a sí mismo y va por ahí ejerciendo de antropólogo de lo cotidiano, de Poirot del gesto y la prosodia.

Mi amigo, coincide con Karl Poopper, aquel señor que escribió “La sociedad abierta y sus enemigos”, en que nuestra sociedad está cediendo demasiado terreno a sus potenciales agresores y eso no va a traer buenas consecuencias.


Por cierto, esos agresores no son los inmigrantes del tercer mundo, sino los que son incapaces de emigrar a ningún sitio, por que se han acomodado tanto a una vida fácil, sedentaria y apoltronada que cada día están más fosilizados, hasta el punto de que cuando algo no ordinario y esperado ocurre en sus vidas, se cabrean por que los demás no acuden inmediatamente a resolvérselo.

Vamos que por renunciar al movimiento , han perdido hasta el reflejo de orientación. Los nacionalistas son un ejemplo de estas cosas, orientados a la tradición y el hecho diferencial que les distinga, contra la modernidad y la globalización, que les iguala con los demás. En este caso se podría hablar de la “conjura de los nacios”.

Creo que exagera, no hay tantos parásitos, aunque hay muchos. Sin embargo, estoy de acuerdo con él en que la cultura actual fomenta la indolencia y la necedad. Según me dice, estamos gobernados por simples, trepas, inanes y corruptos, y opositados por corruptos, inanes, trepas y simples. Más de lo mismo.

Las pruebas son evidentes, sanciona en las reuniones de barra de bar, con una cerveza en la mano. Sólo hay que mirar alrededor para comprobar que cada día se produce un hecho que confirma el desaguisado, que luego se amplifica y glorifica en la cajatonta.

Son tiempos de cambio, le digo. Pero él insiste en que si se pierden determinados valores en la criba “rebolucionaria” (con b, que es una forma de boluda y analfabeta de revolución), se dará un paso atrás, pero no para coger impulso, si no para comenzar un largo descenso por caída libre hasta el sótano.

Creo que es un poco fatalista, pero alguna razón lleva. Tiene un pensamiento tan “incorrecto” desde el punto de vista político, que parece un terrorista de salón, esto le crea profundas enemistades según me cuenta, entre algunos arribistas, rentistas, y burócratas instalados, que conforman el actual “establishment”, pero le da absolutamente igual, hasta me dice que disfruta viendo sus caras de perplejidad.

Es que hay mucho ignorante mandando, me dice. La política se ha convertido en un lugar colonizado por los que han sido incapaces de hacer otra cosa con su vida, y se han ido especializando en vivir del cuento. Y como son unos ineptos, lo logran más por cargarse los méritos de los demás que por desarrollar sus carencias.

La política se ha reducido a retórica decadente, y tantas palabras vacías de contenido, y tantos incapaces prometiendo que van a promover cambios sociales relevantes, que casi ni comprenden, se queda solo en guiños seductores a los votantes diversos y dispersos, que agrupan en singulares granjas de clientes.

Pues en estas estamos, cuando le digo que si se le ocurre algo para cambiar las cosas. Entonces se queda pensativo, reflexivo, como si fuera a revelarme los secretos del código da Vinci y me contesta que sí, con la sequedad de un sargento de reclutamiento el primer día de galones, ante una tropa expectante.

Está escribiendo las ideas que se le van ocurriendo , se le ha quitado la vergüenza de decir lo que piensa y se ha propuesto dejar huellas de su criterio que trasciendan el presente. Le azuzo para que me vaya contando, así como quien no quiere la cosa y me dice que algunas de sus propuestas son las siguientes:

· Restringir el ejercicio de su poder a los políticos hasta el máximo posible, que será no impedir el funcionamiento del sistema. Devolverle el poder a los ciudadanos en sus organizaciones sociales, pero fundamentalmente como individuos.

· Revisar los contratos de los funcionarios periódicamente, por que no se comprende que el estado genere dos tipos de trabajadores y fomente el mercado dual laboral en franca competencia desleal con los mercados no públicos. Unos con todas las ventajas y otros con todos los inconvenientes

· Replantear la Constitución en términos reales. Dejarse de tonterías con los derechos a la salud, al trabajo, a la educación, que sólo son derechos de papel, ilusiones que nunca se verán realizadas.

· Apoyar a los jóvenes en su emancipación, con créditos blandos a largo plazo, para que puedan estudiar, adquirir una vivienda e independizarse. Cuidar de que a los mayores no les falte lo necesario, incluido el afecto.

· Perseguir la corrupción allí donde se encuentre, por que según dice, si se eliminaran los fraudes, la renta per capita de este país se multiplicaría por dos, y ahora solo se multiplica por mil la de algunos espabilados. Eliminar también los rentismos, que son muchos y diversos, incluidos los de nuestro país con la CEE.

· Revisar las instituciones existentes del Estado, y las que no sean necesarias, eliminarlas sin reparos. Hay numerosas organizaciones subvencionadas que no sirven absolutamente para nada, incluso algunas que resultan perjudiciales por su sectarismo.

· Celebrar consultas populares cada poco tiempo con cada tema importante que se vaya produciendo. Establecer leyes-referendum sobre temas que resultan importantes para todos: inmigración, terrorismo, desempleo, etc. Se puede hacer sin gastar mucho, por que los avances técnicos y organizativos lo permiten. Se puede votar sistema cajero y no tiene por que ser en un solo día.

· Establecer un programa coherente y flexible de funcionamiento del sistema que sea contrastado y eficaz, para organizar los servicios públicos, erradicando de los mismos la chapuza y el cretinismo de la gestión que se fundamenta en el apego a la poltrona de los gestores y su consecuente glorificación, así como el acceso por enchufe de todos los que cuentan con poder en el asunto, pero que no redunda en lo que reciben los ciudadanos.
Llegados a este punto, ya se hacía tarde, pero el tenía ganas de continuar contándome todas las cosas que había pensado para que el mundo en el que vivía funcionara mejor.

Cuando ya le había dejado, me fui pensando que algo de razón tiene en sus propuestas y que tal vez se necesite un cambio radical en nuestra forma de entender las cosas y llevarlas a la práctica.

El cambio sería que todos pasáramos a la acción, propusiéramos lo que nos parece bien y mal, y que después salieran adelante las propuestas que fueran menos rechazadas, que en consecuencia serían las más aceptadas. Realmente esto sería algo democrático.

Mi amigo tiene razón, hay una conjura de necios que impide que la democracia se desarrolle por completo, por que saben que si así ocurriera, ellos (que son muchísimos) deberían dedicarse a otra cosa y deberían trabajar mucho más para conseguir lo mismo.

El único problema que los ciudadanos tenemos para resolver el dilema de nuestra organización social, es que el mayor porcentaje de conjurados se encuentran ocupando todas las jerarquías de poder.

Es cierto que hay una conjura para que las cosas no funcionen, pero pienso que los necios somos los que no estamos en ella, los necios somos los que no vivimos de explotar a los otros por que no nos sale, mientras los que sí tienen cuajo para vivir a nuestra costa, lo hacen sin el menor reparo.

Cuanto más conozco a los políticos que dirigen nuestras vidas, más me fascinan los jefes de las tribus del Amazonas, o los tobriandeses, o los !kung. La política que se ejerce en nuestro país, es más un negocio personal, que una acción por el bienestar de todos. De eso no cabe la más mínima duda.

A este paso, la honestidad se extinguirá de la faz de la tierra. Tal vez sea una cualidad innecesaria para el desarrollo de la especie.


Enrique Suárez

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