domingo, 15 de enero de 2012

Ça ira (Bien irá)



"El secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlas ignorantes." Maximilien Robespierre

Ça irá! (¡Bien irá!)

¡Ah! Bien irá! Bien irá! Bien irá!
Los aristócratas a La Linterna
¡Ah! Bien irá! Bien irá! Bien irá!
Los aristócratas, se cuelgan!

Trescientos años prometen
Que van a darnos pan.
Esos trescientos años, se darán fiestas
Y se entretendrán con las putas!
Trescientos años para aplastarnos
Basta ya de mentiras y frases!
No queremos morir de hambre!

Trescientos años harán la guerra
Al son de pífanos y tambores
Que nos dejan morir de miseria.
No podía durar para siempre ...
Trescientos años tomando a nuestros hombres
Tratándonos como animales de carga.
No podía durar para siempre!

Su castigo está a punto
El pueblo reclama sus derechos.
Habéis amortizado nuestras cabezas
Se acabó, señores, reyes!
Debemos confiar en ellas:
Ahora se ofrecerán las vuestras,
Porque somos los que hacemos la ley!...

3 comentarios:

  1. Poema España En Marcha de Gabriel Celaya



    Nosotros somos quien somos.
    ¡Basta de Historia y de cuentos!
    ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

    Ni vivimos del pasado,
    ni damos cuerda al recuerdo.
    Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

    Somos el ser que se crece.
    Somos un río derecho.
    Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

    Somos bárbaros, sencillos.
    Somos a muerte lo ibero
    que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

    De cuanto fue nos nutrimos,
    transformándonos crecemos
    y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

    ¡A la calle! que ya es hora
    de pasearnos a cuerpo
    y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

    No reniego de mi origen
    pero digo que seremos
    mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

    Españoles con futuro
    y españoles que, por serlo,
    aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.

    Recuerdo nuestros errores
    con mala saña y buen viento.
    Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.

    Vuelvo a decirte quién eres.
    Vuelvo a pensarte, suspenso.
    Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.

    No quiero justificarte
    como haría un leguleyo,
    Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.

    España mía, combate
    que atormentas mis adentros,
    para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

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  2. Vientos del pueblo me llevan,
    vientos del pueblo me arrastran,
    me esparcen el corazón
    y me aventan la garganta.

    Los bueyes doblan la frente,
    impotentemente mansa,
    delante de los castigos:
    los leones la levantán
    y al mismo tiempo castigan
    con su clamarosa zarpa.

    No soy de un pueblo de bueyes,
    que soy de un pueblo que embargan
    yacimientos de leones,
    desfiladeros de águilas
    y cordilleras de toros
    con el orgullo en el asta.

    Nunca medraron los bueyes
    en los páramos de España.

    ¿Quién habló de echar un yugo
    sobre el cuello de esta raza?
    ¿Quién ha puesto al huracán
    jamás ni yugos ni trabas,
    ni quién al rayo detuvo
    prisionero en una jaula?

    Asturianos de braveza,
    vascos de piedra blindada,
    valencianos de alegría
    y castellanos de alma,
    labrados como la tierra
    y airoso como las alas;
    andaluces de relámpagos,
    nacidos entre guitarras
    y forjados en los yunques
    torrenciales de las lágrimas;
    extremeños de centeno,
    gallegos de lluvia y calma,
    catalanes de firmeza,
    aragoneses de casta,
    murcianos de dinamita
    frutalmente propagada,
    leoneses, navarros, dueños
    del hambre, el sudor y el hacha,
    reyes de la minería,
    señores de la labranza,
    hombres que entre las raíces,
    como raíces gallardas,
    vais de la vida a la muerte,
    vais de la nada a la nada:
    yugos os quieren poner
    gentes de la hierba mala,
    yugos que habeís de dejar
    rotos sobre sus espaldas.

    Crepúsculo de los bueyes
    está despuntando el alba.

    Los bueyes mueren vestidos
    de humildad y olor de cuadra:
    las águilas, los leones
    y los toros de arrogancia,
    y detrás de ellos, el cielo
    ni se enturbia ni se acaba.
    La agonía de los bueyes
    tiene pequeña la cara,
    la del animal varón
    toda la creación agranda.

    Si me muero, que me muera
    con la cabeza muy alta.
    Muerto y veinte veces muerto,
    la boca contra la grama,
    tendré apretado los dientes
    y decidida la barba.

    Cantando espero a la muerte
    que hay ruiseñores que cantan
    encima de los fusiles
    y en medio de las batallas.




    Miguel Hernández

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